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Comer con los ojos: así afecta el color de la comida al apetito y cómo usarlo para alimentarte mejor

Comer con los ojos: así afecta el color de la comida al apetito y cómo usarlo para alimentarte mejor

El cerebro decide si un alimento apetece antes de que llegue a la boca, y el color es la primera señal que procesa, algo que la industria alimentaria sabe desde hace décadas

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Una fresa roja y madura dispara algo en el cerebro incluso antes de que la toquemos, olamos o saboreemos. Sin embargo, una fresa del mismo tamaño, pero de color gris, produciría el efecto contrario, aunque nutricionalmente fuera idéntica. La vista no es un sentido cualquiera en la alimentación: es el primero en activarse, y su influencia sobre el apetito, el placer y las decisiones de lo que comemos es mucho mayor de lo que creemos.

Las señales del apetito en el cerebro

El apetito no es simplemente hambre. Es el resultado de una conversación entre el estómago, nuestras hormonas y el sistema nervioso central, en la que las señales visuales tienen mucho peso. Cuando los ojos detectan un alimento que el cerebro reconoce como apetecible, se produce la liberación de saliva, secreción de jugos gástricos, un aumento de grelina (la hormona del hambre) y de insulina, como pudo comprobar un estudio de 2020 en el que se mostraron imágenes de comida apetitosa a los voluntarios. Los circuitos de recompensa del cerebro se activaban, incluso sin ingerir comida.

La famosa dopamina es el neurotransmisor más importante en este proceso. Se libera no solo al comer, sino cuando pensamos en comer algo que el cerebro predice como gratificante. Los estímulos visuales de alta calidad, especialmente los que incluyen colores vivos, brillos y texturas reconocibles, activan la amígdala (que evalúa la relevancia emocional del estímulo) y el córtex prefrontal (que le asigna valor). Los estudios de imagen funcional, que muestran las partes del cerebro que se activan, indican que, cuando tenemos hambre, hay una respuesta mayor al mostrar alimentos más calóricos.

Por qué los colores vivos significan comida

Las plantas evolucionaron para producir frutos con pigmentos brillantes, como los flavonoides y carotenoides, que dan los tonos rojos, naranjas, amarillos y morados. Estos colores señalan la maduración a los animales que comen fruta y dispersan las semillas. Una fruta verde contiene menos azúcar y más compuestos amargos. Un fruto rojo es más dulce y tiene más calorías. Nuestros antepasados aprendieron muy bien a reconocerlos.

Por eso estos colores activan el apetito de forma casi refleja, mientras que el azul y el gris no estimulan el hambre, ya que están asociados a alimentos putrefactos, cubiertos de hongos o poco nutritivos. Un estudio experimental confirmó que al colorear fotos de alimentos cambiando sus colores modificaba el deseo de comerlos. Lo que apagaba el apetito, más que el color, era que tuvieran un color distinto de su tono natural.

el azul y el gris no estimulan el hambre, ya que están asociados a alimentos putrefactos, cubiertos de hongos o poco nutritivos.
el azul y el gris no estimulan el hambre, ya que están asociados a alimentos putrefactos, cubiertos de hongos o poco nutritivos.

Cómo usa el color la industria alimentaria

Los anuncios de hamburguesas presentan tomates de un rojo imposible, lechuga de un verde saturado y carne de un tono dorado que ninguna hamburguesa real alcanza. Los envases de cereales azucarados para niños utilizan rojos y amarillos intensos, los colores que más activan la respuesta de dopamina. Los restaurantes de comida rápida utilizan esos mismos colores en sus logotipos y decoración: es el motivo por el que un McDonald’s nunca será azul.

Los establecimientos de alta cocina hacen exactamente lo contrario con la vajilla: usan colores neutros (blancos, grises, negros) que no compiten con el color del plato, aumentan el contraste visual del alimento y centran la atención en los ingredientes.

Cómo usar el color para comer mejor

Si el cerebro responde a los colores de los alimentos, podemos usar ese mecanismo para mejorar nuestra dieta y nuestra salud. Estas son algunas recomendaciones:

  • Añadir colores vivos a tu plato: un plato de verduras hervidas hasta que están marrones es mucho menos apetecible que otro con tomates cherry rojos, zanahoria naranja, brócoli verde brillante y remolacha morada. La variedad cromática activa la respuesta anticipatoria y nos anima a comer estos alimentos, que tienen pocas calorías y mucha fibra.
  • Usar vajilla como contraste: la vajilla de tonos neutros o fríos hace que los colores cálidos de los alimentos resalten. Pero también hay evidencia de que, si usamos estos platos, las raciones parecen más grandes y perciben como más saciantes.
  • Reducir la exposición a los envases de comida basura: si evitamos dejar a la vista ultraprocesados con colores y envases llamativos, y guardamos en lugares menos visibles estos alimentos que queremos consumir con menos frecuencia, conseguiremos evitar que nuestra vista traicione nuestro apetito.
  • Decorar con condimentos la comida de todos los días: el popular Karlos Arguiñano siempre termina sus platos decorándolos con una rama de perejil o algún condimento que añada color, lo que hace que un simple estofado o una sopa parezcan mucho más apetecibles. Podemos usar este mismo truco para alegrar la comida sana de nuestro táper.

Muchas veces nos esforzamos por controlar lo que comemos, pero si no tenemos cuidado, nuestro cerebro puede tomar la decisión de meterse en la boca el alimento equivocado y despreciar el correcto mucho antes de que podamos reflexionar sobre ello. Conociendo los mecanismos que hacen que los colores disparen los neurotransmisores y las hormonas del apetito, la saciedad no elimina su influencia, pero nos da una oportunidad de controlar nuestro entorno, lo que compramos, cocinamos y ponemos en el plato para que trabaje a favor de nuestra salud, en lugar de en contra.

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Las "cloacas" del PSOE se coordinan a través de un grupo de WhatsApp desde 2022

Las «cloacas» del PSOE coordinan su ofensiva sobre distintas causas judiciales desde 2022 a través de un grupo de WhatsApp llamado «La Compañía». El chat estuvo integrado por gran parte de los activos a los que Ferraz, la sede de los socialistas en Madrid, encomendó, presuntamente, la misión de anular investigaciones judiciales que afectaban tanto al partido, primero, como al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su entorno más cercano después.

Además de la conocida «fontanera» y exmilitante socialista Leire Díez, entre los integrantes estuvieron el entonces fiscal anticorrupción José Grinda –presunta víctima a la que le habrían ofrecido 300.000 euros a cambio de cambiar su postura en algunos casos mediáticos–, varios abogados a los que distintas fuentes sitúan como colaboradores de los servicios de inteligencia, y la difunta periodista Patricia López, encargada de algunas de las investigaciones más relevantes relacionadas con el Ministerio del Interior de la etapa de Mariano Rajoy.

La Audiencia Nacional investiga una presunta «trama» que habría sido financiada con el PSOE pagando viajes, estancias y abogados para alterar causas mediáticas. Desde el «caso Aznalcóllar», que afectaba al expresidente de la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI), Vicente Fernández, hasta los ERE de Andalucía. Y más recientemente, el «caso Koldo», que ha sido la «piedra de Rosetta» de la presunta corrupción del Gobierno de Sánchez. Para anularlo, partieron de la base de que tenía conexión con «Gaslow», una trama de fraude en los hidrocarburos –distinta en la que está investigado el empresario Víctor de Aldama. Es decir, la tesis de «La Compañía» pasaba por anular el primero, para que el segundo cayese como una ficha de dominó, y arrastrase otras causas que se siguen en la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo.

El chat, sin embargo, no estaba integrado por todos los supuestos integrantes de las «cloacas» que el juez Santiago Pedraz decidió citar como investigados. El empresario Javier Pérez Dolset, que acompañó a Leire Díez en distintas reuniones presenciales con algunos de los testigos a los que la Guardia Civil ha tomado declaración, supo de la existencia de este grupo a finales de 2025. La citada periodista Patricia López le entregó una copia y le explicó el funcionamiento pocos días antes de fallecer. Esto último ocurrió el pasado 21 de diciembre. Poco después, un digital publicó varios de los mensajes que se intercambiaron las «cloacas del PSOE».

Una de las bases que el juez ha utilizado para impulsar la causa son las libretas que utilizó Leire Díez a suerte de diario de sus trabajos. En uno de ellos se lee que intentaron «contactar con el PSOE dos años y sólo cuando ocurre lo de Begoña alguien nos recibe», en alusión al caso de la mujer del líder del Ejecutivo, que estalló casi a mediados de 2024.

Eso sitúa los primeros movimientos en 2022, hace ahora cuatro años. Por aquel entonces, la «fontanera» ya había contactado con Dolset, que tenía en su poder los audios del comisario jubilado José Manuel Villarejo y trabaja desencriptándolos.

Los inicios

El grupo de WhatsApp «La Compañía» funcionó como un medio de «coordinación» para sus integrantes desde hace cuatro años. Las fuentes consultadas apuntan, por otro lado, que el engranaje de las «cloacas» comenzó mucho antes, casi a la par de la llegada del PSOE a la Moncloa tras la moción de censura contra el PP. El asunto de «Aznalcóllar», por ejemplo, afectó al expresidente de la SEPI en octubre de 2019, cuando dimitió de su cargo al ser citado como investigado en la adjudicación de una mina en el municipio sevillano que bautizó la causa.

Una de las pruebas que sustentaría que las presuntas «cloacas» funcionaron desde antes de 2022 está en una reunión que Díez mantuvo en abril de 2024 en Ferraz, la sede del PSOE. A ella acudió el ahora secretario de Estado de Telecomunicaciones, Antonio Hernando, que en aquel momento era director adjunto del gabinete del presidente que encabezaba Óscar López.

La reunión la confirmó el propio alto cargo del Gobierno en sede judicial a principios del pasado mes de febrero, y que acudió a petición de la Secretaría de Organización del partido, que por entonces dirigía Santos Cerdán, presunto cabecilla de las «cloacas» socialistas.

En la reunión, Díez y Dolset llevaron parte de los audios de Villarejo. Por aquel entonces, los que más les interesaban eran los referentes a las saunas del suegro de Pedro Sánchez que grabó el ex comisario jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO) de la Policía Nacional, Enrique García Castaño, investigado en la «operación Kitchen» hasta que una enfermedad lo sacó de la causa. «Al llevarles los audios, la respuesta de Hernando es que ya los tenía», explica una fuente.

Además de Díez, Cerdán y Pérez Dolset, están imputados el exconsejero de Presidencia de la Junta de Andalucía Gaspar Zarrías; el abogado de Cerdán, Jacobo Teijelo; el abogado Ismael Oliver, que fue letrado del exasesor Koldo, y el guardia civil Juan Sánchez Yepes. Además, el magistrado ve indicios contra el que fuera mano derecha de Cerdán, el aún diputado Juan Francisco Serrano Martínez, y contra el expresidente de Correos Juan Manuel Serrano Quintana, por posible colaboración. Pedraz aprecia posibles delitos de organización criminal, cohecho, revelación de secretos, inducción al falso testimonio, acusación falsa, falsedad en documento mercantil, prevaricación, tráfico de influencias y delito contra las instituciones del Estado.

© La Razón

La exmilitante socialista Leire Díez comparece en el hotel donde convocó a la prensa
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Salir a correr por la ciudad: cómo evitar los problemas que causa la contaminación

Salir a correr por la ciudad: cómo evitar los problemas causados por la contaminación

Dos tercios de los españoles respiran aire contaminado por encima de los nuevos límites europeos, correr en ciudad multiplica la exposición, pero hay formas de reducir riesgos

Cómo la fiebre del 'running' está transformando nuestras ciudades

Salir a correr es, en principio, una de las decisiones más saludables que una persona puede tomar. El problema es que hacerlo en una ciudad con tráfico denso puede convertir el ejercicio en un riesgo para la salud. Al correr, la ventilación pulmonar se multiplica por cinco o seis respecto al reposo, lo que significa que el corredor inhala mucho más aire y, por tanto, mucho más de lo que contamina ese aire.

El problema del aire en las ciudades españolas

Según Ecologistas en Acción, dos tercios de la población española respira aire contaminado por encima de los nuevos límites de las directivas europeas. El ozono troposférico es el contaminante más extendido y el más vinculado al cambio climático, con la peor situación registrada en la ciudad de Madrid. El dióxido de nitrógeno (NO2), emitido principalmente por el tráfico rodado, afecta especialmente a las grandes áreas urbanas. Y las partículas finas PM 2.5, las más peligrosas para la salud por su capacidad de penetrar hasta los alvéolos pulmonares, siguen superando los umbrales recomendados por la OMS en la mayor parte del territorio.

El verano es la peor estación para el ozono. La radiación solar activa la reacción química que convierte los óxidos de nitrógeno y los compuestos orgánicos volátiles en ozono troposférico. Durante las olas de calor de 2025 se registraron numerosas superaciones del umbral de ozono en Madrid. Por el contrario, el invierno favorece la contaminación por partículas debido a las inversiones térmicas y el aumento de emisiones por calefacción (especialmente leña o carbón), que quedan atrapadas a nivel del suelo.

Por qué correr significa respirar más contaminantes

Un paseante que camina por una calle contaminada inhala unos 10-15 litros de aire por minuto. Sin embargo, un corredor a un trote moderado puede llegar a 60-80 litros por minuto. Esa diferencia no solo quiere decir que pasa más aire por los pulmones, sino que hay más superficie de depósito en los bronquios y, sobre todo, más carga de partículas que llegan a los alvéolos. El corredor está multiplicando por cinco la dosis de contaminantes que sufre el peatón.

Las consecuencias a corto plazo incluyen irritación de los bronquios, reducción del rendimiento respiratorio, tos e inflamación de las vías aéreas. A largo plazo, la exposición crónica a NO2 y partículas finas se asocia a mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y mayor incidencia de infecciones respiratorias. Las personas con asma, alergias o enfermedades cardiovasculares son especialmente vulnerables.

Las zonas de mayor riesgo de contaminación en las ciudades

La distribución de la contaminación en las ciudades sigue el mapa de carreteras. Las concentraciones de NO2 y partículas son máximas junto a las vías de tráfico intenso, en los primeros metros junto a la calzada. A mayor tráfico y menor velocidad (más atasco), mayor concentración de contaminantes.

Por eso, los peores sitios para correr son las avenidas principales con alta densidad de autobuses y camiones, además de los túneles de ventilación o pasos subterráneos, y las intersecciones con semáforos donde los automóviles arrancan y frenan repetidamente.

La receta para minimizar el riesgo es sencilla: alejarse del tráfico y buscar vegetación. Los parques urbanos grandes, aunque no están libres de contaminación procedente de las calles circundantes, registran concentraciones significativamente menores de NO2 y partículas. Los bulevares arbolados tienen mejor calidad de aire que las calles sin vegetación. Los carriles bici y las rutas alejadas del tráfico motorizado son también opciones más seguras. Las zonas residenciales de baja densidad y tráfico moderado son siempre preferibles a las grandes avenidas de la ciudad.

Cuándo salir a correr para evitar la contaminación

La dependencia de la contaminación con el tráfico también determina las peores y mejores horas para salir a correr. Los niveles de NO2 más altos se dan en las horas punta de la mañana (7:00-9:00 horas) y la tarde (17:00-20:00 horas). Un buen momento para correr puede ser a media mañana o a mediodía entre semana, o en cualquier momento del fin de semana. El ozono, en cambio, en verano alcanza su máximo en las horas centrales del día. Por eso en esos meses es mejor salir muy temprano (antes de las 8:00) o al atardecer. Además de evitar este contaminante, la temperatura es más agradable.

Cómo protegerse cuando no hay alternativa

Cuando la ruta, el horario o la temporada no son los ideales, hay medidas que reducen la exposición para los corredores, aunque ninguna elimina completamente el riesgo. Alejarse al menos 10-15 metros de la calzada cuando sea posible reduce la concentración de contaminantes que se inhalan. Respirar por la nariz (siempre que la intensidad del esfuerzo lo permita) filtra mejor las partículas que respirar por la boca. Reducir el ritmo en tramos muy contaminados también disminuye el volumen de aire inhalado por minuto.

Las mascarillas FFP2 o N95 filtran eficazmente las partículas, pero pueden ser incómodas durante el ejercicio intenso y muchos corredores las evitan. Sin embargo, pueden ser recomendables en episodios puntuales de contaminación muy elevada, como la llegada de polvo del Sahara, o episodios de inversión térmica en invierno.

Por último, hay aplicaciones de calidad del aire (IQAir, WAQI, o la app del Ministerio de Sanidad) que permiten consultar los niveles en tiempo real antes de salir. En cualquier caso, la contaminación no debe convertirse en una excusa para no correr. El sedentarismo tiene consecuencias para la salud mucho peores para la mayoría de las personas. Elegir bien el momento y el lugar ayuda a reducir los riesgos.

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