El anuncio de reapertura del Estrecho de Ormuz ha impulsado una nueva caída del precio de los carburantes. El diésel ya ha alcanzado su nivel más bajo desde el comienzo de la guerra en Oriente Medio, con un coste de 1,59 euros tras abaratarse un 1,42% con respecto a la semana pasada.
De esta manera, el precio medio del diésel se consolida muy por debajo de los 1,883 euros que tocó en la semana anterior a la entrada en vigor el pasado 22 de marzo de las medidas fiscales del Gobierno para contener el impacto en los precios de la guerra en Irán. Por su parte, la gasolina también ha tocado mínimos desde abril, con un precio de 1,5 euros y un descenso del 1,4% respecto a la semana anterior.
A pesar de ello, con los precios de esta semana, llenar un depósito medio de 55 litros de diésel tiene un coste de 87,56 euros, unos 12,7 euros más que hace un año, cuando ascendía a unos 74,8 euros.
Por su parte, para los vehículos de gasolina, llenar un depósito regular supone un desembolso actualmente de unos 82,5 euros, unos 2,2 euros más que hace un año, cuando superaba los 80,3 euros.
Pese a las subidas constantes de los últimos meses, los precios no llegaron a tocar los máximos registrados en 2022, con el estallido de la crisis energética por la guerra en Ucrania, cuando la gasolina alcanzó los 2,141 euros y el gasóleo los 2,1 euros.
Así, el precio de los carburantes en España continúa por debajo de la media de la Unión Europea. La gasolina sin plomo de 95 se comercializa en el país por 1,804 euros el litro, mientras que la media comunitaria es de 1,84 euros. El diésel se sitúa en 1,804 euros, con la eurozona en 1,86 euros.
Deutsche Bank ha actualizado sus previsiones económicas para el año 2026 y estima que la inflación ene la eurozona cierre el año 2026 en un 3,1%. En verano, el IPC para los países del euro podría llegar a escalar hasta el 4%. Además, mejora las perspectivas para España con un crecimiento estimado del 2,6% y liderando entre las grandes economías europeas. Para la eurozona, el banco rebaja sus expectativas con un avance del 0,9%, marcado por el encarecimiento de la energía derivado del conflicto en Oriente Medio.
Rosa Duce, Chief Invesment Officer de la entidad, explica que "los motivos por los que España se comporta mejor que sus vecinos europeos tienen que ver con un mix energético en el que las renovables tienen un peso creciente y su modelo de crecimiento más vinculado al sector servicios, menos afectado por los mayores costes de la energía si se compara con la industria. De ahí que sea precisamente Alemania donde más se hayan revisado a la baja las expectativas de crecimiento".
Además, asegura que en Europa "no existe un problema de suministro actual, pero sí estamos sujetos a los efectos indirectos en el precio de la energía". Esto tiene un reflejo directo en las expectativas de avance de los precios para la segunda mitad del año. También existe un escenario de riesgo que puede desajustar estas previsiones: la no formalización del acuerdo de paz entre Irán y Estados Unidos en los próximos 60 días.
En cuanto a las materias primas, los precios del petróleo seguirán elevados incluso tras la resolución del conflicto, con niveles esperados en torno a los 80 dólares a un año vista. No obstante, el mercado debería pasar del déficit al superávit a finales de año a medida que aumenten las cuotas de la OPEP+ y los Emiratos Árabes Unidos eleven previsiblemente la producción significativamente tras haber salido del cártel. El oro podría renovar su potencial alcista hasta los 5.400 dólares por onza a finales de junio de 2027.
Deutsche Bank espera que la Fed baje sus tipos de interés, aunque estima que lo hará ya entrado el año 2027. Para el mercado europeo, se espera que los tipos vuelvan a aumentar en 25 puntos para poder ajustar la inflación actual. En Asia, el país más afectado por la situación internacional es Japón, aunque la aprobación de paquetes fiscales suplementarios y el incremento de los tipos ha podido contener los precios.
Visión constructiva en los mercados
Deutsche Bank mantiene una visión constructiva sobre los mercados, aunque la preferencia por clase de activo puede variar según las condiciones de mercado. Las infraestructuras, dentro de las que se engloban los servicios esenciales
En bolsa, el foco va a estar principalmente en los beneficios. La estructura de los mercados está reflejando donde está el crecimiento a medio y largo plazo de la economía y los sectores. A largo plazo, la capitalización ha demostrado que la economía financiera ha pasado ahora a impulsarse en la tecnología, que catalizará el avance de Estados Unidos.
En cambio, en Europa la recuperación será un poco más lenta, pues la volatilidad generada por el conflicto retrasa el proceso de vuelta a la normalidad. De cara al futuro, se podrá recuperar el crecimiento a dos dígitos, pero no a niveles de Asia o Estados Unidos.
Las divisas se mantendrán en movimiento por la variación de los precios de la energía. Las más independientes se han visto muy beneficiadas por la situación y esta seguirá siendo la dinámica mientras se vaya estabilizando el mercado.
Perspectivas de inversión
A pesar del shock geopolítico, los mercados de renta variable global han mostrado una gran resiliencia con un rápido rebote tras la corrección inicial. Además, la fortaleza de los beneficios empresariales, principalmente apoyados en la tecnología y la IA también ayudará a impulsar el mercado bursátil.
La renta fija de calidad ofrece también oportunidades, aunque con diferenciales ajustados que requieren mayor selectividad. Según Alejandro Vidal, Head Investment Manager de Deutsche Bank España, “es probable que los rendimientos del Treasury de EEUU y del Bund alemán bajen”.
Las insolvencias empresariales cada vez son más comunes y al se dispararon un 12 % a comienzos de 2026 frente a 2025. En un contexto marcado por la incertidumbre, Coface estima que los impagos aumentarán en España entre un 2% y 3%, muy por debajo de las estimaciones a nivel mundial, situadas en un 6%.
El tejido empresarial global se ha debilitado notablemente en los últimos meses debido a la llegada de las primeras consecuencias económicas del conflicto con Irán. Así, os elevados tipos de interés, el alto endeudamiento y el aumento del precio de la energía siguen lastrando a las compañías de todo el mundo.
Los tipos de interés elevados derivan en un coste del crédito mucho más alto, algo que se agrava si se tiene en cuenta que las empresas están entrando en esta fase con niveles de deuda históricamente altos. En general, las compañías han visto reducida su capacidad para refinanciar su deuda y absorber nuevas perturbaciones.
A nivel internacional, se esperan aumentos significativos en Estados Unidos, del 8%, Francia, del 8%, y Japón, del 7%, mientras que Alemania y los Países Bajos registrarían incrementos de alrededor del 5%. En España, Italia y el Reino Unido se prevén aumentos más moderados, de entre el 2% y el 3%.
La construcción, la química y el textil continúan siendo los sectores más vulnerables debido a su elevada exposición a los costes de producción y a la demanda. Las actividades industriales en Estados Unidos ya se están viendo afectadas por el aumento de los costes de financiación y la desaceleración de la demanda. En Japón, los sectores más endeudados se ven también debilitados precisamente por unas condiciones de financiación que se han vuelto persistentemente más estrictas.
Si nos fijamos en España, la educación, con un crecimiento interanual del 69,6%, la salud y los servicios sociales de seguros, con un 6,3% y 9,4%, respectivamente, y el transporte y almacenamiento, un 2,9%, son los más expuestos a las insolvencias empresariales.
Esta vulnerabilidad es aún más pronunciada en las pymes, que suelen estar menos diversificadas y más expuestas a las fluctuaciones de tesorería. Como resultado, en varias regiones, estos sectores se encuentran entre los principales contribuyentes al aumento de los impagos observado desde 2025, lo que confirma el carácter ya estructural de las presiones en juego.
Las ayudas públicas no consiguen ayudar a frenar esta situación, pues su poco alcance hace que la capacidad para contener el repunte de retrasos en los pagos sea más difícil de contener.
El absentismo laboral es una de las principales preocupaciones de los empresarios españoles. Actualmente, esta ausencia en los puestos de trabajo no se explica únicamente a través de la sobrecarga o el estrés percibido, sino también por una desconexión más profunda entre las personas y sus organizaciones. Así lo demuestra el Informe sobre el Estado de las Personas en la Empresa en España 2026, elaborado por Dathum.
El estudio diferencia dos zonas problemáticas en la experiencia laboral: el sufrimiento, vinculado a ansiedad y sobrecarga, y el vacío, asociado a aburrimiento, apatía y desconexión. Mientras que el sufrimiento genera 10 veces más absentismo que la zona óptima, aquella en la que el trabajador se siente implicado, reconocido y con un nivel adecuado de reto y soporte, el vacío genera 17,8 veces más. Además, el 12,6% de la fuerza laboral española se encuentra en esta zona de vacío, que aumenta por segundo año consecutivo.
El estudio confirma además la tendencia a la baja de los indicadores de capital humano, es decir, el conjunto de capacidades, compromiso y bienestar de las personas en una organización, que desde 2021 ha caído un 26%. Además, 2025 es el primer año de la serie en el que todas las variables de capital humano se mueven en la misma dirección negativa.
Así, Dathum considera que esto ha ocurrido no por una falta de esfuerzo por parte de los trabajadores, sino por una falta de soporte en un momento de alta exigencia organizativa. El 2025 se convierte así en el primer año de la serie en el que todas las variables de capital humano se mueven en la misma dirección negativa.
El desenganche laboral aparece estrechamente conectado con la pérdida de reconocimiento profesional. Según los datos, cuatro de cada 10 trabajadores están en zona baja de estima profesional, lo que significa que han dejado de percibir que su trabajo importa o tiene valor dentro de la organización. Así, las personas con bajo reconocimiento presentan 16,4 veces más absentismo y 15,1 veces más baja productividad que aquellas que se encuentran en niveles altos de reconocimiento.
Bajo un liderazgo en el que el jefe anima a sus trabajadores a que contribuyan, crezcan y se sientan parte activa de la organización— el reconocimiento alcanza un valor del 68,5%, mientras que bajo liderazgo de exclusión en el que el líder no cuenta con su equipo ni reconoce su contribución cae al 16,8% sobre 100. Para Dathum, este dato muestra que "el papel del manager no se limita a la asignación de tareas, sino que influye directamente en la capacidad de las personas para mantener su compromiso, su contribución y su crecimiento dentro de la organización".
El informe también identifica un punto crítico en la curva de edad: las personas entre 35 y 44 años presentan el compromiso más bajo, el mayor absentismo, la menor productividad y el menor reconocimiento profesional percibido de toda la curva activa. En este tramo, las tres dimensiones de seguridad psicológica analizadas (la sensación de poder contribuir, expresarse y relacionarse en el trabajo sin miedo a las consecuencias) alcanzan su mínimo de forma simultánea. Además, el 15,3% de los trabajadores de esas edades se encuentra bajo liderazgo de exclusión, el porcentaje más alto de la curva.
Las prioridades laborales también condicionan las sensaciones de los empleados. Por primera vez en cuatro años, la motivación extrínseca, que viene de fuera, de lo que la empresa da: sueldo, estabilidad o tiempo, supera a la intrínseca, la que viene de dentro, reto, autonomía o aprendizaje. Esto significa que factores como el sueldo, la estabilidad y el tiempo han pasado a situarse por encima de elementos intrínsecos como el reto, la autonomía y el aprendizaje. Entre todos ellos, la estabilidad destaca como el factor que más crece: sube 14 puntos porcentuales en el último año.