Estos días hemos vivido algo extraordinario. La visita del Papa a Madrid, Barcelona y Canarias ha supuesto mucho más que un acontecimiento religioso. Hablamos de la representación de una institución como la Iglesia Católica y el Papado, con cerca de dos mil años de historia, capaz todavía hoy de movilizar emociones, respeto y admiración en millones de personas.