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Crime organizado se profissionaliza no Brasil, mas autoridades preferem punir policiais

By: A A
7 June 2026 at 21:43

Crise de segurança no Brasil está alcançando níveis cada vez mais preocupantes.

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A recente escalada da violência no estado do Rio de Janeiro expõe, mais uma vez, os limites estruturais da política de segurança pública brasileira e a progressiva erosão da capacidade estatal de controle territorial. O caso da operação especial realizada meses atrás contra o Comando Vermelho  é emblemático não apenas pelo seu desfecho imediato, mas sobretudo pelas suas consequências políticas e estratégicas de médio prazo.

Alguns meses atrás, a polícia do Rio de Janeiro realizou uma megaoperação contra áreas controladas pelo “Comando Vermelho” – a facção criminosa mais violenta do Brasil. Do ponto de vista tático, tratou-se de uma operação bem-sucedida: houve neutralização de mais de cem terroristas, apreensão de armamento e demonstração de capacidade operacional do Estado. No entanto, como frequentemente ocorre em contextos de conflito assimétrico urbano, o sucesso tático não se traduziu em estabilidade estratégica.

Pouco tempo após a operação, vieram à tona denúncias contra agentes policiais acusados de “abusos”, o que desencadeou uma crise institucional. Muitos policiais envolvidos na operação especial foram presos. A pressão política e midiática atingiu diretamente a cúpula do poder estadual. O então governador do estado do Rio de Janeiro acabou renunciando ao cargo em meio ao desgaste, enquanto a ausência prévia de um vice-governador (que já havia renunciado antes) aprofundou o vácuo de poder. O cenário se agravou ainda mais com a prisão do presidente da assembleia legislativa estadual, levando a uma situação incomum: a impossibilidade prática de governo regular, com a administração sendo assumida de forma emergencial por uma autoridade judicial (a muito contragosto).

Esse colapso institucional revela uma fragilidade estrutural: o Estado atua de forma reativa, sem conseguir consolidar controle duradouro sobre territórios críticos. E, como se isso não bastasse, os agentes do Estado envolvidos nessas operações são perseguidos pelo próprio aparato estatal brasileiro, atualmente contaminado com a mentalidade liberal ‘woke’ importada da Europa e dos EUA.

Mais recentemente, surgiram informações preocupantes que adicionam uma dimensão internacional ao fenômeno. Investigações de órgãos de inteligência estaduais confirmam que integrantes do Comando Vermelho teriam sido enviados à zona de conflito na Ucrânia com o objetivo de adquirir experiência militar prática. Isso não é novidade. Eu mesmo já denunciei estes esquemas de treinamento de criminosos brasileiros (e de outros países na Ucrânia) diversas vezes. Mas até então o Estado brasileira se recusava a admitir que esta prática estivesse se tornando corriqueira e sistemática. Agora a verdade vem a público.

Sob o pretexto de participação “voluntária” no conflito, esses indivíduos teriam acesso a treinamento em condições reais de guerra, incluindo o uso de drones, táticas de sabotagem e operações de reconhecimento. Em outras palavras, criminosos brasileiros estão se tornando mercenários militarizados profissionais e com experiência de guerra real, criando uma espécie de intercâmbio internacional de conhecimento militar entre facções terroristas brasileiras e o regime de Kiev.

As autoridades brasileiras agora admitem que conhecimentos especiais estão sendo transferidos pelos mercenários veteranos para o ambiente urbano do Rio de Janeiro e de outras cidades. Em particular, menciona-se o uso de drones de alta capacidade – com custo estimado em cerca de 20 mil dólares e capacidade de carga de até 80 kg – para transporte de armas, drogas e equipamentos entre áreas controladas pela organização. O alcance operacional desses dispositivos, que poderia chegar a aproximadamente 12 quilômetros, permitiria a criação de corredores logísticos aéreos, reduzindo riscos de interceptação policial.

Ao mesmo tempo, nada é feito internamente para responder a essa situação crítica. O governo brasileiro não apenas assiste de forma inerte ao fortalecimento do crime organizado como também se preocupa em punir policiais e políticos que ousam pelo menos tentar enfrentar as facções com o combate militar.

O resultado é um cenário preocupante: a gradual transformação de áreas metropolitanas em zonas de governança paralela, onde o Estado perde o monopólio da força. Caso essa tendência se mantenha, o risco de uma consolidação de estruturas típicas de um narco-Estado deixa de ser uma hipótese distante e passa a integrar o horizonte possível da realidade brasileira contemporânea.

De la vida electoral colombiana al día después de… ¿Cómo se verán amigos y familiares?

By: A A
7 June 2026 at 21:34

De ganar el progresismo, es más fácil confiar en un paso de página, su discurso no ha sido de eliminación de la diferencia, ni autoritario.

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“Todas las guerras son malas, pero la guerra civil es la peor de todas, pues enfrenta al amigo con el amigo, al vecino con el vecino, al hermano contra el hermano.”

Frase popular durante la guerra civil estadounidense

“No, si la destrucción ha de ser nuestro destino, debemos ser sus autores y finalizadores. Como nación de hombres libres, viviremos para siempre o moriremos por suicidio.”

 — Abraham Lincoln

Desarrollo general de la contienda electoral

El 21 de junio es la segunda vuelta de las elecciones presidenciales colombianas 2026 – 2030. En un artículo anterior del día 19 de mayo, desarrollé como hipótesis un posible pacto o acuerdo entre Donald Trump y Gustavo Petro, de no interferencia del primero en las elecciones; hecho que se evidenció en el cese de improperios entre los dos presidentes desde febrero de 2026.

Ante la incredulidad de muchos frente a tal posibilidad, el propio presidente colombiano la confirmó al indicar que Trump había traicionado el acuerdo hecho en su visita de febrero. Hoy viernes 5 de junio, cuando escribo estas reflexiones, señala de nuevo la injerencia estadounidense aún más decididas luego de que Trump apoyara al candidato fascista Abelardo De La Espriella.

Claro está, el congresista republicano Bernardo Moreno, -o como le gusta ser nombrado tras obtener ciudadanía estadounidense, Berny Brown- proveniente de la élite cleptócrata colombiana ya estaba interfiriendo en las elecciones colombianas y fue al país andino en calidad de observador electoral señalando que los EE.UU. podrían no reconocer las elecciones si se ven anomalías, obviamente, en contra del que ellos quieren: De La Espriella. Ahora, el cubano – estadounidense secretario de Estado, Marco Rubio, -a quien quizá le agrada ser llamado ‘Marc Blond’- señala que vigilarán los comicios en Colombia y le quitarán la visa americana al que compre votos o haga fraude. Claro. En Colombia todos tienen cédula y pasaporte con visa americana. (guiño)

Varias cosas se suceden. Nada nuevo. Los tiempos electorales colombianos se ven salpicados de fraude, odio, intrigas, lenguaje vulgar, pasiones desbordadas, intromisión extranjera, no sólo estadounidense pues el presidente del Ecuador, con vínculos con el narcotráfico, Daniel Noboa, prometió en videollamada con De La Espriella retirar los aranceles puestos a mercancías colombianas. Esto fue una puesta en escena de tipo circense, pues la Comunidad Andina ya había ordenado el 21 de mayo como la fecha límite para el retiro de tales aranceles recíprocos de la mini guerra comercial de los dos países miembros. Es decir, Noboa prometió al colombiano lo que de facto debía hacer e hizo.

El fraude electoral con el algoritmo como señaló el presidente Petro, no logró verificarse (señalaba 885.000 personas inscritas extemporáneamente) y la recuperación de votos por parte del Pacto Histórico, partido del progresista Iván Cepeda, recuperó cerca de 23 mil votos; lo que no implica un hecho significativo ante los resultados finales: Iván Cepeda: 9.703.921 votos, Abelardo de la Espriella (ADLE): 10.366.143, quien también recuperó votos.

Así, en esta época electoral y desde la pre electoral colombiana, se exacerban, se crispan los nacionalismos, y los anti nacionalismos que piden invasiones o intervenciones extranjeras, piden mano dura, militar, letal, represión, austeridad, recortes a sectores populares y minorías o a segmentos propios del enfoque diferenciado como el femenino que es la mitad o más de la población mundial. en suma, sólo se piden políticas regresivas. Piden las masas populares la cárcel y la extradición de Petro al finalizar su mandato y tras ganar su candidato ultraderechista, ADLE.

El odio en Colombia se apalanca en una reedición de la lucha contra el comunismo que NUNCA ha vivido el país andino. Aunque esto también se ve en discursos internacionales en el propio EE.UU., lo que implica siempre un acento militarista, draconiano, totalitario, donde la gente, consciente o no, está dispuesta a privarse de derechos con tal de que el oponente político sea eliminado.

Las elecciones desde hace más de diez años en Latinoamérica, se votan en contra del que se odia y en tal método se puede elegir al diablo con tal de no ver ganar al oponente. Esto se ha comprobado en Argentina donde la gente con hambre celebra haberse opuesto al peronismo y al kirchnerismo, aunque Milei les recorte pensiones y servicios.

Para ADLE, el candidato progresista no es un contrincante político, ‘EL UNICO ENEMIGO ES CEPEDA’, señala a menudo. Al ganar la primera vuelta, fue igual de agresivo con la campaña del progresista y amenazó, señalando como siempre que actuará por la razón o por la fuerza. Y bueno, propone o imagina dar 30 días a los alcaldes municipales para acabar con la guerrilla y que demuestren resultados, lo que prevé la sombra del regreso de los asesinatos extrajudiciales llamados ‘falsos positivos’ (más de 8 mil). Rechaza el debate con Cepeda, porque dice que ‘no se sentará a hablar con enemigos’.

Estas demandas son propias de la ultra derecha que, en sus bases más humildes e iletradas, ignoran que apoyan el fascismo y son como corderos afilando el cuchillo de su pastor. Conozco a muchas personas maravillosas que se ven cegadas por el odio, por los clichés como Petro guerrillero, marica y borracho.

Pero omiten o desconocen que ADLE se ha declarado homosexual en más de una entrevista y lidera un partido anti diversidad, no sin antes transitar del ateísmo al ferviente amor y fe en Dios en plena campaña electoral; sin duda todo un milagro a favor del exterminio de la diferencia, mientras acumuló una fortuna de 40 mil millones de pesos en menos de 10 años en negocios con paramilitares, estafadores y narcotraficantes. Su lema de campaña: “firmes por la patria.”

Por su parte el progresismo afianza su discurso en ideas de paz, continuidad del proceso marcado por la administración Petro, promete hacerle un homenaje al final de su mandato. El lema de campaña, “Me la juego por la vida” o “Nos la jugamos por la vida”.

Reconoce errores en el desarrollo del programa Paz Total, el cual fue liderado por el propio Cepeda. Sobre este programa efectué un análisis en el artículo Colombia: todas las negociaciones con grupos al margen de la ley fracasarán mientras…

Reconocen que la corrupción se infiltró en la administración y que es una batalla a dar en la administración Cepeda, de darse.

La forma de expresarse Cepeda de la oposición y ADLE, es mediante críticas duras basadas en memoria histórica, los tilda de ultra derechistas, extrema derecha, fascistas o mafiosos. La adjetivación nunca ha desconocido que es un candidato, que es un opositor y no un enemigo a eliminar. Su campaña da continuidad de garantías a la derecha, como hasta ahora las han tenido durante la administración Petro. Sin embargo, sus bases sociales apelan a frases o adjetivos más duros, respecto a ADLE o Uribe, de lo cual no está exenta la base popular de ultraderecha, pero más en consonancia con la pobreza discursiva de su referente político, ADLE.

Cepeda llega como candidato tras derrotar en una consulta interna a Carolina Corcho, y por haber llevado a juicio y triunfado sobre el jefe paramilitar nunca demostrado, pero afirmado por sus lugartenientes, Álvaro Uribe Vélez; de cuyo hermano se acaba de ratificar sentencia de 28 años de prisión por crear un grupo criminal llamado Doce apóstoles, mediante el cual cometió asesinatos y paramilitarismo.

Su estilo es mesurado, firme pero carente a veces de ímpetu. Ha invitado o desafiado a ADLE a un debate público sin apuntes, pero como se vio, éste último no se expondrá a un debate. Su éxito se basa en el antecedente de lucha en el senado nacional y el juicio a Uribe, como señalé, así como en el acumulado de base social del progresismo y el petrismo.

Sin embargo, un público exigente e iletrado por obra del abandono estatal histórico, parido por décadas de violencia, en mi concepto necesita conectar con personajes pintorescos y agresivos como ADLE. No es que necesiten un tipo grosero y chabacano, ordinario como este cordobés, de tierras paramilitares que ha señalado desear ser como el paramilitar genocida Salvatore Mancuso. ADLE, señaló en entrevista para el pasquín Semana: “Mancuso es mi paisano y se echó a espaldas una lucha que debimos haber dado todos los cordobeses.”

Pero se necesita alguien de bríos tal vez tropicales como Petro, sucreño y costeño como ADLE. El reto de Cepeda y de sus jefes de campaña es cautivar, seducir al centro y confiar en la juventud que se ha volcado a apoyarlo sin esperar llamado alguno. El plan de gobierno, cercano a lo que se prospecta será su Plan Nacional de Desarrollo, consta de 433 páginas, lleva por lema, El poder de la verdad.

Este breve esbozo de algunos elementos y características de la contienda electoral tendrán como episodio final de tanto éxtasis, incertidumbre y odio acumulado, la definición presidencial el 21 de junio. El progresismo que no sólo ha sido gobierno sin poder por cuatro años, de perder, volverá a su lucha habitual de más de dos siglos con el sabor de haber experimento la gestión y la administración de lo público.

Si la ultra derecha pierde, entrará en un ciclo violento aún más peligroso en el contexto regional y ante un senado y cámara donde son minoría. Aunque si gana ha prometido llevar al caos y la violencia al país y esto no es amarillismo mío. Es el programa de gobierno de ADLE de tres páginas así como las múltiples intervenciones públicas del candidato.

Colombia: al menos desde 1920 en guerra civil

Aunque según la historiografía de la violencia, puede haber controversias y otras delimitaciones temporales, planteándose de 1920 al 1960 o de 1948 a 1958, según los hechos históricos que cada historiador propone englobar en tales recortes de tiempo, es importante reconocer que el país no ha tenido una paz significativa, que se redujera a anécdotas sobre delincuencia común o mafias y contrabando de todas las épocas.

El odio entre liberales y conservadores, la agresividad imperante en estos últimos, emparentados con el fascismo desde el grupo Legión Organizada para la Restauración del Orden Social o ‘Leopardos’, formado hacia 1920, ya introducía el germen autoritario venido de la vieja Europa.

El asedio tuvo como corolario el asesinato del liberal Jorge Eliécer Gaitán, en abril de 1948 y fue la inflexión histórica para la creación de grupos de autodefensa liberal campesina que luego pasaron a configurar guerrillas con iniciativas de toma del poder.

De ello devino la violencia estatal protectora del interés privado terrateniente y empresarial que debió organizarse no sólo mediante un ejército profesional sino una mano negra capaz de ejecutar todo aquello que no es permitido por los convenios internacionales.

Así, los pájaros, al inicio, luego el F2, el Departamento Administrativo de Seguridad DAS y finalmente los bloques paramilitares fueron configurando este grupo anti subversivo, anti estudiantil, anti intelectualidad y anti sindical, que se apalancaba de la mano del enemigo interno, el anti comunismo, el Plan Laso, Plan Cóndor, los informes Rockefeller, el Estatuto de Seguridad del Presidente Turbay en 1978 y aunque otros presidentes no fueron santos como Virgilio Barco, la ‘seguridad democrática’ de Álvaro Uribe Vélez marcó la historia reciente y disparó la violencia, las masacres y el desplazamiento interno a más de siete millones de colombianos.

La droga, marihuana y coca, personajes como Pablo Escobar, sus luchas y negocios con la DEA, las guerrillas colombianas y la institucionalidad que no lograba controlar el poder del narcotráfico han marcado parte de la historia colombiana.

Es la época de los 90’s, donde las guerrillas pierden sentido, se desgastan por su obrar interno errático de guerra prolongada, con insuficiente o nula proyección comunitaria o socialista, cayendo en el narcotráfico, con la excusa de pagar una guerra moderna más cara, pero confinados a un negocio que le mató desde adentro y acrecentó el hastío de la sociedad colombiana.

De ello ha devenido el diálogo de sordos. Si alguien dice tener ideas de izquierda, se le señala de guerrillero, de comunista terrorista, de vándalo o bandido. Si alguien es de derecha es paramilitar o paraco. En Colombia, esta guerra civil está viva y cuando se olvida se recicla para fomentar los sectarismos. El fantasma de la polarización está implícito, no solo en el sentido de pobres y ricos sino de liberales y conservadores, izquierda – derecha, paramilitares – guerrilleros, gente de bien – vándalos. Claro, esto así visto es simplista, hay matices, pero la animadversión sólo ve opuestos nítidos.

Dentro de las élites regionales esto se aprecia. Salvatore Mancuso, líder paramilitar condenado y quien ha confesado crímenes del paramilitarismo ante organismos estatales de EE.UU. y Colombia, es de la élite del departamento de Córdoba, al igual que Juvenal Ovidio Ricardo Palmera Pineda, alias Simón Trinidad, jefe guerrillero de las FARC que paga condena en EE.UU. es de la élite de Valledupar, departamento de Cesar. Hasta donde sé, se conocieron, fueron amigos antes de sus respectivos rumbos ideológicos.

En los barrios populares bogotanos, como el Policarpa, hay hombres que son amigos de infancia y ‘bloquean’ o integran un bloque paramilitar o ‘frentean’ y hacen parte de algún frente guerrillero. Se toman sus tragos, comparten, pero en sus roles militares pueden pactar o pelear.

Paradójicamente, como demostró el propio ADLE líneas atrás, ser paramilitar es una opción, un orgullo o una necesidad. También, el ministro de hacienda, Germán Ávila, respondió al gerente del Banco de la República que se sentía orgulloso de su militancia guerrillera en el M-19, grupo que hizo la paz y fue artífice de la Constitución de 1991.

En medio de este universo, que apenas describo de manera sucinta, el de una guerra civil permanente, los colombianos intentan ponerse al día con las tendencias políticas extranjeras como los gobiernos de Milei, Noboa, Bukele, Sheinbaum o Trump y a integrar a su cotidianidad las nuevas formas de entender la singularidad, el género y lo generacional, las violencias globales, sean el narcotráfico, la migración venezolana, particularmente, la trata de personas, de órganos, la exportación de combatientes para el mercenarismo en los conflictos ucraniano, africano o mexicano y demás.

Todo esto articulado bajo una sola y tóxica ‘pedagogía’: la difusión de información y adoctrinamiento de los medios de comunicación propiedad de grandes consorcios internacionales, como por ejemplo lo es el grupo empresarial ultraderechista, Prissa de España, dueño en México, Chile y Colombia del espacio radial llamado W Radio, en cada país. Por si fuera poco, el mismo grupo hace los libros de texto de ciencias sociales y educación primaria y secundaria para Iberoamérica con la editorial Santillana.

Así, solo una guerra civil, sin memoria, pero con el dolor, la paranoia y el odio como premisas puede enmascararse tras el debate más superfluo: ponerse o no una camiseta de una selección de fútbol arribista y que niega su origen humilde en varios de esos jugadores, como James Rodríguez que no saludó a la hija del presidente -una niña que juega fútbol- en la despedida para el mundial o las manifestaciones de Luis Díaz y otros abiertamente uribistas.

Es increíble que la forma más excelsa de nacionalismo sea robar o no dejarse robar una camiseta, pero ello es expresión de la banalidad discursiva del colombiano hecho a pulso de la violencia en la cual el Estado ha invertido históricamente más que en educación y en ésta, ha ELIMINADO el estudio de la historia.

Pero, ¿Cómo quedarán los ciudadanos de a pie tras despertar de la borrachera del insulto?

El día después de…  ¿Cómo se verán amigos y familiares?

Cuando alguien de la familia o amigo le va a un equipo de fútbol, e incluso a un partido político, puede haber acaloramientos y subsanarlos. Pero, cuando uno de los partidos promete aniquilar al diferente, cuando ve en el otro partido no a un adversario ideológico sino un enemigo, no ve estudiantes de universidad pública sino vándalos o vagos, ¿acaso estos familiares y amigos no comprenden que a mediano plazo pueden ser apartados de sus seres queridos? ¿Qué pueden ser despojados de derechos?

Durante la creación y afianzamiento de los regímenes totalitarios todos los ciudadanos trabajan para el Estado. Por lo cual, deben denunciar a amigos o familiares por el bien del Estado. Ello lo retrató de manera pasmosa George Orwell en su película 1984.

Piensan acaso que sólo será una resaca electoral para quien pierda, que vendrá el perdón a la agresión, que todo seguirá ahora normal, que se restauró la democracia o se logrará una venganza o justicia sólo a otros comunistas, progresistas, pero NO a los hermanos, familia o amigos de tales tendencias.

Ignoran que las retaliaciones pueden desatarse, como ocurrió con la administración Uribe, que su familiar o amigo puede perder su puesto por su tendencia ideológica o ser puesto preso o asesinado.

De ganar el progresismo, es más fácil confiar en un paso de página, su discurso no ha sido de eliminación de la diferencia, ni autoritario.

Mirarán progres y ultraderechistas en familia los partidos del mundial y celebrarán el triunfo o la derrota. Verán que la camiseta les pertenece a ambos, como la guerra civil que viven hace más de cien años, mucho antes de tener una selección de fútbol en un mundial.

Discutirán sobre las fallas técnicas, el arbitraje, las opciones perdidas o las grandes jugadas y aplazarán una vez más la discusión fundamental: la guerra civil, la animadversión y el odio que les han sembrado.

Todo se sabrá, poco a poco, tras la resaca electoral.

‘Narcoterrorism’ and the possibility of U.S. interference in Brazil

By: A A
7 June 2026 at 21:26

The reality is that this is not, in Brazil, a dispute between an anti-U.S. political camp and a pro-U.S. political camp, but a dispute between two political sectors that both want U.S. support to govern Brazil.

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On June 5, 2026, the U.S. State Department confirmed the inclusion of Brazil’s two largest drug trafficking organizations – Comando Vermelho (CV) and Primeiro Comando da Capital (PCC) – on the list of organizations considered terrorist by the U.S.. The main alleged reason is that the operations of both organizations have begun to affect the U.S. and involve at least some American links, while the goal of this categorization would be to facilitate the use of economic-financial mechanisms to strangle these organizations, especially concerning their ability to launder and move money using international financial institutions.

Officially, with this measure, all U.S. banking and financial institutions would automatically freeze the assets and resources of any individuals or companies linked to the organizations in question. Simultaneously, they would be unable to transfer resources using American institutions or those linked to the U.S.. Furthermore, the U.S. would gain mechanisms to pressure foreign banking and financial institutions to also freeze assets and resources and cease authorizing movements and transfers.

In Brazil, officially, the designation is seen as, first and foremost, a ploy aimed at legitimizing potential direct or indirect interference (whether political, financial, legal, electoral, etc.) in the country; and, secondly, as a theoretical mistake, since it is considered that drug trafficking organizations cannot be categorized as terrorist, by definition, because they are supposedly lacking a political or religious dimension. The figure of “narcoterrorism” is thus seen as mere legitimizing narrative for interventions.

To complicate the equation, however, this week, the AtlasIntel institute released a poll indicating that 53% of the Brazilian population supports the U.S. decision, a share even higher than that of Bolsonaro supporters (41.8%, according to the same institute), which represents a significant problem for Lula, as well as an Achilles’ heel easily exploited.

Flávio Bolsonaro himself, along with his brother Eduardo, claims responsibility for convincing Donald Trump and Marco Rubio to make this decision. If true, it is a smart move. Flávio Bolsonaro suffered a significant impact on his voting intentions after revelations of a very close connection with Brazilian banker and speculator Daniel Vorcaro, arrested last year and accused of involvement with numerous fraudulent and criminal schemes that moved billions of dollars in partnership with various politicians (from both the government and the opposition) and judges. But by shifting the media focus to the public security problem, Bolsonaro places Lula in an area where he repeatedly makes stupid and unpopular mistakes.

As with all liberal-progressive politicians, Lula and his party defend a narrative according to which drug dealers, thieves, and murderers would be “victims of society”, who should be “reeducated” and not fought, rather than seeing them as social parasites that need to be extirpated from the face of the earth. Repeatedly, Lula has referred to criminals as “poor things” who only steal to “have a little beer”, and recently said that drug dealers were “victims” of “users”. Unsurprisingly, as soon as he learned of the U.S. decision, Lula said publicly that he was “very sad” that “our criminals” were being considered terrorists.

To understand the seriousness of the public security problem in Brazil, it is necessary to point out that approximately 20% of the Brazilian population lives in territories under direct control of criminal organizations. Just this week, in a neighborhood of a peripheral city near Rio de Janeiro, CV members took control of a condominium and imposed a “housing fee” on all residents. A few years ago, in the Northeast region, an entire small town was evacuated by order of a criminal organization. Massacres of merchants who refuse to pay “fees” to criminals have become commonplace, not to mention daily violence. Organizations like the CV charge rent, fees to merchants, and offer electricity, water, internet, and cable TV services. In some cases, they are also responsible for evangelical churches. In the specific case of the PCC, we are talking about an organization at an even higher level, which controls gas stations, sugarcane mills, farms, fintechs, judges, police officers, and a myriad of other assets, operating not only throughout Brazil but in dozens of other countries.

Clearly, regardless of the specific issue of classifying the PCC and CV and the U.S. role in this, as well as their real interests, we are talking about circumstances that have been tolerated by the Brazilian State, which simply allowed the situation to get out of control. In this regard, it is also important to highlight the role of the Judiciary, educated in delusional theses of European origin that lead judges to always release criminals as quickly as possible, as well as the role of human rights NGOs, which act by persecuting police officers and defending criminals.

Now, in what ways can the U.S. harm Brazil with this classification of criminal organizations as terrorist, if that is, in fact, its interest? There are several possibilities.

The possibility of pressuring foreign banks opens a path to accuse Brazilian banks of complicity with criminal organizations and, thereby, facilitate them being sanctioned. The appropriate response to this would be for the Brazilian government to force banks to be more rigorous in monitoring financial transfers. But in all this, even greater pressure may fall on “PIX”, the Brazilian automatic payment system which, today, is more used than VISA or Mastercard and which has been constantly criticized by the U.S.. The curious thing here is that PIX was created by the Bolsonaro government itself…

Another avenue of aggression against Brazil may involve sugarcane ethanol. There is a rivalry of more than 20 years with the U.S. in this sector, since the U.S. also has a large biofuel production, but based on corn. Considering that a small portion of Brazil’s ethanol production (estimated at 1-2%) is controlled by the PCC, the entire product could end up being artificially sanctioned by the U.S., thus securing new markets for corn ethanol.

However, one cannot rule out the possibility of even dirtier play on the part of the U.S.. Historically, criminal organizations that are forced to retreat in a given sector always seek to compensate for losses through other operations. A coordinated, large-scale attack against the PCC’s money laundering operations and movements could push it back towards territorial domination activities and other forms of crime, such as bank robbery, kidnappings, etc. Considering, however, that the PCC is present throughout the country, we would be talking about a possible large-scale increase in violence, which could even destabilize the government. This could be not only a hypothesis, but the very design of this U.S. government move.

Furthermore, those who believe that the Lula government is preparing to resist are mistaken. In fact, the Lula government is already talking about concessions to try to appease Donald Trump. The reality is that this is not, in Brazil, a dispute between an anti-U.S. political camp (Lula) and a pro-U.S. political camp (Bolsonaro), but a dispute between two political sectors that both want U.S. support to govern Brazil.

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