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Una veterinaria señala el mayor error cuando sacas a pasear al perro: "No limites su sentido más desarrollado"

13 June 2026 at 13:30

Sacar a pasear al perro es uno de los hábitos más comunes de aquellos que disfrutan de la compañía de esta mascota. Sin embargo, esta rutina diaria encierra también un compromiso con el animal que puede hacer que los dueños caigan en algún que otro error. Así lo ha avisado la veterinaria María Sanz, conocida en redes como María VetiCan.

"Deja de tirarle a tu perro cuando quiere oler algo de la calle", ha pedido la divulgadora de contenido en un reciente post en redes sociales.

"Grábate esto: es su paseo, no tu paseo", ha subrayado, al aclarar que es algo que "nos pasa a todos, pero quiero que seas consciente en el próximo paseo".

Tal y como explica, el hábito de olfatear y explorar mientras pasean es fundamental para estos animales. "No hay prisa, respira, tú crees que la hay porque crees que tienes que cumplir un cierto recorrido, cierta actividad física para cansarles, y no te das cuenta que el olfateo lo necesitan muchísimo", indica.

De hecho, olfatear supone "una estimulación mental maravillosa que también les cansa" cuando salen a pasear. "Si no paras de castigar y prohibirle esos estímulos, estás haciendo que tu perro no disfrute y no viva el mundo como tiene que vivirlo", aclara.

"Yo sé que pone muy nerviosa que tu perro se pare cada dos por tres a oler algo cuando vamos con un poco de prisa, pero es que te estás estresando tú solo por nada. A lo mejor tu perro lo que quiere y lo que necesita son esos diez minutos de paseo por una zona nueva en la que olisquear, en vez de estar diez minutos corriendo en el parque con la pelota de aquí para allá", prosigue la veterinaria.

Según Sanz, lo que las personas solemos identificar como cansancio o entretenimiento "no es lo mismo para tu perro", por lo que no supone "perder el tiempo" hacer esas pausas: "Él vive el mundo a través de su olfato".

"No cometas este error, tu perro será más feliz. No limites su sentido más desarrollado, él disfruta, vive e interactúa así con el mundo y el resto de animales. Y no por pararse a oler todo es un paseo 'perdido', la estimulación mental también cansa y aporta", concluye la experta.

El arnés no enseña a tirar, solo evita que el paseo duela: ¿por qué es importante no usar collares?

13 June 2026 at 07:22

Durante años, muchos tutores han escuchado el mismo consejo en parques, aceras y conversaciones entre conocidos: si el perro tira, mejor ponerle collar, porque con arnés tendrá más fuerza y arrastrará todavía más.

La idea se ha repetido tanto que para muchas personas suena a verdad. Sin embargo, Sonia Losada, educadora canina y divulgadora a través de Xila’s Training, lo desmonta con claridad: "Es un mito como una catedral de grande".

Según la experta, el arnés no convierte al perro en un animal más descontrolado ni le da una capacidad especial para tirar. "A alguien se le ocurrió que el arnés hace que el perro tenga superpoderes especiales para arrastrarte por la calle", pero la realidad es más sencilla y más incómoda", advierte. "Cuando un perro tira menos con collar, no siempre es porque haya aprendido a pasear mejor".

La diferencia está en lo que siente el animal. "¿Tira más con arnés que con collar? Sí. ¿Por qué? Porque con el collar le duele", afirma la educadora. Con el collar, la presión se concentra en el cuello, por lo que si el perro avanza con fuerza, puede ahogarse, sentir dolor o lesionarse. Por eso, que deje de tirar no implica necesariamente que haya entendido cómo caminar tranquilo junto a su persona.

"Si tu perro deja de tirar con el collar no es porque haya aprendido a pasear, es porque si hace fuerza se ahoga, siente dolor y se lesiona el cuello", advierte Losada. "Además, a largo plazo, esa forma de gestionar el paseo puede derivar en problemas de salud".

Losaca cuenta que con el arnés, en cambio, el perro no recibe esa presión directa en una zona tan sensible y puede expresar con más claridad lo que le ocurre. Por eso, para ella el debate no debería quedarse en el accesorio.

Si no olfatea, el paseo no le relaja, no distrae su mente y no enriquece su vida

"La pregunta no es qué ponerle, la pregunta es por qué tira", resume. Según Losada, puede haber muchos motivos detrás, como la excitación, el estrés, el miedo, o simplemente las ganas de llegar a un estímulo o la dificultad para adaptarse al ritmo humano. Pero el tirón constante suele indicar que algo no está funcionando en esa salida.

Un perro que tira de manera continuada no está disfrutando del paseo como debería. En este sentido, la educadora recuerda que la salida diaria no es solo un trámite para hacer sus necesidades, sino uno de los momentos más importantes de su día. Es la oportunidad que tienen nuestros compañeros de cuatro patas de explorar, recoger información del entorno, procesar olores y descargar tensión.

Por eso Losada insiste en que "el paseo es su momento" y que el perro debería poder caminar tranquilo y pararse mucho a olfatear. Porque para él, oler no es una distracción menor, sino una parte esencial de su bienestar. Cuando no puede hacerlo, el paseo pierde gran parte de su función.

"Si no olfatea, el paseo no le relaja, no distrae su mente y no enriquece su vida", recuerda la educadora canina. Caminar sin parar, con tensión en la correa y sin margen para investigar el entorno, puede convertir una salida que debería ser placentera en una experiencia frustrante.

Por eso, para Losada la solución no está en buscar una herramienta que impida al perro tirar a cualquier precio, sino de construir paseos más amables, seguros y respetuosos. Elegir un arnés adecuado puede evitar dolor y lesiones, pero el verdadero trabajo está en observar al animal, entender sus necesidades y enseñarle a caminar tranquilo sin recurrir a la incomodidad.

En conclusión, un buen paseo no se mide solo por la distancia recorrida ni por lo rápido que vuelve el perro a casa, también se mide por la calidad de la experiencia: si ha podido oler, explorar, parar, mirar y moverse sin tensión.

Dientes planos y esmalte dañado: así afecta el uso de pelotas de tenis a la boca de un perro

13 June 2026 at 07:21

Hay combinaciones que son prácticamente inevitables. Una de ellas es sacar una pelota y presenciar como un perro entra automáticamente en “modo felicidad absoluta”. Las cosas que botan, ruedan o pueden lanzarse lejos activan en muchísimos perros conductas de persecución, juego y exploración profundamente satisfactorias, especialmente en razas seleccionadas históricamente para cobrar objetos o trabajar.

Dentro de todos esos juguetes, pocas cosas están tan universalmente asociadas a los perros como las pelotas de tenis. Son baratas, fáciles de encontrar, ligeras, caben en cualquier mochila y parecen casi diseñadas para una sesión interminable de lanzar y traer. En muchísimos hogares con perros medianos y grandes forman parte obligatoria de la cesta de juguetes.

El problema es que esa normalidad hace que casi nadie se plantee si realmente son un producto adecuado para ellos. Veterinarios y especialistas en odontología veterinaria advierten de que las pelotas de tenis no son tan inocentes como parecen, especialmente cuando el perro pasa mucho tiempo mordiéndolas, destruyéndolas o jugando sin supervisión.

De qué está hecha una pelota de tenis

Aunque solemos pensar en ellas como objetos blandos, las pelotas de tenis están diseñadas para resistir impactos violentos contra raquetas, cemento, tierra batida o asfalto. Su objetivo no es ser mordidas durante horas por un animal.

La estructura interna está fabricada con caucho vulcanizado, una mezcla de goma natural y sintética tratada químicamente para aumentar su resistencia, elasticidad y durabilidad. A eso se añaden aceleradores químicos, azufre, óxidos minerales y distintos compuestos industriales utilizados para soportar la abrasión constante del deporte profesional.

Por fuera, la característica capa amarilla o verdosa tampoco es simple tela, sino que se trata de un recubrimiento de fibras sintéticas o mezclas de lana y nailon diseñado específicamente para resistir una fricción continua.

Eso no significa que una pelota de tenis sea automáticamente tóxica ni venenosa para un perro por tocarla o jugar puntualmente con ella. El problema aparece cuando un objeto pensado para raquetas pasa a convertirse en un juguete de masticación diaria, durante años y con exposición continua a la saliva, la presión mandibular, la suciedad y el desgaste.

Los especialistas insisten precisamente en que no hablamos de un peligro dramático inmediato en la mayoría de los casos, sino de pequeños daños acumulativos que pueden acabar teniendo consecuencias importantes con el tiempo.

El desgaste dental

Uno de los problemas más frecuentes asociados a las pelotas de tenis es el deterioro progresivo de los dientes. Aunque al tacto parecen suaves, la superficie externa actúa como una especie de lija. El problema no es solo la fibra sintética, sino que el fieltro de la pelota actúa como una ‘trampa’ para la arena y la tierra, convirtiéndose en un papel de lija húmedo que erosiona el esmalte en cada masticación. Cada vez que el perro aprieta la pelota entre los dientes, esa superficie abrasiva roza el esmalte, y lo hace miles de veces.

Veterinarios odontólogos describen este fenómeno como tennis ball mouth, literalmente ‘boca de pelota de tenis’, un patrón de desgaste característico que termina por aplanar los colmillos y los incisivos de los perros.

El problema suele pasar desapercibido porque aparece lentamente. No hay una fractura espectacular ni un accidente evidente. Simplemente, los dientes empiezan a perder punta, a verse más cortos y lisos. Cuando el esmalte se desgasta demasiado, queda expuesta la dentina, una capa mucho más sensible. A partir de ahí pueden aparecer dolor, dificultad para masticar, infecciones, inflamación e incluso necesidad de extracciones dentales.

Además los perros suelen ocultar muy bien el dolor oral y muchos siguen jugando, comiendo y comportándose aparentemente con normalidad incluso cuando ya existe daño importante.

No es lo mismo jugar que obsesionarse

El problema principal no suele ser perseguir la pelota durante unos minutos, sino quedarse mordiéndola obsesivamente durante largos periodos. Hay perros que utilizan la pelota casi como un ‘chicle’. La mastican mientras descansan, la aplastan repetidamente con las muelas o pasan horas enteras triturando la superficie de fibras.

Esos animales son precisamente los que presentan más desgaste dental y también más riesgo de romper la pelota en fragmentos. Algunas razas razas con una fuerte fijación por el juego oral, como los retrievers, los perros pastores, el pastor belga malinois o perros nerviosos, pueden deteriorar una pelota de tenis en pocos minutos.

El riesgo de atragantamiento

Aparte del desgaste, otro riesgo importante son los accidentes por ingestión. Los perros con mandíbulas potentes pueden comprimir una pelota hasta deformarla completamente. Si la pelota queda atrapada al fondo de la garganta, puede bloquear la vía respiratoria de forma muy rápida.

También hay perros que arrancan y tragan trozos de goma y fibras de la cubierta exterior, fragmentos que pueden provocar desde irritación digestiva hasta obstrucciones intestinales que requieren cirugía urgente.

Los veterinarios de urgencias describen además situaciones relativamente frecuentes en las que la pelota arrastra suciedad, microplásticos, ramas y restos del suelo que el animal termina tragando.

Existe otro detalle importante que muchas personas desconocen, y es que no conviene dejar que un perro juegue con varias pelotas de tenis a la vez. Algunos intentan coger dos simultáneamente y pueden empujar una hacia la parte posterior de la garganta accidentalmente.

¿Entonces son peligrosísimas? No exactamente

La respuesta corta es no. Una pelota de tenis no es automáticamente un objeto prohibido ni estamos envenenando a nuestro perro. Millones de perros juegan con ellas sin sufrir consecuencias graves. Un perro que persigue una pelota de tenis unos minutos bajo supervisión no tiene el mismo riesgo que otro que pasa horas masticándola diariamente hasta destruirla.

Con muchísimos juguetes ocurre algo parecido y el peligro no depende solo del objeto, sino del uso que hace cada animal y de si la familia supervisa o no.

Si un juguete es tan duro que dolería si te golpearas con él en la rótula, entonces también es demasiado duro para los dientes de un perro.

Cómo utilizarlas de forma más segura

Si un perro disfruta muchísimo con las pelotas de tenis, no hay que eliminarlas para siempre, pero sí conviene utilizarlas con ciertas precauciones. Lo más recomendable es reservarlas para juegos interactivos supervisados y retirarlas después. No deberían quedarse como juguete permanente disponible durante todo el día, especialmente en perros con tendencias destructivas.

También es importante revisar frecuentemente su estado. Si la superficie está rota, deshilachada, demasiado desgastada o la pelota empieza a agrietarse, debe retirarse inmediatamente.

Pero, sobre todo, merece la pena observar cómo interactúa realmente el perro con la pelota, ya que no todos juegan igual. Algunos simplemente corren y la devuelven. Otros la convierten en una actividad compulsiva de masticación.

Alternativas más seguras

Actualmente existen muchas pelotas específicamente diseñadas para perros que intentan mantener el componente divertido del rebote y la persecución, pero con materiales menos abrasivos y más resistentes a la rotura.

Las pelotas de caucho flexible para perros mordedores suelen ser una alternativa bastante más segura para un uso continuado. También existen pelotas blandas dentales y modelos adaptados según el tamaño y la potencia mandibular.

Una regla de oro que sugieren muchos veterinarios es la del 'golpe en la rodilla': si un juguete es tan duro que te dolería si te golpearas con él en la rótula, entonces también es demasiado duro para los dientes de un perro.

El ‘youtuber’ comeperros de Marruecos

13 June 2026 at 04:30

Intentar captar la atención a cualquier precio en un entorno digital saturado puede salir caro. Un influencer marroquí se encuentra entre rejas desde hace una semana en la cárcel de El Arjat, en las afueras de Rabat, tras haber difundido un vídeo en YouTube en el que descuartizaba y cocinaba un perro callejero, antes de comer su carne asada en plena celebración musulmana del Eid el Ahda o Fiesta del Cordero (a finales de mayo). El youtuber Ayub ben Nesnes, de 26 años, pretendía protestar de esta manera contra el elevado precio de los borregos destinados al sacrificio ritual. Ha sido acusado por la Fiscalía de atentado contra la religión islámica y maltrato animal. Una ola de indignación se ha desatado en las redes sociales contra este creador de contenido con 2,2 millones de seguidores, mientras predicadores islámicos y militantes animalistas exigen castigo ejemplar para el irreverente comeperros.

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El youtuber marroquí Ayub Ben Nesnes, hace el saludo militar durante su incursión en el cementerio de las Chafarinas, en un vídeo compartido en agosto de 2025.

Por qué medir el cortisol no siempre explica el estrés de un perro

12 June 2026 at 06:23

Cualquiera que conviva con un perro y tenga que dejarlo solo en casa alguna vez se ha hecho la misma pregunta: ¿estará bien o lo estará pasando mal? A veces basta con escuchar ladridos al salir, encontrar la puerta arañada al volver o notar que el animal tarda demasiado en calmarse para sospechar que algo no va bien.

En los últimos años, esa preocupación ha llevado a muchas personas a buscar respuestas en pruebas como la medición del cortisol, una hormona asociada al estrés. Pero los especialistas recuerdan que el bienestar de un perro no puede reducirse a un único dato.

Carlos Míllara, educador canino especialista en ansiedad por separación, advierte de que esta simplificación es especialmente delicada cuando se intenta valorar si un perro sufre al quedarse solo. Según explica, "el bienestar de un perro es mucho más complejo que un número en una analítica".

Esto le hace el cortisol a tu perro

El cortisol es una hormona implicada en la respuesta del organismo ante situaciones que requieren adaptación o energía extra. Forma parte del eje HPA, un sistema que ayuda al cuerpo a responder a cambios y retos cotidianos. Sin embargo, el problema aparece cuando se interpreta de forma automática que un nivel alto equivale a malestar y un nivel bajo a bienestar.

Míllara recuerda que simplificar el bienestar el perro en "cortisol alto =

fatal y cortisol bajo = bien" no es adecuado. De hecho, recuerda que el cortisol puede aumentar también en situaciones positivas, como el juego, la comida, el aprendizaje o la interacción social.

Del mismo modo, un valor bajo no siempre indica calma: en contextos de estrés crónico, puede reflejar que el sistema de respuesta está agotado y ya no reacciona de forma adecuada.

Un solo dato de cortisol, sin contexto, no te dice si tu perro tiene una buena vida ni si lo pasa mal cuando se queda solo

Por eso, dos perros con un nivel similar de cortisol pueden estar viviendo experiencias emocionales muy distintas. "Un solo dato de cortisol, sin contexto, no te dice si tu perro tiene una buena vida ni si lo pasa mal cuando se queda solo", señala el educador canino.

Según Míllara, la evaluación del bienestar animal exige observar varios sistemas al mismo tiempo, como la frecuencia cardiaca, la variabilidad de la frecuencia cardiaca, otras hormonas como la oxitocina o la melatonina, determinados indicadores inmunológicos o incluso cambios en la temperatura corporal.

"Si miramos solo el cortisol y lo interpretas de forma sencilla es muy probable que nos equivoquemos", asegura. Esta idea resulta especialmente relevante en los casos de ansiedad por separación, donde la observación de la conducta cotidiana suele ofrecer información más útil que una prueba aislada.

Para saber si un perro sufre cuando se queda solo, el foco debe ponerse en lo que hace antes, durante y después de la ausencia de sus tutores. Ladridos, aullidos, rascado de puertas o ventanas, jadeo, salivación, movimientos repetitivos, inmovilidad o una mirada fija pueden ser señales de malestar.

También importa cómo se recupera cuando la persona vuelve a casa: si tarda mucho en calmarse o recibe al tutor como si saliera de una situación de pánico, puede haber un problema de fondo.

Los cambios en su rutina habitual también deben tenerse en cuenta. Comer menos o con ansiedad, dormir peor, despertarse ante cualquier ruido, mostrarse más irritable o, por el contrario, más apagado durante el resto del día pueden indicar que el animal está teniendo dificultades para gestionar la soledad.

Míllara insiste en que estos comportamientos son indicadores de experiencia emocional y que deben situarse en el centro de cualquier valoración sobre bienestar canino. Un análisis de cortisol puede tener utilidad en investigación o en casos clínicos concretos, pero no debería presentarse como una prueba imprescindible para determinar si un perro tiene ansiedad por separación.

Anatomía canina: cómo funciona realmente la fuerza de mordida de los perros

9 June 2026 at 06:44

Lamentablemente, la fuerza de mordida de los perros ha sido, y sigue siendo, tratada casi como una competición de cifras espectaculares en los foros de internet. Rankings de PSI, vídeos virales, debates sobre qué raza “muerde más fuerte” y listas que mezclan ciencia, mito y sensacionalismo hasta el punto de que resulta difícil separar la anatomía real de la exageración. Pero detrás de esa fascinación colectiva existe un campo científico complejo, relacionado con la biomecánica, la evolución y la domesticación.

La potencia mandibular no depende únicamente del tamaño del perro e influyen la forma del cráneo, la musculatura temporal, la longitud de la mandíbula, el ángulo de mordida e incluso el tipo de trabajo para el que cada raza fue seleccionada durante siglos. Un galgo inglés, una hembra de rottweiler y un pastor australiano pueden estar dentro de un rango de peso parecido y, aun así, utilizar la boca de formas completamente distintas.

Entender cómo funciona la mordida canina también ayuda a desmontar algunos tópicos peligrosos. La potencia mandibular, por sí sola, no determina la agresividad de un animal ni permite predecir comportamientos. Lo que sí revela es hasta qué punto la evolución y la selección humana han moldeado el cuerpo de los perros para tareas tan concretas como sujetar presas, triturar huesos, arrear ganado, defender propiedades o simplemente convivir con nosotros.

PSI y newtons

Cuando se habla de la fuerza de mordida de un perro, casi siempre aparece la sigla PSI. Corresponde a pounds per square inch, es decir, libras de presión por pulgada cuadrada. Es una unidad anglosajona que mide presión, no fuerza absoluta. Dicho de otra manera, calcula cuánta presión ejerce la mordida sobre una superficie concreta.

En ciencia, sin embargo, muchos investigadores prefieren trabajar con newtons (N), la unidad internacional de fuerza. Un newton mide directamente la fuerza necesaria para mover un objeto. Por eso, numerosos estudios biomecánicos modernos expresan la mordida en newtons en lugar de PSI.

Aunque en internet suelen utilizarse ambas medidas como si fueran equivalentes, no describen exactamente lo mismo. El PSI resulta muy útil para comparar presión concentrada en una superficie pequeña, mientras que los newtons ayudan a cuantificar la fuerza global generada por la musculatura mandibular.

Además, los números cambian muchísimo según dónde se mida la mordida. Un perro no ejerce la misma presión con los incisivos delanteros que con los molares posteriores. De hecho, los expertos explican que la mordida en la zona molar puede multiplicar varias veces la presión registrada en los colmillos debido a la mecánica de palanca de la mandíbula. La articulación temporomandibular funciona de manera parecida a un cascanueces, por lo que cuanto más cerca del punto de apoyo se aplica la fuerza, mayor capacidad de trituración existe.

Por eso, las cifras absolutas deben interpretarse con cautela. Un mismo perro puede ofrecer resultados muy distintos dependiendo del método empleado, del estado emocional del animal, del ángulo de apertura de la boca o incluso del tipo de dispositivo utilizado para medirlo.

En perspectiva: la fuerza humana

En términos cotidianos, un newton equivale aproximadamente a la fuerza necesaria para sostener unos 100 gramos frente a la gravedad terrestre. Dicho de otra manera, levantar una botella de agua de un litro requiere alrededor de 10 N de fuerza. Por eso, cuando algunos estudios registran mordidas caninas superiores a 2.000 o incluso 3.000 newtons en los molares posteriores, hablamos de presiones enormes concentradas además sobre una superficie muy pequeña.

La mandíbula humana, por comparación, genera fuerzas muchísimo menores. Diversos estudios sobre biomecánica humana sitúan la mordida media de una persona adulta entre unos 300 y 700 N dependiendo de la zona dental analizada, el sexo, la musculatura o el método empleado. Además, igual que ocurre en los perros, la presión aumenta en los molares respecto a los incisivos delanteros.

Cómo se mide la fuerza mandibular de un perro

Medir la mordida de un perro no es tan sencillo como pedirle que apriete un aparato con los dientes. Los investigadores llevan décadas intentando desarrollar sistemas fiables porque el comportamiento real de los animales introduce muchísimas variables.

Uno de los métodos más utilizados consiste en emplear transductores de presión o dinamómetros colocados entre los dientes. Algunos estudios realizan estas mediciones con perros previamente adiestrados y otros bajo anestesia general mediante estimulación muscular controlada. Así obtienen registros directos de fuerza en diferentes puntos de la mandíbula.

Uno de los trabajos de referencia, publicado en 2008 por Jennifer Lynn Ellis y otros investigadores, comparó mediciones reales in vivo con cálculos biomecánicos realizados a partir del cráneo. Los resultados mostraron fuerzas muy variables. En los colmillos registraron entre 147 y 946 newtons, mientras que en los molares posteriores llegaron a valores superiores a 3.400 N.

Sin embargo, los propios autores reconocieron que muchos modelos clásicos infravaloraban la fuerza real porque el cráneo seco no reproduce completamente la acción dinámica de músculos, tendones y tejidos blandos.

En los últimos años, las universidades han empezado a utilizar modelos biomecánicos tridimensionales muchísimo más sofisticados. Investigadores de la Universidad de Lieja, en Bélgica, analizaron escaneos 3D de cráneos y músculos para reconstruir digitalmente la mecánica mandibular de 47 perros de distintas razas. El modelo incorporaba datos sobre masa muscular, longitud de las fibras y puntos de inserción.

Gracias a estas simulaciones comprobaron que aproximadamente la mitad de la potencia de mordida procede del músculo temporal, uno de los grandes motores de la mandíbula canina. También observaron que los perros generan más fuerza cuando muerden con los molares y con ángulos de apertura pequeños.

Curiosamente, algunos estudios realizados con perros policía entrenados han mostrado que la fuerza funcional durante ejercicios reales puede ser inferior a la que suele imaginar el público. Los investigadores encontraron valores más moderados de lo esperado, aunque detectaron enormes tensiones biomecánicas durante las aceleraciones y frenadas de los ataques.

La domesticación transformó la mandíbula de los perros

Aunque perros y lobos comparten ancestros relativamente recientes, la domesticación alteró profundamente la anatomía craneal y muscular de los perros domésticos. Los lobos modernos mantienen estructuras mucho más especializadas para la caza de grandes presas. Presentan una cresta sagital más pronunciada y arcos cigomáticos más robustos, zonas del cráneo donde se insertan músculos masticatorios especialmente potentes. Esa arquitectura les permite sostener mordidas prolongadas y triturar huesos con enorme eficacia.

En los perros domésticos ocurre algo distinto. La selección artificial realizada por los humanos ha favorecido habilidades muy variadas según la función deseada. Algunas razas fueron criadas para controlar el ganado, otras para perseguir presas muy rápidas, otras para protección y defensa y otras simplemente para acompañarnos. Como consecuencia, la diversidad craneal canina actual es extraordinaria.

Un estudio sobre diferencias anatómicas entre perros y lobos encontró además una modificación muy llamativa en la musculatura facial. Los perros poseen una proporción muchísimo mayor de fibras musculares de contracción rápida en el rostro. Esto significa que pueden realizar movimientos faciales y mordidas rápidas con enorme agilidad, algo relacionado probablemente con la comunicación social que han desarrollado hacia nosotros y con respuestas conductuales muy veloces.

Los lobos, en cambio, conservan mayor capacidad de resistencia muscular para mantener una mordida sostenida durante la caza.

La domesticación también generó cambios extremos en la forma del cráneo, dando lugar a estructuras que desafían las leyes de la naturaleza en favor de una estética o funcionalidad muy concreta. Los perros braquicéfalos, como los bóxers o los bulldogs ingleses y franceses, presentan mandíbulas mucho más cortas y compactas que, desde un punto de vista puramente biomecánico, aumentan la capacidad de generar fuerza relativa debido a la reducción del ‘brazo de palanca’. En términos simples, una mandíbula corta transmite más potencia, convirtiendo a estos animales en máquinas de presión. Sin embargo, esta eficiencia mecánica es un arma de doble filo ya que esa misma compresión ósea que potencia la mordida es la que condena a muchos de estos ejemplares a graves problemas respiratorios y dificultades para la termorregulación.

Los perros dolicocéfalos, como los lebreles o los rough y smooth collies, poseen hocicos largos diseñados para velocidad, ventilación y amplitud de movimiento, pero generan menos fuerza relativa de mordida.

Hay diferencias entre razas, pero no son absolutas

La obsesión por coronar al perro con “la mordida más fuerte del mundo” simplifica demasiado una realidad mucho más compleja. Sí existen diferencias biomecánicas importantes entre razas, pero los propios científicos insisten en que los valores deben interpretarse como aproximaciones comparativas, no como cifras definitivas.

Un estudio biomecánico publicado en Journal of Experimental Biology en 2020 calculó fuerzas de mordida desde unos 124 N hasta más de 2.300 N en molares, dependiendo de la raza y del punto de medición. Entre los ejemplares más potentes aparecían los rottweilers y los pitbulls terrier americanos, especialmente en la zona de los dientes carnasiales, donde la mandíbula actúa como una trituradora.

Los investigadores comprobaron también que los perros braquicéfalos grandes generaban fuerzas superiores a las esperables para su tamaño corporal. La explicación vuelve a estar en la mecánica de palanca, y cuanto más corta es la mandíbula, mayor transmisión de fuerza produce. Pero incluso dentro de una misma raza existe una variabilidad enorme. Los autores estudiaron diez beagles y hallaron diferencias muy notables entre individuos. Factores como la edad, el sexo, si disponían de entrenamiento previo en deportes caninos, la masa muscular, tipo de alimentación o patologías dentales modifican la potencia de mordida.

Eso significa que hablar de un PSI fijo para cada raza carece de verdadero rigor científico.

Además, la fuerza máxima registrada en laboratorio no equivale necesariamente a la fuerza utilizada en las situaciones reales. Factores como el miedo, el estrés y la excitación pueden alterar muchísimo la intensidad de una mordida.

La fuerza de mordida no determina la agresividad

Uno de los grandes problemas de la divulgación superficial sobre potencia mandibular es que muchas veces se mezcla con discursos alarmistas sobre peligrosidad. Los expertos recuerdan constantemente que una mordida potente no convierte automáticamente a un perro en agresivo. De hecho, muchísimas razas con fuerzas mandibulares elevadas llevan décadas seleccionándose por su estabilidad emocional y su control durante el trabajo con humanos.

La agresividad es un fenómeno conductual muchísimo más complejo en el que intervienen genética, socialización, experiencias tempranas, dolor, miedo, manipulación y aprendizaje.

Un perro pequeño puede causar lesiones graves pese a tener una mordida mucho menos potente, especialmente en niños, en personas vulnerables o en el rostro porque subestimamos su fuerza. Del mismo modo, muchos incidentes relacionados con mordeduras tienen detrás factores humanos prevenibles como son la falta de supervisión, castigos físicos, un trato inadecuado y señales de advertencia ignoradas. La biomecánica mandibular explica cómo muerde un perro, pero no por qué muerde.

Una herramienta evolutiva extraordinaria

La mandíbula canina es una estructura multifuncional que participa en la exploración del entorno, la comunicación, el transporte de objetos, la alimentación,el juego y en la defensa.

Los perros utilizan la boca de maneras muy distintas según su historia evolutiva. Por ejemplo, los perros cobradores como los retrievers fueron seleccionados para transportar piezas sin dañarlas. Los perros de agarre como los molosos necesitaban mantener sujeciones firmes. Los perros del grupo pastor desarrollaron mordidas rápidas y precisas para poder controlar el ganado. Los terriers, desde los yorkies hasta los airedale, fueron seleccionados para sujetar y neutralizar pequeñas presas con rapidez, algo que todavía se refleja en su potente mordida relativa. Los lebreles priorizaron velocidad y persecución sobre su potencia mandibular. Toda esta diversidad funcional quedó reflejada en el cráneo y en la musculatura.

Por eso, estudiar la potencia mandibular permite entender algo mucho más amplio que un simple dato de presión, y habla de miles de años de evolución compartida entre humanos y perros, de cómo transformamos a un antiguo depredador social en decenas de morfologías distintas y de cómo la selección artificial alteró incluso la forma en la que un animal cierra la boca.

Quizá ahí reside la verdadera fascinación científica del asunto, y no teorizar sobre qué perro muerde “más fuerte”, sino en comprender cómo una misma especie puede haber desarrollado estrategias biomecánicas tan distintas para convivir, trabajar y adaptarse a nuestro mundo humano.

Referencia:

El extraño hábito de los perros que comen piedras, plástico o calcetines

8 June 2026 at 06:28

Los perros mordisquean, lamen, transportan objetos con la boca y, especialmente durante la etapa de cachorros, convierten cualquier cosa en una posible ‘presa’ improvisada. Pero existe una diferencia importante entre masticar algo por curiosidad y tragárselo de forma repetida.

Algunos perros desarrollan hábitos alimentarios anormales que van mucho más allá de la travesura ocasional. Piedras, tierra, plástico, cuerdas, pinzas de la ropa, calcetines, madera, papel, gomas del pelo e incluso heces pueden acabar dentro del aparato digestivo de animales que, en realidad, están intentando gestionar ansiedad o aburrimiento hasta dolor, estrés o problemas de salud subyacentes.

Esta conducta tiene nombre. Se conoce como pica y puede convertirse en un problema veterinario grave, no solo por el riesgo de intoxicaciones o atragantamientos, sino también por las obstrucciones intestinales y lesiones digestivas que puede provocar.

Cuando masticar deja de ser normal

Muchos perros rompen juguetes, mordisquean palos, destrozan cartones y rompen nuestras zapatillas. Eso, por sí solo, no significa necesariamente que exista un trastorno. La diferencia importante aparece cuando el perro no solo manipula el objeto, sino que lo ingiere de manera repetida y compulsiva. Ahí ya no hablamos simplemente de una conducta exploratoria, sino de un hábito potencialmente peligroso.

Los veterinarios de la facultad de medicina veterinaria de la Universidad de California, en Davis, explican que la pica consiste en el consumo persistente de sustancias no nutritivas que no aportan ningún beneficio físico al animal. Y aunque puede parecer un comportamiento gracioso en los vídeos subidos a las redes sociales, la realidad es que puede esconder desde déficits nutricionales hasta trastornos de ansiedad importantes.

No todos los perros presentan la conducta de la misma forma. Algunos desarrollan fijación por un único material concreto, como las piedras o masticar tela. Otros engullen prácticamente cualquier cosa que encuentran durante el paseo o dentro de casa, y en determinados casos el comportamiento aparece únicamente cuando el animal se queda solo.

El aburrimiento también enferma

Uno de los factores más frecuentes detrás de estos comportamientos es la falta de estimulación física y mental. Perros con niveles altos de energía, razas de trabajo y animales que pasan demasiadas horas solos pueden terminar desarrollando conductas repetitivas para autorregularse y entretenerse. Cuando no tienen alternativas adecuadas para morder, explorar u olfatear, buscan sus propias actividades.

Eso explica por qué algunos perros acaban obsesionándose con piedras, palos, calcetines, los cojines del sofá o las patas de las sillas. El problema no es solo el objeto en sí, sino lo que representa. En muchos casos funciona como una vía de escape frente al aburrimiento crónico, la frustración y la falta de enriquecimiento ambiental.

Los especialistas recuerdan que un paseo rápido para “hacer sus cosas” rara vez cubre todas las necesidades conductuales de un perro. Olfatear, resolver pequeños retos, jugar, interactuar socialmente y disponer de juguetes para la masticación también forman parte de su bienestar.

Ansiedad, estrés y emociones que terminan en el estómago

En otros perros, el origen no está tanto en el aburrimiento como en la ansiedad. Las conductas anómalas de alimentación aparecen con relativa frecuencia en animales con estrés crónico, miedo y que han desarrollado ansiedad por separación. Algunos perros canalizan esa tensión destruyendo objetos, mientras que otros, directamente, se los tragan.

Aquí hay un detalle importante. Muchas veces el comportamiento ocurre únicamente cuando el titular no está presente. Por eso algunos especialistas recomiendan grabar al perro cuando se queda solo para entender mejor en qué momentos aparece la conducta, cuánto dura y qué la desencadena.

También conviene observar si existen patrones concretos. Perros que mastican compulsivamente tras una discusión en casa, durante las tormentas, después de quedarse solos o tras cambios importantes en la rutina o en nuestro estilo de vida, lo que nos puede indicar es que están utilizando esa conducta como una forma de gestionar una sobreestimulación inesperada.

Castigar al animal no resuelve el problema. De hecho, es el camino más rápido para aumentar todavía más su estrés y empeorar el comportamiento.

Cachorros, dentición y malos hábitos que se consolidan

Durante la dentición es completamente normal que los cachorros quieran morderlo todo, porque necesitan aliviar las molestias de las encías y además, explorar el entorno.

El problema aparece cuando no disponen de alternativas adecuadas y empiezan a desarrollar preferencias peligrosas por determinados objetos. Algunos cachorros empiezan masticando los objetos que les dejamos al acceso, como nuestro calzado, y terminan tragándoselos. Si esa conducta no se redirige a tiempo hacia juguetes seguros y apropiados para su tamaño y fuerza mandibular, se puede convertir en un hábito persistente en la edad adulta.

Por eso se recomienda ofrecer desde el principio opciones de masticación seguras, supervisadas y adaptadas a cada perro, evitando objetos que puedan fragmentarse o provocar obstrucciones.

Lo que puede ocurrir dentro del cuerpo

Algunos materiales provocan intoxicaciones, otros dañan dientes y encías, pero uno de los mayores riesgos son las obstrucciones gastrointestinales, especialmente cuando el perro ingiere telas, cuerdas, plásticos y fragmentos duros.

En esos casos pueden aparecer vómitos, apatía, dolor abdominal, estreñimiento, diarrea, pérdida de apetito o incapacidad para defecar. Determinadas obstrucciones requieren cirugía urgente.

Las cuerdas, hilos y cintas resultan especialmente peligrosos porque pueden cortar o perforar el intestino mientras avanzan por el aparato digestivo. Por eso los especialistas insisten en que no debe normalizarse un perro que “siempre se come cosas”. Aunque el animal parezca encontrarse bien, el riesgo acumulativo existe.

Cómo abordar realmente el problema

La solución no pasa únicamente por esconder objetos o vigilar constantemente al perro, aunque la prevención ambiental sea importante. Lo primero es descartar causas nutricionales mediante una revisión veterinaria completa. Algunas deficiencias minerales, problemas digestivos o enfermedades pueden alterar la conducta alimentaria. A partir de ahí, el tratamiento depende del origen concreto del comportamiento.

En muchos casos resulta fundamental aumentar el enriquecimiento ambiental y el ejercicio físico. Más tiempo de olfateo, juguetes interactivos, actividades de búsqueda, mordedores seguros y rutinas más estimulantes pueden reducir muchísimo la conducta. También puede ser necesario trabajar la ansiedad subyacente mediante modificación de conducta y pautas específicas guiadas por profesionales.

Los veterinarios de la UC Davis recuerdan además que ciertas estrategias aversivas, como gritar, perseguir al perro o castigarlo físicamente cuando roba objetos, suelen empeorar la situación. El animal no deja de sentir la necesidad de hacerlo, simplemente aprende a esconderse mejor o a tragar aún más rápido.

En los casos más severos, especialmente cuando existe ansiedad intensa o conductas compulsivas, algunos perros pueden necesitar apoyo farmacológico supervisado por especialistas en comportamiento veterinario.

¿Puede un perro viajar en el asiento delantero del coche? Lo que dice la normativa

8 June 2026 at 06:27

Cada vez es más habitual que viajemos en coche con nuestros perros, ya sea para desplazamientos cotidianos, escapadas de fin de semana o vacaciones largas. Junto a ese aumento de animales dentro de los vehículos es importante recordar cómo deben viajar exactamente y si pueden ir en el asiento delantero, si es obligatorio usar cinturón, si los asientos específicos que se venden en las plataformas online son legales o si basta simplemente con que el animal vaya tranquilo.

Parte de la confusión surge porque la legislación española no dedica un apartado específico y detallado exclusivamente al transporte de perros. No existe un artículo que diga literalmente “está prohibido llevar un perro en el asiento delantero”, pero eso no significa que cualquier forma de transporte sea válida.

La normativa se centra sobre todo en la seguridad vial y en evitar que el animal interfiera en la conducción. Ahí entran tanto la interpretación de los agentes como los sistemas de retención utilizados, el tamaño del perro, el lugar donde viaje y el riesgo que pueda generar dentro del habitáculo.

La ley no prohíbe expresamente el asiento delantero

Uno de los puntos que más puede sorprender es precisamente que no existe una prohibición explícita que impida llevar a un perro en el asiento del copiloto. El artículo 18.1 del Reglamento General de Circulación establece que el conductor debe mantener “su propia libertad de movimientos, el campo necesario de visión y la atención permanente a la conducción”, además de garantizar la adecuada colocación de objetos o animales para evitar interferencias. Es decir, legalmente el problema no es tanto dónde va el perro, sino si su presencia compromete la seguridad.

En la práctica, esto significa que un perro podría viajar en el asiento delantero siempre que esté correctamente sujeto y no interfiriera en la conducción. Sin embargo, también significa que un agente puede considerar sancionable esa situación si interpreta que el animal supone un riesgo potencial de distracción o de obstáculo físico. Por eso la Dirección General de Tráfico desaconseja claramente esta ubicación, aunque no la prohíba de manera tajante.

En la práctica, las sanciones varían según la gravedad de la situación observada por el agente. Llevar al perro completamente suelto dentro del coche suele castigarse con multas de alrededor de 100 euros, mientras que si el animal interfiere claramente en la conducción (por ejemplo, viajando sobre el conductor, moviéndose entre los asientos o sin ningún tipo de retención en la parte delantera) la sanción puede ascender a 200 euros. En situaciones consideradas especialmente peligrosas o compatibles con conducción temeraria, las multas pueden alcanzar los 500 euros e incluso implicar la retirada de hasta seis puntos del carné.

Airbags, distracciones e impactos

Más allá de la multa, el principal motivo por el que los expertos recomiendan evitar el asiento delantero tiene que ver con la seguridad física del propio animal y de los ocupantes. Los airbags delanteros están diseñados para proteger a personas adultas. Se despliegan a enorme velocidad y con muchísima fuerza. En un perro pequeño o mediano, ese impacto puede provocar lesiones gravísimas e incluso la muerte inmediata.

A eso se suma la imprevisibilidad propia de muchos perros durante los trayectos. Un frenazo, un ruido fuerte, un perro pasando junto al coche o simplemente el nerviosismo pueden hacer que el animal salte, se desplace o intente acercarse al conductor. La propia DGT recuerda que un animal suelto dentro del coche se convierte en un proyectil en caso de accidente.

Por qué un perro suelto es tan peligroso

La física explica rápidamente el problema. En un impacto relativamente moderado, la inercia multiplica enormemente el peso del animal. La DGT señala que un perro de cinco kilos puede impactar con una fuerza equivalente a 280 kilos en un accidente a 60 kilómetros por hora. En el caso de un perro de tamaño mediano multiplica todavía más esa energía.

Esto supone un riesgo para el propio animal, para el conductor, para los pasajeros e incluso para los equipos de rescate tras un accidente. Por eso la normativa insiste en que los animales deben viajar correctamente retenidos.

Por esta razón, llevar al perro en brazos, sobre las piernas del conductor, copiloto, pasajeros, o completamente suelto dentro del habitáculo puede derivar en sanciones económicas e incluso en acusaciones de conducción temeraria en situaciones graves.

Entonces, ¿es obligatorio el cinturón para perros?

De nuevo, en realidad, la legislación española no obliga específicamente a utilizar un cinturón concreto homologado para perros. Lo que sí exige es que el animal vaya sujeto de forma que no interfiera con la conducción ni comprometa la seguridad.

Eso ha hecho que en el mercado aparezcan múltiples sistemas como arneses de uno o dos anclajes, cinturones adaptados, transportines, rejillas divisorias, asientos en formato cubículo abierto o combinaciones entre varios sistemas.

La DGT y numerosos estudios de seguridad vial consideran que los arneses de dos anclajes ofrecen mucha más protección que los de un solo enganche, ya que reducen los desplazamientos bruscos durante una colisión. También se insiste en que nunca debe sujetarse al perro únicamente por su collar. En un frenazo fuerte, toda la fuerza recaería sobre el cuello y la tráquea, aumentando muchísimo el riesgo de lesiones cervicales graves y de asfixia.

¿Son legales los asientos de coche para perros?

Sí, los asientos o elevadores para perros son legales, pero con matices importantes. Muchos de estos productos están pensados sobre todo para perros pequeños y suelen funcionar como una especie de cesta, acolchada o no, fijada al asiento mediante correas o anclajes. El problema es que no todos ofrecen el mismo nivel de seguridad. Algunos sirven principalmente para elevar al animal y limitar movimientos leves, pero no necesariamente soportan bien el impacto de una colisión fuerte.

Por eso, a la hora de escoger un asiento para perro, es recomendable revisar si el sistema dispone de anclajes resistentes, si incluye arnés integrado, si evita desplazamientos bruscos, y lo más importante, si ha sido sometido a pruebas de choque independientes.

Es importante tener claro que la legalidad del accesorio no implica automáticamente que sea seguro.

El transportín como la opción más recomendada

Aunque existen distintos sistemas válidos, la DGT sigue considerando el transportín como una de las opciones más seguras, especialmente si está bien colocado.

En el caso de los perros pequeños, debe situarse dentro del habitáculo, en el suelo detrás de los asientos delanteros o correctamente fijado a los asientos traseros.

En perros grandes, el transportín colocado transversalmente en el maletero y combinado con rejilla divisoria ofrece mejores resultados en muchas pruebas de impacto. La clave, por tanto, no es solamente que estén sujetos o separados sin más, sino que el sistema realmente limite el movimiento del animal en caso de frenazo o accidente.

Lo que ocurre en otros países europeos

La normativa europea tampoco es completamente uniforme. Algunos países regulan el transporte animal de forma muy similar a España, centrándose sobre todo en evitar distracciones y garantizar la seguridad vial general.

En otros, como Alemania o Italia, las autoridades pueden interpretar también que un animal mal sujeto constituye una carga insegura, aplicando sanciones similares a las previstas para objetos transportados incorrectamente.

En conjunto, el enfoque europeo tiende a coincidir en que los animales no deben viajar sueltos ni comprometer la conducción, aunque el tipo concreto de sistema obligatorio varía según el país.

Si bien buena parte del debate suele centrarse en la cuantía con la que pueden sancionar, el verdadero problema es que la mayoría de accidentes relacionados con animales dentro del coche no ocurren porque el perro “haga algo raro”, sino porque basta un segundo de distracción, un frenazo inesperado o un impacto moderado para que una situación aparentemente controlada se convierta en extremadamente peligrosa.

Así es el smous holandés, una de las razas más raras y desconocidas de Europa

7 June 2026 at 06:43

Mientras algunos perros protegían propiedades o guiaban rebaños en ciudades europeas, otros mantenían a raya a los roedores en las cuadras, almacenes de grano y establos. En este escenario surgió el smous holandés, una raza poco conocida fuera de los Países Bajos que estuvo estrechamente ligada a la vida urbana y comercial de Ámsterdam durante el siglo XIX.

Su origen exacto sigue siendo objeto de debate. La teoría más aceptada sostiene que desciende, al menos en parte, de ejemplares color wheaten (crema) de schnauzer que llegaban a los puertos neerlandeses procedentes de Alemania. Aquellos perros destacaban por su tremenda eficacia como cazadores y pronto se ganaron un lugar en los establos donde se alojaban los caballos de comerciantes y transportistas.

La raza vivió una etapa de gran popularidad, pero el progresivo abandono del caballo como medio de transporte y el creciente interés por otras razas extranjeras más de moda provocaron un declive continuado. Tras la Segunda Guerra Mundial apenas quedaban ejemplares y el último registro oficial de una camada data de 1.949.

Durante décadas se dio por hecho que el smous holandés había desaparecido, y así fue. Sin embargo, en 1973 la criadora H.M. Barkman van der Weel impulsó un programa de recuperación que permitió reconstruir la raza a partir de perros con características similares. Gracias a aquel esfuerzo, el smous existe hoy, aunque continúa siendo una de las razas caninas más raras del mundo y su población se concentra principalmente en los Países Bajos.

Alegre, activo y muy apegado a su familia

La Federación Cinológica Internacional (FCI) define al smous holandés como un perro afectuoso, alegre, amistoso y de espíritu libre. Las descripciones del club de la raza coinciden en destacar su enorme capacidad para integrarse en la vida familiar. Suele mostrarse especialmente cariñoso con las personas de su entorno y mantiene una actitud sociable tanto con niños como con otros animales cuando ha recibido una correcta socialización. Conserva parte del temperamento vivaz propio de los antiguos cazadores de roedores, pero sin la intensidad que presentan algunos terriers.

Es un perro que disfruta participando en las actividades cotidianas de la familia y que se apunta a todos los planes. Le gusta acompañar en paseos largos, juegos y excursiones, y responde bien a los métodos de educación basados en el refuerzo positivo. No obstante, como ocurre con cualquier raza inteligente, la constancia y la coherencia son fundamentales para obtener buenos resultados.

Necesita actividad física y estimulación mental

Aunque no se trata de un perro hiperactivo, el smous aprecia una cantidad considerable de ejercicio diario. Los clubes especializados destacan que disfruta especialmente de las caminatas largas y de actividades que le permitan explorar el entorno. También está demostrando que se adapta con éxito en disciplinas deportivas como obediencia, rastreo recreativo, agility y cualquier otra actividad siempre que esté adaptada a su tamaño y condición física.

Además del ejercicio físico, resulta importante proporcionarle retos mentales. Juegos de olfato, búsqueda de objetos y actividades de enriquecimiento ambiental ayudan a mantenerlo equilibrado y feliz. Su tamaño facilita la convivencia en entornos urbanos, siempre que sus necesidades estén adecuadamente cubiertas.

Salud: una raza vigilada de forma muy estrecha

Uno de los aspectos más llamativos del smous holandés es el exhaustivo seguimiento que está acompañando su reconstrucción moderna. Al tratarse de una población reducida, los programas de cría moderno están prestado una especial atención especial a la salud y al temperamento.

El club oficial de la raza señala que, gracias a esta selección cuidadosa, el smous se considera un perro saludable y longevo. Sin embargo, como sucede con cualquier raza poco numerosa, la gestión responsable de la diversidad genética sigue siendo una prioridad para garantizar su futuro.

Quienes estén interesados en incorporar un smous a su vida deben informarse a través de criadores responsables y de las organizaciones oficiales que gestionan la raza. En este caso, la referencia principal es el Club Holandés del Smous, la entidad que coordina parte de los programas de conservación y seguimiento de este singular perro europeo.

Cómo cuidar de las orejas largas de los perros, un foco frecuente de infecciones

6 June 2026 at 07:19

Hay razas de perros cuya silueta sería imposible imaginar sin sus orejas largas, caídas y suaves que incluso rozan el suelo cuando caminan. Basta pensar en un basset hound, o en un cócker spaniel inglés o americano, para entender hasta qué punto las orejas forman parte de la identidad física y también de la imagen que solemos asociar a ellos.

Pero las orejas largas y caídas modifican completamente la ventilación del canal auditivo y crean un entorno mucho más favorable para la acumulación de humedad, cera, bacterias y levaduras. Por eso, las otitis y otros problemas auditivos son especialmente frecuentes en determinados perros, sobre todo si además se combinan otros factores como alergias, exceso de pelo dentro del oído, baños frecuentes o paseos por zonas húmedas.

Aunque muchas personas asumen que limpiar las orejas del perro forma parte obligatoria de la higiene rutinaria, los veterinarios insisten en que no todos los animales necesitan el mismo mantenimiento. En algunos casos, una limpieza excesiva o mal realizada puede incluso empeorar la situación y alterar el equilibrio natural del oído.

La anatomía del riesgo y el efecto tapa

El oído de los perros tiene una anatomía muy distinta a la humana. El canal auditivo no es recto, sino que tiene forma de L: primero desciende verticalmente y después gira en ángulo hacia el interior. Esa estructura dificulta que la humedad salga con facilidad una vez entra en el canal.

En los perros de orejas caídas, además, el propio pabellón auricular funciona casi como una tapa. El cartílago pesado y la piel cubren parcialmente la entrada del oído, reducen la circulación del aire y favorecen que el calor y la humedad queden atrapados dentro. Para mirar en perspectiva, se puede comparar ese ambiente con un pequeño invernadero tropical que es cálido, húmedo y oscuro, justo las condiciones ideales para que proliferen las bacterias y levaduras. Si además existe acumulación de cerumen, alergias cutáneas o pequeñas irritaciones, el riesgo de infección aumenta todavía más.

Las señales de alerta suelen ser bastante reconocibles. Sacudidas frecuentes de cabeza, rascado insistente, mal olor, enrojecimiento, secreciones oscuras y sensibilidad al tocar la zona son algunos de los síntomas más habituales. A veces incluso aparecen cambios de comportamiento aparentemente desconectados del oído, como rechazo a comer o quejas al masticar, porque muchas estructuras musculares de la mandíbula y la zona auditiva están relacionadas.

No todas las orejas largas tienen los mismos problemas

Aunque solemos meter en el mismo saco a todos los perros de orejas caídas, lo cierto es que cada raza presenta predisposiciones distintas.

En razas como el basset hound, el sabueso español o el beagle, el principal problema suele ser precisamente la escasa ventilación derivada del peso y longitud de las orejas. En estos perros, el oído permanece mucho más cerrado y húmedo durante buena parte del día.

En el caso de los cócker spaniel o los springer spaniel, además de esa ventilación reducida, es frecuente encontrar una producción abundante de cerumen y una mayor predisposición a las otitis crónicas asociadas a alergias.

Otras razas presentan dificultades diferentes. Los caniches y muchos cruces de diseño actuales como el cockapoo (cruce de caniche y cócker), acumulan pelo dentro del canal auditivo, algo que favorece que queden atrapadas partículas de suciedad y humedad. Los golden retriever y el labrador retriever, por su parte, tan aficionados al agua, tienen más riesgo de problemas relacionados con la humedad persistente tras sus chapuzones en la playa, río y piscinas.

Incluso razas menos asociadas popularmente a las otitis, como el braco de Weimar, el galgo afgano o los téckel, pueden desarrollar problemas recurrentes precisamente por la forma de sus orejas y la ventilación limitada del conducto.

Factores que pueden convertirse en un problema

Muchas infecciones en las orejas caídas de los perros empiezan después de algo aparentemente inocente. Un baño, un paseo por hierba alta mojada o incluso beber agua pueden dejar humedad retenida dentro del oído durante horas.

En perros con las orejas muy largas, las puntas suelen mojarse constantemente al acercarse al cuenco del agua o cuando caminan entre vegetación húmeda. Esa humedad mantenida sobre la piel y el pelo favorece irritaciones y crea un entorno todavía más favorable para microorganismos oportunistas.

Los veterinarios recomiendan revisar y secar siempre bien las orejas caídas cuando regresamos a casa de la calle, especialmente en perros propensos a las otitis. Pero secar no significa introducir bastoncillos ni manipular en profundidad el canal auditivo. De hecho, el uso de bastoncillos es una de las prácticas más desaconsejadas, porque pueden empujar la suciedad hacia el interior e incluso provocar lesiones.

Basta normalmente con secar cuidadosamente la parte externa con una servilleta o pañuelo de papel y vigilar durante los días siguientes posibles síntomas como mal olor, sacudidas frecuentes o enrojecimiento.

Limpiar por sistema tampoco es una buena idea

Uno de los errores más frecuentes es asumir que todas las orejas deben limpiarse regularmente “por si acaso” utilizando algún producto externo. Pero un oído sano tiene mecanismos naturales de protección y limpieza.

Cuando se limpia en exceso puede alterarse el equilibrio natural del canal auditivo, irritar la piel y favorecer precisamente los problemas que se intentaban evitar.

Por eso los expertos en salud animal diferencian entre mantenimiento preventivo y limpieza terapéutica. Hay perros que prácticamente nunca necesitan limpiezas específicas y otros que, por predisposición genética o enfermedades de base, sí requieren revisiones y cuidados periódicos.

La clave está en la observación. Un oído sano no debería desprender mal olor, presentar secreciones abundantes ni generar molestias. Si aparecen síntomas, lo correcto no es improvisar con remedios caseros o productos comprador por internet, sino acudir al veterinario para identificar la causa concreta. Muchas otitis recurrentes no se deben solo a la anatomía de las orejas, sino también a alergias ambientales, intolerancias alimentarias o problemas dermatológicos subyacentes.

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