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La Polacra, el bar en pleno Cabo de Gata al que todo el mundo quiere ir por sus brasas frente al mar

12 June 2026 at 04:25
Los clientes de La Polacra en la localidad almeriense de Las Negras disfrutan del atardecer en la terraza del paseo maritimo.

Más que un paseo marítimo es un paseíto frente al mar. Surge como de la nada tras callejear por Las Negras, minúscula localidad en pleno parque natural de Cabo de Gata, en Almería. Allí hay un pequeño murito cubierto de madera para sentarse a respirar el Mediterráneo, que amasa lento una playa de rocas. Al fondo se levanta un cerro negro, imponente promontorio oscuro por la tierra volcánica. Y en esa paz de rumor de olas emerge, ondeando al frecuente viento, una bandera de Japón. Ese círculo rojo sobre blanco es también el símbolo que identifica a La Polacra, restaurante camino de cumplir su primer aniversario cuya fachada encalada tiene una gran lámpara circular y roja cerca del mástil. Un lugar que se aprovecha de la belleza del paisaje y lo celebra con cócteles, vinos naturales y una cocina informal con protagonismo de las brasas. La música, pinchada en vinilos, hace el resto.

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Algunas de las tapas que se sirven en La Polacra, en la localidad almeriense de Las Negras.Gonzalo Méndez y Leandro Moschnner son los dueños de La Polacra.La cocinera brasileña María Eduarda, a la que llaman Macaxeira, al mando de las brasas.Los pinchos a la brasa son una de las especialidades de La Polacra.La terraza de La Polacra al atardecer.

La Polacra

  • Dirección: Pescador, 7. Las Negras, Níjar.
  • Horario: A diario (o casi) desde las 13.00 horas hasta la 1.00 de la madrugada.
  • Precio medio: 20-25 euros por persona.

Ian de la Rosa, cineasta: “El cine es un deporte de ricos. Se quedan por el camino demasiadas voces”

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“Recuerdo las pateras. No digo ver una, pero sí a los primeros niños que vinieron en ellas y que entraron a clase en el cole de Níjar. Entonces se introdujo la palabra patera en nuestras vidas. La primera fue una niña, luego llegaron más. No sabían castellano, acababan de llegar de Marruecos, estaban en situaciones complicadas. No hablábamos el mismo idioma y los metían en clase. Recuerdo la segregación. El racismo en el recreo. Y recuerdo, en ese recreo, intentar acercarme a esta primera niña, intentar jugar con ella. Nunca se llegaron a integrar con el resto. Pero eso me pasaba a mí también. Yo entendía ese sentimiento de que no perteneces. Imagino que ahí se conectó algo”.

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© Ayub El Kadmiri (EL PAÍS)

Retrato de Ian de la Rosa en su casa de La Latina, en Madrid, donde atesora una taza de La Tienda de los Milagros de su Níjar natal.
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