Isla Johnston será la nueva Juana de Arco
No es algo nuevo para Baz Luhrmann, ya que se trata de un deseo que lleva treinta años queriendo rodar, la vida de Juana de Arco. Como lo ha confirmado su esposa y colaboradora, la diseñadora Catherine Martin, por fin el proyecto está en marcha. La película, producida por Warner Bros., y con el título provisional de Jehanne d'Arc (Juana de Arco), se basa en la novela Blood Red, Sister Rose (1974), de Thomas Keneally, el mismo autor que está detrás de La lista de Schindler. El guion lo firma el propio Luhrmann junto a la dramaturga Ava Pickett y el estreno está previsto para noviembre de 2028.
Todo parece indicar que el papel será para Isla Johnston, de diecinueve años, que ya pudimos ver interpretando a Beth Harmon de niña de la serie Gambito de dama (2020). Luhrmann ha preferido a Isla frente a otras opciones más consagradas como Jenna Ortega, protagonista de Miércoles (2022), que había confesado que Juana era su papel soñado. En las pruebas, Johnston tuvo que leer un fragmento de la Santa Juana, la obra de Bernard Shaw. Curiosamente viene de interpretar a una versión femenina del diablo junto a Nicolas Cage en The Carpenter's Son (2025), así que pasará de Satán a santa de forma consecutiva.
Nada sabemos todavía de qué clase de Juana veremos. Luhrmann es un director que no deja indiferente como ya nos demostró en su última película, Elvis (2022). Su Juana medieval puede ser casi cualquier cosa menos algo esperado, y ahí está buena parte de la expectación.
La novela de Keneally recorre la vida de Juana desde su infancia hasta la coronación de Carlos VII como rey de Francia. Repasará algunos momentos claves de su vida. Cuando comenzó a escuchar voces o cómo logró convencer al delfín de Francia de su misión divina para derrotar a los ingleses. El momento clave del texto es la campaña militar y el sitio de Orleans, un momento trascendental en la historia ya que fue un punto de inflexión en la guerra de los Cien Años. La novela no aborda su captura, el proceso de herejía contra ella ni su ejecución en la hoguera.
Juana de Arco en la pantalla
Si hay una figura histórica que ha atraído a los grandes del cine, esa es Juana de Arco. La Doncella de Orleans acumula una lista larguísima de versiones. El cortometraje de poco más de diez minutos que rodó Georges Méliès en 1900 fue el primero, y el salto al largometraje llegó en 1916, de la mano de Cecil B. DeMille, con la cantante de ópera Geraldine Farrar.
La primera gran Juana llegó en 1928, en los últimos momentos del cine mudo con La pasión de Juana de Arco de Carl Theodor Dreyer. Curiosamente, pese a ser considerada hoy en día como una de las obras cumbres del cine mudo, fue todo un fracaso en taquilla. Frente a la épica militar por la que se han ido casi todas las versiones, Dreyer se centro casi en exclusiva con el proceso que llevó a Juana a la hoguera y su sufrimiento. Lo filmó casi entero en primeros planos, sin maquillaje y con luz natural, y llegó a pedirle a su actriz, Maria Falconetti, que se rapara la cabeza.
A partir de ahí, la Doncella no ha dejado de volver una y otra vez a las pantallas. Ingrid Bergman la interpretó en dos ocasiones. Primero en 1948 a las órdenes de Victor Fleming, y en 1954 en un proyecto de su marido, Roberto Rossellini. Jean Seberg debutó en el papel con Santa Juana (Otto Preminger, 1957) y Florence Delay protagonizó la versión más austera de todas, El proceso de Juana de Arco (Robert Bresson, 1962). El personaje ha seguido atrayendo a directores hasta el final de siglo, cuando en 1999 coincidieron dos Juanas, la guerrera de Milla Jovovich en la película de Luc Besson y la de la miniserie televisiva de Christian Duguay. Ya en 2019, Bruno Dumont llegó a poner la armadura a una niña de doce años, Lise Leplat Prudhomme, pese a que la Juana real rondaba los diecisiete.
Cada uno encontró una Juana distinta. Y eso, más que un capricho de guionistas, tiene una explicación. De Juana de Arco se conserva muchísima documentación, como las actas de los dos procesos contra ella, el que la condenó en 1431 y el que la rehabilitó en 1456, que cuenta con decenas de testimonios. Y, aun así, no ha quedado un solo retrato hecho del natural, ni una descripción física fiable, ni certeza sobre lo que de verdad pensaba. Y es ese vacío lo que ha permitido que cada época moldee a su propia Juana. Ahora le toca el turno a Baz Luhrmann.


