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Más allá de La Roja: las selecciones que más audiencia hacen en España

13 June 2026 at 10:00

Cuando juega España, la televisión se convierte casi automáticamente en un acontecimiento nacional. Pero los grandes torneos también tienen sus propias selecciones-imán cuando La Roja no está sobre el césped. Los datos recientes de Mundiales y Eurocopas dibujan un mapa bastante claro: Argentina y Francia están en la cima, mientras Inglaterra, Portugal y Marruecos han consolidado un tirón especialmente fuerte entre los espectadores españoles.

El interés vuelve a estar sobre la mesa con el debut mundialista de Marruecos ante Brasil, un partido que se jugará el 13 de junio en Nueva York/Nueva Jersey y que en España podrá verse en abierto por La 1 y RTVE Play a las 00:00 del domingo 14, además de en DAZN, que ofrece todos los partidos del torneo.

La clave es que la audiencia no depende solo del nombre de una selección. Pesan el horario, la fase del torneo, el rival, las estrellas, el relato competitivo y, sobre todo, si el partido se emite en abierto. Un cruce de eliminatoria, una tanda de penaltis o una final pueden disparar el dato mucho más que un encuentro de fase de grupos, incluso con equipos de menor tradición televisiva.

El techo reciente sin España lo marcó la final del Mundial de Qatar 2022 entre Argentina y Francia, que reunió 9,774 millones de espectadores y un 62,2% de cuota durante el partido, y llegó a 13,005 millones y un 74,3% en los penaltis, sumando las emisiones de La 1 y Gol Mundial. Es el mejor ejemplo de cómo dos selecciones extranjeras pueden convertir un partido en un fenómeno masivo.

Argentina aparece de forma recurrente en la parte alta de las audiencias. La presencia de Leo Messi, el peso de la comunidad latinoamericana y el relato emocional de Qatar 2022 reforzaron su capacidad de atracción. Su semifinal ante Croacia rozó los 6,3 millones de espectadores y un 40,9%, confirmando que su tirón iba mucho más allá de la final.

Francia es probablemente la selección europea más fiable en términos televisivos cuando no juega España. Fue protagonista de la final de 2018, de la final de 2022 y de partidos de enorme rendimiento, como la semifinal del Mundial de Qatar ante Marruecos, que alcanzó 6,798 millones y un 45,1% en La 1. Su combinación de proximidad, estrellas reconocibles y competitividad la convierte en una apuesta casi segura.

En un segundo escalón aparecen Inglaterra y Portugal. La selección inglesa funciona por tradición, por el peso de la Premier League y por su capacidad para generar grandes relatos en fases finales. Su semifinal de la Eurocopa 2024 ante Países Bajos reunió casi 5,9 millones de espectadores y un 48,4%. Portugal, por su parte, suma cercanía geográfica, rivalidad ibérica y el tirón de Cristiano Ronaldo, con cruces como el Portugal-Francia de la Eurocopa 2024 superando los 5,1 millones y disparándose en los penaltis.

El caso de Marruecos es distinto y especialmente interesante. No es necesariamente la selección extranjera que más audiencia garantiza por sí sola, pero sí una de las más noticiables para el espectador español. Su vínculo reciente con España, la comunidad marroquí residente, el recuerdo de Qatar 2022 y el futuro Mundial 2030 compartido con España y Portugal le dan una carga televisiva y social muy particular.

El precedente más evidente fue el España-Marruecos de Qatar 2022, que reunió 10,512 millones de espectadores de media en La 1, con los penaltis elevándose hasta 12,609 millones y un 70%. Pero Marruecos también funcionó sin España: su cuarto de final ante Portugal alcanzó 3,675 millones y un 32%, mientras que su semifinal contra Francia se convirtió en uno de los grandes partidos del torneo en abierto.

Por eso el debut ante Brasil será un test especialmente potente. A Marruecos se le suma una selección con marca universal, historia mundialista y capacidad demostrada para reunir audiencia incluso en fase de grupos. Brasil ya dio cifras muy altas en el Mundial de 2018, como los 5,857 millones ante Suiza, aunque el horario de medianoche en España puede jugar en contra.

El fútbol de selecciones mantiene, en cualquier caso, una fuerza televisiva difícil de igualar. El Mundial de Qatar 2022 alcanzó en España 34,19 millones de espectadores únicos, el 74,7% de la población, entre las emisiones de La 1 y Gol Mundial. Ese dato explica por qué las cadenas siguen convirtiendo los grandes torneos en eventos de programación, incluso cuando no juega la selección española.

Más allá de La Roja, no hay una única selección que garantice siempre la mayor audiencia. Argentina y Francia lideran por datos recientes; Inglaterra y Portugal mantienen un tirón muy estable; Brasil conserva su marca histórica; y Marruecos aporta el componente social, emocional y narrativo que lo convierte en una de las selecciones extranjeras más atractivas para la televisión española. La audiencia, al final, no solo mira camisetas: mira estrellas, historias, rivalidades y partidos que parecen tener algo más en juego.

© Efe

Selección Española

Crítica de ‘El juego del asesino’ (Filmin): una entretenida pesadilla vecinal con más tensión que sorpresa

10 June 2026 at 12:06

Para la mayoría, la jubilación se proyecta como la ansiada línea de meta: esa etapa idílica de descanso merecido, viajes programados y horas devueltas a los viejos hobbys. Sin embargo, en una sociedad ultracapitalista donde la identidad individual se construye de forma casi exclusiva a través del empleo y la productividad, el fin de la vida laboral puede transformarse en un abismo inesperado. Cuando el estatus, las rutinas y el propio valor personal han estado ligados durante décadas a una tarjeta de fichar, el vacío que deja la retirada de la primera línea no es una liberación, sino un laberinto identitario que muchos no saben cómo llenar. De hecho, no son pocos los que, tras el brindis de despedida, chocan de frente con problemas de ansiedad, desubicación y una profunda crisis de propósito al descubrir que el tiempo libre, sin un norte claro, pesa más que la peor de las jornadas laborales.

Dentro del mapa de profesiones que peor digieren este apagón, la del policía es uno de los grandes fetiches del cine y la televisión, explotando esa fina línea que separa el deber de la obsesión. La pantalla ha encontrado un filón en el conflicto de colgar la placa: desde el agente al que le encasquetan un último caso antes del retiro —el clásico Roger Murtaugh en «Arma Letal»—, hasta el veterano arrastrado de vuelta al asfalto por un cabo suelto del pasado, como el Bill Hodges de «Mr. Mercedes». Son personajes cortados por el mismo patrón: tipos devorados por la adrenalina, con vidas familiares arrasadas y para quienes el silencio de una casa vacía resulta mucho más amenazante que el peor criminal de la ciudad.

Precisamente de eso habla «El juego del asesino» («The Game»), la miniserie británica que acaba de aterrizar en Filmin. La trama nos presenta a Huw Miller (Jason Watkins), un detective recién jubilado que, lejos de disfrutar de su merecido descanso, vive completamente obsesionado con el único gran fracaso de su carrera: el caso sin resolver de un asesino en serie, el «Acosador de Ripton», que volatilizaba a sus víctimas sin dejar rastro. La monotonía de su forzosa rutina estalla en mil pedazos cuando un nuevo vecino, Patrick (Robson Green), se muda a la casa de enfrente.

Lo que en apariencia es una mudanza corriente se transforma en una pesadilla psicológica para Miller cuando cree escuchar en boca de Patrick ciertas frases hechas y latiguillos —como el escalofriante «nos vemos luego»— que el asesino utilizaba para mofarse de él durante la investigación. Convencido de que el criminal se ha instalado en su propia acera para burlarse de su retiro, el exdetective se sumerge en una espiral de vigilancia destructiva. Esta obsesión enfermiza irá escalando hasta dinamitar su entorno familiar, desoyendo los ultimátums de su esposa Alice (Sunetra Sarker) y arrastrando a su hija Margot (Indy Lewis) a un abismo de tensión donde los límites entre el instinto policial refinado y la pura paranoia de la jubilación terminan por difuminarse por completo.

A lo largo de sus cuatro capítulos de apenas 45 minutos, la miniserie nos sumerge de lleno en las pesquisas de Huw y en cómo su obsesión va adquiriendo tintes cada vez más peligrosos. Todo ello se articula a través de una tensión y un suspense que funcionan con precisión de relojero, especialmente en secuencias de puro nervio como aquellas en las que el exdetective se cuela en la casa de Patrick o en su tienda para recabar pruebas. En este duelo psicológico, el trabajo de Jason Watkins resulta clave: el actor sostiene la trama construyendo un personaje profundamente humano, un auténtico «everyday man» que despierta una empatía inmediata frente a la réplica de Robson Green, que encarna a un sospechoso mucho más estereotipado y de manual. Los inevitables giros del guion, además, mantienen siempre los pies en el suelo, dosificando las sorpresas sin traspasar en ningún momento la barrera de lo inverosímil o lo ridículo.

Precisamente por todo ello, es una pena que la serie no apueste de forma más decidida por estirar la ambigüedad y el misterio. Una vez que la trama se ve obligada a desvelar unas cartas que, todo sea dicho, se veían venir desde lejos, la propuesta se desinfla irremediablemente y se vuelve bastante genérica. Su último capítulo y un desenlace un tanto atropellado quedan muy lejos de ese suspense casi hitchcockiano —salvando las distancias y perdónenme la blasfemia— que tan bien había funcionado hasta entonces. Con todo, la serie cumple como un entretenimiento honesto, sin grandes pretensiones y fácil de ver; no revoluciona el género ni tiene por qué hacerlo. Al fin y al cabo, es un pasatiempo ideal para una tarde muerta. Y si por un casual hay algún jubilado leyendo esto que todavía no sabe cómo rellenar sus horas libres, que se ponga los cuatro episodios,

© Filmin

También es mala suerte que el sospechoso de tu vida se mude enfrente tuyo
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