La revolución de las botas y los pintauñas: Héctor Bellerín, Borja Iglesias y los futbolistas que plantan cara al heteropatriarcado del balón
El Mundial 2026 ha dado el pistoletazo de salida, y con él un desfile de futbolistas que en las próximas semanas acapararán buena parte de la atención internacional. La cuadrilla ha estado representada desde tiempos inmemorables por paradigmas de la hipermasculinad, claros referentes de lo que hasta hace bien poco se entendía por “ser un hombre”. Sin embargo, y por fortuna, los tiempos están cambiando y los clubes cuentan con cada vez más deportistas que defienden otro tipo de masculinidad alejada de los roles de género tradicionales.
Futbolistas que no hacen más que defender la libertad individual de cada uno a la hora de expresar su identidad de género o sexual, una posición aparentemente lógica pero que, tal y como está el mundo, merece la pena destacar, sobre todo en el todavía machista y heteropatriarcal mundo del fútbol.
Pedro Rodríguez, delantero de la S. S. Lazio de la Serie A de Italia, ha sido uno de los que más veces ha alzado la voz en este sentido. El futbolista canario ha sufrido de una forma muy directa la perenne homofobia que rodea al deporte rey, soportando insultos dirigidos a su hijo pequeño, menor de edad, por publicar una foto del día de su cumpleaños en la que aparecía con una diadema en la cabeza y un traje de baño típicamente asociado a las niñas.
El hecho de publicar esas fotografías incluso a sabiendas de los comentarios que podía recibir habla mucho de la firme postura de Rodríguez de celebrar la diversidad y la identidad de su hijo, sea cuál sea, siempre y cuando le haga feliz. Especialmente teniendo en cuenta que tan solo se trata de un niño.
Borja Iglesias, de la Selección Española de Fútbol, es otro de los que ha emprendido una cruzada contra el machismo y la homofobia en el fútbol. El gallego suele pintarse las uñas, redefiniendo la estética masculina, una decisión que, por supuesto, le ha valido insultos del tipo “maricón”. Una palabra lanzada con intenciones ofensivas pero que, sin embargo, él recibe de otra forma. “Que te llamen ‘maricón’ no me parece un insulto. Cuando alguien dice eso, creo que sería mucho más feliz siendo ‘maricón’ que como él, lleno de odio, sin nada mejor que hacer que lanzar insultos al final de un partido. Lo que me molesta es que una persona gay tenga miedo de salir del armario por este tipo de reacciones. No poder ser uno mismo y amar a quien uno quiera es inaceptable”, defendió en la revista francesa L'Équipe.
En el caso de Héctor Bellerín, el defensa catalán, icono del nuevo estilo masculino, puso el foco en la “industria superheteropatriarcal” que es el mundo de fútbol, y explicó sin tapujos las razones por las que no quiso participar en un documental sobre la homofobia en el fútbol. No es porque no defendiera al colectivo, sino porque considera que la atención debe dirigirse hacia los que perpetúan estas conductas, no a los que, como él, intentan combatirlas.
“Yo no represento ni formo parte de ese colectivo, aunque tenga muchísima gente en mi entorno y conviva con ellos. ¿Sabes lo que te quiero decir? Yo no soy la persona. Entonces, siento que es una responsabilidad que no es mía y siento que sería mucho más potente eso, el mostrar no solo los que estamos aquí alzando la voz por los demás, sino demostrar cómo los demás no lo están haciendo y por qué motivos no lo están haciendo”, expresó en una entrevista con “El larguero”.
Otro de los casos más recientes de insultos homófobos en el terreno de juego es el de Nacho Ruiz, futbolista y modelo al que algunos aficionados recibieron al grito de “maricona” por su forma de vestir. El joven deportista se atreve con arriesgados estilismos que bien podrían encontrarse entre las páginas de “Vogue”, un refinado gusto por la moda que los “onvres” y “fifes” no aceptan de buen grado. Por suerte, a él le trae sin cuidado.
“Sigue existiendo esa idea tóxica de cómo debería ser un hombre, pero no solo en el fútbol, sino en la sociedad en general. Te etiquetan simplemente por la manera de vestir o por la manera de actuar… Yo no he sido siempre así, no he estado siempre así de deconstruido, y desde que me adentré en el mundo de la moda, al principio sí pensaba: ‘‘No me voy a poner esto por el qué dirán’’, o no me hacía determinadas fotos, pero una vez que pasé esa barrera, ahora me da exactamente igual”, decía en una reciente entrevista con La Razón.
Por desgracia, todavía queda mucho por hacer, pero que referentes con millones de seguidores en redes sociales se atrevan a defender públicamente una causa todavía estigmatizada da, al menos, un atisbo de esperanza.


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