Doctores José Abellán Alemán y José Abellán Huerta: «Tener ganas de orinar eleva la tensión»
A lo largo de las páginas de «Controlando mi hipertensión día a día», de Arán ediciones, los doctores Abellán explican con consejos prácticos cómo podemos cuidar la salud cardiovascular en el día a día.
¿A qué edad hay que medirse la tensión?
Si se es normotenso, se aconseja medirla al menos en alguna ocasión y con una periodicidad anual, como mínimo, a partir de los 40 años. A partir de los 60 hay que medirse la tensión con más frecuencia, pues conforme vamos envejeciendo las posibilidades de volverse hipertenso aumentan. Por una parte, el propio proceso de envejecimiento hace que las paredes de nuestras arterias pierdan elasticidad, volviéndose más rígidas lo que hace que se dispare la presión arterial sistólica (la máxima). Por eso, a partir de los 60 es frecuente encontrar hipertensos sistólicos aislados. Esto nos lleva a otra reflexión que hay que tener en cuenta y es el de la presión del pulso o diferencial. Es decir, la diferencia entre la sistólica y la diastólica (mínima), si excede de 70 mm Hg hay que considerar que es un factor de riesgo añadido.
¿La hipertensión no da síntomas?
Generalmente siempre que no sean cifras muy elevadas no suele dar síntomas, de ahí que se llame el «asesino silencioso». No busque señales donde no las hay. Muchas de ellas son falsas, como mareos, cefaleas... La única forma segura de confirmar qué cifras tenemos es medirnos la tensión en condiciones adecuadas.
¿Cuáles son los errores al medir?
Los valores que aparecen en el esfigmomanómetro son el resultado de los propios que tiene el paciente, más los valores artefactados por una serie de circunstancias. La principal es la reacción de alarma que la maniobra despierte en el paciente: la llamada «hipertensión de bata blanca». Y es la situación de nerviosismo que nos despierta el medio o el observador. Mayor si es un médico. Esto eleva unos mm de Hg la tensión. Para evitarlo, aconsejamos medir la tensión varias veces espaciadas al menos un minuto y quizás despreciar los valores de la primera medición. Además, el paciente debe estar en reposo al menos 5 minutos antes de medírsela, con la espalda apoyada en el respaldo de la silla y las piernas sin cruzarse. No debe haber comido antes, ni fumar, ni haber hecho ejercicio físico y debe estar sin necesidad de orinar. Además, no debe hablar ni que le hablen porque eso eleva la tensión. Y el aparato debe estar en buenas condiciones y homologado.
¿Tener ganas de orinar eleva la tensión?
Sí, porque tener ganas de orinar activa nuestro sistema nervioso simpático. Cuando la vejiga se distiende se activa el simpático, lo que libera catecolaminas que son vasopresoras y elevan las cifras de la presión arterial.
¿Qué factor influye más: la obesidad, la sal, los ultraprocesados o el alcohol?
El factor etiopatogénico relacionado más directamente con el desarrollo de hipertensión arterial es la obesidad. Sobre todo, la abdominal. El mensaje que hay que trasladar es que perdiendo peso se reduce la presión arterial.
¿Se puede reducir la hipertensión solo cambiando de hábitos?
Sí. La adopción de un estilo de vida saludable (controlar el peso corporal, llevar una alimentación saludable tipo mediterránea, pobre en sal y hacer ejercicio de forma regular) previene o retrasa la aparición de hipertensión arterial. Si tenemos una mala dotación genética que nos va a predisponer a desarrollar, por ejemplo, hipertensión arterial, pero llevamos un estilo de vida saludable, podemos retrasar hasta en un 60% la aparición de la enfermedad.
Pueden darme un ejemplo de dieta idóneo y realista para una persona con hipertensión arterial.
Desayuno: Un vaso de leche al que puede añadirle café, pues un hipertenso puede tomar libremente dos o tres cafés al día siempre que no exista otra contraindicación, con una tostada de pan con aceite virgen extra y una pieza de fruta que puede trasladar a media mañana.
De comida: una ensalada verde rehogada con dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra; un guiso (potaje, lentejas, cocido sin grasas, etc.) o un plato con carne a la parrilla. Una pieza de fruta del tiempo y algunos frutos secos como nueces o almendras o avellanas.
Y de cena: un hervido de judías con cebollas y patatas; un plato de pescado hervido o a la plancha o una tortilla francesa. Una pieza de fruta o yogur.


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