Del chupa chups de Almeida al ruego de Teresa Urquijo: dos formas de aliviar la tensión
Hay personas que aprietan los puños cuando sienten miedo. Otras se muerden las uñas. Algunas no dejan de mover una pierna. José Luis Martínez-Almeida parece haber encontrado en un chupa chups la original manera de sobrellevar la tensión de una tarde de toros.
Mientras en el ruedo Víctor Hernández sufría dos violentos revolcones capaces de congelar durante unos segundos la respiración de toda la plaza, el alcalde de Madrid seguía la corrida con el palo del caramelo asomando discretamente entre los labios. Más que indiferencia, transmitía esa serenidad casi infantil que produce repetir un gesto conocido cuando alrededor todo se vuelve imprevisible.
Los psicólogos explican que los seres humanos recurrimos con frecuencia a pequeños rituales para regular la ansiedad. Hay quien necesita un bolígrafo entre las manos durante una reunión importante. Otros juegan con las llaves o consultan compulsivamente el móvil. El chupa chups de Almeida nos ofrece una opción mucho más dulce. Una forma de distraer la mente mientras la mirada permanece fija en el ruedo.
A su lado, sin embargo, la tensión hablaba un idioma completamente distinto. Teresa Urquijo prefería dejar salir sus emociones con naturalidad, en lugar de domesticarlas con el caramelo. Su rostro se fue endureciendo conforme aumentaba el peligro. Las manos terminaron juntas, casi en posición de oración, mientras seguía con la mirada cada movimiento del torero. Era el gesto universal de quien sabe que durante unos segundos todo puede cambiar.
Resultaba curioso comprobar cómo un mismo acontecimiento provocaba dos respuestas casi opuestas. Él parecía absorber el nerviosismo hacia dentro, disimulándolo bajo una aparente calma. Ella lo exteriorizaba sin reservas, permitiendo que el cuerpo expresara exactamente lo que estaba sintiendo. Dos temperamentos distintos enfrentándose al mismo miedo. Los dos compartían la misma preocupación por lo que sucedía en el albero. Las Ventas siempre ha sido un extraordinario escenario para observar el comportamiento humano. En el ruedo se lidia con el toro; en los tendidos, con las propias emociones.


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