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Tu trabajo no es importante

11 June 2026 at 04:00

He dado charlas a directivos que dirigen equipos enormes, que levantan negocios, que toman decisiones de las que dependen cientos de personas. Gente brillante, incansable, acostumbrada a ganar. Y siempre, en algún momento, cuando esperan que les hable de productividad o de liderazgo, acabo diciéndoles lo mismo: tu trabajo no importa.

He trabajado de ingeniero, de diseñador, de profesor, entregando prótesis gratis. He pasado años creyendo que ayudar a los demás con la tecnología bastaba para sentir que mi vida tenía sentido. He descubierto que nada de eso sirve del todo si no sabes estar presente con los tuyos, si confundes tu trabajo con tu vida.

Vivimos aplazándola. Decimos: cuando termine este proyecto, cuando cierre este negocio, cuando llegue por fin la calma. Mientras tanto vamos contestando correos el sábado por la mañana, mirando el móvil en mitad de la cena, posponiendo el café con ese amigo al que hace tres meses que no vemos. Mientras tanto la vida pasa. Sin pausas. No para. Hasta que un día descubres que ese después era, en realidad, todos los presentes que dejaste pasar.

No creo que ninguno de nosotros quiera mirar atrás dentro de unos años y recordar fines de semana enteros respondiendo mensajes. El lunes no es el momento más importante de tu semana. Lo es tu hijo cuando te cuenta algo y tú te ries con él. Lo es tu pareja cuando cenáis sin prisa y sin pantallas. Lo es ese abrazo que ahora te parece que puede esperar y que al final quizá no te dará tiempo a dar.

Lo curioso es que nadie nos pide tanto. Esa urgencia perpetua suele ser nuestra. Somos nosotros quienes decidimos que el correo no puede esperar al lunes, que la reunión vale más que la merienda o el cocido del sábado, que ya habrá tiempo para lo importante cuando dejemos de estar ocupados. El trabajo es importante pero es que no te va a abrazar cuando llegues a casa.

La vida no está en la bandeja de entrada. Está en la mesa donde alguien te espera. En una llamada que llevas semanas sin hacer. Está, casi siempre, en lo que tenemos delante y dejamos de mirar por mirar otra cosa. En un domingo lento, en una conversación que no lleva a ningún sitio, en quedarse cinco minutos más sin motivo.

He aprendido que el éxito que de verdad importa no se mide en proyectos terminados, sino en presencias. En haber estado cuando hacía falta, aunque no tocara, aunque hubiera mil cosas urgentes.

Estar es demasiado fácil como para no hacerlo.

¿Tirar más fotos o alzar la mirada? Joan Fontcuberta usa a Bad Bunny y el Papa para desgranar la obsesión por la imagen

10 June 2026 at 21:18

¿Tirar más fotos o alzar la mirada? Joan Fontcuberta usa a Bad Bunny y el Papa para desgranar la obsesión por la imagen

El artista catalán deja una ponencia para el recuerdo en Matadero Madrid en la que radiografía la historia de la fotografía desde la alquimia hasta la IA, analiza el desplazamiento de su uso como registro externo a "marca biográfica" y repasa unas obras recientes que incluyen caracoles, microbios, orgasmos de Trump o a Jordi Roca

Joan Fontcuberta, la mentira plausible

El artista Joan Fontcuberta eligió (o aprobó) un título audaz y nada inocente para su charla del pasado martes 9 de junio en la sala Azcona de Cineteca Madrid, en Matadero: Debí tirar más fotos. Pero haciendo gala de su afilada visión planteó en el arranque una posible alternativa con una referencia a la otra gran presencia reciente en la capital: Alzad la mirada, lema de la visita a España del papa León XIV.

La frase divina y el sexto álbum de Bad Bunny articularon una memorable intervención de hora y media alrededor de la iconofagia, algo así como el ansia por alimentarnos de imágenes. ¿O más bien por alimentar a las imágenes? “Intentamos devorar las imágenes, pero a veces nos devoran ellas”, sugirió el ganador del Premio Nacional de Fotografía en 1998 y del Premio Nacional de Ensayo en 2011 (Fontcuberta, que no Bad Bunny ni Robert Prevost).

El pensador abordó la saturación que generan las imágenes a partir de la historia de la fotografía, partiendo de la alquimia en la presunta primera foto de la historia, tomada por el francés Joseph Nicéphore Niépce en 1820 tras un arduo proceso. De ahí a analizar una coyuntura actual en la que imágenes generadas por IA ganan concursos de fotografía e instantáneas tomadas en la naturaleza consiguen premios en certámenes de inteligencia artificial. Todo ello en un contexto curioso, pues el acto tuvo lugar en el marco de ECAM Fórum, un mercado internacional de coproducción cinematográfica impulsado por la escuela de cine madrileña. No todos los días se reflexiona sobre lo que vemos desde un espacio diseñado para fabricar nuevas imágenes en serie.

Fontcuberta muestra la primera fotografía de la historia, o al menos la que tiene ese honor porque "al ser de un francés se llevó la gloria".
Fontcuberta muestra la primera fotografía de la historia, o al menos la que tiene ese honor porque "al ser de un francés se llevó la gloria".
La imagen de la izquierda ganó un concurso de fotografía estando generada por IA, la otra ganó un concurso de inteligencia artificial tratándose de una foto.
La imagen de la izquierda ganó un concurso de fotografía estando generada por IA, la otra ganó un concurso de inteligencia artificial tratándose de una foto.

Después de una breve presentación entre dos sillas de plástico y unas cuantas plantas, Fontcuberta retomó el hilo papal para comparar dos fotografías: la de la proclamación de Benedicto XVI en 2005 y de Francisco en 2013. En la primera de ellas, solo se ven un puñado de teléfonos móviles captando el momento. Incluso una mujer mira a la cámara, parece que extrañada por el elemento o por el hecho de que alguien les retrate a ellos en vez de al nuevo Santo Padre. En la segunda, en cambio, solo se ven flashes, móviles y hasta alguna tablet.

Comparativa de dos multitudes siguiendo respectivamente la elección de Benedicto XVI y Francisco.
Comparativa de dos multitudes siguiendo respectivamente la elección de Benedicto XVI y Francisco.

Para Fontcuberta, existen dos alternativas ante la abundancia de imágenes y la “contaminación icónica”: “Centrarse en las que faltan para preguntarnos por qué no están o hacer una gestión crítica de la abundancia”. El creador y crítico cultural se centró en esta segunda opción.

Citó para ello a artistas y obras como Ira Lombardia, que en estos momentos propone en una exposición del Círculo de Bellas Artes una “huelga de imágenes”. O a Erick Kessels, artista holandés que en una instalación de 2011 desplegó 1,5 millones de instantáneas tiradas sin orden ni concierto en el FOAM, museo de la fotografía de Ámsterdam. 24 Hours in Photos aglutina todas las fotos subidas a la plataforma Flickr durante un día. Una cantidad que hoy sería mucho mayor en redes sociales como Instagram o TikTok.

Vídeo de personas paseando por la instalación '24 Hours in Photos', de Eric Kessels.
Vídeo de personas paseando por la instalación '24 Hours in Photos', de Eric Kessels.

Para ver todas las fotos de la obra de Kessels eran necesarios ocho días completos, sin descanso alguno. La conclusión de Fontcuberta es clara: “Hacemos fotos para no verlas”. Entonces, ¿por qué las tiramos? “Más que para descubrir, para reconocer lo que ya sabemos”, plantea con obras como la de Corinne Vionnet, que en sus trabajos descarga miles de instantáneas de elementos icónicos para superponerlas en una sola. La Torre Eiffel o el Golden State se convierten en escenarios que solo fotografiamos para conseguir la fotografía que todo el mundo toma de ellos. Cuando se retratan lo que se trata de ilustrar es la presencia de quien saca la foto, aunque este no aparezca en ella.

La Torre Eiffel según Corinne Vionnet, o según miles de personas que la han fotografiado de manera similar.
La Torre Eiffel según Corinne Vionnet, o según miles de personas que la han fotografiado de manera similar.

En la misma línea apunta la idea de “cámara restricta” del austriaco Phillip Schmidt, que bloquea las fotos de lugares o perspectivas donde el dispositivo capta que ya se han tomado demasiadas. Una especie de “umbral de originalidad” que el propio portador de la cámara puede ajustar.

Frente a esta idea de las fotos como registro del 'yo', como una “marca biográfica para situarnos en la historia y el lugar”, Fontcuberta contrapone un vídeo del actor y escritor Buddy Bolton donde se muestran palos de selfie destruidos justo cuando quienes los llevan se disponen a sacarse una foto. Un boicot al ego que encontró una pregunta susurrada en una espectadora del público: “¿Y si se rompe el móvil?”. Se preocupa como si de un pobre contenedor quemado en una manifestación se tratara.

A partir de una cita a Jean-Luc Godard, Fontcuberta trasladó estas cuestiones al terreno de la geopolítica y la guerra. Decía el director de Adiós al lenguaje que “una causa sin imágenes no es solo una causa ignorada, es una causa perdida”. Por ello, según el artista catalán, “si en las intifadas los palestinos tiraban piedras, hoy tiran fotos”. Si con la Muerte de un miliciano Robert Capa consiguió una de las imágenes definitivas de la Guerra Civil (una imagen posiblemente manipulada aunque el retratado sí fue asesinado en el conflicto), ahora son los propios victimarios los que filman a personas que están a punto de mirar en la guerra. Drones, ojos mecánicos, que son a la vez fotorreporteros y criminales de guerra.

En medio, como una especie de fase de transición, la retratada por el artista libanés Rabih Mroué. Mroué ha elaborado exposiciones a partir de los móviles cedidos por familiares de manifestantes asesinados durante la Primavera Árabe. Algunos de ellos contienen instantáneas del momento de su muerte, donde puede llegar a verse a quienes ejecutan los disparos mortales. De nuevo, la polisemia hizo acto de presencia y Fontcuberta citó la paradoja de tirar fotos para dejar constancia de los tiros de la represión o la violencia.

Empachados de imágenes

Fontcuberta dedicó el último tramo de su charla a hablar de algunas obras propias. En Gastropoda, deja a unos caracoles que invadieron el buzón de su casa hacer de las suyas, ya que los animales comenzaron a comerse catálogos o invitaciones de museos o galerías. “Lo que más les gusta es el expresionismo abstracto. El surrealismo no les interesa nada”, bromeó. El ensayista llevó los festines de su buzón a gran escala para una exposición que acabó con una degustación de estos deliciosos invertebrados. En la conferencia del martes no hubo ágape, aunque siguió alimentando pensamientos cuando se preguntó quién es el autor de esta Gastropoda: “La idea es mía, pero ellos son los ejecutores”.

Un poco el dilema con la inteligencia artificial generativa, con la que Fontcuberta ha estado trasteando en algunas de las ideas más recientes y menos inspiradas de su trayectoria. Es el caso de Beautiful Agony, donde en colaboración con la investigadora Pilar Rosado la aplica en los rostros de personalidades vinculadas a escándalos sexuales. Así, discursos públicos de Silvio Berlusconi, Donald Trump o el rey emérito se ven interrumpidos por una recreación de cómo serían sus orgasmos (solo los vemos a nivel facial, por suerte). Fontcuberta se muestra menos audaz al usar la inteligencia artificial que al desgranarla, ya que relató con brillantez cómo “el fotorrealismo de la IA nace de un caldo de cultivo perfecto como es la acumulación de imágenes que ahora ingieren los algoritmos”.

Más asombroso ha sido su trabajo en Trauma, proyecto en el que Fontcuberta ha buceado en imágenes deterioradas donde un paisaje alpino se transforma en una especie de constelación gracias al efecto del polvo y diversos microorganismos. De hecho, en algunas piezas llega a comparar el resultado de la acción de esos seres minúsculos con su imagen al microscopio. Y para terminar de rizar el rizo, pidió al repostero Joan Roca que elaborara una versión comestible de las fotografías microscópicas. La iconofagia en su máximo esplendor, ya que quienes se comen las imágenes acaban siendo deglutidos.

Jordi Roca y Joan Fontcuberta degustan imágenes deterioradas y carcomidas por la acción de agentes microscópicos.
Jordi Roca y Joan Fontcuberta degustan imágenes deterioradas y carcomidas por la acción de agentes microscópicos.

En el arranque de su exposición, Fontcuberta citó a Roland Barthes para justificar su locuacidad, ya que “toda imagen está a la espera de un texto”. Curiosamente, solo unos días antes otro proyecto en torno a la iconofagia pasó por la misma sala y aludió a esa simbiosis entre incontinencia verbal y visual. El cineasta Julián Génisson presentó el sábado 6 de junio en el festival Filmadrid un largometraje elaborado a partir de cientos de archivos descargados de su cuenta de Twitter, activa hasta el pasado 2025 y durante más de una década. Cuando mueres te conviertes en un sitio. Pussy in Bio, que así se titula, nació precisamente como parte de un proyecto colectivo sobre la iconofagia que nunca salió adelante.

No en vano, en el coloquio posterior al pase, Génisson bromeó con el doble sentido del disco de Bad Bunny para decir que haciendo la película se dio cuenta de que debió tirar más fotos, sí, pero a la basura. Se equivoca: el registro concatenado de su existencia digital durante una etapa de su vida, esa “marca biográfica para situarnos” a la que aludía Fontcuberta, adquiere al concretarse en una obra autoconsciente la condición de marca colectiva. Una forma de atestiguar un tiempo en el que si nos apetecía alzar la mirada era para mirar un móvil colocado sobre un palo de selfies.

Mar de Marchis, la fundadora fantasma de Jot Down que, sin dejarse ver, todo lo veía

9 June 2026 at 20:41

Mar de Marchis, la fundadora fantasma de Jot Down que, sin dejarse ver, todo lo veía

El periodista Daniel Verdú publica una novela periodística sobre la misteriosa editora, fallecida en 2022, cuya familia no ha aprobado el proyecto

Pedro Almodóvar anuncia 'El hombre que solo escribía en los aviones', su primera novela

Es imposible serlo todo en una vida. Quizá, por eso, Mar de Marchis se inventó cuantas necesitó para lograr su objetivo: crear una revista gobernada por el periodismo lento, los textos largos acompañados por una estética en blanco y negro y unas plumas convencidas de que sí, que ese era el nuevo lugar en el que intentar hacerlo bonito. El nacimiento de la revista Jot Down se produjo en un momento irrepetible, adelanta el periodista Daniel Verdú, que acaba de publicar La bola (Alfaguara, 2026), su primer libro.

El título de esta obra de narrativa basada en hechos reales, tal y como la ha catalogado la editorial, da buena cuenta de por dónde van los tiros. Durante muchísimo tiempo, y todavía hoy, la imagen de la bola negra número ocho del billar fue la que se asoció a aquella editora por ser la que utilizaba en su perfil de Twitter. Tras esa imagen que ha acabado ligada a la revista se escondían, en realidad, Shizuka, Bluevelvet, Isabella, Jun y Libertad. Y todas eran Mar de Marchis, tres palabras que en su DNI se convierten en cuatro: María Jesús Marhuenda Irastorza (Alicante, 1968).

Este es el principio. Eran los años 2000 y Mar olfateaba lo que pasaba en la red, en aquellos foros como Aerópago, creado por un periodista y un abogado valenciano. Aquella “hembra alfa” del foro, tal y como la denomina Verdú, pronto comenzó a pergeñar la idea de hacer algo diferente, rompedor. Así nació el germen de lo que luego se llegaría a comparar con la revista The New Yorker. No lo hizo sola. 25 puros Partagas 8-9-8 que le llegaron a Enric González durante su corresponsalía en Jerusalén fueron suficientes para que el afamado periodista se sumara al barco. Verdú asegura que González fue “una pieza fundamental” para el éxito de la revista desde el primer momento.

Jot Down comenzó a editarse en formato digital en mayo de 2011, y el mismo mes del año siguiente apareció el primer número en papel, justo una década antes de que Mar falleciera. Fernando Savater, El Roto, Maruja Torres, Arturo Pérez Reverte y Soledad Gallego-Díaz fueron de las primeras espadas, afiladas como plumas, que salieron a la palestra en aquella ocasión. Para entonces, tanto Andrés Rodríguez, editor de Esquire, y Arcadi Espada, periodista, habían rechazado dirigir la cabecera. El segundo, además, tras molestarse por recibir fotos sugerentes por parte de ella y sus numerosas negativas a verse en persona.

Dejarles colgados

La editora, aunque no se ahorró comentarios contra el periódico del que emanaban muchos de los autores que luego se pasearon por su revista, firmó otro gran hito al cerrar un acuerdo con Antonio Caño, director de El País. La revista Jot Down Smart salió junto al periódico un domingo al mes a partir de octubre de 2015 durante casi cuatro años en lo que fue la primera experiencia con los contenidos del diario externalizados. Con Caño charlaba todas las semanas, proponía enfoques y recomendaba contrataciones. Era la mujer que susurraba al director. A él también le dejó tirado en varias ocasiones. Nunca se llegaron a ver.

Decir algo negativo sobre la forma de Jot Down sería intentar mentir. El contenido de la revista, complaciente cuanto menos en sus entrevistas, es otro tema. “Son más conversaciones que entrevistas. Los personajes con los que lidiaban remaban a favor, no eran entrevistas para pillarles o denunciar algo, sino una conversación atractiva para que el lector pasara un buen rato. Yo no sé si eran complacientes, pero sí eran agradables para el entrevistado”, desarrolla Verdú.

En ese mismo contenido nunca se llegó a ver el texto que escribió el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, a quien Mar no publicó a pesar de haberle pedido la colaboración por medio del veterano periodista Juan Cruz. El escritor Javier Cercas también experimentó algo parecido.

Las malas artes

Verdú asegura al principio de su libro que “lo que le contabas [a Mar], era evidente, engordaba un sistema de información que espolvoreaba en otras conversaciones. Pero daba igual. Era divertida, compulsiva, agotadoramente insistente, irónica, descarada y sorprendente. Y si algo sonaba a trola, ah, era una broma”. Pero la broma se vino abajo.

Desde el principio, Mar se hizo pasar por una mujer de treinta y tantos años, rubia y de ojos verdes. De esa mujer consiguió fotografías de su cuerpo, de sus manos y de sus labios, también en ropa interior, y hasta vídeos. Según recoge Verdú, el material acabó repartido entre los contactos que Mar almacenaba en su móvil, a quienes intentaba retener cada vez que veía que se le escapaban, mayormente por su agorafobia e imposibilidad de coincidir en persona. Esa mujer era de su pueblo, Santa Pola. Se llamaba Aurora e iba a su casa, un ático, como peluquera.

El periodista Daniel Verdú
El periodista Daniel Verdú

Las mentiras no se pueden convertir en bromas para todo el mundo todo el rato. En 2017, el periodista Alfredo Pascual publicó en El Confidencial la identidad real de Mar, a pesar de la negativa de esta a admitir la veracidad de la información en un primer momento. Pocos días después, Mar recibió a Braulio García Jaén, enviado de Vanity Fair, en casa de unos amigos que vivían en Donosti. La editora justificó así el engaño en aquella conversación: “Si yo hubiera llamado a Enric González y le digo: 'Hola, me llamo Marhuenda, soy agorafóbica y voy a montar una revista, ¿quieres colaborar conmigo?', nadie me habría dicho que sí”.

Roma, el principio del fin

Las vicisitudes se sucedían y Mar encontró en Roma el lugar perfecto en el que vivir. Todo cambió el Viernes Santo de 2021. Aquel 2 de abril se desplomó en la calle. El 27 de mayo de 2022, Mar se despedía de la vida en una cama de un hospital de Palma de Mallorca.

Enric González se vio con Mar, por primera vez, en febrero de 2013. Llegó a este olimpo de los elegidos después de varias negativas por parte de ella. Verdú escribe que “no hubo una sola Mar. Ni dos. Cada una de las personas que le trató y nunca la vio tenía la suya. Aunque pudieran ser cómplices y víctimas de su fantasía a la vez”. Eso fue lo que escribió el mismo González en la necrológica que publicó por su fallecimiento: “Yo fui víctima de aquella fantasía y luego cómplice”. “Sin entenderla, creo que nunca me he entendido tan bien con nadie”, reconoció.

Ni la familia de Mar ni su socio, a quien conoció en aquel foro primigenio y que ahora sigue al frente de la revista, han querido saber nada del trabajo que preparaba el corresponsal de El País. Por otro lado, la aparición de La bola ha levantado opiniones airadas en X. Más allá de las pequeñas cuitas entre periodistas que hablan de periodistas que escriben de periodistas, desde el perfil que antes gestionaba Mar (@JotDownSpain, con 263.000 seguidores) han publicado mensajes como este: “El libro es un despropósito lleno de anécdotas mal contadas o directamente fakes. Mar hubiera preferido mil veces un libelo cruel bien escrito que este oxímoron denominado por Alfaguara como ”ficción basada en hechos reales“”.

Del mismo modo, Ángel L. Fernández ha publicado un editorial en la versión digital de la revista en el que llega a afirmar que “lo que tenemos es un retrato de una ausencia levantado casi por completo con las voces de quienes tenían cuentas pendientes con su recuerdo”.

Ante este extremo, Verdú, que ha borrado la aplicación de X de su iPhone por unos días, responde que entiende que pueda estar cabreada aquella gente a la que no ha obedecido. “Pero creo que nadie puede tener el sentido de la propiedad de una historia. Las historias no le pertenecen a nadie y las puede contar quien quiera siempre que se haga desde la transparencia y la honestidad”, resuelve.

Nadie sabe si por completo, pero así se cierra algo más el círculo de misterio y enigma que siempre rodeó a Mar de Marchis, aquella mujer que en un mundo tan masculino como el del periodismo logró armar una revista aún con vida a través de tesón, convencimiento y algo de saber qué decir a quién y cuándo. De todas formas, todavía queda la imagen de esa bola número ocho, la bola negra, la última, la que con ni rayadas ni con lisas va, la que determina quién pierde y gana la partida. Solo depende de en qué agujero se cuele, y Mar se coló en infinitud de ellos.

Hosteleros de Madrid desmontan las previsiones de la Conferencia Episcopal por la visita del Papa y notan un "bajón"

8 June 2026 at 20:58

Hosteleros de Madrid desmontan las previsiones de la Conferencia Episcopal por la visita del Papa y notan un "bajón"

Las estimaciones más halagüeñas hablaban de beneficios de 150 millones de euros y un impacto similar al de la Jornada Mundial de la Juventud de 2011, aunque ya preveían menos visitantes de otros países. La realidad del primer fin de semana se traduce en restaurantes con menor actividad y mutismo de la patronal hostelera

¿Cuánto dinero público costará la visita del Papa? Las administraciones no desvelan el coste real del viaje

La Conferencia Episcopal lanzaba una cifra mágica, casi divina, para caldear el ambiente ante la visita del papa León XIV: 150 millones de euros. Es lo que, sostienen, generará el viaje del Santo Padre por Madrid, Barcelona y Canarias. Una cantidad que compensaría con creces los 25 millones estimados de inversión.

Fernando Giménez Barriocanal, vicesecretario de asuntos económicos de la CEE, alardeaba de unos números que han respaldado en públicos políticos como la vicealcaldesa de Madrid, Inmaculada Sanz. Pero, en medio de los avisos para limitar desplazamientos o fomentar el teletrabajo por parte de todas las administraciones, la posible influencia de los cientos de miles de inscritos se ve mermada por el efecto en otras actividades. Incluso por una afluencia que no ha cumplido las expectativas.

Es lo que traslada a este medio una trabajadora de Costello, restaurante próximo a Matadero Madrid, en el distrito de Arganzuela. “Lo que hemos notado es que ha venido menos gente el fin de semana”, dice. “Por estas fechas ya pasa habitualmente que los findes son más flojos que entre semana, mucha gente se va fuera. Pero con esto de reducir desplazamientos ha sido más heavy”, añade. Una compañera puntualiza que lo que más han percibido a colación de la visita de Robert Prevost han sido “retrasos de los proveedores”. El refuerzo en los controles o los cortes de tráfico explican estas demoras.

Carlos, responsable del cercano bar Tobogán, cuenta que en su caso apenas han detectado cambio alguno: “Quizá este lunes ha venido un poco menos de gente a comer, pero también esperamos más actividad a última hora de la tarde porque el recorrido del Papa pasa por Pirámides. Pero vamos, el finde fue como siempre, nosotros tenemos tirón sobre todo de noche y lo que nos influye es que hagan cosas en Matadero”.

Claro que estos establecimientos no se han lanzado a la tendencia papal que sí han abrazado algunos comercios de la capital, como la tarta de queso en honor a León XIV de la pastelería La Caracola, de Antón Martín. Esther, su dueña, también admite a este diario que la afluencia habitual el fin de semana ha estado un poco interrumpida por los cortes de movilidad“, aunque matiza que tiene una ”apreciación positiva“ del viaje. ”No estamos justo en los puntos de efecto, pero hemos trabajado dentro de nuestras posibilidades Mucha gente curiosa ha probado la tarta, nos gusta aprovechar novedades a partir de eventos. A nuestra clientela le gusta y a nosotros aportar nuestro granito de arena. Tenemos un público variopinto, así que un evento que mueve tantas personas pensamos que debemos sumarnos a él, como hacemos en el Orgullo, San isidro o el Día de la Madre. Eso aporta dinamismo“, concluye.

El diagnóstico es similar, o más duro si cabe, en áreas todavía más céntricas. Gurgen es el propietario de Greek Shop, establecimiento de Malasaña situado en la corredera Alta de San Pablo: “Hemos notado un bajón”, sentencia, sobre la afluencia de clientela desde el pasado 6 de junio. Aprovecha para clamar contra los andamios que cubren el edificio del local desde hace seis meses: “Está siendo un caos”.

Incluso en pleno distrito de Chamartín, uno de los centros neurálgicos de actividad, hay quien dice que “no se ha notado nada”. Lo dice un trabajador de La Quinta de Chamartín, restaurante de la calle de Colombia. Desde la agrupación Comerciantes de Chamartín valoran eso sí el impacto del encuentro de la comunidad diocesana del lunes en el Santiago Bernabéu, convertido de nuevo por una noche en sede de todo un macroevento con conciertos y la participación de varias personalidades.

Su portavoz, Daniel Caparrós, expone que “el perfil de cliente ha sido diferente, pero interesante”. “El consumo en el Bernabéu y los alrededores en Chamartín ha sido importante”, sostiene. Resalta por encima de todo la “convivencia, frente a los conflictos que ha habido en el barrio [en referencia a la batalla vecinal contra los conciertos en el estadio del Real Madrid]. El consumo de la hostelería se ha llevado a cabo sin inconvenientes, con una salvaguarda el descanso vecinal pero es a la vez que se ha aprovechado una locomotora comercial”. Indica que “en algunos sitios se ha triplicado la cifra de ventas”, aunque en otros se ha mantenido “estable”. Su resumen es que “el barrio y el distrito han estado a la altura” en “un evento para recordar”.

Voto de silencio en la patronal hostelera

No es solo una cuestión de sensaciones. Hostelería Madrid, patronal del sector en la capital, no ofrece un análisis concreto sobre el impacto concreto de este acontecimiento: “No teníamos previsión de ingresos por lo del Papa”, afirman en una escueta respuesta a las preguntas de Somos Madrid. En contraste, la entidad ha trasladado a los medios de comunicación que los diez conciertos de Bad Bunny generarán un impacto de entre 14 y 28 millones de euros en la ciudad.

Unas actuaciones musicales que dificultan más si cabe medir con exactitud el efecto real de la estancia de León XIV, ya que parte del alza generada en estas fechas es achacable al público que acude al Metropolitano. La ocupación hotelera en los primeros días de junio es del 82% en Madrid, en torno a un 3% más que el pasado año (son datos de la Asociación Empresarial Hotelera de Madrid). Un aumento reseñable pero no drástico, que podría explicar por sí solo la residencia del artista puertorriqueño.

Menos tráfico y más bicis

Algunas estadísticas dejan ver igualmente un ajustado aumento de la actividad, cuando no su retroceso. Según datos del Ayuntamiento de Madrid, los viajes en buses de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) descendieron un 21% el domingo 7 de junio respecto al mismo día de la semana anterior. Eso sí, los cortes y los cambios en algunas líneas explican en parte este porcentaje. Este lunes, de hecho, la bajada apenas rebasaba el 2% hasta las 11.15. Por contra, Bicimad (que opera estos días en régimen de semigratuidad) aumentó un 86% su uso el domingo y este lunes hasta las 11 el aumento era del 26%. En cuanto al tráfico de vehículos dentro la M-30, retrocede un 13%.

Las basuras también dicen mucho sobre la afluencia a un evento, aunque a la hora de estudiar los datos hay que tener en cuenta el perfil del acto o la hora de celebración. El Consistorio informa de que el sábado 6 de junio, día de la vigilia, se recogieron 19 toneladas en los contenedores de plásticos, metal y brik. El domingo, jornada de la misa, fueron 18,9. Por comparar, las fiestas de San Isidro generaron 25 toneladas el 15 de mayo de 2023 solo en los puntos de la ciudad habilitados para los festejos. No obstante, esa cifra ha ido descendiendo paulatinamente en las últimas ediciones y se corresponde con un evento ligado al consumo de alcohol.

Las comparaciones con la JMJ y el Orgullo

La milagrosa cifra de 150 millones de euros nace de una extrapolación que Giménez Barriocanal elabora a partir de lo ocurrido durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2011. En aquel entonces, casi dos millones de personas se concentraron en Madrid para vivir una experiencia que implicaba mucho más que la visita de Benedicto XVI.

El dirigente de la Conferencia Episcopal lo explica así: “Es verdad que entonces había bastantes peregrinos internacionales cuyo impacto económico es más grande, pero el número de inscritos esta vez es bastante parecido, tenemos más de 450.000 personas que van a participar en alguno de los actos, es el mismo número que manejamos en la JMJ de 2011 cuando vino Benedicto XVI. Entonces el impacto económico fue de 240 millones de euros según los cálculos que hizo PriceWaterhouseCoopers”. Un matiz importante es que aquella cita se concentró en Madrid, mientras que en este caso las cantidades se dividen entre las cuatro ciudades donde se detendrá el Sumo Pontífice.

Con independencia de las interpretaciones de las cifras, lo que parece claro es que la visita del Papa a Madrid no será el principal evento de la ciudad en impacto económico, ni siquiera a corto plazo. La Conferencia Episcopal prevé unos 175 millones de gastos a nivel nacional (resultado de sumar 25 de inversión y 150 de beneficios), por lo que el peso del gasto solo en Madrid quedaría sensiblemente por debajo del que ha dejado en sus últimas ediciones el Orgullo LGTBIQ+. Según Hostelería Madrid, la cita ha reportado unos ingresos por encima de los 160 millones de euros en sus últimas dos ediciones.

Es la vertiente material de un viaje que, pese a su fuerte componente espiritual, ha dejado molestias bien palpables a muchos ciudadanos a nivel de tráfico o cortes en el tráfico y el transporte público. Giménez Barriocanal puntualizó que el menoscabo de las cuentas públicas no será una de ellas, ya que “más del 95% del gasto estimado ya está cubierto por las diferentes fuentes de financiación”. En gran parte, gracias a donativos particulares: “Está habiendo muchos donativos pequeños de cinco, 50 o 100 euros, otros de 1.000 o 3.000. Todos son igual de importantes”. En cuanto a los esfuerzos económicos de las administraciones, los atribuye sobre todo a las partidas de seguridad, orden público y movilidad urbana. Después de todo, el dinero todavía no cae del cielo.

Eugenio Merino resucita su Franco en una nevera, ahora como capitán de la "Marca España"

7 June 2026 at 21:30

Eugenio Merino resucita su Franco en una nevera, ahora como capitán de la "Marca España"

El artista plástico reproduce la obra hiperrealista del dictador que le valió una denuncia por parte de la Fundación Nacional Francisco Franco en 2012: "Yo no solo gané aquel juicio, sino la libertad de utilizar esa figura tal y como ya se había usado”, advierte

Gabrielle Goliath, la artista sudafricana censurada en la Bienal de Venecia por defender la causa palestina

Vestidito con el uniforme blanco de Capitán General de la Armada, símbolo del blanqueamiento de la dictadura franquista a lo largo de estas casi cinco décadas de democracia y de la retórica que el régimen utilizó para presentarlo como timonel de España. Así aparece el dictador en la nueva e hiperrealista instalación Always Franco, de Eugenio Merino, casi idéntica a la presentada en 2012 en la feria ARCO, donde el militar aparecía en el interior de una nevera que simulaba ser de una marca de refrescos. En aquel momento, su creación le granjeó una denuncia por parte de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF), a la cual ganó en los tribunales.

Un año después de celebrarse los 50 años de la muerte del dictador y el mismo año en que se conmemoran los 90 años del inicio de la Guerra Civil, Merino explica que esta obra habla de la persistencia del franquismo en la cultura y la política españolas. “Desde que presenté la pieza original, la extrema derecha solo ha crecido. La situación ha empeorado mucho. Y no solo en España. La ultraderecha coge fuerza a nivel internacional”, comenta.

La instalación, que se podrá ver en la galería ADN a partir del 13 de junio, pone sobre la mesa cómo los neofascismos en España han transformado el franquismo en una historia “basada en el negacionismo de lo que fueron las consecuencias de la dictadura”, completa el artista plástico. Además, el viernes 26 de junio Merino participará en el festival de elDiario.es FIC junto a Darío Adanti en el espectáculo Chistes contra Franco, un acto de memoria disidente.

'Always Franco', obra de Eugenio Merino
'Always Franco', obra de Eugenio Merino

Merino aporta un nuevo giro a la obra con su subtítulo: ‘Spanish Brand’, una traducción literal de Marca España. “La Marca España surgió apenas unos meses después de presentar la obra en 2012 para blanquear el presente político de España en aquel momento”, sostiene. Se refiere al caso Gürtel, trama de corrupción en la que se han visto implicados numerosos mandos del PP, y la inhabilitación del juez Baltasar Garzón, “quien comenzó el proceso de justicia y reparación a las víctimas del franquismo en España”, recuerda el mismo Merino.

Capitán del barco que era España

A diferencia del Always Franco de ARCO, en esta ocasión el dictador aparece con el uniforme blanco impoluto de Capitán General de la Armada. “Es un juego visual. Transformamos la imagen más militar de Franco en una visión más blanqueada, que es en lo que incide la pieza”, comenta.

Presentarlo de esta forma también aporta la posibilidad de trazar una metáfora ligada a la retórica del régimen, que siempre se valía del lenguaje náutico para su propaganda. “Era una manera de dirigir el pensamiento de la sociedad y de legitimar su figura como director y capitán del barco llamado España”, añade Merino en declaraciones a elDiario.es.

Detalle de las manos de la figura de Franco en la obra de Eugenio Merino
Detalle de las manos de la figura de Franco en la obra de Eugenio Merino

Si en 2012 su Always Franco sulfuró a la FNFF hasta tal punto de que llevaron la obra a los tribunales, el artista admite casi década y media después que no teme una posible denuncia por parte de esta organización en vías de extinción por la Ley de Memoria Democrática. “Yo no solo gané aquel juicio, sino la libertad de utilizar esa figura tal y como ya se había usado”, rememora. Y agrega: “Me parece sorprendente que haya que defender la libertad de expresar el rechazo a la dictadura y la figura del dictador”.

Merino señala que, en la actualidad, quizá serían otras asociaciones las que intentaran castigarle por su creatividad, y menciona a los ultraconservadores de Hazte Oír y Abogados Cristianos. “Ellos también forman parte del resurgimiento de la extrema derecha en el siglo XXI. Son la base que permite que la extrema derecha opere de una forma mucho más sólida que en 2012”, apunta.

Hacia la cultura del consumo

La cabeza hiperrealista de Franco se modeló en un primer momento un año antes de ser expuesta la obra al completo en ARCO. De ahí, Merino ha ido sacando diversos moldes a lo largo de estos años, como el utilizado en julio de 2025 en el festival Ex Abrupto de Molà (Barcelona), donde se jugó un partido de fútbol con la cabeza como pelota cerca de una antigua línea de trincheras republicanas de la Guerra Civil. Las manos también provienen de un molde de manos reales. El material utilizado es silicona de platino, a la que se le añade pelo humano. Una sastra se encarga de realizar todos los elementos militares, como el uniforme y la gorra.

Una réplica hiperrealista de la cabeza del dictador Francisco Franco, cual pelota de fútbol, rueda entre trincheras reales de la Guerra Civil en Moià (Barcelona), gracias a la performance 'La Copa del Generalísimo', promovida por el artista Eugenio Merino
Una réplica hiperrealista de la cabeza del dictador Francisco Franco, cual pelota de fútbol, rueda entre trincheras reales de la Guerra Civil en Moià (Barcelona), gracias a la performance 'La Copa del Generalísimo', promovida por el artista Eugenio Merino

La nevera es de producción industrial y una empresa de rotulación se encarga de colocar los vinilos que reproducen los colores y las formas de la conocida marca de refrescos. Con ello, el artista añade un nuevo nivel de significación a la obra.

“Con ese vinilo nos acercamos a la cultura del consumo, cuando durante la dictadura se introdujo esa ‘American way of life’ dentro de una España completamente precaria. De ahí viene este modelo de turismo y consumo que todavía hoy mantenemos”, desarrolla el creador, quien retoma la idea de la Marca España. Tal y como abunda, “cuando Rajoy inventa este lema, lo hace en referencia al Spain is different de Fraga en los años 60, lo que no deja de ser un nuevo blanqueamiento de la dictadura durante la democracia”.

Franco como mercancía

Halim Badawi, investigador, crítico y comisario de arte, ha participado en el proyecto que ahora recupera Merino. Según ha escrito este experto colombiano, en Always Franco se “desplaza el cadáver político del dictador desde el mausoleo monumental hacia la lógica de la mercancía, revelando cómo las figuras autoritarias no siempre desaparecen con su muerte biológica”.

El régimen confirió a su tumba y mausoleo unos aires de grandeza que casi tardaron medio siglo en desaparecer, al menos en parte. El valle de Cuelgamuros luce ahora sin su cuerpo bajo la gran cruz, guía del nacionalcatolicismo imperante durante el régimen. En la instalación de Merino, el cuerpo de Franco sigue expuesto “bajo el brillo industrial de la refrigeración comercial de Coca-Cola, una marca trasnacional asociada con la expansión simbólica del capitalismo global y con su capacidad para infiltrar los imaginarios cotidianos más íntimos”, según Badawi.

Reproducción del dictador Francisco Franco introducida en un frigorífico para refrescos obra del artista Eugenio Merino, que se expuso en la feria de arte contemporáneo Arco 2012
Reproducción del dictador Francisco Franco introducida en un frigorífico para refrescos obra del artista Eugenio Merino, que se expuso en la feria de arte contemporáneo Arco 2012

El franquismo aparece así “como un horizonte de sentido que continúa infiltrándose en los imaginarios, las arquitecturas, las nostalgias familiares, ciertas formas de autoridad o en los silencios institucionales de la democracia española”, tal y como valora el crítico de arte. El mismo Badawi finaliza: “Franco deja de pertenecer exclusivamente al campo de la historia para ingresar en el flujo de las mercancías, las marcas, el entretenimiento y la banalización propia de una sociedad de redes sociales, clickbait, conspiraciones y contenidos basura”.

Memes a favor del odio

La catedrática de Historia y fundadora de la Cátedra de Memoria Histórica Siglo XX de la Universidad Complutense de Madrid Matilde Eiroa San Francisco ha reflexionado sobre la instalación que presenta Merino. Esta experta defiende que Franco se convirtió en un producto viral en 2019 cuando se produjo su exhumación, coyuntura en que los memes y el humor adquirieron gran protagonismo.

La también integrante del Patronato del Centro Documental de la Memoria Histórica opina que, “en la actualidad, la presencia de las figuras de Franco y Hitler como ”ídolos“ en las redes sociales está relacionada con la propagación del discurso del odio y la desinformación promovida desde la extrema derecha”. Según ha escrito en un texto realizado por la presentación de Always Franco, esta presencia de los dictadores en las redes se utiliza “para la difusión de ideas neofascistas y la captación de jóvenes”.

Cheng Li‑wun, leader of the opposition in Taiwan: ‘We do not want to become the next Ukraine’

2 June 2026 at 10:53
Cheng Li-wun, chair of the Kuomintang (KMT), at her party’s headquarters on May 21.

Taiwanese politician Cheng Li-wun, who is notably tall, can be heard approaching with the click of her heels and long strides down the corridor of the headquarters of the Kuomintang (KMT), the main opposition party in Taiwan. In April, during a visit to Beijing, she looked the Chinese president, Xi Jinping, in the eye. In the photograph that captured their meeting in the Great Hall of the People they are not smiling; neither do they appear distant. Their expressions are neutral, perhaps waiting to see how the coming years unfold.

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