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Diez recomendaciones para elegir una residencia para tu perro o gato

12 June 2026 at 06:23

Ojalá pudiéramos llevarlos siempre con nosotros. A muchos animales les encantaría compartir nuestras vacaciones, corretear por las playas o dormir bajo la mesa del restaurante, pero no siempre es posible. Ya sea por logística, por normativa o porque el viaje no es apropiado para ellos, llega un momento en el que debemos tomar la decisión de dejarles al cuidado de otra persona.

Y aunque en ocasiones podemos contar con familiares, amigos o un cuidador de confianza, no siempre se dan esas circunstancias. Por eso existen las residencias caninas y felinas, centros donde podemos alojarlos mientras estamos fuera. Sin embargo, no todos los lugares son iguales y una elección errónea puede traducirse en estrés, enfermedades o problemas de comportamiento al volver. Para saber si el sitio que estamos considerando es el adecuado, estas claves te ayudarán a tomar una buena decisión.

1. Cada animal como un individuo

Una buena residencia se interesa por la historia, las necesidades y la personalidad del animal. Los profesionales de confianza no se limitan a meter a todos los perros en un mismo recinto ni cometen el error de juntar a gatos desconocidos en una misma sala, algo que les generaría un estrés insoportable. Un buen centro preguntará por sus rutinas, por si toman medicación o por cómo se gestiona su convivencia. Esa atención personalizada es la diferencia entre un lugar que aloja animales y otro que realmente los cuida.

2. Visita el lugar antes de reservar

Nada sustituye a una visita presencial. Es la forma más directa de ver si el entorno es limpio, seguro y tranquilo. Es imperativo preguntar si puedes recorrer las instalaciones, ver los espacios donde dormirán, jugarán o comerán, y fijarte en los animales que ya están allí: ¿parecen tranquilos? ¿Interactúan con el personal de forma positiva? Una buena residencia no debería poner trabas para mostrar cómo trabajan.

3. Tipo de enriquecimiento

Especialmente en el caso de los perros, no basta con que salgan un rato a un patio. Averigua si los paseos son individuales o en grupo, cómo se organizan, cuánto duran y si se adaptan al temperamento del animal. Una socialización mal gestionada con desconocidos puede desencadenar miedos o comportamientos no deseados a la vuelta.

4. Personal cualificado y supervisión constante

Pregunta cuántos trabajadores hay por cada grupo de animales y si hay alguien presente las veinticuatro horas. En un centro bien gestionado, el personal no solo alimenta y limpia, sino que también observa cambios de comportamiento, detecta síntomas de enfermedad y sabe actuar ante emergencias. Idealmente, al menos una persona del equipo debería contar con formación en primeros auxilios veterinarios.

5. Asegúrate de que piden la vacunación al día

Una residencia que se toma en serio la salud de sus clientes exigirá la cartilla con las desparasitaciones y las vacunas actualizadas. Esto incluye la de la tos de las perreras para los perros o la trivalente para los felinos, una medida indispensable para proteger tanto a tu compañero como al resto de los huéspedes.

6. Una estancia breve de prueba antes del viaje

Si es la primera vez que dejas a tu perro o gato en un centro de este tipo, valora hacer una miniestancia de una o dos noches para evaluar cómo se adapta. Así, el día que llegue la separación definitiva para un viaje más largo, el animal ya tendrá referencias positivas y conocidas del lugar. Es una inversión en bienestar emocional que facilita enormemente la transición.

7. Lleva objetos familiares de casa

Una cama que conserve el olor de su entorno, sus propios platos o un par de sus juguetes favoritos funcionan como un ancla emocional muy valiosa. Estos objetos les ayudan a calmarse durante los momentos de soledad y permiten conectar su nuevo espacio provisional con la seguridad de su hogar.

8. Pide actualizaciones sobre su estado

Algunos centros mandan vídeos o fotos durante la estancia, o permiten llamadas para saber cómo evoluciona el animal. Que los responsables de la residencia no tengan inconvenientes en proporcionar información sobre el día a día es siempre una excelente señal. A veces no es el propio animal quien tiene problemas para adaptarse a la separación, sino que somos nosotros quienes necesitamos comprobar que todo marcha bien.

9. Evita cambios bruscos en alimentación o medicación

Es fundamental llevar suficiente cantidad de su pienso o comida habitual y explicar con claridad cualquier pauta especial. Si toma medicación, asegúrate de que el personal sabe cómo administrarla y deja siempre las instrucciones por escrito. También resulta muy útil aportar los datos de tu veterinario de referencia por si surgiera cualquier imprevisto.

10. Planifica con tiempo porque las plazas vuelan

No dejes la reserva para el último momento. Las mejores residencias caninas y felinas suelen tener la agenda completa con semanas o incluso meses de antelación. Planificar con margen te dará más tranquilidad para elegir, visitar el centro y preparar a tu compañero de forma progresiva.

Dejar a tu animal de familia en una residencia puede ser una decisión difícil, pero si se elige bien, no tiene por qué ser una experiencia traumática. Muchos perros y gatos disfrutan realmente de ese cambio temporal lleno de juegos, atenciones y estímulos nuevos. Para nosotros, saber que se queda en buenas manos es la mejor manera de poder desconectar de verdad.

Kody, el hurón que superó el trauma tras una adopción fallida: "Ya tenía hogar y no necesitaba otro"

12 June 2026 at 06:21

Beatriz acogió durante la pandemia a su primer hurón y desde entonces ha cuidado de 14 animales. El último, Kody, llegó en estado de shock tras una adopción fallida y hoy es un ejemplar socializado y activo.

Su tutora lleva vinculada al mundo de los hurones desde la pandemia, cuando adoptó a su primer animal, Pipi Gordo. Desde entonces, asegura haber acogido a un total de 14 hurones por distintas causas. El verano pasado recibió la llamada de una rescatista por un caso que calificó como especial: un hurón de seis meses, entonces llamado Rokeet, que había sido comprado como compañero para un niño tímido.

La experiencia resultó fallida. Tal y como explica Beatriz, los hurones no son animales adecuados para ser manipulados por personas que no conocen bien la especie, ni para niños sin supervisión, especialmente en su etapa de cachorros. El resultado fue que el niño terminó teniéndole miedo y el animal fue devuelto.

"Una pequeña bolita de pelo"

Cuando Beatriz vio al hurón por primera vez, quedó impactada. Llegó dentro de una jaula, convertido en "una pequeña bolita de pelo" que temblaba sin parar. La rescatista le explicó que no se había movido ni para comer ni para beber y que no lo había visto dormir en 24 horas, a pesar de que un hurón suele alimentarse cada cuatro horas y dormir alrededor de 18 horas al día. Observó que, siendo un cachorro, permanecía inmóvil, temblando y en estado constante de alerta.

El animal se encontraba en estado de shock e inició entonces un proceso de rehabilitación que se prolongó durante semanas. Tardó un día en conseguir que comiera o bebiera, una semana en que dejara de temblar, dos semanas en que comenzara a explorar la jaula, cuatro semanas en que saliera de ella sin huir ante el más mínimo ruido o movimiento, y un mes y medio más en que le permitiera acercarse o acariciarlo. En todo el proceso contó con la ayuda de su marido y de tres de sus hurones.

Finalmente, Beatriz decidió adoptarlo. Kodi, como pasó a llamarse, “ya tenía hogar y no necesitaba otro”, según señala. Hoy es un hurón sable de poco más de un año, socializado y activo, al que su cuidadora apoda “piraña terrestre”. Lo describe como sociable, juguetón, peligrosamente curioso y experto manipulador para salirse con la suya.

Tras superar un trauma en su etapa más vulnerable, Kodi se ha convertido en un ejemplo de una especie todavía poco conocida y de la importancia de comprender sus necesidades antes de incorporarla a un entorno familiar.

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