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El mar en el discurso papal

La realidad y la imagen del mar dominaron los primeros discursos de León XIV en Las Palmas de Gran Canaria, lugar en el que comenzó la tercera y última etapa de su gran viaje realizado por España. Con una reflexión que se inspiró en uno de los símbolos papales principales y más conocidos, como había hecho el Papa Benedicto XVI en el discurso inaugural de su pontificado.

El símbolo evocado por Prevost es el anillo del pescador que el Pontífice lleva en el dedo y recuerda cuál es su misión, confiada a Pedro el pescador, por Jesús, según el evangelio de Lucas (5, 10): «A partir de ahora serás pescador de hombres». Misión que es de toda la iglesia, y de cuantos en Canarias ayudan a los migrantes que llegan procedentes de África.

El hambre y la sed

Por este motivo, «el sucesor de Pedro» y la iglesia no pueden nunca «ignorar estas aguas, ni ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio continúen hiriendo la dignidad humana», dijo Leone.

En los libros bíblicos el mar puede asumir también una imagen negativa, donde aparecen monstruos, que hoy tienen el rostro de las mafias, de los traficantes, de la indiferencia. Pero «si existe el derecho a buscar refugio cuando la vida está amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar», recordó.

En los antiguos autores cristianos, el mar representa la vida humana, y hay que cruzarlo para llegar a la verdadera patria, como escribió San Agustín, citado por el Papa agustino. Para permitirnos cruzarlo «vino de allí el que queríamos ir. ¿Y qué ha hecho? Nos ha conseguido la madera con la que cruzar el mar»: la cruz de Cristo.

© EUROPAPRESS

El Papa León XIV participa en un encuentro con las realidades de acogida a los migrantes en el puerto de Arguineguín
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La primacía de Cristo

Como en la obra maestra de Gaudí, todo tiene un significado, incluso los diferentes momentos del viaje del Papa León XIV han sido cuidadosamente preparados. Por ello, es necesario superar las instrumentalizaciones ideológicas y políticas, y descubrir el verdadero sentido de estos días, que quedarán en la memoria, no solo en España.

No han faltado las instrumentalizaciones, como las miserables conveniencias de políticas efímeras. El Papa, como sus predecesores, obviamente hace política. Pero es política a lo grande: la que mira hacia arriba, como dice el lema elegido para su primera visita a un gran país europeo: alza la mirada.

Por eso en Barcelona el Pontífice se ha sumido en el sufrimiento de una gran ciudad, y ha sabido hacerlo con palabras que han tocado el corazón. Porque ha llamado a los jóvenes, a los presos y a todos a lo esencial, que es invisible a los ojos, como todos saben.

«Nada anteponer al amor de Cristo» se lee en la regla de San Benito a la que se inspira desde hace mil años uno de los grandes lugares cristianos, muy querido por los catalanes, sin distinciones.

Es el monasterio de Montserrat, construido en honor de la Mare de Déu y conocido en todas partes, como en el Perú del misionero Prevost, que oró con los monjes.

Del mismo modo, el genio de Gaudí pensó en la primacía de Cristo cuando proyectó que el templo expiatorio dedicado a la sagrada familia en la metrópoli catalana culminara en la torre de Jesús, que León XIV inauguró ayer durante su paso por la Ciudad Condal.

Se trata de la torre más alta de la iglesia más alta del mundo. Pero esto no supera el Montjuïc que domina Barcelona: porque el hombre no debe superar la creación de Dios que solo se le confía.

© EFE

Papa León XIV visita Barcelona
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Ser como una Biblia abierta

El Papa ha llegado de Madrid a Barcelona y catalana será la segunda parte del tríptico español de León XIV que terminará en Canarias, en ese Atlántico que une España con el nuevo mundo descubierto hace medio milenio. Un largo viaje que está trayendo a la memoria del país las visitas de Juan Pablo II y Benedicto XVI, como señaló Prevost recién entrado en el espacio aéreo español a los 80 periodistas que lo acompañan. «Es el primer viaje de un Papa a España después de mucho tiempo», señaló.

León XIV pasó tres días apretados de reuniones en la capital de ese «reino de España» donde el agustino Prevost estuvo muchas veces y sobre el que invocó, al final del discurso en las Cortes españolas, «días de prosperidad, justicia y paz duradera».

Precisamente el discurso parlamentario del Papa León seguirá siendo una de sus contribuciones más importantes al debate político y social internacional por la insistencia en la dignidad de cada persona humana: desde la concepción y en todas las condiciones, hasta el final natural de la vida.

Gracias a un español fluido practicado durante décadas en Perú y otros países hispanohablantes, el Papa de Chicago supo hablar a los obispos, evocando el camino de Santiago, y a los fieles, recomendándoles que fueran «una Biblia abierta».

Como hizo en los sermones de San Agustín, de los que Prevost se había declarado «hijo» en el primer discurso como Papa. Y en el almuerzo con los obispos, León XIV contó que había preguntado a la inteligencia artificial qué debería haber dicho para esa ocasión y que había corregido inmediatamente la respuesta («el Papa Francisco habría dicho») recordando que ahora hay otro Sumo Pontífice.

© LA RAZÓN

El Papa León XIV visitó la Catedral de la Almudena durante su viaje apostólico a Madrid. En dicho acto, el Pontífice realizó una ofrenda floral a la Virgen acompañada de una oración, y fue recibido por el actual cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, junto a otros obispos y autoridades eclesiásticas.
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