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Este Roborock cuesta 237 euros y es de las ofertas más difíciles de ignorar que he visto este mes

12 June 2026 at 20:30

Hace no mucho, comprar un robot aspirador con estación de vaciado automático implicaba superar con facilidad los 500 o 600 euros. Por suerte, el panorama ha cambiado bastante. Ahora los fabricantes han empezado a trasladar tecnologías que antes eran exclusivas de los modelos premium a gamas mucho más accesibles, y Roborock es uno de los mejores ejemplos de esta tendencia.

Precisamente, el Roborock Q10 S5+ llega con esa filosofía. No es un modelo que quiera competir con los más avanzados de la marca, sino que viene con un objetivo mucho más asequible. Lo que quiere es ofrecer las funciones que realmente marcan diferencias en el día a día a un precio muy inferior a lo que solemos ver. De hecho, aunque en la web de Roborock puedes ver que tiene un precio oficial de 429,99 euros, en Amazon lo podemos comprar por 237 euros, convirtiéndose en una de las ofertas más interesantes del momento.

Sus 10.000 Pa de potencia le permiten medirse con los grandes

Está claro que la primera especificación que llama la atención de este robot es su potencia de succión. Roborock anuncia 10.000 Pa, una cifra que hace unos años estaba reservada a robots considerablemente más caros, pero hoy la podemos conseguir por poco más de 200 euros. Y te puedo asegurar que se nota, especialmente en hogares donde hay mascotas, alfombras o simplemente mucho movimiento diario. Migas, arena, pelos o polvo acumulado dejarán de ser un problema para un motor que tiene potencia de sobra para afrontar prácticamente cualquier situación doméstica.

Si no has tenido un robot con estación de autovaciado, quizá pienses que es un extra prescindible, y yo también lo pensaba hace unos años. Hasta que probé uno y entendí por qué cuesta tanto volver atrás. Este Roborock Q10 S5+ incorpora la base RockDock Plus, que es capaz de vaciar automáticamente el depósito del robot después de cada limpieza. Toda la suciedad que recoge pasa a una bolsa de 2,7 litros que puede almacenar la limpieza de hasta 7 semanas para que te puedas despreocupar de cambiarla durante todo ese tiempo. Te puedo asegurar que, en la práctica, es una de las funciones que más tiempo te ahorra, porque elimina una de las acciones más repetitivas de la limpieza, la de vaciar depósitos de polvo de forma manual.

Quienes convivimos con animales sabemos que uno de los grandes enemigos de cualquier robot aspirador son los pelos. Ya no porque no pueda recogerlos, sino porque suelen terminar enredados alrededor de los cepillos. Roborock lo sabe, y por eso lleva tiempo trabajando en este problema. De ahí que el Q10 S5+ incorpore un sistema dual antienredos formado por un cepillo principal y uno lateral, pero ambos diseñados específicamente para minimizar esa acumulación de pelo.

Sé que ahora todos los robots dicen que friegan, pero la realidad es que gran parte de ellos se limitan a arrastrar una mopa húmeda por el suelo, y eso no siempre es suficiente. Este Roborock utiliza el sistema VibraRise 2.0, una tecnología que hace vibrar la mopa a alta frecuencia para ejercer una acción de fregado mucho más activa. Está claro que no alcanza el nivel de modelos premium como el Saros Z70, con lavado automático de mopas, pero sí supone un salto importante respecto a los sistemas básicos. Además, puede elevar automáticamente la mopa cuando detecta alfombras, permitiendo aspirar y fregar en una misma sesión sin que tengas que preparar la casa antes de hacerlo.

Algo que históricamente ha diferenciado a Roborock de fabricantes más económicos es el software. El Q10 S5+ incorpora navegación PreciSense LiDAR junto con evitación de obstáculos Reactive Tech. Esto le permite generar mapas muy precisos de tu vivienda, reconocer habitaciones y optimizar las rutas de limpieza para evitar movimientos innecesarios. También la app móvil sigue siendo de las mejores del sector, y te lo puedo decir porque he probado ya unas cuantas diferentes. Permite crear zonas prohibidas, editar habitaciones, programar horarios, ajustar la potencia de limpieza y personalizar prácticamente cualquier aspecto del comportamiento del robot.

Sé perfectamente que Roborock tiene modelos más avanzados que este y que, por supuesto, también son más caros. Me refiero a modelos que lavan las mopas con aire caliente, las secan y hasta gestionan el detergente. Pero este Q10 S5+ parece más pensado para quienes quieren acceder a buena parte de la experiencia de Roborock, pero sin acercarse a los precios de la gama premium. Por solo 237 euros ofrece potencia, autovaciado, sistema antienredos... y, sinceramente, cuesta encontrar propuestas que reúnan tanto a cambio de tan poco.

Este artículo está pensado para ayudarte a descubrir productos de tu interés o para que tomes una mejor decisión de compra. Algunos de los enlaces que incluye son de afiliados, por lo que si realizas una compra a través de ellos La Razón podría recibir una pequeña comisión. Este hecho no influye en nuestras recomendaciones ni en el precio que pagas por el producto.

© Roborock

La estación de vaciado automático reduce enormemente las tareas de mantenimiento

© roborock

El sistema VibraRise 2.0 añade una capa extra de limpieza gracias al fregado por vibración

Díaz-Canel tilda hostilidad de EEUU de fascismo en estado puro

12 June 2026 at 17:31

La Habana, 12 jun (Prensa Latina) El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, tildó hoy de fascismo en estado puro la hostilidad contra su país, por parte de Estados Unidos que con nuevas medidas pretende estrechar aún más el cerco petrolero.

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Marshall baja de precio uno de los altavoces más bonitos que puedes poner en tu salón

12 June 2026 at 13:35

Hay marcas que han conseguido algo que muy pocas logran, y es que sus productos sean reconocibles incluso antes de ver el logotipo. Marshall es una de ellas. Basta una mirada rápida para identificar ese diseño inspirado en los legendarios amplificadores de guitarra que han acompañado a generaciones enteras de músicos. Es una estética que lleva décadas asociándose al rock, a los escenarios y a la música en directo.

Precisamente por eso, cuando alguien compra un Marshall Stanmore III no solo está adquiriendo un altavoz bluetooth, sino que se está llevando a casa un producto que formará parte de la decoración incluso cuando esté apagado, y eso es algo que pocos fabricantes pueden decir. Pero quedarse solo con el diseño sería tremendamente injusto, porque detrás de esa apariencia clásica encontramos un altavoz pensado para quienes escuchan música a diario y quieren algo más que un simple altavoz portátil.

El Marshall Stanmore III tiene un tamaño que encaja perfectamente en el salón

Creo que, dentro de la familia de los altavoces domésticos de Marshall, el Stanmore III ocupa uno de los puntos más equilibrados. Es verdad que no resulta tan compacto como los altavoces bluetooth que solemos ver, pero tampoco es tan aparatoso como los más grandes de la marca. Tiene unas dimensiones de 35 x 20 x 18,8 cm que le permiten integrarse fácilmente en una estantería, un mueble del salón o una habitación sin que llegue a dominar completamente el espacio Y ahí reside parte de su atractivo.

Tiene suficiente presencia como para convertirse en un elemento decorativo importante, de hecho, pesa 4,25 kilos, pero tampoco exige el espacio que necesitarían equipos de sonido mucho más ambiciosos. Además, la combinación de revestimiento texturizado, controles analógicos metálicos y el clásico logotipo dorado consigue que siga pareciendo un amplificador de guitarra en miniatura, algo que forma parte de su encanto.

Pero claro... lo realmente interesante empieza cuando pulsamos el botón de reproducción. Marshall ha equipado el Stanmore III con una configuración acústica capaz de alcanzar hasta 80 W de potencia total. El sistema combina un woofer dedicado con dos tweeters orientados para ampliar la escena sonora y llenar habitaciones de tamaño medio o grande sin demasiada dificultad. La verdad es que es un altavoz pensado para ser el protagonista de cualquier estancia.

La configuración acústica que Marshall ha trabajado para este altavoz tiene el objetivo de crear una sensación más amplia. Incluso han optado por mantener el sistema Dynamic Loudness, que ajusta el equilibrio tonal para conservar graves, medios y agudos incluso cuando escuchamos música a volúmenes reducidos. Y esto es importante, porque la mayoría de altavoces pasan más tiempo funcionando a volúmenes moderados que al máximo de su capacidad, y es ahí donde el Stanmore III se luce y consigue transmitir esa sensación de producto premium. Así que suena bien cuando queremos llenar una habitación, pero también cuando solo ponemos música de fondo mientras trabajamos o leemos.

Además, dará igual si escuchas jazz mientras trabajas, una lista de reproducción tranquila durante una cena o música más movida durante una reunión con amigos, porque el Stanmore III tiene suficiente músculo para desenvolverse con soltura en prácticamente cualquier situación doméstica. Y lo hace sin perder esa personalidad sonora característica de Marshall, con unos graves presentes, las voces bien definidas y una escena sonora especialmente amplia para un producto de este tamaño.

Uno de los aspectos más interesantes de esta generación es que Marshall ha sabido combinar tradición y modernidad. El Stanmore III incorpora bluetooth 5.2 y está preparado para futuras mejoras relacionadas con LE Audio, lo que facilita una conexión rápida y estable con smartphones, tablets y ordenadores. Pero la marca no se ha olvidado de quienes siguen utilizando equipos de sonido tradicionales, y por eso mantiene entrada RCA y conexión minijack de 3,5 mm para que puedas conectar desde tocadiscos hasta televisores compatibles. Es un detalle que se podría pasar por alto, pero que amplía enormemente las posibilidades del producto.

Muchos dispositivos tecnológicos tienen fecha de caducidad, pero este no es uno de ellos. El Marshall Stanmore III seguirá teniendo sentido dentro de cinco o de diez años, porque no depende de sistemas operativos, no necesita procesadores de última generación y tampoco basa su atractivo en funciones pasajeras. Por eso es fácil entender su compra como una inversión más que como una decisión impulsiva. Y ahora que está rebajado a 319 euros, supone una oportunidad interesante para quien llevaba tiempo pensando en comprar un altavoz de este estilo.

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© Marshall

Mantiene un diseño inconfundible, inspirado en los míticos amplificadores de la marca

© Marshall

Es uno de esos productos que siguen teniendo sentido muchos años después de comprarlos

El inesperado regreso del disco más bello e influyente de la electrónica española

11 June 2026 at 21:27

El inesperado regreso del disco más bello e influyente de la electrónica española

Treinta años después, Madelman reedita una versión más corta y en vinilo de su fundamental 'Palais'

La tensión entre turismo y vida cultural: ¿las ciudades necesitan más estadios para macroconciertos?

A José Luis Rebollo empezó a atraerle la idea de hacer música siendo adolescente. Sus estudios ya estaban encauzados así que se las apañó como pudo para desarrollar aquel interés. “Tenía un magnetófono y cuando volvía del instituto siempre estaba haciendo ruidos y grabándolos”, cuenta desde su casa de Bilbao. “Desmontaba el magnetófono, toqueteaba los circuitos integrados y con esos cuatro cables hacía mis ritmos. Y claro, cuando descubrí a los Throbbing Gristle, dije, ¡ah! pues esto se puede hacer”, dice en relación a un referente de la música industrial.

Cuando comenzó a estudiar Bellas Artes entró en contacto con la pintura, la escultura, el dibujo, pero seguió intentando hacer música aunque “sin instrumentos”: “En casa no había ninguno y hasta que no tuve dinero, no pude ir comprándolos poco a poco”. En esta explicación se condensa la esencia de Palais, que no solo fue su primer trabajo sino un disco fundamental en la historia de la música electrónica en España.

Aparecido en 1996 y firmado como Madelman, en referencia a las figuras, el disco supuso la consagración de un autor que interpretaba a su manera estímulos de todo tipo a través de instrumentos electrónicos. Palais fue una de esas obras que no necesitan vender decenas de miles de copias para convertirse en un título fundamental. El suyo fue un aterrizaje perfecto. Apareció cuando en España se establecía la electrónica como una nueva escena: los clubes y los dj ganaban presencia, la tribu indie iba perdiéndole el miedo a los sintetizadores. Con solo dos ediciones, el festival Sónar había empezado a apuntalar Barcelona como punto de fuga de esta corriente, mientras que sellos como Cosmos –que lanzó el disco– y publicaciones como Disco 2000 contribuyeron a esa consolidación.

Han pasado tres décadas de aquello, pero la idea de darle una nueva vida al álbum rondaba la cabeza de su autor desde hacía tiempo. “Lo notaba un poquito como abandonado y me hubiera gustado hacer algo ya en 2006, cuando cumplió diez años, y también cuando cumplió veinte...”. En 2015, mientras se formaba como profesor del método Feldenkrais —una técnica de movimiento corporal para mejorar la coordinación del sistema nervioso—, la profesora le pidió que eligiera alguna canción suya para los ejercicios de la siguiente clase.

“Llevé una de las de Palais, y cuando empezamos a movernos, funcionaba muy bien, no sentí que fuera una canción vieja. Conectaba con mí yo de ese momento, justo cuando estaba comenzando una nueva etapa profesional. Y me sentí muy satisfecho”. Ahí fue cuando Rebollo empezó a pensar seriamente en cómo recuperar el disco, que este 12 de junio sale en una edición limitada en vinilo, acompañada de un póster, a través de una colaboración entre el reactivado sello Cosmos y Austrohúngaro, la independiente que ha publicado todos los discos de Chico y Chica, la otra ocupación musical de Rebollo.

Esta nueva versión se titula Idem Palais y es, tal como lo define su autor, “un director’s cut del álbum”: “En estos casos, las versiones resultantes de las películas suelen ser más largas, mientras que lo que he hecho aquí es acortar el disco”. La idea principal era no repetir lo que ya estaba hecho, y aplicar una mirada actual de autor a un trabajo a priori intocable. Frente a los casi 63 minutos del original, Idem Palais dura 40, sin que esa reedición le reste ni una brizna de disfrute a la experiencia de penetrar en este viaje imaginario en el que se fusionan estilos electrónicos diversos, un álbum idóneo tanto para imaginar que flotas en el espacio exterior como para flotar dentro de uno mismo. “Tenía pendiente reencontrarme con estas grabaciones. Había varias tomas y finales alternativos que no fueron al cedé original, así que pude elegir. Se aprecia la nueva edición, el nuevo montaje, las nuevas progresiones”.

Muñeco articulado

Volviendo al principio de Palais, estos son sus orígenes. En su casa de Bilbao, aislado de todo, Rebollo había aprendido a hacer sus propias canciones. Sobre ellas cabalgaban sus gustos y las obsesiones que daban forma a su mundo. El más obvio quizá sea el nombre de Madelman, que viene del muñeco articulado que lo mismo podía venir equipado como astronauta que como buzo o pirata. Además, está la huella de los viejos festivales de Eurovisión donde no existía el voto telefónico. “En los noventa Eurovisión no le interesaba a nadie, pero para mí era la conexión con mi yo de los años setenta. Mi conexión con [el grupo belga] Tèlex, que cerraron el festival de 1980 y se clasificaron de los últimos, pero yo me quedé flipado viéndolos”.

Eurovisible, el tema inspirado por todo esto, es uno de los que reaparece revisado en Idem Palais. Tampoco se puede omitir el ascendente francófilo del disco, que va más allá de su título. Rebollo reconoce su debilidad por lo francés. “Un amigo mío dice que eso es porque a mí Francia me da mucho morbo. Tiene algo que me parece muy sexy, atrayente, casi de piel, muy sensual. Aquí también está muy presente una pieza fundamental de mi catecismo, La piel dura, de Truffaut, que es una película sobre la infancia”.

José Luis Madelman en una fotografía tomada para la salida de su disco 'Palais' en 1996
José Luis Madelman en una fotografía tomada para la salida de su disco 'Palais' en 1996

Otra referencia fundamental es Planeta prohibido. “Es una película que lo tiene todo. Tiene un cielo que es verde y un robot que viste a la protagonista con un vestido, con pedrería, con esmeraldas, todo, un robot que es una maravilla. Esa película es cien por cien mariquitismo y eso también tiene que ver con lo nuevo, lo desconocido. Nada de lo que hay en Planeta prohibido existe en la Tierra, por eso es pura ciencia ficción. Lo imposible está contenido en ella y eso es algo que tiene en común con la música electrónica”.

A continuación, Rebollo recuerda el día que, viendo la tele, se le apareció Steve Strange, el fallecido cantante de Visage. “Cuando lo vi por primera vez en Aplauso, él solo, haciendo cuatro movimientos con dos bailarinas, dije, ”madre mía, yo quiero eso“. Fue lo que me impulsó a crear un personaje que hiciera música electrónica. No había muchas más personas que hicieran ese tipo de música en solitario. Más tarde, Víctor Nubla [músico fallecido, miembro del grupo experimental Macromassa] me habló de un concepto acuñado por Robert Fripp, las pequeñas unidades portátiles e inteligentes. Seguí ese concepto a rajatabla. En Bilbao no había nadie a mi alrededor haciendo esa música”.

Entonces llegaron los noventa y trajeron el bakalao. Mientras, él escuchaba a Anna Domino, Kraftwerk, Yellow Magic Orchestra, Pet Shop Boys. Contactó con Servando Carballar (Aviador Dro) y participó en un recopilatorio de nuevos artistas electrónicos, Tecnobit, coordinado por él. Luego aportó el tema Eurovisible a la recopilación Disco 2000, donde también estaba Fangoria versionando a Cecilia en colaboración con los donostiarras Le Mans. “Estar en ese recopilatorio con Fangoria y Le Mans fue como decir, ”ya me han hecho caso“. Hasta entonces había estado solo y aburrido en Bilbao y de repente un sello como Cosmos te dice que lo que haces pega perfectamente con lo que estaba ocurriendo en Barcelona, la escena que ellos llamaban dance”.

A partir de ahí, todo fue una progresión ascendente. Concierto en el Sónar en horario estelar, la publicación de Palais, críticas laudatorias, conciertos en Francia, Alemania y Buenos Aires. “Fui a tocar a clubs, a sitios donde todo estaba programado de aquella manera, lugares que en algunos casos eran para salir corriendo. En general, no disfrutaba con mis conciertos, estaba deseandito volver a casa. A mí lo que me gustaba era que viniera la Liga Humana [Human League], con la Jo y la Susi, eso me gusta a mí, la gente un poco pintada. Por eso una de las cosas que más me impactaron fue conocer a Alaska y a Nacho Canut, que tenían un punto de vista similar al mío y podías hablar con ellos sin ningún tipo de tapujo. Fangoria era otro mundo, mucho más divertido. El resto eran siempre tíos con camisetas negras; ellos, en cambio, eran más travestis. Bueno, también estaban Cocó y Silvania, y Prozack, así que igual había más diversidad de la que creo”.

 Ese es parte del motivo por el que, a pesar de la buena acogida de Palais, no hubo más discos de Madelman. Otra razón es el tiempo. Paralelamente a Madelman, Rebollo creó el dúo tecnopop Chico y Chica con su amiga Alicia San Juan. “Fue una bocanada de aire fresco. Toda la orfebrería que quería hacer como Madelman, en Chico y Chica no era necesaria. Todo se hacía rápido, era divertidísimo, y encima, estaba acompañado. Porque no es lo mismo estar solo, cargando con unos aparatos que pesan un montón, en un pueblo perdido, que te dan ganas de tirarlo todo y salir corriendo, que compartir eso con otra persona”.

Durante los últimos 26 años, Chico y Chica ha ocupado el tiempo artístico de Rebollo. Un grupo de culto con una congregación de seguidores (Astrud hablaban de ellos cuando escribieron “todo nos parece una mierda menos lo vuestro”) que, más que fans podrían denominarse devotos, aunque no son tan numerosos como merecen las canciones del dúo, melódicas, pegadizas, con letras extravagantes. “La gente que me habla de Madelman, habla con desprecio de Chico y Chica. Y al revés. Es terrible, porque tú eres tú. Es como si te dijeran, ”ay, me gustas más sin pluma“ o, ”no te pongas tan serio, que tú tienes pluma“. Y no, para mí Madelman no es más serio que Chico y Chica”.

Durante estos años, Rebollo ha hecho música por su cuenta para exposiciones. ¿Habrá algún día disco nuevo de Madelman? “Lo único que hace falta es que lo haga, que me ponga a trabajar en ello. Se necesita tiempo, y un poquito de recursos. Pero, sobre todo, tiempo. El tiempo es dinero también”.

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