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Fernando Clavijo: «Canarias no puede estar sola, la frontera sur también es Europa»

12 June 2026 at 01:00

La visita del Papa a Canarias llega en un momento significativo para el archipiélago. La presión migratoria sobre la ruta atlántica, la gestión de los menores extranjeros no acompañados, el acceso a la vivienda o la sostenibilidad del territorio forman parte de los grandes desafíos que afrontan ahora las islas. En este contexto, el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, considera que la presencia del Santo Padre supondrá una oportunidad histórica para visibilizar la realidad canaria y trasladar un mensaje de humanidad, solidaridad y responsabilidad compartida. Y avanza que le diría algo más, que Canarias es un puente entre Europa, África y América, ya que esa circunstancia forma parte de su presente e identidad. Quieren ser ese puente que se construya con justicia, con humanidad y con responsabilidad compartida.

¿Qué supone para Canarias recibir la visita del Papa y qué significado tiene para el archipiélago un acontecimiento así?

Canarias vive un acontecimiento histórico y profundamente simbólico. El Papa llega a unas islas que han estado demasiadas veces solas ante uno de los grandes dramas humanos de nuestro tiempo, pero que nunca han dejado de responder con dignidad, solidaridad y humanidad.

Esta visita tiene un significado enorme porque coloca a Canarias en el lugar que le corresponde: no como una periferia, sino como frontera viva de Europa, como puente entre continentes y como tierra que sabe muy bien lo que significa emigrar, llegar, despedirse y volver a empezar.

Canarias ha sido señalada en numerosas ocasiones por el Vaticano como un territorio especialmente sensible por su situación geográfica y humana. ¿Cree que una visita papal sirve para situar su realidad en el centro de la atención internacional?

Sin duda. Canarias vive en primera línea el fenómeno migratorio: en sus costas, en sus centros de acogida, en sus colegios, en sus servicios públicos y en la convivencia diaria de sus municipios. Pero demasiadas veces el debate se queda en la última milla, en la llegada, en la emergencia, en la imagen del cayuco. La visita del Papa puede ayudar a ampliar esa mirada y a situar a Canarias en el centro de una reflexión internacional más humana. Precisamente cuando entra hoy en vigor el Pacto Europeo de Migración y Asilo, y Europa decide apostar por levantar muros, endurecer fronteras y desplazar el problema hacia otros territorios, desde Canarias se escuchará una voz de esperanza, dignidad y humanidad. Canarias sabe que ninguna persona se sube a un cayuco por capricho. Lo hace porque huye de la guerra, de la violencia, del hambre, de la falta de oportunidades o porque busca un proyecto de vida. Por eso, la presencia del Papa en las islas puede recordar al mundo que detrás de cada llegada hay una historia, que detrás de cada cifra hay una vida y que la respuesta no puede ser solo policial o fronteriza.

¿Qué aspectos del archipiélago le gustaría mostrar al Santo Padre durante su visita?

La Canarias humana, la que se ha hecho a sí misma pese a las dificultades que supone ser un territorio fragmentado, alejado y ultraperiférico. La abierta al mundo, la de los barrios, los pueblos, las familias, los jóvenes, los mayores, los trabajadores, las entidades sociales, los voluntarios y todas las personas que sostienen esta tierra cada día. En definitiva, la Canarias real, profundamente humana, solidaria y resiliente.

El Papa ha insistido en la necesidad de construir sociedades más solidarias e inclusivas. ¿Qué enseñanzas considera que pueden ser especialmente útiles para la realidad canaria?

Canarias comparte esa visión de una sociedad que no deja a nadie atrás. La solidaridad no puede ser solo una palabra bonita, tiene que traducirse en hechos. Canarias sabe que migrar forma parte de la historia de la humanidad y forma parte de nuestra propia historia, así como la del propio León XIV, que tiene raíces palmeras.

El Papa ha sido una de las voces internacionales más firmes en la defensa de los derechos de las personas migrantes. ¿Qué significado tiene que conozca de primera mano la realidad migratoria que vive Canarias?

Tiene un significado enorme. La ruta atlántica es una de las más duras, largas y mortales. Canarias la vive desde la cercanía, desde el dolor y desde la responsabilidad. El Papa conocerá una realidad que no puede reducirse a estadísticas. Detrás de cada embarcación hay personas que han perdido la fe en el mañana, que han visto cómo su país les cerraba cualquier posibilidad de futuro, que han entendido que quedarse también podía ser una forma de morir lentamente. El Santo Padre puede ayudar a poner rostro, nombre y dignidad a quienes llegan, a quienes no logran llegar y a quienes aquí los reciben, al pueblo canario. Y, asimismo, puede recordar a Europa que una frontera no puede ser solo un punto de control o un centro de retención; una frontera también debe ser un lugar de humanidad.

Las islas se han convertido en una de las principales puertas de entrada a Europa. ¿Qué mensaje cree que puede lanzar el Papa Prevost a las instituciones europeas?

El mensaje será claro: Canarias no puede estar sola. La frontera sur también es Europa. La UE no puede responder a un fenómeno global con muros, burocracia, externalización de fronteras o distancia ni con un Pacto de Migración y Asilo que deshumaniza los flujos migratorios. Canarias defiende una gestión compartida y responsable que mire al origen, refuerce la cooperación y proteja los derechos humanos como hemos hecho desde el minuto uno con los menores no acompañados que han llegado a nuestras costas.

Usted ha reclamado en numerosas ocasiones una mayor corresponsabilidad del Estado y de la UE en la gestión migratoria. ¿Considera que una visita papal puede ayudar a visibilizar aún más esta reivindicación?

Sin duda. Canarias ha pedido ayuda durante demasiado tiempo y asumió responsabilidades cuando otros miraban hacia otro lado. Lo hizo con mucha firmeza y con diálogo, y así consiguió que se entendiera que la atención a los menores no acompañados no podía ser una carga exclusiva de las islas. En 2024, la red de acogida del Archipiélago atendió a más de 5.800 niños, niñas y jóvenes que llegaron sin soporte familiar. Esos menores necesitaban educación, sanidad, protección, acompañamiento y futuro. Canarias dio esa respuesta, pero también tuvo que librar una batalla política y social para que el resto del Estado asumiera su parte.

La visita del Papa puede ayudar a que esa reivindicación se escuche con más fuerza: la solidaridad no puede ser voluntaria ni depender del código postal. La solidaridad tiene que ser una obligación compartida.

Más allá de las cifras, detrás del fenómeno migratorio hay miles de historias personales. ¿Qué le gustaría que el Papa conociera sobre la realidad humana que se vive en Canarias cada día?

Me gustaría que conociera las historias que hay detrás de cada llegada. Me gustaría que escuchara a menores que viajaron solos, a jóvenes que cruzaron el desierto antes de cruzar el mar, a madres que dejaron a sus hijos atrás, a personas que perdieron a amigos o familiares en la travesía y a quienes llegaron sin saber si iban a sobrevivir. También me gustaría que el Papa conociera a quienes están al otro lado de esa llegada: a los equipos de rescate, a los sanitarios, a las ONG, a los voluntarios, a los educadores, a los canarios y canarias que han demostrado que la humanidad no se proclama, se practica.

¿Qué valoración hace del esfuerzo que están realizando administraciones, organizaciones sociales y la propia ciudadanía para atender a las personas migrantes que llegan al archipiélago?

Canarias tiene que sentirse muy orgullosa y así me siento, muy orgulloso. Las administraciones, las organizaciones sociales, las entidades religiosas, los profesionales públicos, los voluntarios y la ciudadanía han dado una lección de humanidad al mundo.

Los movimientos migratorios se gestionan con recursos, con planificación, con cooperación, con humanidad y con responsabilidad. Por eso el esfuerzo de Canarias merece reconocimiento, pero también merece apoyo real.

Canarias afronta retos como el acceso a la vivienda, la sostenibilidad, el crecimiento demográfico o la cohesión territorial. ¿Qué reflexión le gustaría trasladar al Papa sobre el presente y el futuro de las islas?

Canarias quiere avanzar sin perder su alma y por eso estamos redoblando esfuerzos para proteger el territorio, avanzar en políticas de vivienda, ofrecer oportunidades a los jóvenes, cuidar los servicios públicos, defender la cohesión entre islas y mantener viva nuestra identidad. Tenemos muy claro que el crecimiento tiene que ser equilibrado. El desarrollo tiene que poner a la gente en el centro. Canarias no puede convertirse en una tierra donde nuestros jóvenes no puedan vivir, donde las familias no puedan acceder a una vivienda o donde el territorio soporte más presión de la que puede asumir. Necesita herramientas, una financiación justa y respeto a la singularidad y ultraperificidad de nuestra tierra.

¿Qué legado cree que puede dejar la visita en la sociedad canaria?

La visita puede dejar un legado de esperanza, de reconocimiento y de conciencia. Para Canarias será muy importante que el mundo vea lo que este pueblo ha hecho durante años en una situación muy difícil. El Papa puede ayudarnos a recordar que la migración no empieza cuando una embarcación aparece en el horizonte. La migración empieza mucho antes: en la falta de oportunidades, en los conflictos, en la pobreza, en el cambio climático, en el abandono internacional y en esa sensación devastadora de no tener futuro. Ojalá esta visita sirva para unirnos más como sociedad. Ojalá sirva para que España y Europa entiendan que la solidaridad no puede recaer siempre sobre los mismos territorios. Y ojalá sirva para que Canarias se mire a sí misma con orgullo, porque este pueblo ha estado a la altura.

¿Qué mensaje le gustaría enviar a los canarios y canarias ante una cita histórica para el archipiélago?

Que vivamos esta visita con orgullo, serenidad y sentido de pueblo. Canarias tiene mucho que mostrar al mundo: su hospitalidad, su diversidad, su fe, su cultura, su memoria migrante y su capacidad para responder con humanidad en los momentos más complejos.

Si tuviera la oportunidad de mantener una conversación privada con el Papa durante unos minutos, ¿qué le pediría para Canarias?

Le pediría, como ya hice anteriormente con el Papa Francisco en la audiencia que mantuve con él en el Vaticano, que siga dando voz a Canarias. Le pediría que ayude a que el mundo mire a este pueblo con justicia, sensibilidad y humanidad. Y le pediría también que no se olvide de quienes llegan a nuestras costas, ni de quienes aquí los reciben, los atienden y los acompañan. También le pediría que ayude a que Europa mire al origen. Si no entendemos lo que ocurre en África, si no invertimos en cooperación y en oportunidades, estaremos condenados a no entender nada y a repetir una y otra vez las mismas crisis. Y le diría algo más: Canarias es un puente entre Europa, África y América. Eso forma parte de nuestra historia, de nuestro presente y de nuestra identidad. No queremos dejar de serlo. Lo que queremos es que ese puente se pueda construir con justicia, con humanidad y con responsabilidad compartida.

© EFE

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo

La fe toma los vuelos de primera hora: Canarias se moviliza para recibir al Papa

11 June 2026 at 02:12

Cuando el avión papal tome tierra en Canarias esta semana culminará una espera de meses para miles de personas repartidas por todo el Archipiélago. Pero la visita del Santo Padre no comenzará realmente en los aeropuertos de Gran Canaria o Tenerife. Para muchos canarios, empezó hace mucho tiempo, cuando las parroquias comenzaron a organizar desplazamientos, cuando las familias marcaron las fechas en el calendario o cuando algunos fieles reservaron su plaza para las celebraciones religiosas incluso antes de que terminara el año 2025.

La llegada del Papa se ha convertido en uno de los acontecimientos más importantes vividos en las últimas décadas por la comunidad católica de las islas.

Durante semanas, parroquias, movimientos religiosos, hermandades y grupos de jóvenes han preparado viajes, encuentros y actividades para participar en unos actos que quedarán grabados en la memoria colectiva de varias generaciones.

En las islas no capitalinas, la organización ha requerido un esfuerzo añadido. Desde La Palma, La Gomera, El Hierro, Lanzarote o Fuerteventura partirán algunos grupos organizados que viajarán de madrugada para asistir a los actos programados en Gran Canaria y Tenerife.

Muchos regresarán el mismo día a sus hogares, después de jornadas que comenzarán antes del amanecer y terminarán bien entrada la noche.

Es el caso de un grupo parroquial de La Palma formado por unas 120 personas que lleva meses preparando el desplazamiento. «Salimos muy temprano para coger el primer vuelo y volvemos en uno de los últimos. Va a ser un día agotador, pero sentimos que es una oportunidad única», explica una de las participantes. Para ella, que nunca había vivido una visita papal, la experiencia tiene un componente espiritual, pero también emocional. «Mis padres siempre me contaban cuando venían grandes figuras de la Iglesia a España. Nunca imaginé que podría ver al Papa tan cerca de casa».

La historia se repite en otras islas. En Lanzarote, varios grupos parroquiales han coordinado desplazamientos colectivos para facilitar la asistencia de los fieles. «Hay personas mayores que llevan meses preguntando cómo podían ir».

La expectación no es reciente. Desde que se confirmó oficialmente la visita, las solicitudes para participar en las celebraciones comenzaron a multiplicarse. Algunos de los asistentes más previsores reservaron su espacio para las misas previstas en Gran Canaria y Tenerife desde diciembre de 2025. «Cuando se abrió la posibilidad de inscribirse no nos lo pensamos. Sabíamos que habría mucha demanda y queríamos asegurarnos estar allí», cuenta una mujer de Tenerife que tiene previsto acudir a los actos. «No queríamos perder una oportunidad así. Es algo que probablemente no volveremos a vivir».

La emoción se percibe especialmente entre quienes consideran que esta visita tiene un significado que trasciende lo religioso. Para muchos canarios representa un reconocimiento al papel del Archipiélago como territorio de encuentro entre continentes, culturas y realidades diferentes.

En los últimos días, las conversaciones en plazas, cafeterías y parroquias han girado con frecuencia en torno al mismo tema: dónde colocarse para ver al Pontífice, a qué hora acudir a los actos o cómo seguir los recorridos previstos.

Sin embargo, no todos podrán estar presentes físicamente. La elección de las fechas, un jueves y un viernes por la mañana, ha dejado fuera a numerosos fieles que, pese a su interés, no han podido reorganizar sus obligaciones laborales. Especialmente en las islas no capitalinas, donde asistir implica además desplazamientos interinsulares y una planificación compleja.

Una trabajadora del sector comercial en La Gomera reconoce que intentó buscar alternativas para viajar. «Me hacía muchísima ilusión verlo en persona, pero no puedo pedir dos días libres en estas fechas. Al final lo seguiré desde el trabajo por el móvil y después veré los resúmenes en televisión». Una situación similar vive un administrativo de Fuerteventura. «Cuando anunciaron la visita pensé que intentaría ir, pero entre los vuelos, los horarios y el trabajo era imposible. Me da pena porque es un acontecimiento histórico, pero al menos podremos seguirlo en directo».

Estos testimonios reflejan una realidad compartida por cientos de personas que vivirán la visita desde la distancia. Los canales de televisión, las retransmisiones en línea y las redes sociales se convertirán en la ventana desde la que muchos canarios participarán en un acontecimiento que, aunque se celebre físicamente en dos islas, se seguirá en todo el Archipiélago.

En numerosas parroquias ya se han preparado espacios para quienes prefieren vivir el momento en comunidad. Salones parroquiales, centros culturales y locales sociales acogerán retransmisiones colectivas de las celebraciones más importantes.

La visita también ha despertado interés entre personas que no se consideran especialmente practicantes. La dimensión histórica del acontecimiento ha llamado la atención de muchos ciudadanos que ven en la llegada del Papa una ocasión excepcional para Canarias.

«Soy creyente, pero no suelo participar mucho en actividades religiosas», reconoce un joven residente en Gran Canaria. «Aun así, quiero acercarme porque es algo que probablemente no volverá a ocurrir en muchos años. Es historia».

Esa mezcla de curiosidad, emoción y sentimiento colectivo explica en gran medida el ambiente que se respira estos días en las islas. Más allá de credos o sensibilidades, la presencia del líder de la Iglesia ha generado una movilización que atraviesa varias generaciones.

Personas mayores que recuerdan otras visitas papales a España, jóvenes que nunca habían vivido un acontecimiento de estas características y familias enteras que han organizado viajes para compartir la experiencia coinciden en una misma sensación: la de estar a las puertas de un momento irrepetible. Mientras ultiman maletas, preparan desplazamientos o consultan por los horarios de los actos, miles de canarios cuentan ya las horas para una visita que promete dejar imágenes para el recuerdo.

Porque cuando el Papa llegue a Canarias, no solo aterrizará en Gran Canaria y Tenerife. También estará presente en cada salón parroquial donde se siga la retransmisión, en cada trabajador que consulte el móvil durante una pausa para verlo pasar, en cada familia que madrugue para coger un avión, y en cada persona que ha esperado durante meses la oportunidad de formar parte de una cita que ya ocupa un lugar destacado en la historia reciente del Archipiélago.

© EFE

Preparativos de la Guardia Civil en Arguineguín (Gran Canaria) para la visita del papa León XIV

© LA RAZON

Papa León XIV en las islas
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