“No podemos usar como chivo expiatorio a la gente más vulnerable"
José Félix Hernández conoce bien lo que significa empezar de cero en Canarias. No solo porque es sacerdote y atiende dos parroquias en barrios populares de Santa Cruz de Tenerife, sino porque cada día acompaña con su fundación –Buen Samaritano– a personas que han llegado a la isla después de un viaje que casi siempre ha empezado mucho antes de subir a una patera. Jóvenes africanos que se han quedado en la calle, mujeres latinoamericanas en situación vulnerable, mayores de Venezuela y Colombia que han aterrizado con lo puesto. Por eso, la visita de León XIV a la realidad migratoria de Canarias es para él, y para todos los que trabajan en la realidad asistencial de las islas, «un grandísimo respiro».
«Necesitamos, en una realidad tan polarizada, ayudar a la gente a ponerse un poquito más en la piel de estas personas», afirma. «Si fuera alguien querido para nosotros, si fuera un familiar, alguien de nuestro entorno, ¿cómo nos gustaría que hablaran de nosotros y de esta realidad?».
La fundación que dirige es pequeña, nacida a partir de dos parroquias de la capital tinerfeña. Durante años ha trabajado con personas en situación de exclusión, entre ellas mujeres y personas mayores, especialmente de Venezuela y Colombia. Pero, a partir de 2020, con el aumento de llegadas por la ruta atlántica, decidió volcarse también en el fenómeno migratorio, especialmente con jóvenes africanos de entre 18 y 30 años que quedaban en situación de calle. Hoy tienen 14 casas y 175 chicos acogidos de forma residencial, con quienes desarrollan un itinerario largo, que empieza por regularizar su situación administrativa.
Cuando se les comunicó que el Papa iba a acercarse a esta realidad, la acogida entre las personas acompañadas fue muy positiva. «Han reaccionado sumamente bien», cuenta Hernández. «Son muy conscientes, porque lo hemos trabajado con ellos esta semana, de que el Papa pone una mirada humanizadora sobre el hecho migratorio».
Muchos de los jóvenes africanos acogidos son musulmanes. Pero eso, insiste, no ha sido ningún obstáculo. «No hay ninguna dificultad. De hecho, podemos tener incluso celebraciones interreligiosas compartidas», explica. Para ellos, la visita de León XIV no se entiende como un acto confesional cerrado, sino como un reconocimiento de su dignidad, tal como el Papa subrayó ayer en Gran Canaria: «Saben que es una manera de trabajar sobre la importancia de una sola familia humana, la acogida y el trato digno a las personas migrantes. Están encantados».
«Estamos viviendo un momento de muchísima crispación social y no podemos utilizar como chivos expiatorios de las cosas que no nos gustan en la sociedad a las personas más vulnerables, mucho menos a los migrantes”, advierte.
La visita de León XIV a Canarias llega, por tanto, en un momento especialmente sensible. Para las entidades que trabajan con migrantes, supone una confirmación y un alivio. «Nos ayuda a salir un poco de ese discurso dominante y a recordar que no se puede hablar de estas personas como si no tuvieran historia, familia, dolor o esperanza».


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