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Mar de Marchis, la fundadora fantasma de Jot Down que, sin dejarse ver, todo lo veía

9 June 2026 at 20:41

Mar de Marchis, la fundadora fantasma de Jot Down que, sin dejarse ver, todo lo veía

El periodista Daniel Verdú publica una novela periodística sobre la misteriosa editora, fallecida en 2022, cuya familia no ha aprobado el proyecto

Pedro Almodóvar anuncia 'El hombre que solo escribía en los aviones', su primera novela

Es imposible serlo todo en una vida. Quizá, por eso, Mar de Marchis se inventó cuantas necesitó para lograr su objetivo: crear una revista gobernada por el periodismo lento, los textos largos acompañados por una estética en blanco y negro y unas plumas convencidas de que sí, que ese era el nuevo lugar en el que intentar hacerlo bonito. El nacimiento de la revista Jot Down se produjo en un momento irrepetible, adelanta el periodista Daniel Verdú, que acaba de publicar La bola (Alfaguara, 2026), su primer libro.

El título de esta obra de narrativa basada en hechos reales, tal y como la ha catalogado la editorial, da buena cuenta de por dónde van los tiros. Durante muchísimo tiempo, y todavía hoy, la imagen de la bola negra número ocho del billar fue la que se asoció a aquella editora por ser la que utilizaba en su perfil de Twitter. Tras esa imagen que ha acabado ligada a la revista se escondían, en realidad, Shizuka, Bluevelvet, Isabella, Jun y Libertad. Y todas eran Mar de Marchis, tres palabras que en su DNI se convierten en cuatro: María Jesús Marhuenda Irastorza (Alicante, 1968).

Este es el principio. Eran los años 2000 y Mar olfateaba lo que pasaba en la red, en aquellos foros como Aerópago, creado por un periodista y un abogado valenciano. Aquella “hembra alfa” del foro, tal y como la denomina Verdú, pronto comenzó a pergeñar la idea de hacer algo diferente, rompedor. Así nació el germen de lo que luego se llegaría a comparar con la revista The New Yorker. No lo hizo sola. 25 puros Partagas 8-9-8 que le llegaron a Enric González durante su corresponsalía en Jerusalén fueron suficientes para que el afamado periodista se sumara al barco. Verdú asegura que González fue “una pieza fundamental” para el éxito de la revista desde el primer momento.

Jot Down comenzó a editarse en formato digital en mayo de 2011, y el mismo mes del año siguiente apareció el primer número en papel, justo una década antes de que Mar falleciera. Fernando Savater, El Roto, Maruja Torres, Arturo Pérez Reverte y Soledad Gallego-Díaz fueron de las primeras espadas, afiladas como plumas, que salieron a la palestra en aquella ocasión. Para entonces, tanto Andrés Rodríguez, editor de Esquire, y Arcadi Espada, periodista, habían rechazado dirigir la cabecera. El segundo, además, tras molestarse por recibir fotos sugerentes por parte de ella y sus numerosas negativas a verse en persona.

Dejarles colgados

La editora, aunque no se ahorró comentarios contra el periódico del que emanaban muchos de los autores que luego se pasearon por su revista, firmó otro gran hito al cerrar un acuerdo con Antonio Caño, director de El País. La revista Jot Down Smart salió junto al periódico un domingo al mes a partir de octubre de 2015 durante casi cuatro años en lo que fue la primera experiencia con los contenidos del diario externalizados. Con Caño charlaba todas las semanas, proponía enfoques y recomendaba contrataciones. Era la mujer que susurraba al director. A él también le dejó tirado en varias ocasiones. Nunca se llegaron a ver.

Decir algo negativo sobre la forma de Jot Down sería intentar mentir. El contenido de la revista, complaciente cuanto menos en sus entrevistas, es otro tema. “Son más conversaciones que entrevistas. Los personajes con los que lidiaban remaban a favor, no eran entrevistas para pillarles o denunciar algo, sino una conversación atractiva para que el lector pasara un buen rato. Yo no sé si eran complacientes, pero sí eran agradables para el entrevistado”, desarrolla Verdú.

En ese mismo contenido nunca se llegó a ver el texto que escribió el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, a quien Mar no publicó a pesar de haberle pedido la colaboración por medio del veterano periodista Juan Cruz. El escritor Javier Cercas también experimentó algo parecido.

Las malas artes

Verdú asegura al principio de su libro que “lo que le contabas [a Mar], era evidente, engordaba un sistema de información que espolvoreaba en otras conversaciones. Pero daba igual. Era divertida, compulsiva, agotadoramente insistente, irónica, descarada y sorprendente. Y si algo sonaba a trola, ah, era una broma”. Pero la broma se vino abajo.

Desde el principio, Mar se hizo pasar por una mujer de treinta y tantos años, rubia y de ojos verdes. De esa mujer consiguió fotografías de su cuerpo, de sus manos y de sus labios, también en ropa interior, y hasta vídeos. Según recoge Verdú, el material acabó repartido entre los contactos que Mar almacenaba en su móvil, a quienes intentaba retener cada vez que veía que se le escapaban, mayormente por su agorafobia e imposibilidad de coincidir en persona. Esa mujer era de su pueblo, Santa Pola. Se llamaba Aurora e iba a su casa, un ático, como peluquera.

El periodista Daniel Verdú
El periodista Daniel Verdú

Las mentiras no se pueden convertir en bromas para todo el mundo todo el rato. En 2017, el periodista Alfredo Pascual publicó en El Confidencial la identidad real de Mar, a pesar de la negativa de esta a admitir la veracidad de la información en un primer momento. Pocos días después, Mar recibió a Braulio García Jaén, enviado de Vanity Fair, en casa de unos amigos que vivían en Donosti. La editora justificó así el engaño en aquella conversación: “Si yo hubiera llamado a Enric González y le digo: 'Hola, me llamo Marhuenda, soy agorafóbica y voy a montar una revista, ¿quieres colaborar conmigo?', nadie me habría dicho que sí”.

Roma, el principio del fin

Las vicisitudes se sucedían y Mar encontró en Roma el lugar perfecto en el que vivir. Todo cambió el Viernes Santo de 2021. Aquel 2 de abril se desplomó en la calle. El 27 de mayo de 2022, Mar se despedía de la vida en una cama de un hospital de Palma de Mallorca.

Enric González se vio con Mar, por primera vez, en febrero de 2013. Llegó a este olimpo de los elegidos después de varias negativas por parte de ella. Verdú escribe que “no hubo una sola Mar. Ni dos. Cada una de las personas que le trató y nunca la vio tenía la suya. Aunque pudieran ser cómplices y víctimas de su fantasía a la vez”. Eso fue lo que escribió el mismo González en la necrológica que publicó por su fallecimiento: “Yo fui víctima de aquella fantasía y luego cómplice”. “Sin entenderla, creo que nunca me he entendido tan bien con nadie”, reconoció.

Ni la familia de Mar ni su socio, a quien conoció en aquel foro primigenio y que ahora sigue al frente de la revista, han querido saber nada del trabajo que preparaba el corresponsal de El País. Por otro lado, la aparición de La bola ha levantado opiniones airadas en X. Más allá de las pequeñas cuitas entre periodistas que hablan de periodistas que escriben de periodistas, desde el perfil que antes gestionaba Mar (@JotDownSpain, con 263.000 seguidores) han publicado mensajes como este: “El libro es un despropósito lleno de anécdotas mal contadas o directamente fakes. Mar hubiera preferido mil veces un libelo cruel bien escrito que este oxímoron denominado por Alfaguara como ”ficción basada en hechos reales“”.

Del mismo modo, Ángel L. Fernández ha publicado un editorial en la versión digital de la revista en el que llega a afirmar que “lo que tenemos es un retrato de una ausencia levantado casi por completo con las voces de quienes tenían cuentas pendientes con su recuerdo”.

Ante este extremo, Verdú, que ha borrado la aplicación de X de su iPhone por unos días, responde que entiende que pueda estar cabreada aquella gente a la que no ha obedecido. “Pero creo que nadie puede tener el sentido de la propiedad de una historia. Las historias no le pertenecen a nadie y las puede contar quien quiera siempre que se haga desde la transparencia y la honestidad”, resuelve.

Nadie sabe si por completo, pero así se cierra algo más el círculo de misterio y enigma que siempre rodeó a Mar de Marchis, aquella mujer que en un mundo tan masculino como el del periodismo logró armar una revista aún con vida a través de tesón, convencimiento y algo de saber qué decir a quién y cuándo. De todas formas, todavía queda la imagen de esa bola número ocho, la bola negra, la última, la que con ni rayadas ni con lisas va, la que determina quién pierde y gana la partida. Solo depende de en qué agujero se cuele, y Mar se coló en infinitud de ellos.

Eugenio Merino resucita su Franco en una nevera, ahora como capitán de la "Marca España"

7 June 2026 at 21:30

Eugenio Merino resucita su Franco en una nevera, ahora como capitán de la "Marca España"

El artista plástico reproduce la obra hiperrealista del dictador que le valió una denuncia por parte de la Fundación Nacional Francisco Franco en 2012: "Yo no solo gané aquel juicio, sino la libertad de utilizar esa figura tal y como ya se había usado”, advierte

Gabrielle Goliath, la artista sudafricana censurada en la Bienal de Venecia por defender la causa palestina

Vestidito con el uniforme blanco de Capitán General de la Armada, símbolo del blanqueamiento de la dictadura franquista a lo largo de estas casi cinco décadas de democracia y de la retórica que el régimen utilizó para presentarlo como timonel de España. Así aparece el dictador en la nueva e hiperrealista instalación Always Franco, de Eugenio Merino, casi idéntica a la presentada en 2012 en la feria ARCO, donde el militar aparecía en el interior de una nevera que simulaba ser de una marca de refrescos. En aquel momento, su creación le granjeó una denuncia por parte de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF), a la cual ganó en los tribunales.

Un año después de celebrarse los 50 años de la muerte del dictador y el mismo año en que se conmemoran los 90 años del inicio de la Guerra Civil, Merino explica que esta obra habla de la persistencia del franquismo en la cultura y la política españolas. “Desde que presenté la pieza original, la extrema derecha solo ha crecido. La situación ha empeorado mucho. Y no solo en España. La ultraderecha coge fuerza a nivel internacional”, comenta.

La instalación, que se podrá ver en la galería ADN a partir del 13 de junio, pone sobre la mesa cómo los neofascismos en España han transformado el franquismo en una historia “basada en el negacionismo de lo que fueron las consecuencias de la dictadura”, completa el artista plástico. Además, el viernes 26 de junio Merino participará en el festival de elDiario.es FIC junto a Darío Adanti en el espectáculo Chistes contra Franco, un acto de memoria disidente.

'Always Franco', obra de Eugenio Merino
'Always Franco', obra de Eugenio Merino

Merino aporta un nuevo giro a la obra con su subtítulo: ‘Spanish Brand’, una traducción literal de Marca España. “La Marca España surgió apenas unos meses después de presentar la obra en 2012 para blanquear el presente político de España en aquel momento”, sostiene. Se refiere al caso Gürtel, trama de corrupción en la que se han visto implicados numerosos mandos del PP, y la inhabilitación del juez Baltasar Garzón, “quien comenzó el proceso de justicia y reparación a las víctimas del franquismo en España”, recuerda el mismo Merino.

Capitán del barco que era España

A diferencia del Always Franco de ARCO, en esta ocasión el dictador aparece con el uniforme blanco impoluto de Capitán General de la Armada. “Es un juego visual. Transformamos la imagen más militar de Franco en una visión más blanqueada, que es en lo que incide la pieza”, comenta.

Presentarlo de esta forma también aporta la posibilidad de trazar una metáfora ligada a la retórica del régimen, que siempre se valía del lenguaje náutico para su propaganda. “Era una manera de dirigir el pensamiento de la sociedad y de legitimar su figura como director y capitán del barco llamado España”, añade Merino en declaraciones a elDiario.es.

Detalle de las manos de la figura de Franco en la obra de Eugenio Merino
Detalle de las manos de la figura de Franco en la obra de Eugenio Merino

Si en 2012 su Always Franco sulfuró a la FNFF hasta tal punto de que llevaron la obra a los tribunales, el artista admite casi década y media después que no teme una posible denuncia por parte de esta organización en vías de extinción por la Ley de Memoria Democrática. “Yo no solo gané aquel juicio, sino la libertad de utilizar esa figura tal y como ya se había usado”, rememora. Y agrega: “Me parece sorprendente que haya que defender la libertad de expresar el rechazo a la dictadura y la figura del dictador”.

Merino señala que, en la actualidad, quizá serían otras asociaciones las que intentaran castigarle por su creatividad, y menciona a los ultraconservadores de Hazte Oír y Abogados Cristianos. “Ellos también forman parte del resurgimiento de la extrema derecha en el siglo XXI. Son la base que permite que la extrema derecha opere de una forma mucho más sólida que en 2012”, apunta.

Hacia la cultura del consumo

La cabeza hiperrealista de Franco se modeló en un primer momento un año antes de ser expuesta la obra al completo en ARCO. De ahí, Merino ha ido sacando diversos moldes a lo largo de estos años, como el utilizado en julio de 2025 en el festival Ex Abrupto de Molà (Barcelona), donde se jugó un partido de fútbol con la cabeza como pelota cerca de una antigua línea de trincheras republicanas de la Guerra Civil. Las manos también provienen de un molde de manos reales. El material utilizado es silicona de platino, a la que se le añade pelo humano. Una sastra se encarga de realizar todos los elementos militares, como el uniforme y la gorra.

Una réplica hiperrealista de la cabeza del dictador Francisco Franco, cual pelota de fútbol, rueda entre trincheras reales de la Guerra Civil en Moià (Barcelona), gracias a la performance 'La Copa del Generalísimo', promovida por el artista Eugenio Merino
Una réplica hiperrealista de la cabeza del dictador Francisco Franco, cual pelota de fútbol, rueda entre trincheras reales de la Guerra Civil en Moià (Barcelona), gracias a la performance 'La Copa del Generalísimo', promovida por el artista Eugenio Merino

La nevera es de producción industrial y una empresa de rotulación se encarga de colocar los vinilos que reproducen los colores y las formas de la conocida marca de refrescos. Con ello, el artista añade un nuevo nivel de significación a la obra.

“Con ese vinilo nos acercamos a la cultura del consumo, cuando durante la dictadura se introdujo esa ‘American way of life’ dentro de una España completamente precaria. De ahí viene este modelo de turismo y consumo que todavía hoy mantenemos”, desarrolla el creador, quien retoma la idea de la Marca España. Tal y como abunda, “cuando Rajoy inventa este lema, lo hace en referencia al Spain is different de Fraga en los años 60, lo que no deja de ser un nuevo blanqueamiento de la dictadura durante la democracia”.

Franco como mercancía

Halim Badawi, investigador, crítico y comisario de arte, ha participado en el proyecto que ahora recupera Merino. Según ha escrito este experto colombiano, en Always Franco se “desplaza el cadáver político del dictador desde el mausoleo monumental hacia la lógica de la mercancía, revelando cómo las figuras autoritarias no siempre desaparecen con su muerte biológica”.

El régimen confirió a su tumba y mausoleo unos aires de grandeza que casi tardaron medio siglo en desaparecer, al menos en parte. El valle de Cuelgamuros luce ahora sin su cuerpo bajo la gran cruz, guía del nacionalcatolicismo imperante durante el régimen. En la instalación de Merino, el cuerpo de Franco sigue expuesto “bajo el brillo industrial de la refrigeración comercial de Coca-Cola, una marca trasnacional asociada con la expansión simbólica del capitalismo global y con su capacidad para infiltrar los imaginarios cotidianos más íntimos”, según Badawi.

Reproducción del dictador Francisco Franco introducida en un frigorífico para refrescos obra del artista Eugenio Merino, que se expuso en la feria de arte contemporáneo Arco 2012
Reproducción del dictador Francisco Franco introducida en un frigorífico para refrescos obra del artista Eugenio Merino, que se expuso en la feria de arte contemporáneo Arco 2012

El franquismo aparece así “como un horizonte de sentido que continúa infiltrándose en los imaginarios, las arquitecturas, las nostalgias familiares, ciertas formas de autoridad o en los silencios institucionales de la democracia española”, tal y como valora el crítico de arte. El mismo Badawi finaliza: “Franco deja de pertenecer exclusivamente al campo de la historia para ingresar en el flujo de las mercancías, las marcas, el entretenimiento y la banalización propia de una sociedad de redes sociales, clickbait, conspiraciones y contenidos basura”.

Memes a favor del odio

La catedrática de Historia y fundadora de la Cátedra de Memoria Histórica Siglo XX de la Universidad Complutense de Madrid Matilde Eiroa San Francisco ha reflexionado sobre la instalación que presenta Merino. Esta experta defiende que Franco se convirtió en un producto viral en 2019 cuando se produjo su exhumación, coyuntura en que los memes y el humor adquirieron gran protagonismo.

La también integrante del Patronato del Centro Documental de la Memoria Histórica opina que, “en la actualidad, la presencia de las figuras de Franco y Hitler como ”ídolos“ en las redes sociales está relacionada con la propagación del discurso del odio y la desinformación promovida desde la extrema derecha”. Según ha escrito en un texto realizado por la presentación de Always Franco, esta presencia de los dictadores en las redes se utiliza “para la difusión de ideas neofascistas y la captación de jóvenes”.

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