El adiós
España despide al Papa León XIV después de una visita que ha recorrido varios de los lugares más simbólicos del país. Tras una semana de encuentros en Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, el Pontífice pone rumbo de regreso a Roma dejando tras de sí una mezcla de emoción, reflexión y debate.
También de anécdotas y los gestos que le han valido que ya todo el mundo le llame «el Papa de los bebés». Su despedida no es solo el final de un viaje institucional o religioso; también representa el cierre de unos días en los que miles de personas han salido a las calles para verlo, escucharlo y acompañarlo. En Madrid habló de unidad y de la necesidad de construir puentes en una sociedad marcada por las diferencias. En Barcelona su presencia estuvo rodeada de símbolos culturales y espirituales, mientras que en Canarias su mensaje se centró en la dignidad humana y en la realidad de la migración.
La última jornada en Tenerife ha tenido un significado especial. El Papa visitó un centro de acogida de migrantes y celebró una misa de clausura antes de la ceremonia oficial de despedida y su regreso a Roma. Con ello quiso cerrar su estancia poniendo el foco en una de las preocupaciones que más ha marcado su pontificado: recordar que detrás de cada problema social hay personas concretas que merecen atención y respeto. Para muchos creyentes, la marcha del Papa deja la sensación de haber vivido un momento histórico; para otros, su visita ha abierto conversaciones sobre el papel de la Iglesia en la sociedad actual. Más allá de las opiniones, estos días han mostrado la fuerza simbólica que todavía conserva la figura del Pontífice.
El avión que lo lleva de vuelta al Vaticano se convierte así en la imagen final de una visita breve pero intensa. España despide al Papa con aplausos, recuerdos y con la esperanza de que sus palabras sobre la fraternidad, la acogida y la convivencia permanezcan más allá de su partida.


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