La AEMET emite sus primeras predicciones para el verano y nos insta a prepararnos para un periodo de temperaturas más elevadas de lo normal
El inminente arranque de la temporada estival traerá consigo un panorama meteorológico marcado por un calor inusual para esta altura del calendario, obligando a los ciudadanos a adelantar sus rutinas preventivas de protección frente a las altas temperaturas.
Según los análisis elaborados por los expertos para el bloque temporal que abarca desde mediados de junio hasta los primeros días de julio, el país se enfrentará a un escenario térmico donde los termómetros superarán de manera muy holgada los registros estadísticos habituales.
La primera fase de este periodo (comprendida exactamente entre los días quince y veintiuno de junio) destacará por consolidar un ambiente plenamente veraniego, golpeando con una especial dureza a las comunidades situadas tanto en la mitad septentrional como en el centro del territorio nacional, zonas que experimentarán los picos térmicos más agobiantes y sostenidos de toda esta primera etapa pronosticada.
Tormentas vespertinas y cielos cambiantes en el arranque estival
Pese a la sensación de canícula generalizada que dominará el ambiente, la atmósfera no mostrará un comportamiento pacífico durante estos primeros compases.
Las proyecciones oficiales señalan claramente que la semana del 15 de junio arrancará bajo los efectos de una notable inestabilidad que transformará los cielos de forma repentina. A partir de las horas centrales del día, el intenso calor superficial actuará como motor para el desarrollo masivo de nubes de evolución, desembocando en probables aguaceros y fenómenos tormentosos concentrados principalmente en las áreas interiores de la geografía española. La jornada del lunes concentrará el mayor nivel de riesgo asociado a estas precipitaciones, aunque la crudeza de los episodios irá remitiendo de manera paulatina conforme avancen las fechas.
La incertidumbre climática marca el horizonte del mes de julio
A medida que el calendario avance hacia la recta final de junio y abrace los primeros días de julio, la fiabilidad de los modelos predictivos disminuye considerablemente.
Para el lapso temporal comprendido entre el 22 y el 28 de junio, la institución reconoce una alta dosis de incertidumbre en su dictamen (subrayando que cualquier estimación actual es susceptible de sufrir modificaciones en futuras actualizaciones). Pese a estas dudas científicas, los datos disponibles sugieren que la tónica cálida persistirá arraigada sobre el territorio, manteniendo un nivel térmico superior a lo normal, aunque presumiblemente sin llegar a los extremos sofocantes de la semana previa.
En cuanto al régimen pluviométrico de esa semana, los especialistas no observan ninguna tendencia definida. Finalmente, para la horquilla que conecta el final de junio con el cinco de julio, los pronósticos a largo plazo dibujan un paisaje caracterizado por precipitaciones escasas y un calor constante, consolidando así un ambiente "típicamente veraniego" que prolongará la necesidad de buscar refugios frente al sol.


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