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"Adamuz, el último tren", el testimonio de resistencia de una superviviente

Elena Fragío es una joven onubense de 28 años que vio cómo su vida se partía en dos el 18 de enero de este año. Esta licenciada en Criminología es una superviviente del accidente ferroviario que costó la vida a 46 personas y ahora acaba de publicar 'Adamuz, el último tren' (Editorial Niebla), un testimonio de resistencia y reconstrucción. En una entrevista con EFE, Elena Fragío cuenta que el accidente de Adamuz (Córdoba) sigue sonando en su cabeza en forma de gritos, de teléfonos móviles que no dejan de sonar y de una presión constante que todavía la despierta sobresaltada.

Elena volvía de Madrid a Huelva tras presentarse a unas oposiciones a funcionaria de prisiones, el sueño que había perseguido durante mucho tiempo. Hoy sabe que las secuelas físicas que le ha dejado el accidente le impedirán ejercer esa profesión. El libro nació como un intento de ordenar los recuerdos que la desbordaban durante los 103 días que pasó inmovilizada en una cama y, aunque empezó a escribirlo como un diario, luego vio que "aquello podía llegar más lejos".

Atrapada en el vagón 1

La joven, que viajaba en el vagón 1 del Alvia que cayó a un terraplén tras chocar con un tren de alta velocidad, permaneció atrapada en el interior durante una hora y media. “No veía nada, la oscuridad era absoluta”, rememora. Tampoco escuchaba con claridad. El impacto le había perforado el tímpano y un pitido constante dominaba cualquier otro sonido.

"Intentaba ubicarme tocando todo lo que tenía alrededor -relata- pero solo encontraba hierro y cristal". Comenzó a percatarse de las múltiples heridas que sufría, sentía correr la sangre por el rostro y las piernas y algo más difícil de describir: "el miedo a morir". Entonces, una chica la agarró y le preguntó si estaba viva, y ahí fue cuando Elena dejó de pensar que era un sueño: aquel primer contacto "nos sirvió a las dos, dejamos de sentirnos solas".

También recuerda cómo muchos pasajeros "corrían hacia el caos" para intentar ayudar y cómo, al ver a un compañero de academia iluminado por una linterna tras una hora y media de oscuridad absoluta, gritó su nombre. Fue arrastrada fuera del vagón, pero sus piernas ya no respondían. Desde el exterior observó cómo improvisaban camillas utilizando los asientos arrancados del tren para trasladar a los heridos. Ahora, muestra su admiración hacia esas personas porque "en medio de todo aquello todavía eran capaces de pensar cómo ayudar a los demás".

También recuerda a un hombre con un chaquetón amarillo que le prestó su teléfono móvil para llamar a sus padres y decirles algo fundamental: que seguía viva. Tras horas de carretera desde Huelva, su padre consiguió llegar a la camilla en la que era evacuada al hospital, pero no logró reconocerla porque tenía el rostro cubierto de sangre, inflamado por los golpes y estaba cubierta con mantas térmicas. “Fátima, no es Elena”, llegó a decirle su padre a su madre.

Las secuelas

Elena ha perdido un 40 % de audición en ambos oídos de forma irreversible. Además, lleva varios tornillos y clavos en la pelvis y el sacro que condicionarán su movilidad futura. La cicatriz que atraviesa su rostro, de nueve centímetros, constituye otra de las heridas más visibles."A mí me han quitado hasta mi cara", afirma.

Todavía hoy le cuesta mirarse al espejo y durante mucho tiempo fue incapaz de retirar las tiras que cubren la cicatriz. Cuando camina por la calle siente que los demás la observan, aunque sabe que es una percepción nacida del trauma. Como superviviente el accidente, reconoce que no sabe si fue "suerte, un milagro o que no era mi destino, pero la culpa no se va", dice cuando recuerda que los fallecidos "tenían familias, proyectos, trabajos y sueños, como yo".

Durante su ingreso hospitalario, esta culpa llegó a manifestarse en detalles cotidianos como cortarse el pelo por encima de los hombros porque se lo había manchado con sangre que no era suya y aquello le “hacía sentir todavía más culpable". A pesar de todo, Elena insiste en que su herramienta principal para superar el dolor y el trauma ha sido el humor. En la Unidad de Cuidados Intensivos, cuando le preguntaban cómo estaba contestaba con ironía: "como si me hubiera atropellado un tren".

© Efe

Elena Fragío
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El gas sustituye al agua para proteger del fuego el archivo de la Mezquita-Catedral

La Mezquita-Catedral de Córdoba, Patrimonio de la Humanidad, tiene implementado un novedoso sistema contra incendios en su imponente archivo capitular en el que el gas sustituye al agua con el objetivo de evitar daños añadidos a los libros y legajos históricos que se conservan en su interior. El sistema, según explica a EFE el canónigo responsable de seguridad de la Mezquita-Catedral, Tomás Pajuelo, se basa en el uso del gas novec, que "elimina el oxígeno y evita la combustión", si bien se complementa con la "estanqueidad de cada una de las salas" que conforman el archivo para evitar a su vez la propagación de las llamas.

Paralelamente, el sistema cuenta con una "central gemela" en la "central general de toda la seguridad" del monumento para poder determinar con precisión que en el caso de que se active el sistema "no sea una falsa alarma" o comprobar que "no queda nadie dentro", algo "casi imposible que pueda ocurrir" ya que casa sala "se va cerrando".

Sistema eficaz, avanzado y fácil de implementar

Pajuelo explica que antes de implementar un medida de seguridad nueva en la Mezquita-Catedral se tienen en cuenta las opiniones de "técnicos, empresas especializadas o bomberos" y estudian los sistemas más avanzados para ver cual "puede ser el más eficaz" y "el más fácil" de instalar en un recinto tan delicado. Finalmente, se decidió usar este novedoso sistema que ya se encuentra instalado "en la biblioteca vaticana y en algunas otras bibliotecas de Europa", señala Pajuelo, quien reconoce que su implementación ha supuesto un "proceso largo" y nada sencillo debido a la dimensión de las botellas de gas, que se encuentran colocadas en espacios estratégicos que no rompen visualmente la estética del archivo capitular.

No obstante, Pajuelo indica que el sistema es muy particular para recintos "cerrados" como en este caso y se puede usar en espacios con salas estancas como museos o bibliotecas, pero no sería útil para el resto de la Mezquita-Catedral al ser un "lugar abierto" donde el gas "se evaporaría" y no cumpliría su función. Afortunadamente, hasta ahora, el único incidente reseñable en el archivo de la Mezquita-Catedral tuvo lugar en 2001, cuando un fuego producido por el reflejo del sol sobre unos legajos afectó a unos pocos documentos de los más de 5.000 conservados y de escaso valor bibliográfico.

Joyas bibliográficas

Y es que el archivo capitular alberga auténticas joyas en su interior, tal y como reseña a EFE su responsable, el bibliotecario capitular, Manuel Montilla, quien subraya que con el paso del tiempo los sistemas de protección han ido mejorando para evitar no solo la destrucción de los fondos bibliográficos, sino su daño por el propio sistema contra incendios. Montilla resalta la importancia del archivo capitular que alberga los documentos "que han ido configurando el edificio desde que se convierte en Catedral", ya que los de época musulmana "algunos quedaron destruidos" y otros manuscritos "se llevaron al Escorial".

Por tanto, en este archivo se custodian "el legado antiguo" y "varios incunables", pero todo de una fecha "a partir del siglo XIII" que es cuando se produce la reconquista de Córdoba por parte de Fernando III y "la antigua la Mezquita se convierte en Catedral". A partir de ahí empiezan a llegar "libros antiguos traídos desde Castilla" y poco a poco se van "adquiriendo y comprando" ejemplares que "hay custodiar, cuidar, y restaurar" gracias a un "aula de restauración" que conserva este importante legado bibliográfico que hoy día cuenta con un novedoso escudo contra los incendios.

© Efe

Sistema de gas instalado en la Mezquita-Catedral de Córdoba
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Tarragona acoge el rodaje de la superproducción sobre The Beatles

La provincia de Tarragona es escenario estos días del rodaje de una superproducción de cine sobre el grupo británico The Beatles, dirigida por el británico Sam Mendes. El paseo marítimo de Salou se transformó, el pasado jueves, en el Miami de los años 60, con coches clásicos estadounidenses de la época, como cadillacs y limusinas, y grandes plantas para simular la exuberante vegetación de Florida.

La presencia de los equipos de grabación y de los vehículos llamó la atención de las personas que pasaban por allí, en un momento en el que el municipio ya se ha empezado a llenar de turistas. En otra población del litoral tarraconense, Calafell, también se ha llevado a cabo esta semana la grabación de escenas de la película, concretamente en la playa, con decenas de figurantes y la presencia de curiosos.

Tarragona también albergó el rodaje la semana pasada. El amplio despliegue de camiones y equipo humano de la película se dejó ver por el centro de la ciudad y cerca del estadio de fútbol del Nàstic de Tarragona. Sam Mendes, ganador de un Oscar por "American Beauty", empezó a finales de 2025 el rodaje de cuatro películas sobre el cuarteto de Liverpool, cada una desde el punto de vista de un integrante de la banda.

Están protagonizadas por los actores Paul Mescal (Paul McCartney), Harris Dickinson (John Lennon), Barry Keoghan (Ringo Starr) y Joseph Quinn (George Harrison), y se podrán ver en cines y en Netflix en abril de 2028.

© EFE

Los Beatles a su llegada al aeropuerto del Prat, en las escalerillas del avión tocados con monteras toreras.
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