Fast Takes: Free Xi’s political prisoners, the cost of degrowth and more


Editorial: Andy Burnham will finally find out whether he is to return to Westminster this week – and be able to launch his bid for PM. Labour must resolve its leadership crisis fast and deliver for the British people
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La misa solemne en la Sagrada Família, así como la ceremonia de bendición de su torre de Jesús, presididas el miércoles por el papa León XIV, obtuvieron un amplísimo eco global. Cadenas televisivas y grandes cabeceras de prensa de todo el mundo recogieron en sus noticiarios y en las portadas de sus ediciones información e imágenes espectaculares relativas a los acontecimientos que ese día tuvieron lugar dentro y fuera de la basílica proyectada por el arquitecto Antoni Gaudí. Tal difusión fue aún multiplicada mediante las redes sociales, por las que circularon incontables imágenes de la jornada.

Hay que recordar en estos días aquellas palabras de los círculos socialistas cuando se publicó la primera fotografía de una desconocida militante del PSOE embarcada en asuntos turbios y con conexiones con Santos Cerdán, entonces mano derecha y persona de la máxima confianza de Pedro Sánchez. Era una célula de crisis para trabajos fuera de los focos. Desde aquellas fechas hasta hoy en el Gobierno y en el PSOE se la ha tachado de todo, incluso de desequilibrada, ajena al partido, extraña a sus dirigentes. Leire Díez lo intentó también para barnizar de brillo el relato manufacturado en Moncloa y Ferraz y se sacó de la manga una identidad, una de tantas, como periodista de investigación que reunía contenidos para un libro. Hoy, sabemos que todo era mentira y un despropósito colosal como estrategia de defensa y contención de daños. La instrucción judicial del escándalo de las cloacas del PSOE y especialmente las agendas manuscritas de la «fontanera» sanchista, amén de la huella digital de su concluyente biografía en el partido, los audios, las imágenes de la red, las facturas, los pagos y las entregas de dinero por parte del PSOE para sostener una organización criminal y mafiosa dedicada a «cazar» a jueces, fiscales, guardias civiles, policías y periodistas señalados por el poder se prolongan y extienden como una sombra de oprobio sobre el presidente, el Gobierno y el partido. Hasta el CIS ha hecho mella en las estimaciones de voto socialistas. El gota a gota de revelaciones de esa suerte de piedra rosetta de la corrupción sanchista que es la agenda de Leire Díez mantiene bajo conmoción a los directamente señalados, inmóviles por el pánico al vacío y la incertidumbre sobre lo que la clandestinidad aún guarda. Se han intentado sin éxito cortar amarras, desplegar un cortafuegos, levantar un muro para contener la deflagración que se intuye cuando se arraciman las pruebas sobre quién era y qué hacía esa Leire Díez con acceso a la Fiscalía, la Dirección General de la Guardia Civil y a P. S. En el PSOE, los ajenos, los desorientados e incluso los incrédulos honorables, que queremos pensar que todavía los hay, asisten atónitos a la apatía del presidente que no ha dado un paso ni ha abierto la boca para llevar a Leire Díez a los tribunales y limpiar la imagen del partido. Solo se es tan cauteloso y contenido cuando se pierde más que se gana en el juego del que conoces bien el tablero, los movimientos y las reglas. Es legítimo que socialistas de a pie se pregunten sobre lo que teme Pedro Sánchez y cuán grave es lo que se ignora todavía acerca de las actividades de las cloacas para que la réplica a la crisis sea el grotesco y cutre relato oficialista sobre cuatro sinvergüenzas que no eran nadie en la organización. Sánchez no se va y da que pensar que lo hace porque lo peor puede estar aún por llegar.


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