El extraño hábito de los perros que comen piedras, plástico o calcetines
Los perros mordisquean, lamen, transportan objetos con la boca y, especialmente durante la etapa de cachorros, convierten cualquier cosa en una posible ‘presa’ improvisada. Pero existe una diferencia importante entre masticar algo por curiosidad y tragárselo de forma repetida.
Algunos perros desarrollan hábitos alimentarios anormales que van mucho más allá de la travesura ocasional. Piedras, tierra, plástico, cuerdas, pinzas de la ropa, calcetines, madera, papel, gomas del pelo e incluso heces pueden acabar dentro del aparato digestivo de animales que, en realidad, están intentando gestionar ansiedad o aburrimiento hasta dolor, estrés o problemas de salud subyacentes.
Esta conducta tiene nombre. Se conoce como pica y puede convertirse en un problema veterinario grave, no solo por el riesgo de intoxicaciones o atragantamientos, sino también por las obstrucciones intestinales y lesiones digestivas que puede provocar.
Cuando masticar deja de ser normal
Muchos perros rompen juguetes, mordisquean palos, destrozan cartones y rompen nuestras zapatillas. Eso, por sí solo, no significa necesariamente que exista un trastorno. La diferencia importante aparece cuando el perro no solo manipula el objeto, sino que lo ingiere de manera repetida y compulsiva. Ahí ya no hablamos simplemente de una conducta exploratoria, sino de un hábito potencialmente peligroso.
Los veterinarios de la facultad de medicina veterinaria de la Universidad de California, en Davis, explican que la pica consiste en el consumo persistente de sustancias no nutritivas que no aportan ningún beneficio físico al animal. Y aunque puede parecer un comportamiento gracioso en los vídeos subidos a las redes sociales, la realidad es que puede esconder desde déficits nutricionales hasta trastornos de ansiedad importantes.
No todos los perros presentan la conducta de la misma forma. Algunos desarrollan fijación por un único material concreto, como las piedras o masticar tela. Otros engullen prácticamente cualquier cosa que encuentran durante el paseo o dentro de casa, y en determinados casos el comportamiento aparece únicamente cuando el animal se queda solo.
El aburrimiento también enferma
Uno de los factores más frecuentes detrás de estos comportamientos es la falta de estimulación física y mental. Perros con niveles altos de energía, razas de trabajo y animales que pasan demasiadas horas solos pueden terminar desarrollando conductas repetitivas para autorregularse y entretenerse. Cuando no tienen alternativas adecuadas para morder, explorar u olfatear, buscan sus propias actividades.
Eso explica por qué algunos perros acaban obsesionándose con piedras, palos, calcetines, los cojines del sofá o las patas de las sillas. El problema no es solo el objeto en sí, sino lo que representa. En muchos casos funciona como una vía de escape frente al aburrimiento crónico, la frustración y la falta de enriquecimiento ambiental.
Los especialistas recuerdan que un paseo rápido para “hacer sus cosas” rara vez cubre todas las necesidades conductuales de un perro. Olfatear, resolver pequeños retos, jugar, interactuar socialmente y disponer de juguetes para la masticación también forman parte de su bienestar.
Ansiedad, estrés y emociones que terminan en el estómago
En otros perros, el origen no está tanto en el aburrimiento como en la ansiedad. Las conductas anómalas de alimentación aparecen con relativa frecuencia en animales con estrés crónico, miedo y que han desarrollado ansiedad por separación. Algunos perros canalizan esa tensión destruyendo objetos, mientras que otros, directamente, se los tragan.
Aquí hay un detalle importante. Muchas veces el comportamiento ocurre únicamente cuando el titular no está presente. Por eso algunos especialistas recomiendan grabar al perro cuando se queda solo para entender mejor en qué momentos aparece la conducta, cuánto dura y qué la desencadena.
También conviene observar si existen patrones concretos. Perros que mastican compulsivamente tras una discusión en casa, durante las tormentas, después de quedarse solos o tras cambios importantes en la rutina o en nuestro estilo de vida, lo que nos puede indicar es que están utilizando esa conducta como una forma de gestionar una sobreestimulación inesperada.
Castigar al animal no resuelve el problema. De hecho, es el camino más rápido para aumentar todavía más su estrés y empeorar el comportamiento.
Cachorros, dentición y malos hábitos que se consolidan
Durante la dentición es completamente normal que los cachorros quieran morderlo todo, porque necesitan aliviar las molestias de las encías y además, explorar el entorno.
El problema aparece cuando no disponen de alternativas adecuadas y empiezan a desarrollar preferencias peligrosas por determinados objetos. Algunos cachorros empiezan masticando los objetos que les dejamos al acceso, como nuestro calzado, y terminan tragándoselos. Si esa conducta no se redirige a tiempo hacia juguetes seguros y apropiados para su tamaño y fuerza mandibular, se puede convertir en un hábito persistente en la edad adulta.
Por eso se recomienda ofrecer desde el principio opciones de masticación seguras, supervisadas y adaptadas a cada perro, evitando objetos que puedan fragmentarse o provocar obstrucciones.
Lo que puede ocurrir dentro del cuerpo
Algunos materiales provocan intoxicaciones, otros dañan dientes y encías, pero uno de los mayores riesgos son las obstrucciones gastrointestinales, especialmente cuando el perro ingiere telas, cuerdas, plásticos y fragmentos duros.
En esos casos pueden aparecer vómitos, apatía, dolor abdominal, estreñimiento, diarrea, pérdida de apetito o incapacidad para defecar. Determinadas obstrucciones requieren cirugía urgente.
Las cuerdas, hilos y cintas resultan especialmente peligrosos porque pueden cortar o perforar el intestino mientras avanzan por el aparato digestivo. Por eso los especialistas insisten en que no debe normalizarse un perro que “siempre se come cosas”. Aunque el animal parezca encontrarse bien, el riesgo acumulativo existe.
Cómo abordar realmente el problema
La solución no pasa únicamente por esconder objetos o vigilar constantemente al perro, aunque la prevención ambiental sea importante. Lo primero es descartar causas nutricionales mediante una revisión veterinaria completa. Algunas deficiencias minerales, problemas digestivos o enfermedades pueden alterar la conducta alimentaria. A partir de ahí, el tratamiento depende del origen concreto del comportamiento.
En muchos casos resulta fundamental aumentar el enriquecimiento ambiental y el ejercicio físico. Más tiempo de olfateo, juguetes interactivos, actividades de búsqueda, mordedores seguros y rutinas más estimulantes pueden reducir muchísimo la conducta. También puede ser necesario trabajar la ansiedad subyacente mediante modificación de conducta y pautas específicas guiadas por profesionales.
Los veterinarios de la UC Davis recuerdan además que ciertas estrategias aversivas, como gritar, perseguir al perro o castigarlo físicamente cuando roba objetos, suelen empeorar la situación. El animal no deja de sentir la necesidad de hacerlo, simplemente aprende a esconderse mejor o a tragar aún más rápido.
En los casos más severos, especialmente cuando existe ansiedad intensa o conductas compulsivas, algunos perros pueden necesitar apoyo farmacológico supervisado por especialistas en comportamiento veterinario.




