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EEUU veta por primera vez la exportación de una inteligencia artificial y confirma el inicio de la guerra fría digital

13 June 2026 at 19:46

EEUU veta por primera vez la exportación de una inteligencia artificial y confirma el inicio de la guerra fría digital

Donald Trump lleva la carrera tecnológica a una nueva dimensión al prohibir el acceso de extranjeros a Mythos y otros modelos avanzados de la startup Anthropic

Anthropic corta el acceso a sus modelos de IA más avanzados tras una orden del Gobierno de Trump

Si quedaba alguna duda sobre el papel clave de la inteligencia artificial para la seguridad nacional, Estados Unidos la ha resuelto este sábado. Donald Trump ha vetado por primera vez la exportación de un modelo de IA fuera de las fronteras del país o su uso por parte de extranjeros. Esto ha obligado a Anthropic, la empresa que lo desarrolla, a cortar por completo el acceso a esta tecnología ante el temor de no poder satisfacer las prerrogativas de la Casa Blanca.

Anthropic llevaba meses en el ojo del huracán. Primero, por negarse a levantar algunas salvaguardas de seguridad para el uso de su tecnología en armas autónomas o vigilancia masiva. Después, por el desarrollo de Mythos, una IA que ha puesto en alerta la ciberseguridad mundial por su capacidad para encontrar brechas de seguridad que los mejores especialistas humanos habían pasado por alto. Lo que implica que, si cayera en las manos equivocadas, podría utilizarse para lanzar ataques contra infraestructuras críticas, administraciones públicas o la banca.

Tras semanas de debate sobre qué hacer con Mythos y si la Casa Blanca debería tener capacidad para revisar los modelos antes de su lanzamiento, Trump ha terminado dando la orden de prohibir que los extranjeros tengan cualquier tipo de contacto con esta IA. Incluso aquellos que sean trabajadores de Anthropic.

Hasta ahora, las medidas de control de esta tecnología por parte de EEUU se basaban en cerrar cuellos de botella y estaban acotadas a China y su zona de influencia. Especialmente chips avanzados, así como los programas y las máquinas para fabricarlos. Sin embargo, el nuevo movimiento de Trump eleva esa política a un nuevo nivel y marca el inicio de la guerra fría digital.

Es la primera vez que la Casa Blanca bloquea un modelo que usaban ya millones de personas en todo el mundo, una decisión histórica que a tenor de lo ocurrido en Washington las últimas semanas, podría no ser la última.

El “bebé hermoso”

La medida llega después de una guerra soterrada entre Silicon Valley y la banca por las medidas de seguridad que deberían tener los nuevos modelos de IA. Un conflicto que los magnates tecnológicos parecían haber ganado por partida doble.

“Haremos que esta industria sea absolutamente la mejor porque ahora mismo es un bebé hermoso que ha nacido. Tenemos que hacer crecer a ese bebé y dejar que prospere”, decía Trump sobre la IA al tomar posesión de su cargo. “No podemos detenerla. No podemos detenerla con política. No podemos detenerla con reglas tontas y estúpidas”, insistía, defendiendo un enfoque libertario contra la regulación.

La segunda venida de Trump a la Casa Blanca estuvo marcada por su alianza con el capital riesgo de Silicon Valley. De su mano llegaron a Washington Elon Musk y el inversor David Sacks, dos miembros de la conocida como PayPal mafia, un grupo empresarios originarios de la Sudáfrica del apartheid defensores de la desregulación total de la tecnología. Ambos fueron designados “empleados especiales del Gobierno”, cargos con responsabilidades difusas que les permitían moverse con libertad por las diferentes capas del poder político estadounidense.

De izquierda a derecha: Scott Bessent (director del Consejo Económico Nacional), Donald Trump y David Sacks, en la Casa Blanca.
De izquierda a derecha: Scott Bessent (director del Consejo Económico Nacional), Donald Trump y David Sacks, en la Casa Blanca.

Mientras a Musk se le asignaba el puesto de líder del Departamento de Eficiencia Gubernamental, a Sacks se le encumbró como “zar de la inteligencia artificial y las criptomonedas”. Ambos centraron sus esfuerzos en frenar cualquier regulación para la IA, con Sacks insistiendo especialmente en cómo cualquier norma de seguridad supondría una zancadilla en la carrera con China. “Se podría argumentar que la carrera de la IA es incluso más importante que la carrera espacial, porque va a determinar quién reconfigura la economía global y quiénes van a ser las superpotencias del siglo XXI”, repetía.

Dicho y hecho: una de las primeras medidas de Trump al llegar al Despacho Oval fue derogar por completo todas las medidas de seguridad para los sistemas de IA diseñadas durante la presidencia de Joe Biden, mientras iniciaba la guerra comercial y restringía aún más la venta de chips y otras tecnologías clave al gigante asiático.

El detonante Mythos

Una de las particularidades de esos cargos de “empleado especial” es que solo permiten estar períodos cortos de tiempo en la administración estadounidense. Musk y Sacks abandonaron los pasillos del Gobierno hace meses. En tecnología, es tiempo suficiente para que todo cambie por completo, sobre todo en medio de la revolución de la IA.

El catalizador de ese cambio fue Mythos, anunciado en abril. Anthropic, fundada por extrabajadores de OpenAI que defienden la necesidad de una mayor seguridad en el desarrollo de IA, decidió no liberarlo en abierto. En vez de ello, ofrecieron un acceso acotado a grandes tecnológicas, bancos y gobiernos para que pusieran a prueba sus propios sistemas de seguridad.

Con todo, el enfoque de control de daños de Anthropic no impidió que muchos tomaran a Mythos como un aviso a navegantes. La banca y los organismos de ciberseguridad quedaron en alerta: ¿y si Mythos se filtra fuera del entorno protegido de Anthropic? ¿Y si el próximo Mythos sale a la luz sin el período de pruebas controladas que estableció esta startup? Según el New York Times, directores de bancos como JP Morgan, la mayor entidad de EEUU, han expresado repetidamente a Trump estas preocupaciones desde abril.

Zuckerberg frena la orden en el último momento

Con Musk y Sacks lejos de Washington, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y la jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles, pasaron a la acción. Según detallaron varios medios estadounidenses, ambos utilizaron a Mythos como palanca para convencer a Trump de que la inacción del Gobierno los haría parecer cómplices si ocurría un ciberataque masivo potenciado con inteligencia artificial.

Lo consiguieron. “Estamos estudiando que pasen por un proceso para que sean liberados abiertamente después de que se haya demostrado que son seguros, al igual que un medicamento de la FDA [Administración de Alimentos y Medicamentos]”, confirmó en una entrevista en Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional. El mecanismo se concretó en una nueva norma que forzaba a las empresas a enviar al Gobierno cada nuevo modelo IA al menos 90 días antes de ponerse a disposición del público general.

La declaración desató el pánico en Silicon Valley. Una autorización gubernamental previa para cada modelo era justo el proceso que las grandes tecnológicas y los inversores de capital riesgo representados por Sacks querían evitar.

Trump iba a firmar la orden ejecutiva que incluía esos 90 días de moratoria el jueves 21 de mayo. Pero su teléfono empieza a echar humo: Musk y Sacks presionan al presidente para que recuerde su compromiso inicial con la desregulación de la IA y reconsidere su postura.

Como no me gustaron ciertos aspectos, lo he pospuesto. Creo que se interpone en el camino de... ya saben, estamos liderando a China, a todos. No quiero hacer nada que se interponga

Donald Trump Tras negarse a firmar una orden ejecutiva con medidas de seguridad para la IA

La misma mañana en la que iba a firmar la orden, y con varios directores ejecutivos tecnológicos invitados a la Casa Blanca para aparecer en la fotografía, Trump duda. Según medios como la CNBC, decide llamar a Mark Zuckerberg, CEO de Meta; y Marc Andreessen, socio fundador de uno de los principales fondos de capital riesgo de Silicon Valley. No está convencido de rubricar la norma.

Esas conversaciones consiguieron volver a dar la vuelta a la situación. “Como no me gustaron ciertos aspectos, lo he pospuesto. Creo que se interpone en el camino de... ya saben, estamos liderando a China, estamos liderando a todos. Y no quiero hacer nada que se interponga”, explicó ese día el presidente a los medios de comunicación. “Realmente pensé que esto podría haber sido un obstáculo, y quiero asegurarme de que se haga bien”.

Una victoria en falso

Trump terminó firmando una orden ejecutiva con medidas de seguridad para la IA el 2 de junio. Sin embargo, las principales restricciones habían desaparecido. Del período obligatorio de 90 días para revisar cada nuevo modelo de IA se pasa a uno de 30 de carácter estrictamente voluntario. El texto está redactado pensando en modelos como Mythos, con “capacidades de ciberseguridad avanzadas”, y plantea la necesidad de avisar al Gobierno de su llegada con la suficiente antelación, no un control estricto.

Parecía que Silicon Valley había vuelto a ganar. Consiguió incluso incluir un párrafo que especifica que la Casa Blanca no puede intentar controlar cada modelo que salga al mercado. “Nada en esta sección se interpretará para autorizar la creación de un requisito obligatorio de licencia, preautorización o permiso gubernamental para el desarrollo, publicación, lanzamiento o distribución de nuevos modelos de IA”, dice la orden.

Sin embargo, diez días después Trump ha vuelto a dar un nuevo volantazo. Esta semana, Anthropic había publicado Fable 5, una versión de Mythos con capacidades recortadas para que su uso no represente una amenaza para los sistemas informáticos. Según el comunicado de la startup, la Casa Blanca sospecha que Fable ha podido ser hackeado.

Dario Amodei, cofundador y director ejecutivo de Anthropic.
Dario Amodei, cofundador y director ejecutivo de Anthropic.

“Tenemos entendido que el gobierno cree que ha tenido conocimiento de un método para eludir, o hacer un jailbreak [una vía para eliminar las restricciones de un programa o dispositivo y obtener funciones no permitidas por el fabricante], a Fable 5”, afirma la empresa dirigida por Dario Amodei. Sin embargo, asegura que no ha encontrado esas formas de violar la seguridad tras revisar sus sistemas.

“Creemos que esto es un malentendido y estamos trabajando para restaurar el acceso lo antes posible”, exponen. Según el comunicado de Anthropic, la empresa recibió la orden a las 17:21 del viernes. Sin embargo, esta no explicaba en detalle cuál era la preocupación de seguridad concreta que motivaba el veto. Una decisión histórica, ejecutada sin explicación y a última hora de un viernes.

Por el momento, el veto también deja en el aire el acceso de España a Mythos, concedido a principios de este mes tras semanas de negociaciones. El plan del Gobierno era que las empresas interesadas pudieran poner a prueba su ciberseguridad con este modelo, pero ahora no está claro que pueda llevarse a cabo. elDiario.es ha preguntado al Ministerio de Transformación Digital, coordinador de ese proceso, sobre el acceso del Ejecutivo a ese entrono de pruebas. “Está por ver qué sucederá”, responden fuentes oficiales.

SpaceX y el cuento "libertario" de Elon Musk: "Nunca lo fue, usa el sector público como fuente de poder y beneficios"

10 June 2026 at 21:18

SpaceX y el cuento "libertario" de Elon Musk: "Nunca lo fue, usa el sector público como fuente de poder y beneficios"

Ben Tarnoff, coautor de 'Muskismo', explica cómo la mayor salida a bolsa de la historia culmina décadas de simbiosis entre el magnate y el Estado: "El propósito no era eliminar el Gobierno, sino hacerlo vasallo suyo"

SpaceX se lanza al mercado: la hora de la verdad del plan maestro de Elon Musk

La trayectoria de Elon Musk marcará esta semana un nuevo hito solo al alcance de unos pocos personajes históricos. SpaceX, la compañía espacial en la que cuenta con el 42% del capital social (aunque controla cerca del 85% del poder de voto total) protagonizará el viernes la mayor salida a bolsa de todos los tiempos. Recaudará unos 75.000 millones de dólares y podría convertirle en la primera persona en acumular una fortuna superior al billón de dólares.

Es una entrada más en la histriónica biografía de un empresario acostumbrado a las polémicas y a los titulares, divididos entre su faceta de visionario —como impulsor del primer fabricante de coches 100% eléctricos a escala global o de la empresa que ha inaugurado la era de la privatización del espacio— y la de milmillonario de ideas peligrosas, receloso del poder estatal y los gobiernos.

Sin embargo, el cuento que Musk ha ayudado a trazar sobre sí mismo está lejos de la realidad práctica sobre la que ha construido su imperio. “Es importante entender que Musk no es ni ha sido nunca un libertario. La gente suele asociar Silicon Valley con el libertarismo, pero en el caso de Musk, y en realidad en el del sector tecnológico en general, sus ventajas derivan de una estrecha relación con el Estado”, explica Ben Tarnoff en entrevista con elDiario.es.

En el caso de Musk, y en realidad en el del sector tecnológico en general, sus ventajas derivan de una estrecha relación con el Estado

Tarnoff es coautor, junto al historiador Quinn Slobodian, de Muskismo: Elon Musk y la nueva era posliberal (Editorial Taurus), un libro en el que intentan no solo repasar la trayectoria del magnate, sino como su pensamiento y acciones han contribuido a crear un nuevo paradigma económico al que denominan “muskismo”. Proponen que, del mismo modo que el fordismo (basado en las estrategias de Henry Ford) fue el sistema operativo del capitalismo del siglo XX, el modelo de Musk lo es en el XXI: una visión del mundo que promete la salvación y la soberanía a través de la tecnología, pero que en la práctica hace que los Estados dependan de sus monopolios privados.

“Una de las líneas conductoras de la carrera de Musk es su capacidad para instrumentalizar el sector público como fuente de poder y beneficios”, destaca Tarnoff. “SpaceX es quizá la ilustración más clara de esto”, recalca. Su creación, supervivencia y posterior despegue dependen por entero de los contratos con la administración estadounidense, tanto con la NASA como con el Pentágono.

La “simbiosis con el Estado”

Los autores citan en el libro varios momentos en los que la narrativa agresiva con los poderes públicos del magnate contrasta con su papel fundamental para sus empresas. En el caso de SpaceX uno de los más llamativos sucedió en 2006, cuando la compañía se salvó de la bancarrota gracias un contrato con la NASA.

Entonces SpaceX, que el viernes se convertirá en una de las 10 empresas más valiosas del planeta, no había volado ningún cohete con éxito y había generado menos de 50 millones de dólares en ingresos. Con todo, la agencia espacial le otorgó 278 millones de dólares para construir un cohete nuevo y más grande, el Falcon 9, y una nave de carga, la cápsula Dragon.

Esa relación de dependencia fue clave desde su fundación en 2002. “La empresa despega en el primer año de la guerra global contra el terrorismo prometiendo al Pentágono de Donald Rumsfeld la capacidad de poner en órbita satélites más pequeños, más baratos y de despliegue más rápido, a un coste muy inferior al de los grandes contratistas de defensa entonces dominantes”, describe Tarnoff.

La nave espacial SpaceX Dragon, a bordo de un cohete Falcon 9
La nave espacial SpaceX Dragon, a bordo de un cohete Falcon 9

“Esto ilustra bien lo que entendemos por simbiosis con el Estado”, continúa. Es una relación en la que Musk busca “injertarse” en el aparato público, utilizar la financiación institucional, así como aprovechar las tecnologías creadas por el Gobierno de EEUU como un andamio para sus propios proyectos.

SpaceX es el ejemplo más evidente, pero ni mucho menos el único. Al contrario, este modus operandi se repite durante toda su trayectoria. Desde su primera empresa, llamada Zip2, fundada en junio de 1995 cuando Musk tenía 24 años. Zip2 era una especie de páginas amarillas digital con comercios locales de la Bahía de San Francisco, que incluía mapas e indicaciones de cómo llegar a los negocios. La tecnología clave de su sistema era la constelación de satélites GPS construida por el Pentágono, que comenzó a operar en abril de 1995.

Fue el germen del muskismo: los autores cuentan cómo Musk convenció a la empresa proveedora de mapas para que le permitiera usar su tecnología a coste cero hasta que Zip2 diera beneficios, construyendo su primera compañía gracias a la cesión gratuita de una infraestructura militar desarrollada con dinero público. En 1999, Compaq compró la empresa por 307 millones de dólares, de los que a Musk se llevó unos 22.

Zip2 nunca llegó a hacer públicas sus cuentas, pero no hay pruebas de que llegara a obtener beneficios antes de ser disuelta en 2003. El ya millonario Musk invirtió ese beneficio en la creación de X.com, que más tarde se transformaría en Paypal. Es quizá la parte más estudiada de su primera etapa empresarial, donde trazó las conexiones que le convirtieron en un miembro de la Paypal mafia, el grupo de empresarios nacidos en la Sudáfrica del apartheid que hoy pueblan los puestos de poder de Silicon Valley y la Casa Blanca.

Para el desarrollo de esta plataforma de pagos digitales fue indispensable, de nuevo, la cesión gratuita de tecnología pública. Como detalla Tarnoff, sin la privatización a coste cero del proyecto DARPA, la base del primer Internet, ni Paypal ni ninguna otra empresa de la primera explosión digital podrían haber despegado. Paypal fue vendida a eBay en 2002, una operación que reportó otros 180 millones a Musk.

Un capital que sirvió para alumbrar SpaceX, con la que el magnate volvió a abrir un círculo que este viernes se cerrará con los 75.000 millones de dólares que los inversores ingresarán en la compañía.

Ni libertario, ni parásito

Con todo, Tarnoff pide ver las dos caras que la relación de simbiosis que Musk establece entre sus empresas y el estado. “Para nuestro argumento es importante que Musk no sea visto como un libertario, pero es igualmente importante que tampoco sea percibido como un capitalista de amiguismo o un simple parásito, alguien que se limita a extraer valor del Estado sin ofrecer nada a cambio”, destaca en su conversación con este medio.

“En ecología, los científicos distinguen entre interacciones simbióticas y parasitarias: la simbiosis describe una relación de beneficio mutuo. Nosotros sostenemos que, a medida que Musk se ha integrado más profundamente en el Estado, este también ha obtenido ventajas de esa relación. En cierto modo, el muskismo consiste en aumentar la capacidad del Estado a través de medios privados”, prosigue.

Es importante que Musk no sea visto como un libertario, pero es igualmente importante que tampoco sea percibido como un capitalista de amiguismo o un simple parásito, alguien que se limita a extraer valor del Estado sin ofrecer nada a cambio

SpaceX vuelve a ser un ejemplo de ello. “Si eres el Pentágono, SpaceX te ayuda a expandir capacidad y soberanía: en 20 años redujo un 90% el coste de poner masa en órbita, lo que significa que ejércitos y servicios de inteligencia disponen ahora de activos espaciales para vigilancia y guía de munición a los que antes no tenían acceso”.

Los autores sostienen que esa relación en la que ambos obtienen beneficios es precisamente la que ha forjado la alianza entre Washington y Silicon Valley y su fusión entre poder político y poder tecnológico. Un tratado que está tomando un nuevo cariz en los albores de la era de la inteligencia artificial.

“Cuando observamos a Musk y, más en general, la integración cada vez más profunda entre Silicon Valley y el Estado estadounidense —visible de forma particular en el conflicto con Irán, con la dependencia de herramientas de Anthropic y Palantir para la selección automatizada de objetivos y ataques— sostenemos que eso nos lleva a un paradigma que ya no puede describirse limpiamente como neoliberal. No se trata de una contracción de la capacidad estatal. Se trata, en realidad, de una expansión de esa capacidad —coercitiva, sí, vinculada a la guerra— pero expansión al fin y al cabo, canalizada a través de la integración con empresas tecnológicas privadas”, defiende.

Tu dinero, mi monopolio

La relación de beneficios en esa simbiosis no es unidireccional. Pero tiene trampa. Sus características hacen que el Estado sea cada vez más dependiente de las tecnológicas, que pueden convertirse en el proveedor dominante de determinados servicios o, directamente, construir monopolios a través de la privatización de infraestructuras críticas.

“El muskismo absorbió la idea de que las empresas, al participar en esas asociaciones con el Estado, pueden asemejarse a él. El propósito no era eliminar el Gobierno, sino hacerlo vasallo suyo, de modo que solo pudiera ejercer su autoridad si compraba los servicios de un proveedor monopolista”, relatan Slobodian y Tarnoff en el libro.

El propósito no era eliminar el Gobierno, sino hacerlo vasallo suyo, de modo que solo pudiera ejercer su autoridad si compraba los servicios de un proveedor monopolista

En 2025, el 95% de los lanzamientos orbitales en Estados Unidos y de más de la mitad de todos los lanzamientos mundiales corrió a cargo de SpaceX. “El Pentágono, la NASA y otras agencias gubernamentales quedaban en una posición muy dependiente de Musk. SpaceX se convirtió en la puerta que daba acceso de facto al Gobierno a la órbita baja terrestre. En esto consistía la soberanía como servicio: la lógica de la moderna plataforma de internet ampliada a la escala del Estado nación”.

Ahora, Musk ha ampliado el espectro de su compañía espacial. Con la integración de su compañía de inteligencia artificial xAI y la red social X, su negocio va mucho más allá de los viajes espaciales. xAI está construyendo, junto a Tesla, dos gigantescos centros de datos en Tennessee llamados Colossus I y II, que albergarán un supercomputador. SpaceX pretende a su vez explorar la posibilidad de construir centros de datos en órbita, con el objetivo de aprovechar la energía solar ilimitada lejos de las nubes o del ciclo de día y noche.

La base de SpaceX en Texas.
La base de SpaceX en Texas.

“Ha demostrado que puede construir centros de datos muy rápidamente, a menudo saltándose regulaciones y levantando centrales de gas metano de altas emisiones contaminantes. Tanto Anthropic como Google han llegado a acuerdos con Musk para arrendar capacidad de computación de sus centros de datos, precisamente porque Grok —el modelo de lenguaje de Musk— no ha tenido una gran adopción: tienen más capacidad de la que necesitan y pueden arrendar esa capacidad a empresas que son técnicamente competidoras, pero que en realidad pueden proporcionarles una muy necesaria inyección de liquidez”, resume Tarnoff.

Esta mutación hacia un gigantesco proveedor de infraestructura física es el motivo real detrás de la colosal salida a bolsa del viernes. Musk, tradicionalmente contrario a ceder parte de la capacidad de decisión a los accionistas, necesita enormes inyecciones de capital para financiar esos centros de datos.

Sin embargo, una vez más, SpaceX es el culmen de su estrategia. Musk no cederá el control: los documentos de la operación blindan su posición como director ejecutivo gracias a que sus acciones cuentan con derecho de voto reforzado. “Se vuelve esencialmente inexpulsable”, señala el investigador. Pero sí externalizará el riesgo.

Una de las cosas que ocurrirá poco después de su salida a bolsa es que se incorporará al Nasdaq 100, el índice bursátil que siguen muchísimos fondos indexados en todo el mundo. Esto significa que las personas que tienen sus pensiones, sus planes de jubilación y sus ahorros invertidos en esos fondos pronto tendrán acciones de SpaceX

“Una de las cosas que ocurrirá poco después de su salida a bolsa es que se incorporará al Nasdaq 100, el índice bursátil que siguen muchísimos fondos indexados en todo el mundo. Esto significa que las personas que tienen sus pensiones, sus planes de jubilación y sus ahorros invertidos en esos fondos pronto tendrán acciones de SpaceX en cartera, lo que convierte a Musk en un actor estructuralmente relevante para los mercados financieros globales, recuerda Tarnoff.

SpaceX no es rentable: está perdiendo bastante dinero, y tiene una valoración enormemente inflada que se sustenta en toda clase de promesas extraídas de la ciencia ficción: desde centros de datos en órbita hasta la colonización de Marte. En el pasado, Musk ha hecho con frecuencia ese tipo de promesas descabelladas, y los inversores no esperan que las cumpla todas: esperan que cumpla algunas, y eso generalmente es suficiente para mantener la máquina del dinero en marcha. Pero ahora que hay un universo de inversores mucho más amplio, y que como empresa cotizada en un índice de primer nivel está integrada en el sistema de jubilación de mucha gente, creo que eso cambia bastante las cosas y crea un riesgo mucho mayor para el ciudadano de a pie”, concluye.

Crece el choque tecnológico con EEUU: Países Bajos veta la venta de un sistema clave por "amenazar el interés público"

10 June 2026 at 10:20

Crece el choque tecnológico con EEUU: Países Bajos veta la venta de un sistema clave por "amenazar el interés público"

El Gobierno neerlandés frena la adquisición de la firma responsable de su sistema nacional de identificación por parte de una multinacional estadounidense para impedir la "dependencia digital" con la Casa Blanca

Europa se baja de la nube de EEUU ante el riesgo de seguridad: “Las dependencias se usan hoy como armas”

Dejar la tecnología del sistema de identificación nacional del país en manos de una empresa estadounidense es una “amenaza para el interés público”. Este ha sido el motivo alegado por el Gobierno de Países Bajos para bloquear la venta de la firma local Solvinity a la multinacional estadounidense Kyndryl, una escisión de IBM que agrupa sus negocios de infraestructura. El acuerdo, que ya estaba cerrado entre ambas partes, ascendía a 100 millones de euros.

Solvinity, fundada en 2015 y con sede en Ámsterdam, es la encargada de DigiD, el sistema nacional de identificación neerlandés, utilizado por sus 18 millones de ciudadanos para acceder a servicios públicos y gubernamentales esenciales como el pago de impuestos, el acceso a historiales médicos, la gestión de pensiones, prestaciones sociales y expedientes académicos. También pone la tecnología que sirve de base a la plataforma de comunicación interna del Gobierno.

Permitir que esos contratos pasen a Kyndryl supondría un riesgo de “dependencia digital” por la “imprevisibilidad geopolítica”, según un dictamen confidencial del Ejecutivo neerlandés al que ha tenido acceso ahora el New York Times. “La amenaza al interés público solo puede evitarse prohibiendo la adquisición propuesta”, reza el documento.

Según detalla el documento, el temor de las autoridades es que leyes estadounidenses como la CLOUD Act permiten a la Casa Blanca obligar a la matriz de Kyndryl a entregar información sensible de la ciudadanía europea o a interrumpir el funcionamiento de suministros informáticos críticos. Este ha sido el motivo por el que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha tumbado en dos ocasiones los acuerdos internacionales para la transferencia de datos entre Bruselas y Washington.

Los comunicados de las empresas sobre la caída del acuerdo, emitidos a finales de mayo, ya dejaron entrever el problema real que había aflorado durante la operación. “La politización de este proceso ha eclipsado los claros e importantes beneficios que esta operación habría aportado a los clientes de Solvinity y a los ciudadanos neerlandeses”, declaró Kyndryl: “Nos sentimos profundamente decepcionados por la decisión del Gobierno de los Países Bajos de prohibir la adquisición de Solvinity”.

“Solvinity continúa dialogando con las autoridades pertinentes sobre las consideraciones formuladas en el contexto de la seguridad nacional, la autonomía digital y la protección de las infraestructuras críticas neerlandesas”, ha afirmado por su parte la empresa neerlandesa.

Este veto se produce en un marco de creciente debate en el continente respecto a la dependencia estratégica de la tecnología estadounidense. El pasado mes de abril, un informe del laboratorio de ideas Future of Technology Institute expuso que los sistemas informáticos esenciales de España y otros 22 países de la región presentan una alta exposición a las decisiones políticas de la Casa Blanca.

En este caso, la resolución de prohibir la venta a Kyndryl por parte de Países Bajos se mantuvo firme a pesar de la maquinaria diplomática que Washington desplegó entre bambalinas para intentar salvar la operación, destaca el New York Times. Según revelaron funcionarios neerlandeses y estadounidenses, el embajador de Estados Unidos, junto con la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, presionaron intensamente para que se aprobara la compra. Los esfuerzos fracasaron. Fuentes de la Casa Blanca han expresado al citado medio que la decisión forma parte de una ofensiva europea contra sus empresas tecnológicas.

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