Donde hay humildad hay amor
Pura gratuidad. Así nos describe el Papa León XIV en Canarias el modo en que Dios ama. En el contexto de su cercanía con la tremenda situación de los migrantes en las islas, ha querido poner ante nuestra mirada cómo ama Dios, en su homilía en vísperas de la fiesta del Sagrado Corazón. El amor no se basa ni en el cálculo ni “en el mero sentimiento, ni es reductible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser: fuego para el alma, luz para la mente, impulso irresistible para la libertad, paz y al mismo tiempo tormento para el corazón, que late en sintonía con otros corazones, involucrando a toda la persona.”
No sólo trata de ayudarnos a sobrevivir, sino de hacernos alcanzar nuestra plenitud. El Corazón divino, siempre enamorado, nos enseña fidelidad aún ante la falta de correspondencia, el rechazo, el miedo, la tristeza o la resistencia humana, “anhela total y constantemente nuestro bien y nuestra felicidad plena”. Contemplándole comprendemos que “la mejor respuesta al amor de su Corazón es el amor a los hermanos” (Francisco).
Dos notas destaco de la homilía del Papa: el amor da esperanza porque más allá de asistir en la necesidad, ayuda a recuperar la confianza. ¿Cómo? Preparando y alentando “al que está herido para que se levante y vuelva a ponerse en marcha, para una vida libre y digna.” Así, el amor restaura la dignidad del otro.
Y segundo, Su Corazón es humilde, y para conocer y gustar su amor hay que bajar de los “pedestales de la arrogancia”, de “la presunción de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás.” El egocentrismo que “aturde por los estruendos de un “yo” ampuloso, omnipresente y agitado”, nos priva del “silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor.”


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