Un análisis del gasto veterinario en España revela cómo una sola cirugía puede disparar la factura
Convivir con un perro implica asumir algunos gastos previsibles como la alimentación, las vacunas o los productos para desparasitación. Sin embargo, muchas familias descubren el verdadero coste de la medicina veterinaria cuando aparece una urgencia, una cirugía o una enfermedad crónica que requiere seguimiento durante meses. Es en ese momento cuando una factura puntual puede convertirse en una cadena de gastos difícil de sostener.
Un estudio elaborado por la empresa especializada en seguros veterinarios Milo, a partir del análisis de más de 2.000 siniestros reales en perros asegurados en España durante el primer trimestre de 2026, refleja precisamente esa diferencia entre el cuidado cotidiano y los imprevistos de mayor gravedad. Aunque el importe medio de las facturas veterinarias se sitúa en 63 euros, una de cada diez supera los 190 euros y algunos casos alcanzan cifras muy superiores.
El informe también pone sobre la mesa una realidad poco habitual en España en comparación con otros países europeos. Mientras en Reino Unido o algunos países nórdicos los seguros veterinarios forman parte relativamente habitual del cuidado animal, en España apenas alrededor del 3% de los perros cuenta con una póliza específica de salud.
El problema de la acumulación
Los datos analizados muestran que los gastos veterinarios no se distribuyen de forma uniforme, sino que una pequeña parte de los casos concentra buena parte del desembolso económico total. El 10% de los siniestros más caros representa casi la mitad del dinero facturado en la muestra estudiada.
Entre los casos recogidos aparecen intervenciones como cirugías digestivas por ingestión de cuerpos extraños, hospitalizaciones prolongadas o problemas oftalmológicos complejos. La factura más elevada incluida en el análisis superó los 2.700 euros en un perro que necesitó cirugía, pruebas diagnósticas, medicación y estancia hospitalaria.
El fundador y director ejecutivo de Milo, Ferran Llisterri, explica que el impacto económico no suele depender únicamente de una intervención aislada, sino de todo lo que viene después. “Muchas veces lo más difícil de asumir no es solo una factura puntual de 1.500 euros, sino el efecto acumulado: encadenar durante meses o años varias facturas de 150 o 300 euros”, señala.
Ese patrón aparece especialmente en perros de edad avanzada, los llamados sénior o geriátricos. Según el estudio, los perros de entre seis y diez años generan más del doble de gasto veterinario que los cachorros, no necesariamente porque sufran más accidentes, sino porque empiezan a aparecer patologías crónicas, revisiones periódicas, pruebas de control y tratamientos de larga duración.
Las cirugías son pocas, pero disparan el gasto
Uno de los aspectos más llamativos del informe es la diferencia entre el peso económico de las consultas rutinarias y el de determinadas intervenciones complejas. Las consultas ordinarias tienen un coste medio cercano a los 46 euros, mientras que las cirugías rondan de media los 392 euros, aunque algunas superan ampliamente esa cifra. Las operaciones ortopédicas asociadas a roturas de ligamento cruzado, relativamente frecuentes en ciertas razas, pueden situarse entre los 978 y los 1.500 euros.
Aun así, las cirugías representan solo una pequeña parte de los gastos veterinarios registrados y buena parte del gasto total se concentra también en el diagnóstico. Analíticas, radiografías, ecografías, pruebas de imagen y exploraciones especializadas forman parte habitual de muchos procesos clínicos, especialmente cuando es necesario averiguar qué le ocurre realmente al animal antes de iniciar un tratamiento, algo que puede incrementar de forma considerable la factura final.
Ferran Llisterri insiste en que muchas familias no son plenamente conscientes de esos costes hasta que se enfrentan a ellos por primera vez. “Una cirugía digestiva por cuerpo extraño puede rondar los 900 euros y un injerto corneal acercarse a los 1.000. Son importes que, si no los has vivido de cerca, cuesta imaginar”, explica.
España y los seguros veterinarios
La baja implantación de los seguros veterinarios en España no responde únicamente a una cuestión económica. Según explica el responsable de Milo, también existe un importante componente cultural. En países como Reino Unido o Suecia, asegurar a perros y gatos se percibe desde hace años como parte normal del cuidado animal. En España, en cambio, muchas personas siguen asociando el seguro a la idea de “rentabilizarlo” mediante vacunas, revisiones o consultas frecuentes, en lugar de entenderlo como una herramienta pensada para situaciones imprevistas y costosas.
“En España nos encontramos mucho con la idea de que el seguro debe compensar económicamente desde el primer momento”, comenta Roman Llisterri a 20minutos.es. “Pero el principal motivo para contratar un seguro es tener la tranquilidad de que el perro podrá recibir el tratamiento necesario sin que el coste económico sea el único factor que determine la decisión”.
En países como el nuestro, donde la atención sanitaria para personas está ampliamente cubierta por el sistema público, muchas familias no tienen una referencia clara de cuánto cuesta realmente la medicina especializada hasta que lo enfrentan en una clínica veterinaria. Pruebas diagnósticas avanzadas, quirófanos, hospitalización, equipos tecnológicos y el sueldo del personal cualificado forman parte de la rutina veterinaria diaria y su coste recae íntegramente en la atención privada.
Posponer cuidados por motivos económicos
El informe también recoge otro fenómeno cada vez más estudiado dentro de la medicina veterinaria: el retraso o renuncia a determinados cuidados por motivos económicos. Según los datos citados en el dossier, más de la mitad de los convivientes con perros y gatos en España habría pospuesto alguna atención veterinaria debido al coste. Los primeros cuidados que suelen aplazarse son los preventivos, como limpiezas dentales, vacunas o determinadas cirugías consideradas no urgentes.
Sin embargo, esa decisión puede tener consecuencias posteriores. “Muchas veces, por no prevenir, finalmente se termina acudiendo a urgencias y asumiendo un gasto diez o quince veces superior”, explica el CEO y fundador de Milo. La situación afecta sobre todo a hogares con menos capacidad económica, pero también a familias que no habían contemplado determinados gastos veterinarios dentro de su presupuesto habitual.
En paralelo, el debate sobre cómo garantizar el acceso a cuidados veterinarios básicos sigue creciendo en España, especialmente ahora que perros y gatos ocupan un papel central dentro de muchas familias.


