No todos los proyectos de Antoni Gaudí surgieron de grandes encargos. En La Pobla de Lillet, el arquitecto dejó dos obras que no forman parte de sus grandes iconos, pero sí de su universo más íntimo: el de la amistad, la experimentación y la integración total con la naturaleza. Situada en el norte de la comarca del Berguedà, La Pobla de Lillet vivió durante siglos de una economía básicamente agrícola y ganadera. Todo cambió a partir de la década de 1880, con la llegada de las primeras fábricas textiles y el desarrollo de la minería de carbón que atrajeron inversión y mano de obra. Este proceso está muy ligado a la figura de Eusebi Güell, responsable de uno de los proyectos industriales más ambiciosos del momento.