Lo retiran mientras aún dispara en combate: la USAF echa el cierre al curso del mítico A-10 Warthog en Nellis
El mítico A-10 Warthog sigue siendo uno de esos aviones que parecen negarse a desaparecer. La Fuerza Aérea de Estados Unidos lleva años intentando retirarlo, pero el viejo avión de ataque todavía tiene misiones por delante y, de hecho, seguirá volando algunos años más.
Lo curioso es que, mientras el Warthog continúa en servicio, una parte importante de su historia acaba de cerrarse. La Escuela de Armas de la USAF en la base de Nellis, en Nevada, ha completado su último curso de instructores para el A-10.
El final de una escuela clave para el A-10
La decisión afecta al curso de élite que formaba a algunos de los pilotos más especializados del A-10. No era una formación básica, sino un programa pensado para preparar instructores capaces de enseñar tácticas avanzadas, sacarle partido al avión y transmitir ese conocimiento a otras unidades.
Ese cierre encaja con los planes de retirada progresiva del modelo, aunque el calendario se haya movido varias veces. La Fuerza Aérea había previsto acelerar el adiós del Warthog, pero finalmente algunos escuadrones seguirán activos hasta el 2030 O sea, el avión no desaparece mañana, pero su ecosistema de formación ya empieza a apagarse lentamente.
El cierre del curso en Nellis tiene un peso simbólico más que importante. Allí se entrenaban los especialistas que mantenían viva una de las capacidades más conocidas del A-10: el apoyo cercano a tropas en tierra. El Warthog fue diseñado precisamente para volar bajo, aguantar daños y atacar objetivos en situaciones donde otros aviones no siempre tienen lugar.
Su cañón frontal, su resistencia y su silueta casi inconfundible lo convirtieron en todo un icono militar. También en un avión muy querido por muchos soldados, aunque criticado por quienes lo consideran demasiado viejo y poco adecuado para guerras modernas con defensas antiaéreas avanzadas.
Un avión viejo, caro y todavía útil
El caso del A-10 lleva años dividiendo opiniones dentro y fuera del Pentágono. Para sus defensores, retirarlo sin un sustituto claro sería perder una herramienta muy valiosa para apoyar a las tropas sobre el terreno. Para sus críticos, mantenerlo consume dinero, mantenimiento y personal que podrían destinarse a cazas más modernas.
La realidad actual queda en un punto intermedio. El Warthog seguirá volando en un número más limitado de unidades, pero la Fuerza Aérea ya está desmontando poco a poco la estructura que lo ha acompañado durante décadas. El cierre del curso de Nellis no deja al avión fuera de combate, pero sí marca el principio de una despedida más real.
Asimismo, demuestra algo que ha pasado muchas veces con el A-10: cada vez que parece sentenciado, encuentra una forma de seguir siendo útil. Ha sobrevivido a planes de retirada, a recortes, a cambios de estrategia y a debates políticos. Ahora, sin embargo, el mensaje parecería ser distinto.
El Warthog seguirá disparando durante un tiempo, pero ya no formará nuevos instructores en su escuela más emblemática. Y cuando una fuerza aérea deja de enseñar el futuro de un avión, normalmente es porque ese futuro ya tiene fecha de caducidad.


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