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Milena Busquets: "Con los hijos aprendes a aceptar la rendición absoluta en el amor, con los hombres nunca"

Se filtra algo en la porosidad de las palabras elegidas y el estilo conscientemente vaporoso practicado por Milena Busquets para la descripción de un mundo desnudado de molesta espesura que siempre permite la identificación inmediata de su prosa. La vida parece practicable, fresquísima, diáfana, húmeda, exquisita, el amor capacitado y febril y la muerte densa, terrible, pero administrable. Nada pesa nunca demasiado en sus libros, no existe algo lo suficientemente grave como para matarnos, ni siquiera la ausencia, pero todo es al mismo tiempo capaz de atravesar esos dolores que discurren paralelos a los placeres. Tampoco en sus allenianos escenarios literarios, en sus particulares galaxias privilegiadas cargadas de significados cotidianos cuya memoria nace en los rincones orillados de Cadaqués, en la conversación como carburante del movimiento, los amores de verano, las escisiones afectivas de los hombres, el recuerdo de la madre muerta, la presencia de los hijos vivos o la sutileza con la que el paso del tiempo arrastra la idea que una vez tuvimos de nosotras mismas.

"Disfrutar de la vida no implica no ser consciente de todo el dolor o injusticias que hay en ella"

Milena Busquets

En la distancia corta Milena es igual de ligera que su escritura, desprende la misma atracción, la misma expansión, la misma hipnosis que su domesticada utilización de la muñeca. "Las mujeres que estaban en mi casa eran muchas de ellas escritoras, poetas, personas del mundo editorial como mi madre, mujeres que trabajaban y a las que la ropa les daba un poco igual, eran personas que estaban luchando por otras cosas en aquel momento, yo era muy presumida pero en cambio mi abuela, que vivía justo en el piso de arriba, era un poco todo lo contrario. No le importaban muchísimo las marcas, nunca la vi maquillada, no era una loca de la belleza o de la elegancia, pero era una persona que iba siempre muy parecida, muy bien vestida. En ella había una intención. Recuerdo que los jerséis de pico eran perfectos y también la utilización del color camel, que yo ni he utilizado ni había visto jamás en ese momento. Sin gastar mucho además, tenía muy buena planta, había hecho remo. Recuerdo el tipo de tacón que se ponía, que no era alto pero tampoco bajo, creo que nunca la vi con pantalones, siempre llevaba faldas por la rodilla. En fin, dependía más de una actitud que de una estética, de una forma de estar en el mundo, sí era elegante mi abuela", cuenta cuando le preguntamos por su abuela Guillermina, figura recurrentemente mencionada en anteriores libros y a la que dedica el último, "Mujeres elegantes".

Esta compilación de textos reflexivos que se nutren del componente ensayístico y autobiográfico de una forma similar a los que integraban "Ensayo general", supone el regreso de Busquets como autora a Lumen, editorial fundada por su madre Esther Tusquets y sello en el que la escritora catalana trabajó durante bastante tiempo como directora literaria a pesar de que hasta ahora hubiera confiado la publicación de su obra a Anagrama. "Tengo una historia familiar y vital muy larga con Lumen y como no creo en los finales abiertos sino en los círculos que se cierran, en las historias bien acabadas, sabía que algún día volvería", admite.

Sin una aparente dictadura cronológica que los hilvane, los distintos pasajes del libro avanzan en una suerte de coreografía seleccionada amplificando ideas personales de la autora acerca de la necesidad de permitirse perder el equilibrio, la importancia de las preguntas adecuadas emitidas por amigos, el rechazo frontal a convertirse en un amor de segunda, la complejidad que esconde el mundo vertical, las agendas del año, los abrigos largos verdes, los gestos adquiridos y heredados de sus hijos o las últimas listas.

Frívola no es lo mismo que superficial

Como virtuosa y disciplinada practicante de ambas materias, hay una pregunta que se torna obligatoria: ¿escribir se parece en algo a estar enamorada? "Las dos cosas requieren una entrega absoluta, las dos cosas solo funcionan si te entregas. Soy muy apasionada, las cosas a medias no me interesan, no me interesaría escribir a medias y no me interesan los amores prácticos o acomodados. A partir de los 40 años la gente empieza a protegerse mucho, cosa que es normal también porque siente que ya ha sido muy golpeado, pero intenta controlar todo, incluso las emociones, incluso el amor. Ponerlo en una casilla de su vida, agendarlo, el amor ocupa un lugar como ocupan las finanzas, como ocupan los hijos, como ocupa el trabajo, como ocupan los padres envejeciendo y eso creo que es imposible. El amor nunca es algo que vaya a entrar en la agenda, por mucho que lo intentemos y por mucho que nos hayan hecho daño", defiende antes de añadir: "tengo una amiga que me decía el otro día ‘‘es que así como la gente intenta evitar los problemas, a ti te gustan, los buscas, no los temes’’, y el amor a veces es un problema pero de los que creo que valen la pena. ¿Esta cosa absurda que dicen algunos hombres de ‘‘no quiero una mujer que me traiga problemas o que sea complicada’’? Yo quiero gente que me traiga problemas y que sea complicada, es lo que me interesa. El amor es esto, y la escritura también es esto".

"Yo quiero gente que me traiga problemas y que sea complicada, es lo que me interesa. El amor es esto, y la escritura también es esto"

Milena Busquets

La ligereza, entendida como una consecuencia natural e inevitable de la elegancia, como una forma de amor e incluso una manifestación de inteligencia, se ha convertido para la escritora en una de sus mayores creencias o al menos, la que defiende con más convencimiento. "Para mí lo difícil -y supongo que es muy frívolo esto mismo-, es precisamente caer en la pesadez del mundo y en lo opaco. Ahora mismo es evidente que estamos en un mal momento, en un escenario global muy convulso, pero es que guerras ha habido siempre, aunque sea un tópico esto que digo. No creo que esté el mundo peor de lo que estaba hace veinte años cuando yo era joven, de verdad que no. La pesadez es antinatural y yo procuro practicar la ligereza desde que salgo a la calle por primera vez en el día. Intento saludar a la gente que como yo está paseando al perro, intento hablar con el tío que me hace el café, saber cómo se llama. Ni siquiera es ligero esto, sino profundo. Si comprarme una camisa en Vinted va a alegrarme el día, me la compro. ¿Es frívolo? Me da igual. Disfrutar de la vida no implica no ser consciente de todo el dolor o injusticias que hay en ella".

¿Confundimos con demasiada frecuencia frivolidad y superficialidad?

Si hay algo que he confirmado con los años es que la opinión de los demás no lograrás cambiarla nunca. Podría pasarme el día en un piquete delante de la embajada rusa maldiciendo no sé qué cosa, podría hacer lo que fuese, que cuando alguien tiene una opinión de ti es casi imposible o imposible del todo cambiarla. Al final somos la persona que éramos con seis años: la niña tímida pero curiosa, apasionada, solitaria, extraña... lo seguirás siendo, así que lo que digan los demás poco importa. No es problema mío lo que puedan pensar, tengo otras cosas en la cabeza mucho más importantes a las que conceder espacio que al hecho de que me puedan considerar una frívola o una estúpida. Que me llamen mala escritora me fastidiaría más o mala persona. No hay que leer nada, ni lo bueno ni lo malo que puedan escribir sobre ti. Cuando acabas de cobrar algo pues es súper frívolo irte a comprar velas absurdas o reservar masajes, pero a mí me encanta. De las cosas que más me gustan del dinero es que permite aparte de cosas importantes como espacio, silencio, tiempo, el ejercicio de la frivolidad. Este sol por ejemplo, este día, esta mañana, esta conversación… nos tendríamos que ir a comer ahora, no hacer más entrevistas. ¿Esto es frívolo? No lo sé, pero estoy convencida de que es importante. La vida está para vivirla, tenemos una, al menos que sepamos…la otra será muy distinta porque seremos otra cosa".

"Los hombres son maravillosos y a veces unos hijos de puta"

Milena Busquets

Para Busquets, que se considera con divertida asunción de etiquetas ajenas "frívola pero no superficial", la maternidad alteró la concepción de un afecto que hasta entonces sólo había reservado para los hombres: el amor. "Mis hijos se convirtieron en la prueba física de que había vidas más importantes que la mía. Somos muy egocéntricos los escritores, las escritoras más y las escritoras sin hijos ya ni te cuento. Un hijo te hace darte cuenta de que no te interesa tu vida, que serías perfectamente capaz de darla entera por él. Me han enseñado mucho mis hijos, también que existen amores tranquilos, que no son una constante montaña rusa, que hay amores en los que estás dispuesto a dar muchísimo más de lo que recibes, que no es una batalla entre iguales. Con los hijos aprendes a aceptar la rendición absoluta en el amor, con los hombres nunca. Que vayan con cuidado, porque en el fondo todas somos Carmen, somos españolas. El mito de Carmen es algo que me encanta ¿sabes? Me interesa muchísimo cómo acaba aceptando la muerte antes que la renuncia de su propia libertad, porque él la quiere perdonar: “vivamos juntos, volvamos” y ella le dice “nunca volveremos, no te quiero” y la mata. Con los hijos aprendes el significado auténtico de humildad también, que te digan que te equivocas, aprendes que el amor es un negocio muy injusto pero que también está bien eso", subraya.

"Yo sabía que quería tener hijos a los cuatro años, he sido una tarada de la maternidad, una loca. Mi madre por ejemplo era mucho más razonable, perteneció a una época en la que las mujeres trabajaban, empezaban a tomarse la píldora, a divorciarse… sus batallas eran otras y su relación con los hijos también. Esta maternidad tan apasionada de ahora, tan hacia fuera en algunos casos que yo sí he practicado siento que es distinta a la de entonces. Recomiendo tener hijos como recomiendo tener perro, creo que es bueno. Eso sí, no escribes igual, nada es igual, no es tan fácil disponer de tiempo para hacerlo, ni para dedicarse a nada y esto lo saben todas las mujeres: es la verdad, tener una carrera es más difícil cuando tienes hijos", reconoce la también autora de "Gema" o "La dulce existencia".

"Mis hijos se convirtieron en la prueba física de que había vidas más importantes que la mía"

Milena Busquets

Cuando tenía 16 años, perdió a las dos figuras masculinas más importantes de su vida, su padre y su abuelo, acontecimiento que sin innecesarios sobreanálisis de corte freudiano, encaminó su relación posterior con el sexo opuesto. "Los hombres siempre han ocupado un lugar cercano a la fantasía en mi cabeza, nunca los he acabado de ver como algo completamente real. Así como una mujer para mí sí es un tú a tú, es una comprensión inmediata, la siento, la entiendo, conecto, con los hombres siempre ha habido una cosa ensoñada. Incluso después de haber convivido con ellos, de haber tenido hijos con ellos, siempre hay algo -que seguro que es un error- mítico para mí que supongo que también responde a esta idea de lo raros, lo parecidos y lo distintos que son a veces en comparación con nosotras. En algunas cosas son chicas y en otras de repente nos miran y piensas “es tan de tío esto”. De los hombres he aprendido todo sobre la alteridad, sobre la tolerancia. El sexo opuesto es lo más cerca que estaremos de conocer a unos marcianos yo creo y ellos a nosotras. No soy muy buena poniendo normas o siendo muy dura con los hombres, pero tampoco con las mujeres te diría. Soy bastante blanda yo creo. Los hombres son maravillosos y a veces unos hijos de puta. Pero para mí siempre han sido -lo siento, es ridículo, es lamentable, es infantil- como el futuro, la posibilidad. No sé por qué. Han tenido mucha suerte conmigo, porque no soy nada dura, aunque ellos digan que sí", comparte entre risas.

¿Te ha costado perdonarles?

Perdono y olvido con facilidad. Menos cuando estás metida en una historia de amor en la que estás sufriendo... ahí desde luego resulta casi imposible perdonar porque estás protegiéndote y con las armas levantadas. Yo he tenido a veces la sensación de que si seguía con alguien me iba a morir, pero físicamente. En esos casos la cosa no va del perdón, sino de la supervivencia del alma, de mantener a salvo quién eres. Hay algunas cosas que no son negociables como el engaño, la falta de respeto, el desequilibrio temporal a la hora de desear cosas que el otro no desea como tener hijos y hay que atenderlas y escucharlas. Las otras creo que es divertido jugar con ellas y ser capaces de tomarlas con un poco más de ligereza. Los hombres tienen mucha suerte y lo peor es que saben que la tienen. Nos tomamos el amor muy enserio, la versión del amor romántico especialmente... otra vez Carmen ¿ves?. Creo que en el norte de Europa por ejemplo o en otros sitios todo esto se vive muy distinto. Mi madre era una buena profesora, una buena jueza, una buena compañera de museos, de libros, pero me sentía acogida con mi padre y con mi abuelo y después, idiota de mí, supongo que he ido buscando esto en los hombres. A veces lo he encontrado y ahora lo tengo, pero he tardado tiempo.

Mucho menos, constatamos, del que uno tarda, con sutileza y elegancia, en enamorarse de Milena.

© © Gregori Civera

El nombre de Milena Busquets empezó a sonar con fuerza tras la publicación de "También esto pasará"
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