Con hijos y desahuciada por la Agencia de Vivienda de Cataluña: "Me preguntaron que por qué me había metido en un piso social si sabía que no lo podía pagar"



El Centro Deportivo Municipal Gran Vía, conocido popularmente en Zaragoza como La Hípica, es la piscina municipal más antigua de la ciudad. Situada en la calle Domingo Miral, junto a la Universidad de Zaragoza, abrió sus puertas en 1980 y encara estos días una nueva temporada marcada por el calor intenso, con temperaturas rozando los 40 grados y las piscinas municipales afrontando sus primeras jornadas fuertes del verano.
Durante décadas, este complejo ha sido uno de los grandes puntos de encuentro del verano zaragozano. Su ubicación, en pleno distrito Universidad y a pocos minutos de La Romareda, la ha convertido en una de las piscinas favoritas de estudiantes, familias y vecinos de distintos barrios.
Todo ello pese a que durante años tuvo cerca una fuerte competencia: Las Palmeras, la mítica piscina privada del Parque Grande que cerró definitivamente a finales del siglo pasado.
El origen de su nombre también forma parte de su historia. Antes de convertirse en instalación municipal, el recinto perteneció a la antigua Sociedad Hípica, un pasado ligado a los caballos que todavía sigue muy presente en la memoria de muchos zaragozanos, que continúan llamándola simplemente “La Hípica”.
El CDM Gran Vía no es una piscina cualquiera. Su principal seña de identidad es el chalet racionalista de principios del siglo XX que preside el recinto y que hoy alberga el restaurante y parte del gimnasio. Ese edificio, unido al ambiente universitario y juvenil que suele rodear el complejo en verano, le da un aire muy distinto al de otras piscinas municipales de la ciudad.
El recinto cuenta con tres piscinas de verano, una grande, otra mediana de forma irregular y una infantil, además de 4.500 metros cuadrados de césped. A ello se suman vestuarios, gimnasio, sala polivalente, pistas de tenis y pádel, frontón y zonas para practicar deporte al aire libre.
Su entorno también refuerza ese carácter deportivo. Muy cerca se encuentran otras instalaciones muy conocidas por los zaragozanos, como las piscinas del Palacio de los Deportes, popularmente conocido como El Huevo, o el CDM Perico Fernández, Salduba, cuyo pabellón es incluso anterior al de La Hípica.
Aunque conserva buena parte de su esencia, La Hípica también se ha adaptado a los nuevos tiempos. Su última gran remodelación llegó en 2019, cuando el Ayuntamiento de Zaragoza cerró temporalmente el recinto para acometer una reforma integral valorada en 1,2 millones de euros, lo que obligó incluso a suspender aquella temporada de verano.
Las obras permitieron renovar por completo las tres piscinas, instalar un gran tobogán y reformar la planta baja del edificio principal, manteniendo al mismo tiempo el carácter histórico que distingue al recinto.
A pesar de ser la piscina municipal más antigua de Zaragoza, no es la de mayores dimensiones. Ese título lo tiene La Granja, en el barrio de San José, mientras que la mayor superficie verde corresponde a la piscina de Oliver. Aun así, pocas instalaciones conservan un vínculo tan fuerte con la historia y los veranos de varias generaciones de zaragozanos.


© Europa Press
Ver una película bajo las estrellas entre esculturas o contemplar un eclipse solar en un museo. Son algunas de las propuestas con las que Chillida Leku quiere llenar de actividad el verano en Hernani, dentro de Solsticio de verano, una programación que incluirá cine al aire libre, sesiones de bienestar, conciertos y talleres para todos los públicos.
La programación arrancará el próximo 20 de junio con Sombras al trote y al galope, un espectáculo de danza contemporánea al aire libre que servirá para inaugurar oficialmente la temporada estival del museo.
Uno de los platos fuertes volverán a ser las noches de cine al aire libre, previstas para los días 6, 7 y 8 de agosto. Durante tres jornadas consecutivas, los jardines de Chillida Leku se transformarán en un cine bajo las estrellas con proyecciones de películas recientes como Sorda, Mi postre favorito y La doncella del lago.
Más allá del cine, el museo reforzará este verano su apuesta por el bienestar. Hasta agosto habrá distintas sesiones de yoga impartidas por Nina Lorca, pensadas para favorecer la relajación en un entorno natural rodeado de esculturas.
Además, el 9 de julio se celebrará por primera vez una sesión de sound healing dirigida por Eva Carreras, una experiencia basada en el sonido y la meditación. Más adelante, el 20 de agosto, la asesora de desarrollo personal María Ollo y la artista Zuri Uriarte dirigirán Emociones suspendidas en la naturaleza, una propuesta que combinará arte y meditación.
La programación se completará con talleres familiares de arte y arquitectura, conciertos y una nueva edición de Topa eta marraztu (“Brinda y dibuja”), una actividad que invita a dibujar en la terraza de Lurra Café inspirándose en las esculturas y el paisaje del museo.
Uno de los momentos más especiales llegará el 12 de agosto, cuando Chillida Leku abrirá gratuitamente al atardecer para seguir el eclipse solar total, visible parcialmente desde Euskadi.
Se trata de un fenómeno astronómico poco habitual, ya que un eclipse de estas características no volverá a repetirse hasta 2053. Además, la luz especial de ese día permitirá contemplar las esculturas desde una perspectiva diferente, en una experiencia que mezclará arte, naturaleza y astronomía.


© istock
Con la llegada del calor, las recetas frías vuelven a ganar protagonismo en muchas casas de Castilla-La Mancha. Más allá del gazpacho o las ensaladas habituales, existen platos tradicionales menos conocidos fuera de la región que siguen preparándose generación tras generación. Uno de ellos es la llamada ensalada de limón manchega, una receta típica de Alcázar de San Juan que destaca por su sencillez y por servirse muy fría.
La preparación ha vuelto a llamar la atención en redes sociales después de que la creadora de contenido gastronómico Núria Bartolomé, conocida en Instagram como la_healthy_chefdemicasa, compartiera un reel explicando cómo se prepara este plato tradicional manchego.
En el vídeo, la influencer la describe como una receta “súper refrescante, ligerita y fácil” que descubrió gracias al tío de su pareja, natural de Alcázar de San Juan.
Aunque su nombre pueda llevar a pensar en una ensalada al uso, la receta poco tiene que ver con las más habituales. La base del plato se prepara con cebolleta tierna muy picada, zumo de limón y sal, ingredientes que se dejan reposar durante unos minutos para suavizar el sabor de la cebolla.
A partir de ahí, entran en juego los huevos cocidos, uno de los elementos más característicos de esta elaboración manchega. Las yemas y parte de los huevos enteros se trituran con un poco de agua hasta formar una mezcla cremosa que se incorpora al limón, mientras que las claras restantes se pican y se añaden después.
El toque final lo aporta el comino, un ingrediente muy presente en buena parte de la cocina manchega, además de agua muy fría y aceite de oliva virgen extra. La mezcla se agita hasta emulsionar y se sirve muy fría, incluso con hielo si el calor aprieta. Como explica Bartolomé en el vídeo, el pan suele ser casi obligatorio para acompañarla.
Aunque fuera de Castilla-La Mancha siga siendo poco conocida, no es la única receta española en la que el limón tiene un papel protagonista. En localidades como Igualeja, en la Serranía de Ronda (Málaga), existe también una tradicional ensalada de limones elaborada con cítricos, aceite de oliva y cebolla o cebollino, una muestra de cómo este tipo de platos refrescantes han formado parte del recetario popular en distintas zonas del país.
En el caso manchego, además, existen pequeñas variaciones según la casa. Algunas versiones incorporan atún o más huevo cocido, aunque la base de limón, agua fría, aceite y comino se mantiene como seña de identidad.
Con pocos ingredientes y sin apenas elaboración, la ensalada de limón manchega sigue formando parte del recetario popular de localidades como Alcázar de San Juan y vuelve cada verano a muchas mesas de la región como una alternativa sencilla para combatir el calor.


© La Razón