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Zapatero y los diamantes del árbol envenenado

13 June 2026 at 07:48

Zapatero y los diamantes del árbol envenenado

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Esta historia empieza en el aeropuerto de Miami, el 9 de mayo de 2021. Un rico venezolano intenta entrar en Estados Unidos. Algo pita en el control de pasaportes y los agentes de la aduana le bloquean el paso. Le retiran el visado. Le retienen en un pequeño cuarto. Le exigen que entregue su teléfono. Copian todo el contenido de su móvil. Y le deportan unas horas más tarde, en un vuelo hacia Panamá.

Ese venezolano se llama Rodolfo Reyes. Era el principal accionista de Plus Ultra. Cinco años después, la copia de ese teléfono se ha convertido en una de las principales pruebas contra José Luis Rodríguez Zapatero. 

El histórico auto del juez José Luis Calama, la primera imputación de un expresidente del Gobierno, se apoya en gran medida en esas conversaciones sobre “nuestro pana Zapatero” y el rescate de Plus Ultra que salieron del móvil de Reyes. Ahora hay un problema: no está claro que esa prueba sea legal en España. Y si cae esa pieza, buena parte del caso Zapatero podría venirse abajo. 

Todo lo que rodea al móvil de Rodolfo Reyes es extraño, por tres motivos.

El primero, por las fechas. EEUU envió esos datos a la UDEF el 18 de marzo de 2026: con casi cinco años de retraso y en pleno conflicto de Donald Trump contra Pedro Sánchez por el ‘no’ de España a la guerra de Irán.

Fuentes de la investigación argumentan que esa fecha se debe a que, pocos días antes, el 6 de marzo, la justicia española reactivó la orden de busca y captura contra Rodolfo Reyes. Eso hizo saltar la “notificación roja” de Interpol, y por eso el personal del Homeland Security en la embajada de Estados Unidos en Madrid envió a la UDEF esa copia del móvil. 

Sin embargo, hay algo que no cuadra en esa explicación. Rodolfo Reyes está en busca y captura desde hace más de dos años: desde febrero de 2024. La orden de detención internacional en Interpol está en vigor desde entonces. ¿Por qué el Homeland Security se acordó ahora de que tenía su teléfono y en 2024 no?

La segunda anomalía está en el sumario. O más bien es un agujero en él, como ha denunciado el abogado de Zapatero. Allí no aparecen los mensajes completos del móvil de Rodolfo Reyes; tampoco la documentación exacta que EEUU mandó a la policía. Solo están en el sumario los fragmentos recogidos en los informes policiales, donde la UDEF cita aquellos que considera más relevantes. Esto no debería ser así: todas las partes en un proceso penal tienen que tener acceso íntegro a las pruebas. También los abogados defensores. En este caso, para poder comprobar si en ese chat aparecen otros mensajes exculpatorios, o para revisar si el recorte de las conversaciones que ha hecho la policía no está sesgado.

La tercera anomalía es el propio auto que firmó el juez Calama esta semana. Envía a Estados Unidos –así, en abstracto, no a ningún órgano judicial en concreto– una comisión rogatoria para que le autorice a utilizar el volcado de ese teléfono en este proceso penal.

Es algo inédito, porque el orden suele ser al revés: primero se piden las pruebas por comisión rogatoria, después se usan. Y aquí Calama ha puesto la carreta por delante de los bueyes. El juez está pidiendo permiso para usar judicialmente unas pruebas que ya ha utilizado en su auto, y de las que desconocemos lo más básico: su legalidad, la trazabilidad, qué garantías hay de que no han sido manipuladas o de que cumplen con el derecho español.

Para complicarlo aún más, en el informe 1908/26 de la UDEF donde se cuenta el origen de esta copia del teléfono de Reyes, la policía dice lo siguiente: “El HSI [Homeland Security Investigations] obtuvo las autorizaciones necesarias y procedió a compartir dicha extracción para su uso en un proceso judicial en España”. 

Si realmente el HSI ya obtuvo “las autorizaciones necesarias” para su “uso en un proceso judicial en España”, ¿por qué vuelve a pedirlas el juez? ¿Y por qué no están esas autorizaciones en el sumario?

El problema es que el Homeland Security Investigations no es un órgano judicial. Es un departamento que depende del ICE, la policía aduanera que ahora usa Donald Trump para perseguir a los inmigrantes. Y esta es una de las claves de esta historia. ¿Quién ordenó clonar el teléfono de Rodolfo Reyes? ¿Fue una decisión policial? ¿O lo autorizó algún juez de ese país?

Sí sabemos que la policía de aduanas estadounidense tiene la facultad legal de revisar o incluso copiar los dispositivos electrónicos de cualquier persona que pase por la frontera, sin orden judicial. Y es algo que el ICE hace mucho: solo en 2025, revisaron los teléfonos de 55.318 personas. Y a 4.396 de ellas, les copiaron íntegramente su teléfono, como hicieron con Rodolfo Reyes. Es algo que pasa a diario en los aeropuertos de EEUU. Sin que lo revise ningún juez.

En España algo así es impensable. Sería completamente ilegal. El secreto de las comunicaciones es un derecho constitucional y no hay excepciones en la frontera. La policía solo puede revisar el teléfono de alguien con una orden judicial. Y aunque esta copia del móvil de Reyes sea legal en EEUU, no está tan claro que pueda ser una prueba válida ante la Audiencia Nacional.

¿Y qué pasa si una prueba clave es ilegal bajo las garantías y derechos de la Justicia española? 

En derecho la llaman la doctrina del fruto del árbol envenenado. Es una metáfora bastante clara: todo lo que vaya después de una prueba ilegal es también ilegal; si el árbol está envenenado, la fruta también lo está. Si la prueba que sirvió para imputar a Zapatero o registrar su despacho es nula, todo lo que vino después en esta causa judicial también se debe anular. 

La metáfora de la fruta del árbol envenenado aparece por primera vez en 1939, en una sentencia del Tribunal Supremo de EEUU que anuló las condenas a unos contrabandistas de alcohol porque la policía utilizó pinchazos telefónicos ilegales. Como explica Jordi Nieva en este interesante artículo, esa doctrina del Supremo estadounidense buscaba poner freno a los desmanes de la corrupta policía de esos años. Dejar claro que no vale todo en un Estado de derecho. 

¿Y vale todo en España? En ocasiones, la justicia española es muy garantista. Otras veces no.

De Naseiro a Encrochat

El caso Naseiro, el mayor escándalo de financiación ilegal del PP hasta la Gürtel, acabó archivado precisamente por la doctrina del árbol envenenado. El Tribunal Supremo anuló unas escuchas telefónicas porque se habían autorizado para investigar un presunto delito de narcotráfico, no el caso de corrupción que apareció después. “No todo es lícito en la búsqueda de la verdad”, concluyó el Supremo.

En otros casos, la Justicia española ha sido mucho menos estricta. Ocurrió con la lista Falciani: un empleado de la banca suiza robó los datos bancarios de miles de defraudadores, que acabaron en manos de la Justicia. El fin era noble, pero el hecho en sí era un delito. Aun así, el Tribunal Supremo avaló esas pruebas porque quien cometió la ilegalidad fue un particular, no el Estado.

Y más reciente es el caso Encrochat. Las autoridades francesas lograron acceder a las comunicaciones de una red de teléfonos encriptados utilizada por delincuentes de medio mundo. Esas conversaciones han servido para decenas de procesos penales en España –incluso el caso de la Diputación de Almería se destapó así–. Los acusados intentaron anularlas, pero el Tribunal Supremo las ha avalado porque la justicia francesa autorizó la operación ante indicios de delitos graves.

Con estos precedentes sobre la mesa, es difícil pronosticar qué hará ahora la Justicia española con Zapatero. Si avalará esas pruebas o las anulará. Lo que parece seguro es que este debate acabará fijando una nueva doctrina del Tribunal Supremo o del Constitucional.

Porque está en cuestión incluso la validez de la prueba más espinosa que hoy amenaza a Zapatero. ¿Son las joyas con diamantes, zafiros y rubíes la fruta de un árbol envenenado?

Las joyas de ZP

La Audiencia Nacional ordenó los registros al despacho de Zapatero buscando pruebas de un supuesto delito de tráfico de influencias y una trama de empresas offshore. Ni una cosa ni la otra parecen haber aparecido. Pero la UDEF sí ha encontrado unas joyas valoradas en 1,3 millones de euros, que le han costado al expresidente una nueva imputación penal: por los presuntos delitos de contrabando y fraude fiscal.

Según ha explicado el propio Zapatero, esos tres juegos de joyas más valiosos son regalos de otros países. Aún no se sabe cuáles son: algunas fuentes señalan a Qatar, Marruecos y Arabia Saudí. Estados donde este tipo de diplomacia de los regalos es muy habitual, como saben algunos senadores españoles que recibieron un reloj Rolex en un viaje oficial por la región del Golfo Pérsico. 

El exministro Miguel Sebastián publica hoy en elDiario.es un interesante artículo donde defiende al expresidente y desvela que a él también le regalaron un juego de joyas de este estilo, en un viaje oficial a Arabia Saudí. Es mucho más que una anécdota porque explica una mecánica: es muy improbable que Zapatero y Sebastián fueran los únicos a los que un regalo así les llegó. 

Zapatero aún no ha aclarado en qué fechas le regalaron estas valiosas joyas: si fue durante su etapa como presidente del Gobierno o después. Es un asunto en cualquier caso escandaloso. Otra cosa es la relevancia penal. 

Si Zapatero aceptó estos carísimos regalos cuando era presidente, los delitos que ahora le imputa la Audiencia Nacional –contrabando y fraude fiscal– estarían casi con seguridad prescritos; han pasado ya casi 15 años desde que dejó la presidencia. 

¿Y si la Justicia anula el clonado del teléfono de Rodolfo Reyes? Pues el hallazgo de las joyas también estaría en cuestión. La policía las encontró con un registro a su despacho que se ordenó precisamente por esos mensajes de los directivos de Plus Ultra. Y si el árbol está envenenado, el fruto con diamantes también lo está. 

Pero el aspecto penal no es el único que está en cuestión: hay también un plano ético. La justicia puede anular unas pruebas, pero su recuerdo en la ciudadanía no va a desaparecer. Si se confirma el valor de esas joyas y su origen, aceptar esos regalos supone una mancha imborrable en la reputación de Zapatero, aunque no haya delito. Si recibió esos carísimos regalos siendo presidente, debería haberlos dejado en La Moncloa. O no haberlos aceptado. 

Para el abogado de Zapatero, todos estos detalles suponen una gran oportunidad. Puede lograr la absolución de su cliente por un error procesal, o por prescripción del delito. Pero para el expresidente del Gobierno, no parece la mejor solución. Si el caso Zapatero queda en nada por un defecto de forma, la sombra sobre su actuación jamás se despejará. No será declarado culpable. Pero tampoco inocente. 

Contra la superioridad moral del madrugar

13 June 2026 at 04:40

Decimos que las cosas importantes suceden en torno a una mesa pero en realidad tienden a pasar sobre una cama: al fin y al cabo, comemos durante una hora al día, pero un tercio de la vida la pasamos acostados. En la cama nacemos y morimos, sufrimos la enfermedad y desciframos el placer, nos tumbamos para descansar y —aún más dulce— para vaguear un poco. De niños nos leen para dormirnos y de adolescentes dejamos de dormir con tal de seguir leyendo un rato más. En la cama arropamos a nuestros hijos como nos arroparon nuestros padres y en la cama, imagen de la vida, descubrimos unos terrores nocturnos y unos sueños pletóricos que después ni la propia vida tiene. En la cama examinamos el día pasado y meditamos en el día por venir: el lucubrum, la vela que se llevaban al lecho los romanos, alumbró nuestro “elucubrar”. La mayoría de los niños de mi época nos criamos en la ambivalencia: si por una parte teníamos la protección de “cuatro ángeles” en las esquinas de la cama, también sufrimos la crueldad de ese “cine de las sábanas blancas” con que nos llevaban a rastras a nuestro cuarto. Tantos años después, al final todos somos ese personaje del que escribió el poeta Pascoli: “Hombre que velas en la estancia / iluminada. ¿Qué te hace velar? / ¿Dolor antiguo o joven esperanza?”. Algunos, claro, llegaron a ser un poco más: Churchill salvó a Europa sin perdonar la siesta con pijama, y Proust alzó la gran literatura de su siglo sin salir de un cuarto tapizado en corcho.

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© Getty Images (EL PAÍS)

Loretta Young y John Forsythe en una escena de la película 'It Happens Every Thursday', de 1953.

Algo huele a podrido en el Estado

12 June 2026 at 23:30
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Siempre se ha dicho que una de las grandes lagunas de la transición fue la falta de renovación del Estado. No solo no hubo renovación en sectores como el ejército, la policía o la justicia, sino que el gobierno de Adolfo Suárez aprobó un real­ decreto por el cual el personal del Movimiento Nacional se incorporaba a la Administración civil (se publicó el 1 de abril de 1977, aniversario de la victoria del bando franquista en la Guerra Civil). No era un buen augurio.

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La guerra que catapultó a la IA

12 June 2026 at 21:44

La guerra que catapultó a la IA

Cien días después del estallido del conflicto armado en Oriente Próximo, los grandes vencedores no hay que buscarlos solo en el negocio petrolífero o la industria militar. Los valores con sello IA han afianzado su estatus de motor económico y bursátil al absorber ingentes cantidades de capital

SpaceX, Anthropic y OpenAI quieren que sus salidas a bolsa les concedan el dominio tecnológico del siglo XXI

La guerra de Irán ha alterado cadenas de valor y de suministro, disparado los precios energéticos y obligado a los inversores a recalcular riesgos en prácticamente todos los sectores. Sin embargo, lejos de frenar el ciclo tecnológico, las hostilidades militares en Oriente Próximo han reforzado la percepción de que la IA es el nuevo El Dorado al que acuden a la desesperada tanto empresas como gobiernos.

Los ataques unilaterales de EEUU e Israel contra el régimen de los ayatolás, a finales de febrero, parecían firmar el epitafio del ciclo de negocios post-Covid. Pero no solo no ha sido así, sino que el diagnóstico deja riesgos de enjundia. El aterrizaje, de momento no forzoso, trae consigo otra escalada de precios que anticipa una estanflación latente y deja otro factor preocupante, porque los flujos de capital, lejos de esfumarse, se han redirigido hacia infraestructuras de IA, centros de datos y fabricantes de semiconductores.

Si la burbuja tecnológica existe, tardará aún en explotar. Porque en los 100 primeros días desde el inicio del conflicto armado con cierre de Ormuz de por medio, la IA se ha erigido en el valor refugio. Por encima del dólar, el franco suizo o el oro. Wall Street ha oscilado entre el temor a una escalada militar y el riesgo de tipos de interés más altos y a una posible burbuja tecnológica. Pero el mercado sigue valorando la IA como la única fuerza motriz capaz de amortiguar todos los daños económicos e inversores colaterales.

La guerra redefine el mapa empresarial

El bloqueo parcial o total de Ormuz, el encarecimiento de la energía y el regreso de las presiones inflacionistas han alterado las perspectivas de numerosos sectores. Algunos se han beneficiado del aumento del gasto militar, que el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, según sus siglas en inglés) cifra en 400.000 millones de dólares desde el primer ataque a Teherán, casi la mitad, en manos del Pentágono y que se sumarían a los 2,6 billones de factura militar en 2025.

Otros, han sabido surfear por la ola bursátil o ponerse a resguardo de la seguridad energética. Pero también hay industrias que han sufrido el impacto de unos costes más elevados y de unas expectativas de crecimiento más débiles.

Entre los primeros destaca el negocio energético. Morningstar resalta que su Índice Global de Exploración y Producción de Petróleo y Gas ha avanzado un 11,4% desde el inicio de la guerra, mientras las grandes petroleras se han revalorizado un 8,6% por el encarecimiento del crudo.

Las supermajors han asumido el rol de receptoras de flujos defensivos. Al igual que la industria de Defensa. Su índice MSCI sobre valores aeroespaciales y armamentísticos, ha acumulado una rentabilidad del 32% interanual en el primer trimestre, superando el 18,9% del último tramo de 2025 en el que los cheques militares ya repuntaban notablemente. En especial, en Europa, que demanda principalmente pedidos de sistemas antimisiles, drones, munición y equipos militares.

Un tercer bloque, el financiero, completaría el pódium. La banca de inversión se ha aprovechado de la volatilidad imperante. Sean Dunlap, de Morningstar, lo explica de forma elocuente: “los clientes quieren rotar sus carteras y operan con más frecuencia, lo que eleva la rentabilidad de los intermediarios financieros”. Entre enero y marzo Morgan Stanley elevó su beneficio un 29%, Goldman Sachs un 19% y JPMorgan un 13%.

Sin embargo, han sido los valores vinculados a la IA los que han monopolizado casi por completo los flujos de capital. Por delante de las energías renovables que han experimentado un frenético resurgimiento por los deseos globales de reducir la crudo-dependencia. Ni uno ni otro se pueden considerar un sector en sí mismo. Pero resultan determinantes en la carrera competitiva por la hegemonía tecnológica y geopolítica. La demanda de chips --otro espacio donde la innovación algorítmica se mueve como pez en el agua-- sigue en estado de solidez. Al igual que las fuentes renovables, que han vuelto a captar el interés inversor.

Nick Marro, analista de Economist Intelligence Unit (EIU) considera que la guerra ha reforzado la tesis de la seguridad energética, impulsado la transición limpia y diversificado sus canales de suministro. El índice S&P Global Clean Energy Transition ha registrado por avances interanuales puntuales del 70%.

Por contra, los sectores más sensibles a la fragilidad económica y las subidas de tipos de interés como la minería o las materias primas metálicas encabezan las pérdidas. Uno de sus indicadores más fiables, el que elabora Morningstar, pasó de ganar un 22,6% en los dos primeros meses del año a caer un 22,8% tras el estallido del conflicto. Coeur Mining, Hecla Mining o Southern Copper sufrieron descensos de entre el 27% y el 34%.

La construcción residencial y la financiación hipotecaria también han sido víctimas directas de un mercado que descuenta que los bancos centrales deberán instaurar políticas más restrictivas, debilitando la demanda inmobiliaria, dice el analista de esta firma financiera, Jon Mills.

Empresas ‘victoriosas’ de la volatilidad

Desde la órbita corporativa, las beneficiarias han sido las compañías que, como las petroleras, han sabido monetizar las oscilaciones bursátiles. BP, Shell y TotalEnergies generaron entre 3.300 y 4.750 millones de euros adicionales en el primer trimestre. En conjunto, esta triada petrolera elevó hasta un 69% sus beneficios. Repsol ganó 929 millones de euros en el trimestre, un 154% más respecto a enero-marzo de 2025.

Las dos grandes supermajors americanas --ExxonMobil y Chevron-- obtuvieron conjuntamente casi 6.400 millones de dólares de beneficio neto, si bien los analistas coinciden en que el impacto positivo del conflicto ha sido “proporcionalmente mayor” para las petroleras europeas gracias al peso de sus negocios de comercialización e intermediación en el mercado del crudo.

La segunda gran vencedora han sido las firmas de Defensa. Más en concreto, los fabricantes de misiles, sistemas antiaéreos y drones, principales receptores del aumento del gasto militar. Así, firmas como Lockheed Martin, RTX, Northrop Grumman o L3Harris Technologies han impulsado sus pedidos y sus valores bursátiles por la urgencia en reponer arsenales y acelerar la producción de armamento. Bloomberg calcula que este auge sumó 28.000 millones de dólares al patrimonio de grandes accionistas y familias en estos tres meses.

La tercera ganadora ha sido la cadena de valor de la IA, que ha ignorado prácticamente cualquier ruido geopolítico. Según Fortune, han sido las acciones más revalorizadas en 2026. En especial, fabricantes de memoria y almacenamiento como Micron Technology, SanDisk y Western Digital, impulsados por una demanda que crece muy por encima de la oferta. Micron elevó sus ingresos un 196% interanual, SanDisk un 97%. Ambos emporios mantienen planes de inversión cercanos a 670.000 millones de dólares este año. TSMC, firma de chips taiwanesa, incrementó en un 58% sus beneficios trimestrales, señal de que la guerra no ha alterado el ciclo inversor en IA, sino que lo ha reforzado como apuesta a largo plazo.

Economías con pies de barro

El recibo energético ha empeorado la coyuntura americana y global. El PIB de EEUU emite signos de resiliencia por el fuelle que le otorga unas inversiones próximas al billón de dólares en IA de su sector privado que aportarán 4 décimas a la mayor economía global y otras varias a mercados como el mexicano, el surcoreano o el taiwanés que se han valido del efecto balsámico que este tránsito de capitales genera en las cadenas de valor. Sin embargo, su IPC, en el 4,2% en mayo, podría instalarse durante meses por encima del 4% que los analistas juzgan como tope para que Wall Street emprenda correcciones masivas. Así ha sucedido en los últimos ajustes con escalada de precios en EEUU.

Para más inri, la actividad estadounidense, que emite dinamismo, lo hace a costa de necesidades de financiación más caras, con una curva de rendimientos tensionada y mercado de deuda cada vez más sensible a cualquier sorpresa inflacionista.

El bono del Tesoro a 30 años ha superado el 5%, riesgo inequívoco de que la confianza inversora en el PIB americano a largo plazo se contrae por la carestía crediticia. Ryan Crocker, experto del Carnegie Endowment, afirma que la guerra revela hasta qué punto la economía mundial “sigue siendo vulnerable al cuello de botella energético de Ormuz”.

Europa figura entre las regiones más dañadas por el cóctel de energía cara, menor crecimiento y endurecimiento financiero. Especialmente Alemania e Italia, por su dependencia industrial. En Asia, el impacto es aún más severo. Japón ha sufrido reajustes bursátiles y varios tigres asiáticos importadores de energía, tensiones de abastecimiento con caída de inventarios y reservas. En JPMorgan advierten que varias naciones asiáticas podrían enfrentarse a déficits de suministro si las restricciones marítimas en el Golfo se prolongan.

Entre los estrategas económicos se otorga cada vez más credibilidad a una combinación inaudita de petróleo caro, inflación persistente y tipos altos que drenen simultáneamente la actividad en EEUU, Europa y Asia. Y el BCE ha iniciado la fase restrictiva del dinero. En paralelo, además, surge otro factor nunca visto. El ciclo inversor de la IA supera en velocidad y volumen de capital, a las fases de esplendor de la revolución de internet o de la electrificación. Nvidia vale tanto como el PIB de Alemania. Bajo un apetito feroz en Wall Street, que espera impaciente la triple salida a bolsa de SpaceX, Anthropic y OpenAI para poder expandir las ganancias.

Desde el punto de vista geopolítico, “el balance resulta mucho menos favorable para Occidente que para el mercado”, dice el presidente emérito del Council on Foreign Relation, Richard Haass.

A su juicio, “la mayor victoria estratégica se la llevan China y Rusia”. Pekín, por afianzar su estatus de socio indispensable para el Sur Global y reforzar su acceso preferente a recursos energéticos; Moscú, por desviar la atención sobre Ucrania y beneficiarse de un precio del crudo que le otorga liquidez en tiempos convulsos para su economía militarizada.

En cambio, EEUU e Israel pierden dividendos en el orden global. Washington ha exhibido poderío militar a costa de reavivar la inflación, complicar la tarea a la Fed y minar su liderazgo exterior; Tel Aviv no ha traducido sus éxitos militares en ventajas geopolíticas y los emiratos han sufrido deterioro reputacional al mostrarse incapaces de influir decisivamente en el conflicto, pese a su relevancia energética.

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