Normal view

Dormir en Picos de Europa: tres refugios de montaña para vivir una noche entre cumbres

13 June 2026 at 07:59

Dormir en Picos de Europa: tres refugios de montaña para vivir una noche entre cumbres

Caminar, ascender y pernoctar en las alturas: la experiencia definitiva en la Cordillera Cantábrica

La desafiante ruta de los Picos de Europa que te llevará hasta un refugio a 2.000 metros de altitud

Picos de Europa es un universo en sí mismo. Más de 600 kilómetros cuadrados de extensión geológica: piedra caliza moldeada por milenios de lluvia, nieve, viento y sol. No son montañas dóciles, sino una fuerza antigua y sobrecogedora. Este macizo rocoso ofrece a quien camina sus senderos una experiencia de inmersión y contemplación difícilmente comparable.

Este escenario, repartido entre Asturias, Cantabria y León, es el primer parque nacional de España, declarado en 1918, y fue uno de los pioneros en la protección ambiental europea. El parque se divide en tres macizos: el Occidental o Cornión, el Central o los Urrieles y el Oriental o de Ándara. Entre sus agrestes parajes de picos elevados y desfiladeros abruptos, los albergues de montaña dejan de ser simples alojamientos para convertirse en auténticos refugios. Son los únicos lugares donde el visitante puede dormir a más de 2.000 metros de altura con la seguridad de tener un techo sobre su cabeza.

Cabaña Verónica: el “ovni” del Macizo Central

El entorno que se recorre en la caminata para llegar a Cabaña Verónica bien podría ser de otro planeta. Es un paraje desértico de paredes verticales talladas sobre caliza grisácea, donde las aristas afiladas del Tesorero y la Torre de Horcados Rojos eliminan cualquier rastro de vegetación. En medio de este paisaje lunar, a 2.325 metros de altura, se sitúa una estructura que rompe toda lógica montañera: una cúpula metálica brillante que parece una cápsula espacial accidentada. Ese es el refugio. Se trata de una pieza militar reciclada, la cúpula de una batería antiaérea que pertenecía a un portaaviones estadounidense.

Fue instalada en Picos de Europa en 1961, cuando un ingeniero, Conrado Sentíes, y un arquitecto, Luis Puey, decidieron utilizar los restos metálicos para crear una cúpula adaptada a la alta montaña que sirviera de descanso para los caminantes de Picos de Europa. Las piezas llegaron hasta su destino, a miles de metros sobre el nivel del mar, a lomos de un caballo.

Pese a su llamativo aspecto exterior, el interior de esta cápsula cuenta con lo justo. Es un ejercicio de minimalismo y supervivencia. El refugio, cuyas dimensiones no superan los 10 metros cuadrados, puede albergar a seis pernoctantes como máximo. Únicamente se puede utilizar desde Semana Santa hasta octubre. Ofrece desayunos, comidas y cenas, así como refrescos y bebidas calientes. También cuenta con un sistema de radio para emergencias. Es fundamental reservar con mucha antelación, ya que su capacidad es la más limitada de Picos.

El acceso a este peculiar refugio es uno de los más transitados y espectaculares de Cantabria. El punto de partida más cercano para empezar la caminata es el teleférico de Fuente Dé, que ahorra al visitante un desnivel de más de 700 metros en apenas cuatro minutos de trayecto. Una vez en la estación superior, El Cable, a 1.823 metros, se inicia una ruta de unos seis kilómetros —unas dos horas de marcha— por una pista evidente que se interna en el macizo. El sendero, bien señalizado como parte del PR-PNPE 23, asciende de forma sostenida entre los Joyos de Lloroza hasta alcanzar la desviación final que trepa hacia el refugio.

Refugio Collado Jermoso: el balcón infinito

Si Cabaña Verónica es un paraje lunar, Collado Jermoso es un balcón hacia la tierra. Ubicado a 2.064 metros de altura, al suroeste del Macizo Central, este refugio descansa sobre un abismo vertical de casi mil metros. La fama de sus puestas de sol no es gratuita: desde su mirador de piedra, se puede contemplar el que posiblemente sea el atardecer más impresionante de toda la cordillera Cantábrica, incendiando valles y montañas en el horizonte.

Se inauguró en 1942, después de que Diego Mella, un montañés de Castilla y León, visualizara un refugio aparentemente imposible al borde de este colosal acantilado. Jermoso ofrece una infraestructura sólida, con capacidad para dar refugio a una treintena de personas en habitaciones compartidas con literas. Cuenta con un acogedor comedor de madera, que ofrece servicio de barra, desayunos, comidas y cenas. Pernoctar en este balcón infinito tiene un coste aproximado de 18-20 euros por persona.

Para llegar a Collado Jermoso, el visitante debe estar bien preparado físicamente. El acceso más icónico y directo parte del pueblo de Cordiñanes (León). Es un trayecto exigente que se abre paso a través de la conocida como Vía de la Rienda. El senderista debe superar un desnivel de 1.200 metros en una ruta de unas cuatro horas que incluye pasos aéreos tallados en la roca y canales de fuerte pendiente.

Refugio de Vega de Urriellu: a los pies del gigante

Situado a 1.960 metros de altitud, Vega de Urriellu descansa literalmente a los pies de la cara oeste del Picu Urriellu, el mítico Naranjo de Bulnes. Este gigante de roca, con una pared vertical de 500 metros que se pinta de naranja brillante con la última luz del día, domina un paisaje de escala sobrecogedora.

Es la instalación más amplia del Parque Nacional, con capacidad para 96 plazas en literas compartidas. El refugio ofrece servicios más robustos que los anteriores: un comedor espacioso con desayunos, comidas y cenas, además de baños y agua corriente. Las duchas de agua fría dependen de la disponibilidad estacional del agua. La tarifa de pernocta ronda los 18-22 euros. Al ser el destino más emblemático y deseado de Picos de Europa, la reserva previa a través de su central online es prácticamente obligatoria durante casi todo el año.

El camino más transitado para alcanzar esta vega se inicia cerca del pueblo de Sotres (Asturias). Desde el Collado de Pandébano parte un sendero de unos seis kilómetros que salva un desnivel de 900 metros en aproximadamente tres horas de marcha constante. El trayecto es un despliegue de praderías que poco a poco ceden el paso a la caliza bruta. Aunque el sendero está muy marcado, el repecho final por la Canal del Ampriu pone a prueba la resistencia. La recompensa es colosal: al girar el último recodo, la silueta imponente del Naranjo alzándose sobre el refugio ofrece uno de los momentos más catárticos de la montaña española.

Las pequeñas calas escondidas en un acantilado de Granada para disfrutar de un día tranquilo de playa

12 June 2026 at 13:02

Las pequeñas calas escondidas en un acantilado de Granada para disfrutar de un día tranquilo de playa

La Costa Tropical esconde todavía algunos secretos que muy pocos se molestan en buscar

Un paseo entre dunas y naturaleza por los cuatro kilómetros de playa que unen estos dos municipios costeros de Huelva

Los acantilados de Albuñol, en la Costa Tropical granadina, guardan entre sus paredes secretos que no todos conocen. A escasos metros de la carretera, la arena oscura y el Mediterráneo tropical crean entornos de desconexión y relajación: la Playa del Ruso y La Playilla. Ambas están custodiadas por paredes de roca y se caracterizan por su serenidad y su acceso caprichoso. La primera, marcada para siempre por la historia de un desertor soviético que encontró en ella su hogar. La segunda, un rincón íntimo y no muy conocido.

La Cala del Ruso

Aquí lo único que suena es el agua contra la roca. Pequeños manantiales se escurren sobre la superficie pedregosa de los impresionantes acantilados hasta encontrarse con el mar al llegar abajo. Durante su recorrido, el agua dulce libra una batalla constante contra el salitre mediterráneo, que también lucha por impregnarse en las formaciones calizas que custodian la Playa del Ruso. No hay sombrillas de colores, ni chiringuitos, ni el runrún de la música de fondo que persigue al bañista de costa en costa. Solo la inmensidad quieta del Mediterráneo.

Cala El Ruso
Cala El Ruso

Y no es difícil entender por qué el ruso eligió este enclave como hogar: aguas cristalinas y arena oscura en un entorno casi virgen, resguardado por enormes paredes a sus espaldas, que dotan a esta playa de una atmósfera sobrecogedora. Mide unos 200 metros de largo y unos 24 de ancho —dependiendo de las mareas—. Está ubicada en el municipio de Albuñol, en la Costa Tropical granadina, a escasos kilómetros de La Rábita.

Llegar a la Playa del Ruso requiere esfuerzo, y precisamente eso es lo que la mantiene a salvo de la masificación. El acceso a pie se realiza desde la carretera de acceso a La Rábita, en la zona alta, junto a un chalet, siguiendo un sendero accidentado que no es para cualquiera. La alternativa a la caminata es acceder directamente desde el mar, a bordo de alguna embarcación. Se encuentra a unos 800 metros de navegación al oeste de la playa de La Rábita. En cualquier caso, la playa no cuenta con aparcamiento para coches, por lo que habrá que buscar plaza en los alrededores.

Sus aguas transparentes y tropicales son ideales para observar la vida submarina. El fondo está repleto de formaciones rocosas que, combinadas con las aguas cálidas del Mediterráneo, convierten esta playa tranquila y poco frecuentada en un recinto natural ideal para una enorme cantidad de especies acuáticas. Quienes practiquen esnórquel podrán divisar con facilidad diferentes bancos de peces, pulpos y rica flora marina de la Costa Tropical. En este sentido, se recomienda preparar gafas y tubo antes de visitar la playa, ya que, por su propio carácter virgen, no cuenta con ningún establecimiento de alquiler en la zona.

La Playilla

Playa de la Playilla
Playa de la Playilla

El descenso lo anuncia todo. Desde el sendero, incluso antes de llegar a la arena oscura, el Mediterráneo ya brilla azulísimo entre los acantilados. El salitre llega primero, con la brisa fresca que ayuda a soportar el ardor sureño que abraza durante el camino; luego, el sonido, amortiguado por las paredes de roca que ciñen la cala por los flancos. Al llegar a la arena, la sensación es de estar en un lugar borrado de los mapas: La Playilla.

A unos pocos metros de El Ruso está la conocida como La Playilla. Y, si su vecina ya es un lugar aislado y cuyo carácter destaca por la calma, La Playilla lo lleva a otra dimensión. La clave de su poca concurrencia radica en que el camino que la descubre no está bien señalizado. Es un tramo sin mayores dificultades, pero que recompensa a quien lo encuentra con una playa prácticamente virgen.

La playa mide unos 300 metros de largo y su anchura varía según el tramo, aunque ronda entre los 15 y los 25 metros. También está completamente rodeada de grandes acantilados y cuenta con cuevas naturales cavadas sobre la propia roca. La arena que la forma es oscura, casi negra, fruto de la erosión de los propios muros rocosos que la flanquean. Es un enclave sin ningún tipo de servicio. A lo natural.

Visitar estas dos calas implica descubrir algo que la Costa Tropical lleva desde siempre intentando conservar sin demasiado éxito: el silencio. Aquí, quienes llegan se integran y forman parte de la quietud del paisaje. El silencio no es literal —el mar nunca calla del todo—; es más bien una cuestión del entorno, de la ausencia de ruido. Ninguna de estas dos calas cuenta con hamacas de alquiler o banderas de colores. Tienen lo mismo que tenían cuando las encontró el músico y militar ruso: agua, rocas y arenas negras.

En la frontera con Portugal: la villa de pescadores de Huelva que es perfecta para una escapada junto al mar

11 June 2026 at 15:03

En la frontera con Portugal: la villa de pescadores de Huelva que es perfecta para una escapada junto al mar

Playas largas, casas blancas, gastronomía local y un río que divide dos países

Playas con bandera azul, rutas de senderismo y pazos históricos en una de las localidades costeras más grandes de la Ría de Arousa

Ayamonte está en el vértice exacto donde se encuentran el sur y el oeste de España. Es un destino tranquilo, de fachadas blancas y palmeras altas, que fluye al ritmo del Guadiana: ese río que funciona como frontera natural con Portugal, pero que, lejos de separar a ambos países, actúa como un lazo de unión. Es la arteria vital de la Eurociudad del Guadiana, un rincón donde la cultura andaluza y la portuguesa se funden en un territorio sin fronteras. Sus aguas bañan la ciudad antes de entregarse por completo al océano Atlántico.

Es la ciudad más antigua de Huelva. A lo largo de su historia ha sido habitada por fenicios, romanos y árabes. Hoy en día, esas capas de historia aún son palpables en sus calles: el empedrado del barrio de la Villa, los vestigios medievales que se asoman entre fachadas e incluso el propio nombre de la ciudad —de raíz árabe, Aya-munt—, que la historia decidió conservar intacto. Ayamonte habita su pasado con cotidianidad y lo muestra a quienes la visitan como parte natural de su identidad.

El corazón histórico de Ayamonte contempla el Guadiana desde lo alto. El barrio de La Villa escala una pequeña colina, desde donde sus miradores ofrecen una postal inesperada sobre el río y, más allá, sobre Vila Real de Santo António, que domina el horizonte portugués. En el centro de la ciudad, el tiempo parece avanzar despacio. Las calles, estrechas y adoquinadas, trazan un laberinto entre casas muy blancas, fuentes neobarrocas, placitas andaluzas, palmeras estiradas e iglesias de otras épocas. No es una ciudad de grandes monumentos, sino un conjunto de belleza y elegancia acumuladas entre cal y calma.

Y, si bien lo más recomendable en el barrio de La Villa es perderse sin rumbo, hay algunas paradas en las que conviene detenerse un poco más. La iglesia de las Angustias, que data del siglo XVI, es quizá uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. El Salvador y San Francisco completan un triángulo de templos que delimitan el barrio. Entre medias, el castillo —hoy reducido a vestigios— recuerda desde lo más alto que esta colina fue durante siglos un puesto de vigilancia sobre el río. Desde ese mirador hacia el Guadiana, el viajero puede contemplar este enclave en su máximo esplendor.

El río: una frontera que une

Uno de los elementos que más destacan de Ayamonte es su cercanía con Portugal. Por aquí pasa un río que separa dos países: la frontera más clara posible, cada uno en su orilla. El Guadiana marca con nitidez la división, pero ese espacio físico, lejos de alejar las culturas, se ha convertido en un recurso común. Estrictamente, en un lado se habla español y en el otro portugués, pero esa frontera visible en los mapas desaparece en la vida cotidiana de quienes la habitan. El puente no es realmente un puente: es un ferry.

Es una de esas experiencias que desafían la lógica de los grandes viajes. En apenas 10 minutos, el visitante puede cruzar una frontera internacional con el pelo al viento, viendo cómo la orilla española se aleja mientras la portuguesa crece despacio. Al otro lado aguarda Vila Real de Santo António, como una prima cercana: otra ciudad de tradición marinera, diseñada por el Marqués de Pombal en el siglo XVIII con una armonía geométrica casi matemática.

Playas y luz atlántica

Playa Isla Canela
Playa Isla Canela

Al sur de la ciudad, donde el río se abre hacia el Atlántico, la Costa de la Luz llega a este enclave onubense con toda su contundencia: playas largas, arena dorada, oleaje apacible y una brisa atlántica cargada de frescura y salitre. Isla Canela es el referente más conocido, un arenal que se extiende por casi cinco kilómetros frente al océano, con el horizonte completamente despejado.

Otra opción es Punta del Moral, una versión más recogida del mismo paisaje y formada por un conjunto de casitas de pescadores. Aquí, el pescado llega a la mesa con la misma naturalidad con la que sale del mar. En ambos casos, la horizontalidad y amplitud del Atlántico impresiona a quien se acerca, especialmente durante las horas crepusculares.

Del mar al plato

La cocina está a la altura. Al ser una ciudad de tradición marinera, el pescado y el marisco llegan frescos cada mañana a las tapas y platos de bares y restaurantes. En muchos de ellos, la carta se adapta a lo que el mar haya ofrecido ese día. Destacan especialmente las gambas blancas de Huelva, que aparecen aquí en su estado más puro: a la plancha, con sal gorda y poco más.

Otros platos destacados son el atún de almadraba, la corvina y el lenguado. La única regla es que todo se despacha con esa sencillez característica de la gastronomía de kilómetro cero. La influencia portuguesa también se asoma discreta en algunos guisos, panes y postres.

Ayamonte es un destino para saborearse despacio. Sus mañanas sin prisa, sus tardes de luz, que se pueden disfrutar en una terraza de aires salados, y su singular disposición geográfica, que permite cruzar a otro país en diez minutos, definen buena parte de su atractivo. Es un lugar que invita a aflojar el paso hasta que el ritmo del Guadiana se convierte, casi sin darse cuenta, en el propio ritmo del viajero.

Dónde es festivo el sábado 13 de junio en España y qué se celebra

11 June 2026 at 08:26

Dónde es festivo el sábado 13 de junio en España y qué se celebra

Varias localidades españolas conservan la tradición de celebrar San Antonio de Padua y festejan con procesiones, romerías y verbenas

Calendario junio 2026: festivos y fechas destacadas del mes en España

El 13 de junio no es un día cualquiera. Si bien es sábado y la mayoría de gente no trabaja, en algunas localidades, entre las que destaca Ceuta, este día figura oficialmente en el calendario laboral como festivo: es el día de San Antonio de Padua, uno de los santos más venerados y queridos de la tradición española. Y más allá de la Ciudad Autónoma situada en el Estrecho de Gibraltar, son decenas los municipios que este sábado sacan al santo a la calle, montan la verbena y convierten la jornada en una celebración con siglos de historia detrás.

San Antonio de Padua nació en Lisboa en 1995 con el nombre de Fernando de Bulhôes. Es uno de los santos más milagrosos, caritativos y venerados de la iglesia católica. Murió en 1231, con apenas 36 años, y está sepultado en el santuario que lleva su nombre en Padua, Italia. Este santo cuenta con una fama popular destacada, que debe a dos roles: el de patrón de los objetos perdidos —tradición que nació cuando recuperó un libro de salmos que le habían robado a un fraile novato— y el de 'santo casamentero', que surgió siglos después cuando muchachas portuguesas le pedían novio dejando una carta a los pies de su imagen. Es a él a quien van dedicadas también todas las oraciones para encontrar objetos perdidos en todo el mundo católico.

La festividad se celebra cada 13 de junio para conmemorar su muerte y honrar su legado. Se le rinde tributo a su vida como fraile franciscano, teólogo y defensor de los pobres. Es una festividad que la Iglesia Católica ha celebrado desde el siglo XIII, pero en España la devoción lo ha convertido en una tradición que va más allá de lo puramente religioso.

La tradición se celebra con más fuerza en Ceuta, en donde es festivo local y se organizan romerías, procesiones y otras tradiciones. El 13 de junio también está marcado en rojo en el calendario de Collado Villalba, en la Comunidad de Madrid, o Granadilla de Abona, en Tenerife; así como otros lugares en los que está incluido como festivo municipal. Esto refleja la arraigada tradición, que gracias a la autonomía municipal, se puede celebrar en diferentes localidades de manera independiente. Y es que cada ayuntamiento cuenta con dos festivos locales al año para amoldar el año laboral a sus tradiciones más significativas. Las fiestas suelen combinar tradición, música y actividades para todas las edades, principalmente concentradas en los núcleos antiguos o históricos de las distintas localidades que celebran.

El caso de Ceuta: seis siglos de devoción

El origen portugués de San Antonio —que nació en Lisboa—, así como su pertenencia a la orden franciscana, hizo arraigar su devoción en Ceuta desde la conquista portuguesa de la ciudad en 1415. En la ciudad peninsular, las fiestas llevan por nombre 'La Romería de San Antonio', que se celebra cada año el día 13 de junio y es una de sus citas más multitudinarias. Miles de fieles suben cada año hasta la cima del Monte Hacho a tomar pan bendito y disfrutar de la fiesta.

La concentración de peregrinos se cita en el Parque de San Amaro, desde donde se encaminan hasta la ermita del Monte Hacho, donde se celebra la misa solemne presidida por el vicario general de Ceuta, seguida de la procesión entre sus pinos y el tradicional reparto de panecillos benditos.

Otras verbenas para festejar San Antonio

Pero la devoción por el santo portugués no se limita únicamente a Ceuta. En Brieva (Segovia), la fiesta en honor a San Antonio de Padua se ha recuperado debido a su interés y cada año cobra más protagonismo. El sábado más cercano al de 13 de junio, el Ayuntamiento, la Asociación de Peñas y la Asociación Cultural celebran misa, procesión y una cena para todos los vecinos en la plaza del pueblo que culmina con una velada musical.

Lo mismo ocurre en otras localidades de Castilla y León de las provincias de Salamanca, Zamora o Ávila, donde San Antonio figura entre los patronos más venerados. En estas zonas rurales, la festividad suele mantener un marcado carácter tradicional, con misas solemnes, procesiones y actos organizados por cofradías y vecinos.

Además, municipios de la Comunidad de Madrid, como Navacerrada, La Cabrera, Collado Villalba y Horcajuelo también festejan este día cuya celebración se extiende incluso a la capital de España.

Fiestas de San Antonio de la Florida en Madrid

Este 2026, las Fiestas de San Antonio de la Florida volverán a inaugurar el calendario de verbenas de Madrid entre el 8 y el 15 de junio, con epicentro en el parque de la Bombilla y los alrededores de la ermita donde se conservan los célebres frescos de Goya. El día grande será, como marca la tradición, el 13 de junio, cuando miles de madrileños participen en algunos de los rituales más emblemáticos de la ciudad, como la bendición y reparto de los panes de San Antonio o la popular ceremonia de los alfileres, vinculada a la búsqueda de pareja.

A ello se sumarán la misa solemne, la procesión por las calles del barrio, conciertos, verbenas, actividades familiares y propuestas culturales que convierten esta celebración en una de las más castizas de Madrid. La fiesta mantiene además costumbres centenarias asociadas a las chulapas y chulapos, las modistillas y el ambiente popular que cada año llena de música y color uno de los rincones más tradicionales de la capital.

Desde grandes ciudades hasta pequeñas localidades rurales, la festividad de San Antonio de Padua continúa siendo una ocasión para reivindicar la identidad local, mantener vivas costumbres centenarias y dar la bienvenida a la estación festiva por excelencia: el verano.

La playa interior de Teruel: el nuevo enclave acuático entre montañas y en el corazón del Maestrazgo

10 June 2026 at 12:16

La playa interior de Teruel: el nuevo enclave acuático entre montañas y en el corazón del Maestrazgo

Aguas turquesas, roca caliza y deportes acuáticos en un enclave de interior situado junto a uno de los embalses más singulares de Aragón

El arenal de montaña que ha dado a la provincia de Ourense su primera playa condecorada con bandera azul

Aguas azul turquesa, arena fina y sol radiante a más de 100 kilómetros del mar más cercano. La playa del embalse de Santolea es la nueva gran apuesta turística de la comarca del Maestrazgo de cara al verano. Enclavada a orillas de una presa artificial y rodeada por un paisaje rocoso y escarpado, esta zona de baño entre montañas ofrece actividades como piragüismo, paddle-surf o navegación sin motor, todo ello en un entorno de gran valor paisajístico y geológico.

Inaugurado el 22 de abril de 2026, el proyecto responde a una histórica demanda de espacios acuáticos en la región y se convirtió en una realidad tras la finalización de las obras de la presa en 2022. Esta iniciativa, financiada a través del Fondo de Inversiones de Teruel (FITE), supuso una inversión de 106.761,28 euros destinada a labores de limpieza, accesibilidad e infraestructura turística.

La playa está situada en el término municipal de Castellote, en la comarca del Maestrazgo, a pocos metros de la carretera local TE-39. Desde Alcañiz, la ciudad de referencia más próxima, el trayecto es de 45 kilómetros —unos 40 minutos en coche—, mientras que desde Zaragoza, la capital aragonesa, la distancia es de 140 kilómetros, aproximadamente una hora y cincuenta minutos por carretera. El acceso en transporte público es limitado, como suele ocurrir en este tipo de entornos rurales del interior, por lo que el coche es la opción más recomendable.

Esta playa no está diseñada para competir con el Mediterráneo, el Atlántico o el Cantábrico. Su propuesta es otra: ofrecer a los habitantes de los municipios cercanos un espacio tranquilo junto a un agua limpia y calmada, rodeado por paredes de roca caliza. Aunque se trata de un paisaje abierto, la sensación es de recogimiento.

El recinto cuenta con una zona de arena habilitada, aparcamiento, señalización informativa sobre el entorno, áreas de descanso con mesas y bancos y un pantalán recién instalado desde el que muchos visitantes acceden al agua. Se trata de una infraestructura sencilla, pero equipada con lo necesario para pasar una jornada cómoda. Las actividades principales son el piragüismo y el paddle-surf, que conviven con la pesca, la navegación sin motor y el baño. Es un destino pensado para disfrutar de un día al aire libre en familia o con amigos.

Pero el atractivo de Santolea no se limita al agua. El embalse se asienta sobre un territorio de gran valor geológico y paleontológico. La zona cuenta con importantes yacimientos del Cretácico Inferior y se encuentra junto al Bosque Pétreo, otro enclave de gran interés natural e histórico. A escasos kilómetros, el castillo templario de Castellote domina el valle desde lo alto de su peña. Más allá de esta localidad, la comarca del Maestrazgo concentra cuatro de los seis Monumentos Naturales de Aragón, con parajes como el Nacimiento del Río Pitarque o los Órganos de Montoro, que por sí solos justifican la visita.

La historia de Santolea: décadas de historia sumergida

Pero Santolea no es solo una playa. Es también décadas de historia sumergida. El origen del embalse se remonta a los años treinta del siglo pasado, cuando se construyó la primera presa sobre el río Guadalope, que ya desplazó y anegó poblaciones cercanas. Décadas más tarde, en los años setenta, la infraestructura fue reconstruida. Esta vez, sin embargo, terminó por engullir todo lo que quedaba del pueblo. La villa de Santolea, que había llegado a contar con varios cientos de habitantes y cuya economía se basaba principalmente en la agricultura y la ganadería, fue despoblada y demolida para dar paso a las aguas del nuevo proyecto. Sus calles, iglesias, casas y campos de cultivo desaparecieron bajo el embalse.

En 2018, sin embargo, el pantano inició un nuevo proceso de remodelación que concluyó en 2022 y que es el que, hoy en día, permite la existencia de la playa fluvial. Durante estas obras, Santolea tuvo que ser vaciado, lo que dejó al descubierto restos de los núcleos que habían permanecido bajo el agua durante décadas. El hallazgo más destacado fue el antiguo puente de Castellote, una construcción del siglo XVI que había permanecido sumergida durante noventa años y que emergió prácticamente intacta. Su aparición movilizó a numerosos vecinos de la zona, que impulsaron una iniciativa para desmontarlo piedra a piedra y reconstruirlo posteriormente, al tiempo que se rendía homenaje a la memoria del pueblo desaparecido.

Cuando finalizaron las obras de la presa, la capacidad del embalse aumentó hasta los 111 hectómetros cúbicos, permitiendo recuperar un gran espejo de agua estable. Lo que nació como un proyecto destinado a garantizar el suministro de agua a los municipios cercanos terminó abriendo también una oportunidad turística. La misma agua que borró Santolea del mapa se ha convertido décadas después en uno de los paisajes más singulares del interior de Aragón.

La nueva playa fluvial da comienzo a una etapa distinta para el embalse de Santolea, que suma el atractivo turístico a su función histórica de abastecimiento. Un espacio que aspira a convertirse en uno de los referentes turísticos del Maestrazgo durante la temporada estival.

Playas con bandera azul, rutas de senderismo y pazos históricos en una de las localidades costeras más grandes de la Ría de Arousa

9 June 2026 at 14:52

Playas con bandera azul, rutas de senderismo y pazos históricos en una de las localidades costeras más grandes de la Ría de Arousa

Este municipio gallego reúne algunos de los paisajes más variados de las Rías Baixas: mar, montaña e historia a pocos kilómetros de distancia

Cuatro senderos clave para explorar a fondo el Monte Xiabre en Vilagarcía: su duración y recorrido

El agua quieta refleja los colores del cielo. Las bateas mejilloneras flotan apacibles sobre la ría y, en el horizonte, la silueta del Monte Xiabre domina el paisaje. Mar y montaña conviven en una tregua permanente. Vilagarcía de Arousa sabe de eso, lo vive cada día. Es una de las localidades costeras más grandes y activas de la Ría de Arousa, pero no presume de ello. Su perfil es el de una ciudad que ha sabido crecer manteniendo su carácter marinero. En sus alrededores, este enclave ofrece atractivos para todos los públicos: el paseo marítimo más largo de las Rías Baixas, playas con Bandera Azul, rutas de senderismo y pazos históricos escondidos entre jardines centenarios.

Vilagarcía de Arousa es la ciudad más importante de la ría que le da nombre, en la comarca de O Salnés. Su ubicación la convierte en un atractivo destino para visitantes de distintos puntos de Galicia. Se encuentra a 29 kilómetros de Pontevedra (unos 35 minutos en coche), a 46 kilómetros de Santiago de Compostela (unos 42 minutos en coche) y a 53 kilómetros de Vigo (unos 47 minutos en coche). A Coruña es la más alejada de las ciudades gallegas, situada a unos 117 kilómetros (aproximadamente una hora y veinte minutos en coche). La localidad también cuenta con estación de tren propia, bien conectada a la red ferroviaria. En cualquiera de los casos, la visita merece el desplazamiento.

Arenales frente a la ría

En total, el municipio de Vilagarcía cuenta con ocho playas que suman casi cuatro kilómetros de fina arena blanca y aguas calmadas. Sorprendentemente, estos arenales no suelen encontrarse entre los más concurridos de la región; más bien al contrario. Son playas de afluencia moderada, perfectas para desconectar y relajarse. Esto es una rareza en el litoral gallego, que durante el verano suele concentrar grandes cantidades de visitantes. Entre las ocho playas, dos lucen año tras año el distintivo de Bandera Azul: Compostela y O Campanario.

La primera, A Concha-Compostela, se lleva buena parte del protagonismo. Son casi dos kilómetros de arenal que se extienden entre los núcleos urbanos de Vilagarcía y Carril, unidos por el paseo marítimo. Durante los meses de verano, esta playa atrae no solo a vecinos del municipio, sino también a visitantes de otros puntos del interior de Galicia, que se acercan a disfrutar de su infraestructura —duchas, quioscos, servicio de socorrismo y limpieza diaria— y de su tranquilo ambiente de ría, alejado de la fuerza del Atlántico.

La segunda, O Campanario, situada entre Vilagarcía y Catoira, cuenta con una personalidad propia y muy diferente a la de A Concha-Compostela. Se trata de una playa fluvial donde las aguas dulces del río se mezclan con la influencia marina. Es una orilla tranquila, mucho menos concurrida que Compostela, perfecta para disfrutar con niños pequeños.

El reconocimiento de Bandera Azul no se concede en vano. Se otorga únicamente a aquellas playas que cumplen estrictos criterios de calidad del agua, accesibilidad, servicios y sostenibilidad, incluyendo equipos de socorrismo y primeros auxilios. Son entornos especialmente cuidados para una visita sin sobresaltos.

Los caminos del Monte Xiabre

Las playas muestran la cara más amable de la región. El Monte Xiabre, por el contrario, exhibe su vertiente más natural. Se trata de un macizo rocoso que supera los 600 metros sobre el nivel del mar y que se reparte entre tres municipios: Caldas de Reis, Catoira y Vilagarcía de Arousa. Es la montaña más alta de la zona y, aunque el ascenso requiere esfuerzo, la recompensa desde la cima es una de esas panorámicas difíciles de olvidar: los valles interiores de O Salnés, los meandros del Ulla, la península de Barbanza, la desembocadura de la ría de Arousa y, en los días despejados, las islas de Cortegada, Sálvora y Ons.

El monte ofrece diferentes alternativas de senderismo que permiten descubrir sus distintas vertientes. Todas parten desde los alrededores de Vilagarcía de Arousa y están adaptadas a distintos niveles y tiempos. Los caminantes más experimentados pueden optar por la Ruta del Monte Xiabre, un recorrido circular de 8,6 kilómetros de alta dificultad. Por otro lado, quienes buscan vistas destacadas en menos tiempo pueden recorrer los 3,6 kilómetros que conducen a la Cruz de Xiabre y su mirador de 360 grados. Para familias o principiantes, el Mirador de Bamio ofrece un paseo de 1,5 kilómetros entre pinares y áreas de descanso. Como alternativa llana junto al mar, la Vía Verde do Salnés aprovecha una antigua vía ferroviaria totalmente accesible para peatones y ciclistas.

Los pazos: cuando la historia no necesita museos

Normalmente, la historia se cuenta en museos o en libros. Aquí no. Aquí se descubre al aire libre, entre jardines centenarios y fachadas de piedra que nunca dejaron de estar habitadas. En los alrededores de Vilagarcía se conservan diferentes pazos que mantienen, en la mayoría de los casos, todo el porte de épocas pasadas. La localidad ha trazado su propia Ruta de los Pazos para recorrerlos con calma.

El más destacado de todos es, sin duda, el Pazo de Rubiáns, residencia del único señorío de Galicia. Este enclave llama la atención por sus jardines de camelias y por su bodega del siglo XVI. La ciudad también alberga el Pazo-Convento de Vista Alegre, declarado Monumento Histórico-Artístico, además de A Golpelleira y O Rial, completando una ruta patrimonial que complementa la oferta de playas y espacios naturales del municipio.

Qué ver en el pueblo que logró ser el primero del norte reconocido como el Más Bonito de España

8 June 2026 at 15:03

Qué ver en el pueblo que logró ser el primero del norte reconocido como el Más Bonito de España

Del empedrado medieval a las cuevas de Altamira: una guía para recorrer 'La Villa de las Tres Mentiras'

Historia medieval, deporte en la naturaleza y un castillo del siglo X en este pequeño pueblo del Pirineo catalán

Fachadas de piedra y balcones de madera o herrería, muros de altura contenida de los que cuelgan plantas, edificaciones centenarias, calles empedradas y vistas hacia valles verdes: así se pasea por Santillana del Mar, la conocida como 'Villa de las Tres Mentiras'. Un enclave cuya historia no empieza en la Edad Media, sino mucho antes: a dos kilómetros de su casco histórico se encuentran las cuevas de Altamira, con pinturas rupestres de más de 14.000 años de antigüedad. Es uno de los pueblos más bonitos de España, al menos según los múltiples rankings en los que figura año tras año.

“Ni es santa, ni es llana, ni tiene mar”, se repite constantemente respecto al nombre del pueblo. Y es una verdad a medias: su nombre sí proviene de una santa —Santa Juliana—; sus calles tienen cierto relieve, aunque el pueblo está enclavado en un valle y las pendientes son moderadas. Y, aunque la localidad no tiene salida al mar, el municipio de su mismo nombre sí cuenta con acceso al Cantábrico. Pero las discusiones sobre su nombre son, en realidad, lo que menos importa cuando se recorren sus calles.

Declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1889, esta villa cántabra se sitúa a apenas 30 kilómetros de Santander, lo que la convierte en una escapada ideal para realizar en un día. Su reconocimiento no ha hecho más que crecer con el paso del tiempo: Santillana del Mar fue el primer pueblo del norte de España en obtener el sello de Los Pueblos más Bonitos de España y lleva años figurando entre los destinos mejor valorados de esta lista.

Adentrarse en Santillana del Mar es recorrer un conjunto histórico que ha conservado gran parte de su trazado medieval. Y para descubrirlo conviene empezar por el principio: la Colegiata de Santa Juliana alberga entre sus muros del siglo XII los restos de la joven noble cuyo martirio dio nombre al pueblo. Se trata de un edificio de estilo románico que constituye el principal referente monumental de la localidad. Pero más allá de la fachada, su mayor tesoro es el claustro interior. Cuenta con 42 capiteles que reproducen diferentes escenas bíblicas y constituye el núcleo alrededor del cual creció el pueblo.

La Colegiata invita al visitante a recorrer con calma sus espacios. El sarcófago de Santa Juliana descansa en el altar mayor, que domina la nave central. Pero es el claustro donde muchos visitantes detienen más tiempo su visita: rodeado por un jardín y en un ambiente tranquilo, sus capiteles representan pasajes y personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento. Cada columna presenta detalles diferentes.

Claustro de la Colegiata de Santillana del Mar
Claustro de la Colegiata de Santillana del Mar

Tras la visita a este centro religioso, el recorrido puede continuar por otra de las caras más reconocibles de la villa: sus torres y casonas blasonadas, reflejo del poder aristocrático que tuvo durante siglos. El pueblo conserva entre sus calles y plazas un amplio repertorio de fuentes, pequeños palacios y edificios históricos. La Torre del Merino es quizá la más emblemática. Durante siglos fue sede del poder judicial y símbolo de la autoridad señorial sobre la villa.

A pocos metros, la Torre de los Velarde y la Casa de los Quijano también son paradas destacadas para comprender la personalidad histórica de este enclave. Su arquitectura refleja la relevancia que tuvo Santillana durante la Edad Media. Hoy en día, algunas de estas construcciones están abiertas al público, que puede conocerlas mientras disfruta de la gastronomía local.

Al avanzar desde la calle principal hacia la Plaza Mayor, el trazado urbano cambia y da paso a un espacio más amplio. Tras las estrechas calles empedradas y los balcones de madera, la plaza aparece como uno de los principales puntos de encuentro de la localidad. Pese a su nombre, no se trata de una plaza monumental, sino de un espacio de dimensiones contenidas que mantiene la escala propia del pueblo. Está repleta de terrazas pertenecientes a restaurantes y cafeterías que ocupan los bajos de las casonas históricas sin alterar la estética del conjunto. El Parador de Santillana Gil Blas preside la plaza. Se trata de un edificio señorial del siglo XVIII que destaca entre el resto de construcciones del entorno.

Altamira: 14.000 años en la colina de al lado

A tan solo dos kilómetros del casco histórico, la historia de este enclave deja atrás la Edad Media para remontarse miles de años en el tiempo. La Cueva de Altamira, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, alberga algunas de las pinturas rupestres más importantes del mundo: bisontes, ciervos y caballos trazados durante el Paleolítico Superior. Sin embargo, la cueva original permanece prácticamente cerrada al público para garantizar su conservación y solo un número muy reducido de visitantes accede a ella cada año mediante sorteo.

Lo que el viajero sí puede visitar es el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, que incluye la Neocueva: una reproducción detallada del interior original. Esta instalación permite contemplar las pinturas en unas condiciones muy similares a las de la cavidad auténtica y acercarse a algunas de las manifestaciones artísticas más importantes de la Prehistoria.

❌