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Científicos españoles desvelan los peligros de congelar el pescado según el tipo de envase

11 June 2026 at 11:39

Al igual que es mejor comer en tupper de cristal que de plástico al no liberar microplásticos ni sustancias químicas al calentarlos, cuando un producto se refrigera o se congela no es lo mismo un material que otro, ni tampoco entre un tipo de polímero u otro.

Un estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (Idaea-CSIC), en colaboración con la Universidad de Florencia, ha demostrado que distintos aditivos plásticos presentes en envases alimentarios comunes pueden migrar al pescado durante su almacenamiento doméstico en la nevera y el congelador.

La investigación, publicada en la revista científica "Environment International", evaluó por primera vez esta transferencia bajo condiciones reales de conservación en frío y constató que la migración aumenta con el tiempo de almacenamiento.

El trabajo analizó la migración de los ftalatos, los ésteres organofosforados, los bisfenoles y los plastificantes alternativos a los ftalatos desde envases utilizados habitualmente para la conservación de pescado fresco.

Se trata de sustancias químicas empleadas para aportar flexibilidad, resistencia y estabilidad a los plásticos. Entre los materiales estudiados por el equipo del Idaea se encuentran envases utilizados para la conservación de pescado fresco como bandejas de poliestireno, bandejas compostables, films y bolsas de congelación.

Los experimentos se realizaron con salmón, atún y merluza almacenados en refrigeración (+4 ºC durante 48 horas) y congelación (-18 ºC durante 30 días).

“Hasta ahora, la mayoría de los estudios evaluaban la presencia de estos contaminantes directamente en el alimento tras su compra. Para este trabajo queríamos aproximarnos a una situación más realista e investigar qué ocurre cuando el consumidor guarda el pescado en casa durante varios días o semanas en condiciones de frío, antes de ser consumido”, explica Maria Vittoria Barbieri, investigadora del IDAEA-CSIC y autora principal del estudio.

“Además, los trabajos relacionados con la posible migración de aditivos del envase al alimento se centraban en evaluar el efecto del calor como variable que acelera dicha migración; sin embargo, no existen estudios que evalúen este proceso en condiciones de frío”.

Los resultados muestran la presencia de aditivos de las cuatro familias químicas en los envases analizados, incluido el bisfenol A, y la migración hacia el pescado tanto en condiciones de refrigeración como de congelación. En este proceso, el tiempo de contacto con el envase destaca como un factor que contribuye significativamente a la transferencia de los aditivos plásticos.

De los 49 contaminantes estudiados, se observaron tasas de migración de hasta el 100% para determinados compuestos, como los bisfenoles. Algunas sustancias como el di(2-etilhexil) adipato (DEHA), utilizado como plastificante alternativo, mostraron tasas de migración muy elevadas en todos los pescados analizados y hasta más del 95% en salmón.

El comportamiento de los contaminantes varió según las características del pescado. Los compuestos más lipofílicos (solubles en grasa) migraron con mayor facilidad hacia pescados grasos como el salmón, mientras que otros compuestos, como algunos bisfenoles, mostraron una mayor transferencia en especies con más contenido en agua, como la merluza.

Evaluación de la exposición humana

Diversos estudios han demostrado que algunos aditivos plásticos presentan efectos toxicológicos para la salud, como disrupción endocrina y potencial carcinogénico. De hecho, en los últimos años, organismos como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) han revisado y rebajado los niveles de exposición diaria considerados seguros para la población, especialmente para el bisfenol A, reduciendo en 2023 su índice de seguridad en 20.000 veces -de 4.000 nanogramos por kilogramo de peso corporal al día hasta 0,2 nanogramos-, reflejando la creciente preocupación sobre su impacto en la salud y seguridad alimentaria.

El estudio incorpora una evaluación de la exposición a estos aditivos por ingesta para adultos, niños y bebés. Para estimar cuántos aditivos plásticos ingiere cada grupo de población a través del pescado, las investigadoras combinaron los datos de concentración de cada sustancia detectada en el pescado con datos oficiales de consumo de pescado fresco en España.

Posteriormente, dividieron el resultado entre el peso corporal medio de cada grupo: 5 kg para bebés de 6-12 meses, 12 kg para niños de 1-3 años, y 70 kg para adultos.

De este modo, obtuvieron una ingesta diaria estimada por kilogramo de peso corporal para estos tres perfiles de consumidor. Por último, se calculó el riesgo mediante comparación con los valores de referencia establecidos por autoridades internacionales como la EFSA.

Los resultados indican que el pescado conservado en envases plásticos presenta niveles de exposición superiores al pescado fresco recién comprado. Las estimaciones más elevadas de riesgo se observaron en el caso de la merluza congelada durante 30 días en bandeja compostable. En cambio, los escenarios de menor riesgo fueron por refrigeración dentro de bolsas de plástico.

En prácticamente la mitad de los escenarios analizados se superó el umbral de riesgo establecido. Esta superación estuvo determinada principalmente por la presencia de bisfenol A, responsable de casi el 100% del índice de riesgo. En cambio, la contribución del resto de contaminantes detectados fue mínima.

“Considerando únicamente la exposición por ingesta de pescado, se supera el valor recomendado para el bisfenol A, pero hay que tener en cuenta que los niveles de exposición son aún mayores si consideramos también la ingesta del resto de alimentos, así como la exposición por inhalación y por contacto dérmico”, apunta la directora del Idaea-CSIC y coautora del estudio Ethel Eljarrat.

“El estudio pone de manifiesto que las condiciones reales de almacenamiento doméstico deberían tenerse más en cuenta en las evaluaciones de seguridad alimentaria y en el diseño de materiales en contacto con alimentos, prestando especial atención a compuestos como el bisfenol A y algunos plastificantes alternativos como el DEHA, que han mostrado elevadas tasas de transferencia hacia los alimentos”, añade Eljarrat. Además, “urge disponer de datos toxicológicos para los nuevos aditivos que se están introduciendo en el mercado, y así poder evaluar también su impacto en la salud”.

En este contexto, la Unión Europea aprobó en 2024 una nueva regulación para restringir progresivamente el uso de bisfenoles, entre ellos el bisfenol A, en materiales en contacto con alimentos, una medida que entró en vigor en enero de 2025 y que concede un período de transición de treinta y seis meses para su aplicación definitiva. Las autoras subrayan la importancia de continuar avanzando en la sustitución de estos compuestos y en la evaluación de los nuevos compuestos alternativos.

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Los experimentos se realizaron con salmón, atún y merluza

Ni todos los melanomas se desarrollan en la superficie cutánea ni el bronceado protege: estos son los mitos del verano sobre el cáncer de piel

11 June 2026 at 09:06

El cáncer de piel es uno de los tumores más prevalentes a nivel mundial y el melanoma, a pesar de ser su variante menos frecuente, constituye la más agresiva. Aunque suele asociarse a lesiones visibles, el cáncer de piel no provoca síntomas específicos en sus fases iniciales, por lo que la observación de determinados cambios continúa siendo una de las principales herramientas para favorecer su detección precoz.

En cuanto al melanoma, según las estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), a lo largo de este año se diagnosticarán 8.074 nuevos casos en España, por lo que la detección temprana resulta determinante, ya que la supervivencia supera el 90% cuando la enfermedad se identifica en estadios iniciales.

Con la llegada del verano también resurgen algunas falsas creencias sobre la exposición solar y el cáncer de piel. Entre las más extendidas está la idea de que la piel puede "acostumbrarse" al sol (el "callo" solar) y desarrollar una protección natural tras las primeras exposiciones.

Esta percepción suele apoyarse en la sensación de que, a medida que avanzan los meses de calor, la piel se enrojece menos o parece tolerar mejor la radiación solar. Sin embargo, esto no significa que deje de sufrir sus efectos. La radiación ultravioleta, como explican desde Cigna Healthcare, continúa provocando daños acumulativos en las células cutáneas, incluso cuando no aparecen quemaduras visibles.

Precisamente esa sensación de adaptación ayuda a explicar otro de los mitos más repetidos durante los meses de verano, creer que el bronceado protege frente al sol. La realidad es que el tono moreno no constituye una barrera frente a la radiación ultravioleta, sino una respuesta de defensa del organismo ante una agresión ya producida. Lejos de reflejar una piel más resistente, el bronceado es una señal de que esta ha activado mecanismos para intentar minimizar el daño causado por la exposición solar.

Estas falsas creencias reflejan una tendencia habitual a confiar en señales visibles para valorar el impacto del sol sobre la piel. Sin embargo, los efectos cancerígenos de la radiación ultravioleta no son inmediatos y pueden presentarse años después de la exposición repetida.

Por este motivo, las quemaduras sufridas durante la infancia y la adolescencia continúan considerándose uno de los principales factores de riesgo en la edad adulta, incluso cuando han transcurrido décadas desde la exposición que originó el daño.

Además, si bien la exposición solar excesiva es un factor de riesgo ampliamente estudiado y reconocido para el desarrollo de melanoma, es importante resaltar que existe un subtipo de melanoma que aparece en superficies del cuerpo que no suelen estar expuestas al sol. Se trata del melanoma lentiginoso acral. En estos casos las lesiones aparecen en palmas de manos, uñas y plantas de los pies, por lo que cualquier lesión o mancha nueva en estas zonas debe llamar nuestra atención y es recomendable acudir a consulta para su revisión.

A su vez, aunque la mayoría de los melanomas se desarrollan en la superficie cutánea, también pueden aparecer en otras zonas del organismo donde existen células productoras de melanina. Es el caso de determinadas mucosas, como las de la cavidad oral o nasal, o de estructuras internas del ojo. Estas localizaciones son mucho menos frecuentes, pero suelen presentar una mayor dificultad diagnóstica al no ser visibles durante las revisiones habituales de la piel.

Además, no todas las lesiones sospechosas son oscuras. Existe un subtipo conocido como melanoma amelanótico que presenta poca o ninguna pigmentación, por lo que puede manifestarse como una lesión rosada, rojiza o similar a una pequeña cicatriz. Es infrecuente y representa aproximadamente el 5% de los melanomas. Esta apariencia menos característica puede retrasar su identificación, ya que suele confundirse con afecciones cutáneas benignas.

Para el resto de casos, y, diferencia de lo que sucede con otros tumores, "el melanoma puede ofrecer señales visibles mucho antes de provocar síntomas. Por eso es tan importante familiarizarse con el aspecto habitual de nuestra piel y consultar cualquier cambio que llame la atención, aunque parezca pequeño o no genere molestias”, explica en un comunicado la Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E Health Medical Manager de Cigna Healthcare España.

“Para ello -continúa-, existen herramientas sencillas como la regla ABCDE, que ayuda a identificar características sospechosas en lunares o manchas, o el denominado “signo del patito feo”, que consiste en prestar atención a aquellas lesiones que se ven claramente diferentes al resto. La detección precoz sigue siendo una de las herramientas más eficaces para mejorar el pronóstico y reducir el impacto de la enfermedad".

Una herida que no cicatriza puede esconder algo. Más allá de los lunares, los especialistas recomiendan prestar atención a pequeñas lesiones que permanecen abiertas durante semanas, sangran con facilidad o no terminan de curarse. Muchas personas las consideran algo sin importancia y conviven con ellas durante meses, cuando en realidad pueden ser una señal de alarma que merece valoración médica.

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Tomar mucho tiempo el sol sin protección puede provocar cáncer de piel
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