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Entre acantilados y playas salvajes: así es la Ruta Vicentina, uno de los grandes recorridos de la costa portuguesa

13 June 2026 at 21:13

Entre acantilados y playas salvajes: así es la Ruta Vicentina, uno de los grandes recorridos de la costa portuguesa

Entre el Alentejo y el Algarve se esconden más de 700 kilómetros de senderos, pueblos pesqueros, playas casi vírgenes y algunos de los paisajes más espectaculares del litoral atlántico

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La Ruta Vicentina, o Rota Vicentina en portugués, es uno de esos planes que permiten descubrir una cara muy distinta del país vecino. Recorre la costa suroeste portuguesa entre Sines y el Cabo de San Vicente, atravesando algunos de los paisajes más llamativos del litoral atlántico. A lo largo del camino aparecen playas tranquilas, acantilados, pequeños pueblos pesqueros y grandes espacios naturales donde el mar sigue marcando el ritmo de la vida cotidiana.

Mucha gente la conoce por sus senderos. Y no es para menos. La Ruta Vicentina se ha convertido en uno de los grandes destinos europeos para caminar junto al mar. Pero limitarla al senderismo sería quedarse corto. También puede recorrerse en coche, enlazando pueblos, miradores, playas y faros a través de carreteras que avanzan muy cerca de la costa. Es una propuesta que lo mismo cautiva a quienes quieren completar etapas a pie como a quienes prefieren viajar tras el volante y detenerse donde les apetezca.

Además, el recorrido permite conocer dos regiones muy diferentes entre sí, pero igual de interesantes: el Alentejo y el Algarve. En pocos kilómetros se pasa de amplios arenales casi vacíos a localidades encaramadas sobre los acantilados, siempre con el Atlántico como telón de fondo. Y entre parada y parada tampoco faltan buenos motivos para sentarse a la mesa: pescado fresco, marisco, recetas tradicionales y platos con intenso sabor a mar.

Una ruta con vistas al Atlántico.
Una ruta con vistas al Atlántico.

Más de 700 kilómetros de senderos entre el Alentejo y el Algarve

La Ruta Vicentina es una de las redes de senderismo más importantes de Portugal. En total suma más de 700 kilómetros señalizados que recorren el suroeste del país entre el Alentejo y el Algarve, combinando itinerarios de larga distancia con rutas de menor recorrido. Su diseño permite tanto emprender una travesía de varios días como realizar etapas sueltas adaptadas al tiempo disponible y a la condición física de cada viajero, y hay que tener en cuenta que la red se articula principalmente en torno a dos grandes recorridos: el Camino Histórico y el Sendero de los Pescadores.

  • El Camino Histórico

El Camino Histórico es un itinerario de 263 kilómetros que une Santiago do Cacém con el Cabo de San Vicente. Se divide en trece etapas y atraviesa algunos de los paisajes rurales más característicos del sur de Portugal. A diferencia de otros senderos costeros, aquí el protagonismo recae en caminos forestales, campos agrícolas, aldeas y pequeñas localidades con siglos de historia. Además, puede recorrerse tanto a pie como en bicicleta, una opción cada vez más popular entre quienes buscan abarcar más kilómetros en menos tiempo.

  • El Sendero de los Pescadores

El segundo gran eje es el Sendero de los Pescadores, o Trilho dos Pescadores en portugués. Se trata del recorrido más famoso de toda la Ruta Vicentina y también el que concentra buena parte de la atención internacional. A lo largo de 226,5 kilómetros sigue antiguos caminos utilizados por pescadores para acceder a playas, acantilados y zonas de pesca, manteniéndose siempre muy cerca del océano. El itinerario, también dividido en 13 etapas, arranca en São Torpes y finaliza en Lagos, no sin antes pasar por el Cabo de San Vicente.

Trilho dos Pescadores, o Sendero de los Pescadores, en Portugal.
Trilho dos Pescadores, o Sendero de los Pescadores, en Portugal.

Aunque su distancia total es algo menor que la del Camino Histórico, muchos senderistas lo consideran más exigente. La razón es sencilla: buena parte del recorrido discurre sobre terrenos arenosos, senderos estrechos y zonas expuestas al viento atlántico. Por ese motivo está concebido exclusivamente para realizarse a pie. Ninguna de sus etapas supera los 22,5 kilómetros y todas están pensadas para completarse en una sola jornada, por lo que puedes organizar el itinerario a tu medida y seleccionar únicamente los tramos que más te interesen.

A estos dos grandes recorridos se suman otras 24 rutas circulares que en total suman cerca de 265 km, localizados entre Santiago de Cacém y Lagos. Son itinerarios más cortos que permiten descubrir algunos de los paisajes más representativos de la región sin necesidad de afrontar una travesía de varios días. Muchas de ellas resultan ideales para quienes se alojan en una localidad concreta y quieren dedicar una mañana o una jornada a recorrer los alrededores antes de continuar el viaje.

Uno de los grandes atractivos de la Ruta Vicentina es precisamente esa flexibilidad. Hay senderistas que emplean varias semanas en completar uno de los grandes recorridos de principio a fin, mientras que otros optan por caminar únicamente algunas etapas. En todos los casos, el camino permite descubrir una costa donde todavía mandan los espacios naturales, los pequeños núcleos de población y una forma de vida estrechamente vinculada al mar. Si deseas ampliar información, siempre puedes consultar la web de Rota Vicentina.

Cigüeñas en "primera fila" de acantilado.
Cigüeñas en "primera fila" de acantilado.

La Ruta Vicentina en coche: playas, pueblos y acantilados frente al Atlántico

No hace falta recorrer cientos de kilómetros a pie para disfrutar de la Ruta Vicentina. Si lo prefieres, también puedes descubrir esta parte de Portugal en coche, enlazando algunos de sus pueblos más interesantes y deteniéndote en playas, miradores y faros a lo largo del camino.

La ruta puede hacerse en ambos sentidos, aunque uno de los itinerarios más habituales parte de Sines y desciende hacia el sur hasta alcanzar el Cabo de San Vicente. Son poco más de 200 kilómetros de costa en los que el paisaje cambia constantemente, pero sin perder nunca la presencia del Atlántico.

Si comienzas en el extremo norte, verás que Sines es una ciudad ligada para siempre a la figura de Vasco da Gama. Su castillo, el casco histórico y el ambiente marinero ofrecen una primera toma de contacto con la costa alentejana antes de iniciar el recorrido hacia el sur.

La siguiente parada habitual es Porto Covo. Sus calles tranquilas, las casas encaladas y la cercanía de la isla de Pessegueiro la convierten en una de las localidades con más encanto de toda la ruta. Desde aquí comienzan a aparecer algunos de los paisajes que caracterizan la costa vicentina: acantilados, pequeñas calas y amplias panorámicas sobre el océano.

Diferentes programas de voluntariado conservan la señalización y la limpieza de la ruta.
Diferentes programas de voluntariado conservan la señalización y la limpieza de la ruta.

Siguiendo la carretera se llega a Vila Nova de Milfontes, situada junto a la desembocadura del río Mira. Es uno de los núcleos turísticos más importantes de la zona, aunque mantiene una escala muy diferente a la de otros destinos más masificados del Algarve. Su fortaleza, las playas y el agradable ambiente de sus calles justifican una parada con calma.

Más al sur aparecen algunos de los tramos más salvajes del recorrido. Lugares como Cabo do Sardão permiten contemplar impresionantes acantilados donde anidan numerosas aves, mientras que localidades como Zambujeira do Mar conservan un marcado carácter atlántico. Sus casas blancas asomadas al océano y la playa situada al pie del pueblo forman una de las imágenes más reconocibles de esta costa.

La ruta continúa hacia Odeceixe, uno de los lugares más especiales del recorrido. Aquí el río Seixe desemboca en el Atlántico creando un paisaje singular en el que conviven playa fluvial y playa marítima. Además, esta localidad marca la transición entre el Alentejo y el Algarve, dos regiones con personalidad propia pero estrechamente conectadas por la Ruta Vicentina.

La playa de Odeceixe, en la Ruta Vicentina.
La playa de Odeceixe, en la Ruta Vicentina.

Ya en territorio algarvío, verás que Aljezur es una parada imprescindible. Su castillo de origen árabe domina un entorno de colinas y valles que contrasta con la imagen más habitual del Algarve turístico. Muy cerca se encuentran algunas de las playas más conocidas de la costa occidental portuguesa, como Amoreira o Arrifana, muy apreciadas tanto por los surfistas como por quienes simplemente buscan paisajes aislados y menos urbanizados.

A medida que el viaje se acerca a su final, el protagonismo recae cada vez más en los acantilados y en la sensación de encontrarse en uno de los extremos de Europa. Sagres constituye la última gran parada antes de alcanzar el Cabo de San Vicente. Durante siglos este lugar fue considerado el fin del mundo conocido y todavía hoy conserva una atmósfera muy particular, marcada por el viento, el océano y la inmensidad del paisaje.

El faro y los acantilados del cabo ponen el broche final a un recorrido que demuestra que el sur de Portugal es mucho más que las zonas más conocidas del Algarve. Ya sea caminando por sus senderos o recorriendo la costa en coche, la Ruta Vicentina ofrece una forma diferente de acercarse al Atlántico, descubrir pueblos con personalidad propia y disfrutar de algunos de los paisajes más auténticos de Portugal.

El CD Laguna vuelve a Tercera División doce años después

13 June 2026 at 20:18
Fin a la larga espera de la familia del CD Laguna. Su regreso a Tercera División ya es una realidad. Lo pudo festejar este sábado sobre el césped de su estadio, el Francisco Peraza, tras derrotar a la UD Los Llanos por 2-1 en el encuentro de vuelta de la final del playoff de la Preferente tinerfeña. El 2-2 de la ida dejó el global en un 4-3 para el conjunto dirigido por Fabián Rivero.

Javier Ávila, fisioterapeuta: “Mirar el móvil es como sostener 27 kilos con el cuello”

13 June 2026 at 08:16
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Mirar el móvil parece un gesto inofensivo. Bajamos la cabeza, deslizamos el dedo por la pantalla y repetimos la postura decenas de veces al día, muchas veces durante minutos u horas. Pero ese movimiento cotidiano puede tener un coste físico que empieza a verse con más frecuencia en consultas de fisioterapia.

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Mientras Madrid busca el próximo restaurante de moda, La Capa decidió hacer barrio

13 June 2026 at 08:00

Saludan los vecinos que pasan por la calle. Se saben los nombres de los dueños y los dueños conocen los de los transeúntes. Alguien pregunta qué tal va el servicio. Va bien, todo controlado, siguen siendo fieles al “briefing” diario. Nada parece extraordinario y, sin embargo, probablemente ahí resida el secreto de uno de los restaurantes más comentados de Madrid.

Últimamente se escucha decir que es uno de los sitios más difíciles de reservar de la ciudad. Sin embargo, en La Capa no hay departamento de marketing, tampoco una estrategia de comunicación diseñada para conquistar Instagram. No hay luces tenues escondidas dentro de botellas de cristal convertidas en improvisadas velas; ni vinilos acompañados de muebles de diseño; ni carteles anunciando premios gastronómicos. Tampoco fotografías de celebridades que hayan pasado por allí. Se observa, en cambio, un cuadro de Elvira Lindo, varias obras de artistas vinculados al barrio y un pequeño cartel de “Free Palestina” colocado sin ninguna intención de convertirse en reclamo.

Aquí no venimos a hablar de manteles blancos, de menús degustación interminables ni de chefs que convierten cada plato en un ejercicio de autorreferencia. Tampoco de la carrera por convertirse en la apertura de moda. Aquí hablamos de pertenencia, de identidad y de una forma de entender la hostelería que parece cada vez más rara en Madrid. Bienvenidos a La Capa, con sus dueños Arturo Romera, Antonio Tapia y Martin Philippe See.

Durante los últimos años, Carabanchel se ha convertido en objeto de deseo para promotores culturales, galeristas, hosteleros y nuevos vecinos atraídos por unos precios todavía más accesibles que los del centro de la ciudad. La proliferación de espacios artísticos ha transformado la imagen exterior del barrio hasta el punto de que no son pocos quienes lo presentan como “el nuevo Chamberí”. Los propietarios de La Capa escuchan esa comparación con cierta incomodidad. No hay en sus palabras una crítica a quienes llegan de fuera ni una defensa romántica de un supuesto pasado mejor, lo que cuestionan es la posibilidad de que los barrios pierdan aquello que los hacía reconocibles. “Cuando los vecinos ya no pueden vivir en el barrio donde se han criado, evidentemente hay una problemática”, comenta Arturo Romera a LA RAZÓN.

El equipo dice entender que cualquier negocio que abre sus puertas en un barrio participa inevitablemente de su transformación. La cuestión, sostienen, es decidir de qué manera lo hace. “Nosotros no gentrificamos los barrios, pero sí tenemos la obligación de plantearnos cómo vamos a aportar valor”, explica Romera. Por eso hablan continuamente de comerciantes, vecinos, artistas y clientes habituales. Por eso conocen a la farmacéutica de la esquina, a la panadera o al cerrajero que lleva décadas viviendo en la zona. Y por eso, después de apenas dos años abiertos, afirman con naturalidad sentirse parte de Carabanchel.

La relación con el ecosistema artístico del distrito constituye otra de las patas fundamentales del proyecto. Antonio Tapia señala la importancia de los vínculos construidos con creadores, galerías y espacios culturales del barrio. Es cierto que Carabanchel se ha consolidado durante la última década como uno de los principales polos artísticos de Madrid y La Capa ha preferido relacionarse con ese fenómeno desde la cercanía y no desde la explotación comercial. El nacimiento de este lugar viene de lazos familiares en el barrio y de una inversión inicial de 30.000 euros, una cifra difícil de creer en los tiempos que corren.

Hospitalidad VS servicio

Sin embargo, el éxito de La Capa no puede explicarse únicamente a través de su arraigo en el barrio. También tiene que ver con una idea de la hostelería que sus propietarios repiten constantemente durante la conversación: “Hospitalidad no es servicio”. Están convencidos de que “hay que vivir del cliente que repite”. La Capa no busca convertirse en una experiencia que alguien consume una vez para después publicarla en redes sociales. Aspira a algo menos espectacular y más duradero: que la gente quiera volver. Y la cocina responde exactamente a esa misma lógica (quien espere encontrar una carta enciclopédica se equivoca). La propuesta gastronómica es deliberadamente pequeña. Hay cuatro platos que funcionan como columna vertebral de la casa: las cocochas de bacalao, la ensaladilla, las anchoas y el escalope de pollo con pimientos. A partir de ahí, todo cambia constantemente.

Crudos de pescado azul, corazones de pollo trabajados con influencias asiáticas, menestras de verduras de temporada o chipirones rellenos de butifarra aparecen y desaparecen según el momento del año. La carta se modifica cada pocas semanas y los fuera de carta son una constante. “Tenemos una carta muy pequeña, pero la cambiamos cada dos semanas”, explican.

La decisión responde a varias razones. La primera es el respeto por el producto de temporada. La segunda, ofrecer motivos para regresar a quienes visitan el restaurante con frecuencia. La tercera tiene que ver con una filosofía de aprovechamiento que atraviesa toda la cocina. Los propietarios presumen de tirar muy poca comida y de trabajar cada ingrediente hasta el límite de sus posibilidades. En una época en la que la sostenibilidad se ha convertido en argumento comercial, ellos la presentan como una obligación práctica derivada de la gestión responsable de un negocio.

También influye el recorrido profesional de los tres socios. Antes de convertirse en propietarios fueron trabajadores. Romera pasó por cocinas del País Vasco, Francia y Dinamarca, donde además estudió agronomía mientras trabajaba como cocinero. Más tarde desarrolló una pequeña bodega en la Sierra de Gredos. Martin Phillipe See acumuló experiencia en algunos de los restaurantes más reconocidos del país. Los tres conocen desde dentro las exigencias, contradicciones y problemas estructurales de la hostelería. “Somos trabajadores que han acabado montando un restaurante”. Su objetivo, añaden, consiste en construir un negocio viable sin reproducir algunos de los abusos que durante años han marcado el sector.

Otra gran pata de La Capa es el vino. Y, probablemente, el aspecto donde la personalidad del proyecto resulta más singular. Cuando abrieron el restaurante, una parte muy importante de la inversión inicial se destinó a construir una bodega sólida. Hoy cuentan con alrededor de seiscientas referencias, pero la cantidad no es lo más relevante; lo verdaderamente distintivo es su manera de entender la sumillería. “No quiero que el valor lo marque el precio”, afirma Romera. Mientras gran parte de la restauración incrementa proporcionalmente los márgenes según aumenta el valor de una botella, La Capa aplica una fórmula sencilla: precio de coste más veinticinco euros. Siempre. Da igual el vino. Da igual su rareza o prestigio que el margen es el mismo. Además, no existe una carta tradicional y el vino se recomienda a través de la conversación, primero se intenta entender quién tienes delante, después llega la botella. “Lo importante es conectar con el cliente”.

Junto al vino, en La Capa reivindican algo que consideran en peligro de extinción: las casas de comidas. Los entrevistados no reniegan de la alta cocina, saben lo que es formarse en ella y reconocen la importancia de restaurantes que han marcado la gastronomía contemporánea. Sin embargo, creen que una parte del sector ha terminado alejándose de aquello que hizo grande a la hostelería: la cercanía. “No quiero que me recuerdes por la comida, quiero que me recuerdes por el trato”, afirman. Esta reflexión no va dirigida tanto a los restaurantes Michelin como al modelo que muchos han generado a su alrededor. “Cada vez son más caros, más exclusivos y se están convirtiendo en algo parecido a un lujo”, así que los tres amigos ofrecen una restauración más democrática, donde la experiencia no dependa de la espectacularidad de los platos sino del conjunto. Y por eso, cuando hablan de referentes, los nombres que aparecen no son necesariamente los más mediáticos; hablan de Laredo, de Sacha, de Angelita o de La Tasquita de Enfrente. Lugares con personalidad propia donde la cocina importa, pero donde el verdadero valor sigue estando en la sala, en la conversación y en la sensación de sentirse en casa. Esto también se ve reflejado en una iniciativa con la que dicen disfrutar y aprender mucho: invitan a amigos cocineros a que implanten sus propuestas durante unos días en La Capa y den a conocer sus platos más emblemáticos. Así, en La Capa se pudo comer el mero con orzo y angulas de monte o los canelones de borraja del chef Armand Sansonnens; el "vintage service" con Charlie (@lagunalonso), enseñando en La Capa sus espárragos blancos o cavatelli con tomate y chorizo.

Hasta ahora, lo que han conseguido Arturo Romera, Antonio Tapia y Martin Phillipe See es poco frecuente en el Madrid actual: han demostrado que todavía es posible construir un negocio sin convertirlo en una moda. Que todavía se puede aspirar a formar parte de un barrio en lugar de utilizarlo como escenario. Y que, en una ciudad donde cada vez cuesta más sentirse en casa, la hospitalidad sigue siendo un valor revolucionario. Por eso resulta tan difícil conseguir mesa, porque quienes ya lo conocen dicen que encuentran una razón para volver.

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Casa de comidas en Carabanchel, La Capa.
© Jesus G. Feria.

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Casa de comidas en Carabanchel, La Capa.
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Casa de comidas en Carabanchel, La Capa.
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Los mejores parrilleros del mundo se citan en Barcelona

13 June 2026 at 05:00
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El Meat&Fire convierte este fin de semana el Moll de la Fusta en la capital mundial de la carne y el fuego. Se trata de un evento único en Europa donde los mejores parrilleros del mundo se reúnen para compartir y mostrar todo lo que saben. Celebrar el fuego como origen de la gastronomía y como símbolo de comunidad es lo que empujó a Iñaki López a emprender este festival que cuenta con 30 parrillas, terrazas y espacios de degustación, tres escenarios musicales y un espacio para charlas y presentaciones. Podrán escuchar a la única sumiller de carne española, Elisabet G. Iborra; o descubrir la riqueza de la brasa islandesa de la mano de Hinrik Larusson, además de descubrir a pequeños productores que no tienen red de distribución.

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¿Y ahora con quién vamos en el Mundial?

13 June 2026 at 05:00

Cuando la selección nos malacostumbró a ganarlo todo no teníamos un problema recurrente que surgía en los grandes campeonatos. La pregunta pertinente en cuanto perdía España era: ¿y ahora con quién voy? En las tres últimas Copas del Mundo hemos vuelto a las viejas costumbres. Nada más superar el ecuador del torneo ya tocaba elegir relevo para la Roja. Salvo León XIV que es de todos, aunque Robert Prevost sea del Madrid, para disfrutar del Mundial sin la selección de tu país hay que cambiar el pasaporte 2-3 semanas. Apátrida de sofá, compromiso asumible.

Ningún equipo, lo de combinado me suena a plato o copazo en alguna fiesta patronal, me ha generado tanta adhesión como la Bulgaria de USA’94. Empezando por el bético Trifon Ivanov, los Balakov, Stoichkov o Kostadinov eran una panda de forajidos que sembraron el pánico hasta que se les cruzó la Italia de Tassotti, ¡cómo no!, en semifinales. En casa, entre una montaña de camisetas de la NBA, hay dos futboleras: una es de la España de 2000 y la otra, de Trifon Ivanov. Si Guy Ritchie hubiera dirigido «Snatch. Cerdos y Diamantes» seis años antes hubiera tenido resuelto medio casting con los chicos que «dirigía» Dimitar Penev. Después de las copas, el tabaco y las timbas en la piscina del hotel de concentración en Dallas, Chicago o Nueva York llegaban al estadio de turno y tumbaban a Grecia, Argentina, México o Alemania. En su primer y último partido, Nigeria y Suecia, encajaron sendas goleadas. Una buena resaca deja mejor recuerdo que un par de victorias intrascendentes.

Más reciente que lo del anterior Mundial en Estados Unidos fue una Copa de África en la redacción original del periódico. Primera hora de la tarde de un día cualquiera entre semana. Si el partido no era un Senegal - Egipto andaba cerca. Pasó por allí uno de los responsables, que ya no está en la casa, y con una mirada mezcla de desprecio y curiosidad preguntó: «¿Pero quién juega?». Al escuchar la respuesta no pensó nada bueno de la docena larga de periodistas que había mirando la televisión. Es el imán de un gran campeonato de selecciones. Y eso que algunos, en una etapa no diría que fueron los menos, reniegan de la selección desde el principio. ¿Razones? Los clubes que lo contaminan casi todo.

© LR

El exfutbolista búlgaro Trifon Ivanov

El portavoz de Zapatero se disculpa por “haber inducido a error” sobre el valor de las joyas del expresidente

12 June 2026 at 08:29
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El portavoz autorizado del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, Luis Arroyo, se ha disculpado esta mañana a través de un mensaje en X por “haber inducido a error” sobre el valor de las joyas que la UDEF incautó en una caja fuerte del despacho del que fuera jefe del Ejecutivo en la calle Ferraz. Poco después del registro, Arroyo aseguró a los medios que esas joyas intervenidas tendrían un valor de “entre 30.000 y 50.000 euros”, pero la tasación realizada por la joyería Ansorena a instancias del juez José Luis Calama lo cifra en 1,3 millones de euros.

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Destruir libros para entrenar inteligencias artificiales

12 June 2026 at 05:00
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Parece una distopía, pero es real. Laboratorios de Silicon Valley, a través de empresas intermediarias, están comprando libros de segunda mano de todo el mundo para escanearlos y entrenar inteligencias artificiales. Los grandes modelos ( ChatGPT, de OpenAI; Llama, de Meta; Claude, de Anthrophic…) necesitan de las palabras para ‘sobrevivir’ y no sufrir un estancamiento cognitivo: cuantas más tengan, más eficientes y precisas son. Su ‘inteligencia’, por tanto, es mayor.

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