Normal view

Ada Cosme, psicóloga: “El bienestar emocional durante la maternidad no es negociable, también hay un bebé implicado”

10 June 2026 at 15:39

Ada Cosme, psicóloga: “El bienestar emocional durante la maternidad no es negociable, también hay un bebé implicado”

El posparto trae consigo una inmensa alegría y también importantes desafíos entre ajustes emocionales y el exigente trabajo de cuidar a un recién nacido

De la extorsión a las apuestas: un psicólogo explica por qué el TDAH multiplica los peligros digitales en la adolescencia

El embarazo y el parto son momentos cruciales para la madre. Pero también lo es el posparto. Es un tiempo de transición y adaptación, fundamental para el desarrollo de todos. Dar la bienvenida a un nuevo bebé es una experiencia que cambia la vida, la llena de alegría y también de numerosos retos. El posparto puede resultar abrumador para la madre: su cuerpo se está recuperando, las hormonas están en constante cambio y el sueño escasea.

Por tanto, más allá de su recuperación física, también debe contemplarse la emocional. “Mientras los cambios corporales son visibles y el entorno reconoce el nuevo rol de la mamá, el plano emocional a menudo se invisibiliza”, reconoce Ada Cosme, psicóloga especializada en trauma, apego y procesos de maternidad.

Si bien la maternidad suele representarse como una experiencia alegre y plena, la realidad es mucho más compleja. Algunas madres luchan contra emociones abrumadoras y cierto agotamiento. Comprender qué es lo que está ocurriendo es fundamental, no solo para la madre, también para el bebé.

La transición posparto: qué esperar

Convertirse en madre marca una de las transiciones más profundas de la vida. El posparto trae consigo una inmensa alegría y también importantes desafíos en los que los ajustes emocionales y el exigente trabajo de cuidar a un recién nacido pueden generar una sensación de agobio y cansancio. Tanto es así que, según Cosme, “la salud mental de una mujer nunca será tan vulnerable en toda su vida como durante el primer año del posparto”.

Es posible que el periodo tras el parto conduzca a altibajos emocionales que traerán felicidad y, después, una sensación de melancolía. Sentimientos que vienen y desaparecen. ¿Qué hace que esta etapa sea tan exigente tanto física como mentalmente? 

Para Cosme, “a nivel psicológico y físico se da una paradoja durísima: la madre se enfrenta de golpe a factores como la deprivación del sueño y el aislamiento social y, sostener esto en el día a día, mientras se transita con un cerebro hipersensibilizado a las necesidades del bebé y se forja la propia identidad como madre, es un desafío colosal que hace que la mujer desconfíe continuamente de sus capacidades”. 

Y es que, emocionalmente, el posparto puede ser una montaña rusa. Las investigaciones muestran que hasta el 76% de las nuevas mamás experimentan cambios de humor en los días y semanas posteriores al parto. Y esto a menudo no se entiende muy bien, precisamente porque hay una cierta “presión implícita de que ‘todo está bien’ solo si la madre se muestra pletórica y feliz. Parece que las emociones negativas o la ambivalencia no tengan cabida, cuando la realidad emocional del posparto es mucho más compleja que esa expectativa idílica”, reconoce Cosme. 

Comprender que estas experiencias son comunes y normales puede ayudar a afrontar esta etapa transformadora con mayor confianza. “Lo importante es saber que esto se puede reparar y trabajar”, admite la especialista. 

Y es clave entender también que, aunque está claro que si la madre está bien, el bebé también lo estará, “es crucial transmitirlo sin el peso ni la obligación de ‘tener que ser la madre perfecta’, porque esto no existe, por que el bebé necesita una madre suficientemente buena, y esa sin lugar a dudas es su mamá siempre”, explica Cosme. 

Los problemas que puedan surgir no son un signo ni de debilidad ni de fracaso. Pueden afectar a cualquier madre, independientemente del amor que sienta por su hijo, su preparación o su red de apoyo. Ya hemos visto que los cambios hormonales, la falta de sueño, incluso traumas pasados o la presión social por ser la madre ‘perfecta’, pueden contribuir a ello.

“El bienestar emocional de la madre no es negociable, es una prioridad absoluta porque, en el centro de todo este proceso, también hay un bebé implicado”, afirma Cosme. “No podemos convertir la salud mental de la madre en una tarea más de su lista de exigencias: cuidarla es la única vía para que ella pueda sostener y corregular a su bebé desde la calma, no desde la culpa o la máscara de que todo va bien” añade. 

Las claves del cuidado emocional de la madre: construir una red de apoyo y flexibilizar expectativas

Dicho esto, la especialista también aclara que no es algo que afecte solo a las madres primerizas: “En consulta me encuentro a menudo con mujeres que me dicen: ‘Ada, ya tengo dos hijos, ¿por qué dudo ahora de si lo estoy haciendo bien? ¿Por qué a veces siento que no entiendo a mi bebé y me siento culpable por ello’?”.

Cada madre es un mundo, y no todas pasarán por el mismo proceso, ni siquiera si es el segundo o tercer hijo. Cada uno de ellos tiene sus propias circunstancias y particularidades que harán que el momento después del parto sea diferente y único. Lo que sí son comunes son algunas de las claves que pueden ayudar al cuidado emocional. 

Para Cosme, estas dos recomendaciones resultan fundamentales: 

  • Contar con una red de apoyo: es una ayuda para favorecer el sueño y el descanso. Es muy importante “encontrar pequeños descansos a lo largo del día, que ayudarán mucho a que la mamá pueda regularse mejor y, en consecuencia, sintonizar y corregular mejor a su bebé”, reconoce Cosme.
  • Flexibilizar expectativas: ya hemos visto que la maternidad no es perfecta, ni tiene por qué serlo. Sí podemos buscar “la maternidad suficientemente buena, en la que hay conciencia, errores y reparación. El bebé tiene a la mamá que necesita, con sus aciertos y errores”, matiza Cosme.

También es clave establecer prioridades: buscar momentos para expresar lo que se siente, hablarlo, llorarlo si es necesario (acompañar sin juzgar ni invalidar, sí escuchar y entender). La ayuda puede ser tan diversa como lo son las distintas madres. “Habrá mamás que necesiten separarse algún rato de su bebé, y está bien; pero otras no querrán hacerlo, y aquí la ayuda puede ser básica pero vital: las compras, las comidas o la limpieza de casa”, afirma Cosme.

Por último, pero no menos importante, es clave pedir ayuda cuando se siente que algo nos desborda. Si los recursos que se tienen “fallan o sentimos que no están ayudando, es importante acudir a un profesional”, aconseja Cosme. 

Es importante prestar atención a “una tristeza profunda que no remite, una desconexión persistente con el bebé, ansiedad desbordante, culpa intrusiva o pensamientos obsesivos, y todo lo que es difícil de gestionar”, advierte la especialista, que explica que el posparto “no dura 40 días, por tanto, debemos disponer de tiempo para construir la nueva identidad”.

Al final, “lo que sí está claro es que no hay una única forma de maternar, pero todas merecen un lugar seguro donde sentirse vistas, comprendidas y acompañadas”, concluye Cosme.

Los hábitos de un fisio para estimular el nervio vago y pasar del estrés a la calma: “El cuerpo ya no se recupera igual”

9 June 2026 at 11:00

Los hábitos de un fisio para estimular el nervio vago y pasar del estrés a la calma: “El cuerpo ya no se recupera igual”

El nervio vago está relacionado con la capacidad del cuerpo para salir del estado de alerta constante y entrar en uno de recuperación y regulación

Reducir la tensión arterial o ganar fuerza: una entrenadora explica los beneficios de las sentadillas contra la pared

Nuestro cuerpo es un sistema complejo e intrincadamente conectado, donde el cerebro y el sistema nervioso desempeñan un papel clave en la regulación de varias funciones. Entre los numerosos nervios que componen este sistema, el nervio vago destaca por su clara influencia en la salud física y mental.

Probablemente muchas personas desconozcan su existencia, o quizás nunca han oído hablar de él. Para hacernos una idea, podríamos imaginarlo como una simple cuerda, aunque en realidad se asemeja más a un árbol, ramificándose una y otra vez en diminutos dedos. Lo llamamos nervio, en singular, si bien son un par de nervios que descienden del cerebro, a través de una serie de ramificaciones, que se conectan con el corazón, los pulmones, el bazo, el hígado y los intestinos.

Nervio vago, la principal comunicación bidireccional entre cerebro y cuerpo

El nervio vago es una vía principal de comunicación bidireccional entre el cerebro y el cuerpo, ya que transmite señales sensoriales de los órganos internos y órdenes motoras desde el cerebro. Como nos explica Andrés Sánchez Dávila, director del equipo de fisioterapeutas especialistas en nervio vago y Sistema Nervioso Autónomo (SNA) de Fisioterapia Goya, “es uno de los nervios más importantes del cuerpo y una pieza clave del SNA, el encargado de regular funciones automáticas como la respiración, el ritmo cardíaco, la digestión, el sueño y la respuesta al estrés”. 

El nervio vago, este “sistema global de adaptación del cuerpo”, como lo denominan los expertos, se origina en el tronco encefálico y se extiende hacia abajo a través del cuello hasta el tórax y el abdomen. Este nervio se ramifica hacia múltiples órganos, incluyendo el corazón, los pulmones, el hígado, el bazo, el estómago, los intestinos y los riñones.

Se trata por tanto de un componente clave del SNA, que regula procesos fisiológicos involuntarios como la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la respiración. Su nombre deriva de la palabra latina vagus, que significa errante, lo cual describe a la perfección su extenso recorrido por todo el cuerpo.

En otras palabras: cuando el cerebro pregunta al corazón o a los pulmones si todo está bien, las respuestas suelen llegar a través del nervio vago.

Así, “cuando el organismo pierde capacidad de regulación, pueden aparecer síntomas muy distintos entre sí: desde cansancio a problemas digestivos, sensación de alerta constante, palpitaciones, insomnio o dificultad para recuperarse física y mentalmente”, advierte Sánchez.

Cuando el cuerpo no puede regularse correctamente

¿Qué puede fallar en el nervio vago? La disfunción puede deberse a diversas causas, tanto fisiológicas como psicológicas. “No suele existir una única señal clara que nos diga que no está funcionando como debería, sino un conjunto”, aclara el fisioterapeuta.

Y esto se debe sobre todo a que el nervio vago influye en varios sistemas corporales, lo que explicaría que su disfunción puede producir una amplia gama de síntomas, que nos muestran que el cuerpo está teniendo dificultades para regularse de la forma correcta. Muchas veces, “cuando el paciente nos llega a consulta, estos síntomas llevan ya meses coexistiendo”, reconoce Sánchez.

Hablamos de síntomas tan variados como fatiga persistente, sueño poco reparador, estrés mantenido, tensión cervical o mandibular, problemas digestivos, sensación de ansiedad física, palpitaciones o dificultad para desconectar.

Lo que observa el especialista es que muchas veces se trata de personas “que llevan años en un estado de ‘alerta’ constante y sienten que su cuerpo ya no recupera igual que antes”. Muchas personas con disfunción del nervio vago describen sentirse ‘mal’ durante años antes de descubrir la causa de raíz.

Por tanto, la disfunción del nervio vago no solo se refiere a “estrés emocional, sino a cómo el cuerpo y el sistema nervioso se han desadaptado al ritmo, las exigencias y la sobrecarga del día a día”, afirma Sánchez.

Cómo podemos mejorar la regulación del nervio vago

A partir de todas estas señales, es obvio deducir que la influencia del nervio vago y su conexión con el cerebro desempeña un papel importante en la regulación del estado de ánimo, la respuesta al estrés y la función cognitiva. A la hora de hablar de cómo ‘tonificar’ el nervio vago, lo mejor es referirnos a ello como de qué manera se puede “favorecer una mejor regulación del nervio vago y del SNA”, reconocen el experto, que admite que las herramientas más eficaces suelen ser también las más básicas: 

  • Pasear al aire libre cada día
  • Hacer ejercicio moderado de forma regular
  • Practicar respiraciones lentas y profundas 
  • Mantener horarios de sueño estables 
  • Reducir el exceso de pantallas y estímulos, sobre todo por la noche

Dar estos pequeños pasos constantes puede ayudar al cuerpo a recuperar la comunicación y la resiliencia adecuadas. Con el tiempo, esto puede significar sentirse con más control, menos fatigados y mejor preparados para afrontar las exigencias de la vida diaria. 

“El problema es que hoy vivimos hiperestimulados: estrés, móvil, notificaciones, mal descanso y poca conexión con la naturaleza”, advierte Sánchez. Y el nervio vago está “muy relacionado con la capacidad del cuerpo para salir del estado de alerta constante y entrar en uno de mayor recuperación y regulación”, reconoce. 

Pero necesita justo lo contrario de lo que le estamos dando, es decir, descanso, respiración, movimiento y estabilidad. Pero, sobre todo, “necesita mantener esos hábitos saludables en el tiempo para ayudar al cuerpo a recuperar equilibrio, mejorar su capacidad de recuperación y volver a sentirse bien”, concluyen el fisioterapeuta.

Cómo responder a un niño que miente, según un psicólogo: “No es lo mismo mentir por miedo que por vergüenza”

8 June 2026 at 15:17

Cómo responder a un niño que miente, según un psicólogo: “No es lo mismo mentir por miedo que por vergüenza”

El profesional Giuseppe Iandolo, psicólogo clínico, plantea las distintas causas que llevan a mentir a algunos niños, cómo forma parte de su desarrollo y cómo influye la respuesta de sus progenitores

Un psicólogo explica cómo reaccionar ante el absentismo escolar adolescente: “Es muy raro que empiecen a faltar de la nada”

Cuando un niño miente muchos padres se sienten desconcertados por este comportamiento. Pero mentir, igual que otras formas de actuar, suele tener su origen en emociones difíciles de regular para los niños. Podemos imaginarla como un iceberg: la mentira es la punta visible sobre el agua, mientras que debajo se esconde una compleja historia de sentimientos y motivaciones que impulsan este comportamiento. Comprender estas bases emocionales es fundamental para abordar las causas reales de la mentira. 

“Desde la psicología del desarrollo, la mentira infantil es un fenómeno más complejo: puede tener que ver con evitar un castigo, obtener un beneficio, proteger la propia imagen, probar límites o preservar la intimidad”, nos explica Giuseppe Iandolo, Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta, Responsable de Psise - Servicio de Psicología Clínica del Desarrollo en Madrid. 

La mentira: una parte del desarrollo infantil

La capacidad de mentir es una parte del desarrollo infantil. Si bien parece contradictorio, este avance cognitivo demuestra un progreso significativo en el crecimiento mental del niño porque, cuando lo hace, significa que puede albergar dos verdades en su mente de manera simultánea: la verdad y lo que nos va a decir. Y esto es muy importante. Demuestra lo que el psicólogo llama la “’teoría de la mente’, es decir, la capacidad de representar lo que uno sabe, lo que sabe el otro y cómo una afirmación puede modificar la creencia del interlocutor”.

Esto significa que el niño comprende que los demás tienen pensamientos, creencias y perspectivas distintas a las suyas. Y es lo que nos ayudaría a abordar la situación con curiosidad y compasión, en lugar de con ira o castigo. Nos recuerda, además, que nuestros hijos están en constante crecimiento y aprendizaje, incluso de maneras que inicialmente pueden parecernos negativas. 

Pero no todas las mentiras son iguales: no es lo mismo que la diga un niño de dos años que uno de ocho. Cuando son más pequeños, suele tratarse de “afirmaciones falsas muy simples, a menudo relacionadas con una transgresión o a un deseo inmediato, pero con poca capacidad para sostener el engaño”, afirma Iandolo. 

Las mentiras también cambian con la edad

A medida que el niño crece, la mentira cambia y la intención también. “Hacia los cuatro o cinco años aumenta la frecuencia de mentiras para ocultar una conducta; sobre los seis años son más capaces de adaptar su relato a lo que el otro sabe o cree y, con siete u ocho años, el engaño puede volverse más elaborado y coherente”, matiza el especialista.

Pero, ¿por qué lo hacen? Hay varias razones detrás de la mentira. Muchas veces lo hacen para evitar el castigo, para escaparse de problemas por algo que han hecho mal. O para conseguir algo que desean. También para proteger los sentimientos de alguien porque, a medida que desarrollan empatía, pueden mentir para evitar herir los sentimientos de otra persona. Incluso lo pueden hacer para establecer vínculos, porque mentir es la forma en que un niño busca conectar con los demás, es una de las herramientas que tiene para cubrir su necesidad de conexión. 

Otras veces pueden sentirse confundidos y tienen dificultad para distinguir entre la realidad y la fantasía. O, simplemente, mienten por curiosidad y quieren poner a prueba los límites mientras intentan comprender su entorno. 

Entender estas motivaciones puede ayudar a reaccionar con mayor eficacia cuando descubrimos que nuestros hijos mienten. Porque, como hemos visto, en la mayoría de los casos la mentira no surge de la malicia, sino de un malentendido, un deseo o un miedo.

Reaccionar ante una mentira: evitar la humillación para buscar la honestidad

Aunque, como hemos visto, las mentiras de los niños más pequeños suelen ser una parte normal de su desarrollo, esto no significa que deban ignorarse. Para Iandolo, “la pregunta clave no debería ser solo ‘¿por qué me ha mentido’ sino ‘¿qué función ha cumplido esta mentira?’ No es lo mismo mentir por miedo que por vergüenza, o para evitar una consecuencia, por deseo de agradar, por fantasía, por presión del grupo o por no saber cómo reparar un error”.

Nuestra reacción inicial marca la pauta de toda la interacción. Lo primero que hay que hacer es no reaccionar de forma exagerada. Hacerlo con enojo puede poner al niño a la defensiva, lo que aumenta la probabilidad de que siga mintiendo para evitar la culpa. 

“Una respuesta muy intensa puede desplazar el foco: el niño deja de pensar en lo ocurrido y se centra en escapar de la reacción adulta”, explica Iandolo. Mantener la calma permite crear un espacio para que el niño pueda expresarse con sinceridad. 

Por tanto, la manera cómo enfocamos la mentira y cómo nos expresamos es fundamental. Así, en lugar de acusar o sacar conclusiones precipitadas es mejor hacer preguntas para comprender mejor la situación. Para Iandolo, “no es lo mismo decir ‘has dicho algo que no era verdad’ que ‘eres un mentiroso’”. Este enfoque invita al niño a explicar su punto de vista sin sentirse atacado. 

Más que centrarnos en las mentiras, es mejor enfocarnos en decir la verdad y “abrir una conversación breve y concreta del estilo ‘creo que esto no ocurrió así. Me interesa saber qué pasó para ayudarte a arreglarlo’”, explica Iandolo. Tampoco servirá de mucho culpar o avergonzar a un niño por mentir; sí será más útil intentar conectar con sus sentimientos. 

Es clave también trabajar juntos para encontrar soluciones y generar confianza. “Si ha roto algo, puede ayudar a arreglarlo; si ha culpado a otra persona, puede pedir disculpas; si ha ocultado una nota, se puede revisar qué miedo había detrás”, afirma Iandolo. La finalidad de todo ello, más que descubrir la verdad, es “enseñar que decirla permite buscar soluciones”, explica el especialista.

La mentira puede crecer con el niño, así que lo mejor es actuar en edades tempranas. Porque cuando un niño pequeño miente todavía está aprendiendo a tolerar la frustración, la culpa o la desaprobación. “Más tarde, cuando la mentira se repite, se vuelve instrumental o aparece junto a otros problemas como aislamiento, agresividad, ansiedad, bajo rendimiento, conflictos familiares o miedo al castigo, y esto significa que necesita más acompañamiento”, advierte Iandolo.

Comprender por qué mienten los niños y abordarlo con empatía y compasión puede transformar este comportamiento en una oportunidad de crecimiento. Al fomentar un entorno de confianza y reconocimiento, los padres pueden ayudar a sus hijos a desarrollar la honestidad y la capacidad de regular sus emociones, habilidades que les serán útiles a lo largo de su vida.

“La honestidad no se enseña castigando la mentira, se aprende en un clima donde los errores se pueden reconocer, reparar y pensar. Los adultos ayudan más cuando combinan límites claros con una actitud segura: ‘decir la verdad es importante y, aunque haya una consecuencia, vamos a resolverlo juntos’. Esta combinación de norma, vínculo y reparación permite que el niño pase de evitar castigos a comprender la confianza en un valor”, afirma Iandolo.

Por tanto, “la respuesta adulta debe ayudarle a decir la verdad, reparar el daño y confiar en que reconocer un error no destruye el vínculo con sus padres o educadores”, concluye el especialista.

❌