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El médico que no deja de correr para homenajear a quien fuera su paciente… y amigo

Joaquín Martínez es jefe del Servicio de Hematología del Hospital 12 de Octubre, catedrático de Medicina en la Universidad Complutense, responsable del grupo de tumores hematológicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y uno de los mayores expertos internacionales en mieloma múltiple. Todo eso lo compagina con otra de sus grandes pasiones: correr.

Este año tenía previsto participar en la maratón de Madrid, pero no pudo hacerlo. Le resultaba demasiado duro después de la muerte de Pepe, un amigo que años atrás había llegado a su consulta como paciente y que falleció a principios de este año en un accidente de montaña. Martínez cambió entonces Madrid por Praga y convirtió los 42 kilómetros en un homenaje a quien utilizó el deporte para dos cosas: seguir viviendo y reivindicar más investigación contra el cáncer.

A Pepe Monge le diagnosticaron mieloma múltiple en 2015, cuando tenía 48 años, tras un reconocimiento médico rutinario en el trabajo. La semana anterior había corrido una media maratón, y de pronto se encontró en una consulta médica recibiendo un pronóstico de cinco años de vida. Al buscar un hospital con buenas referencias para empezar el tratamiento, dio con el Dr. Joaquín Martínez, y ya en la primera consulta se entabló una relación que trascendía el clima habitual entre médico y paciente. En una entrevista para LA RAZÓN, Joaquín recuerda que se sintió muy cercano a Pepe «por edad y porque compartíamos aficiones, como correr». Vinieron épocas de tratamientos duros, ciclos de quimioterapia y un autotrasplante de médula que le obligó a reducir enormemente su actividad física. Porque siempre que pudo, y que su cuerpo se lo permitió, Pepe no dejó de llevar una vida activa.

Al año del trasplante, ocurrió algo que el doctor Martínez sigue calificando a día de hoy como «impresionante»: Pepe dijo que quería correr la media maratón de Madrid. «Yo tenía pensado correr la maratón entera, y le dije que si corríamos juntos podíamos dar visibilidad a la enfermedad que él padecía, reivindicar más investigación y lanzar el mensaje de que teniendo cáncer puedes hacer deporte», dice el médico. Esta fue la primera de muchas actividades en las que se acabó forjando una gran amistad y se lanzó un mensaje clave en la lucha contra enfermedades oncológicas: se necesita más investigación.

Aunque no es uno de los tumores más conocidos, el mieloma múltiple representa alrededor del 1% de todos los cánceres y cerca del 10% de los cánceres hematológicos. Se trata de una enfermedad que afecta a las células plasmáticas de la médula ósea y que durante años estuvo asociada a un pronóstico muy limitado, con frecuentes recaídas y complicaciones óseas graves. Sin embargo, el tratamiento ha cambiado de forma radical en las dos últimas décadas. A los trasplantes y los nuevos fármacos se han sumado las terapias CAR-T, una estrategia basada en modificar células del sistema inmunitario del propio paciente para que reconozcan y destruyan el tumor. Estos avances han permitido prolongar la supervivencia y abrir una nueva etapa de esperanza.

Pepe se convirtió en un activista incansable que llevó su testimonio a instituciones como el Congreso de los Diputados, el Senado o la Asamblea de Madrid. Fue la voz de miles de pacientes y reivindicó como lema que «el cáncer no tiene un plan B, el único plan es la investigación». Él puso su granito de arena participando en ensayos clínicos; impulsando la financiación de tratamientos avanzados (como las CAR-T); demandando el acceso a terapias innovadoras; y utilizando las maratones para dar visibilidad y recaudar fondos.

Ascenso al Kilimanjaro

Y en esta lucha por ganar visibilidad y financiación, Joaquín y Pepe subieron en 2023 al punto más alto de África, al pico Uhuru (5.895 metros de altura), que forma parte del Monte Kilimanjaro. Lo hicieron junto a un grupo de otros médicos investigadores y sus pacientes, y con la bandera de la Fundación CRIS contra el cáncer (entidad de referencia en la investigación contra esta enfermedad y cuyo director científico es el doctor Martínez). Escribía Pepe entonces que cuando surgió la posibilidad de hacer esta acción no lo dudó. Primero, por su pasión por la montaña; y segundo, porque consideró que era la ocasión perfecta para mandar un mensaje al mundo y especialmente al Ministerio de Sanidad de España: las terapias más innovadoras tienen que estar disponibles para que los médicos puedan curar a sus pacientes.

Carlota Monge es la hija de Pepe, tiene 26 años y recuerda que tuvo «un poco de miedo» cuando su padre le dijo que se iba a Tanzania a subir una de las montañas más altas del mundo. En una conversación con este periódico, recuerda que hasta ese momento, su padre «apenas había viajado fuera de España», pero cuando fue a recogerle al aeropuerto, entendió que todo había merecido la pena. «Le vi súper feliz, muy contento. Creo que le generó mucha satisfacción poder hacer un reto tan exigente y sobre todo hacerlo a favor de la investigación. Cuando se recuperó del trasplante de médula se volvió mucho más activo que antes, empezó a hacer más montaña, alpinismo, escalada...», explica Carlota.

La hija de Pepe habla del doctor Martínez con un enorme cariño. Igual que lo hacía su padre, quien tenía «una confianza y fe ciega» en Joaquín. Carlota dice que, para Pepe, «lo que decía el doctor iba a misa», pero recuerda que también hubo «algunos momentos de tensión» cuando, con la enfermedad controlada, llegó la hora de retirar la medicación administrada: «Yo sé que esto a mi padre le dio mucho respeto y le hizo pensar mucho. Pero un día vino y me dijo ‘si Joaquín me dice que me la puedo quitar, me la quito’. Puso su vida en sus manos. En los peores momentos de la enfermedad, le veía más que a mí. Se convirtió en su confidente».

A principios de mayo, Joaquín voló a Praga a correr la maratón. Corrió porque siempre le ha gustado, «y es algo fácil, solo necesitas unas zapatillas»; corrió por Pepe, que nunca dejó de hacerlo mientras pudo; y corrió para seguir dando visibilidad a los enfermos de cáncer de sangre.

Cada vez que se apunta a un reto deportivo solidario, el doctor Martínez se lo cuenta a Carlota Monge. «Me hace sentir muy orgullosa de lo que ha dejado mi padre», explica. Un legado que sigue vivo no solo en Joaquín, sino también en otras personas vinculadas a la Fundación CRIS contra el Cáncer, desde donde también se siguen organizando iniciativas y desafíos en nombre de Pepe Monge. Un hombre que encontró en la defensa de la investigación la mejor forma de agradecer a la vida el hecho de haber podido superar un cáncer.

© Joaquin Martinez

Joaquín Martínez, jefe de Hematología del 12 de Octubre

© Joaquin Martinez

Joaquín Martínez y Pepe Monge en el Kilimanjaro

© Joaquín Martínez

Joaquín Martínez y Pepe Monge en una carrera en Madrid
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