La enfermedad de Mette-Marit provoca una ola de solidaridad en Noruega: las donaciones de órganos se disparan
Desde que la Casa Real anunció que la princesa heredera Mette-Marit ha sido incluida oficialmente en la lista de espera para un trasplante de pulmón, se ha desencadenado en todo el país un aumento sin precedentes en el número de ciudadanos que han decidido hacerse donantes de órganos. Según la Fundación Noruega para la Donación de Órganos (Stiftelsen Organdonasjon), el mismo día en que se confirmó públicamente la inclusión de Mette-Marit en la lista de espera, 2.178 personas rellenaron su tarjeta oficial de donante a través del portal sanitario Helsenorge, una cifra 31 veces superior a la media diaria registrada durante el mes de mayo, cuando se inscribían unas 70 personas al día.
El impacto fue aún mayor en la aplicación oficial de donantes. Ese viernes la utilizaron 3.568 personas, de las cuales 665 se registraron por primera vez, lo que supone 26 veces más de lo habitual para esta época del año. La página web de la fundación recibió 6.200 visitas, un tráfico 38 veces superior al promedio mensual, y alrededor del 40 % de los usuarios consultó directamente cómo convertirse en donante.
Salvará muchas vidas
Para Aleksander Sekowski, responsable de comunicación de la Fundación, no existe ninguna duda sobre el origen de esta reacción colectiva. "Toda esta respuesta se debe a la enorme atención que está recibiendo la situación de salud de la princesa heredera", explicó al diario "Aftenposten". Aunque reconoce que el contexto es profundamente triste, considera que la repercusión pública "salvará muchas vidas". Detrás del caso de Mette-Marit hay más de 600 pacientes noruegos que esperan actualmente un trasplante, entre ellos una decena que, como la princesa, necesitan unos nuevos pulmones.
No es la primera vez que ocurre. Ya el pasado diciembre, cuando la Casa Real admitió por primera vez que la fibrosis pulmonar de Mette-Marit había avanzado hasta el punto de que probablemente necesitaría un trasplante en el futuro, se produjo otro importante incremento de registros. Sin embargo, la confirmación oficial de que la princesa ya figura en la lista de espera ha multiplicado ese efecto.
La explicación también tiene que ver con la gravedad del momento que atraviesa la futura reina de Noruega. El Palacio Real confirmó la pasada semana que la fibrosis pulmonar que padece desde 2018 ha experimentado un deterioro muy importante durante los últimos seis meses, obligando a los especialistas del Hospital Universitario de Oslo a incorporarla finalmente al programa nacional de trasplantes. El neumólogo Are Holm explicó que el tejido cicatricial de sus pulmones ha aumentado de forma muy significativa y advirtió de que, sin un trasplante, su esperanza de vida podría reducirse aproximadamente a un año.
Un pronóstico incierto
La intervención, sin embargo, no depende únicamente de la gravedad de la enfermedad. Como recuerdan los especialistas, es necesario encontrar un órgano plenamente compatible y que la paciente conserve todavía suficiente fortaleza física para afrontar una cirugía extremadamente compleja y un largo proceso de recuperación.
Precisamente por ello, la Casa Real ha anunciado que Mette-Marit suspende indefinidamente toda su agenda institucional y que no volverá a facilitar partes médicos hasta después del trasplante y de la primera fase de rehabilitación. La enfermedad está modificando también el funcionamiento de la propia monarquía noruega. En las últimas semanas, el príncipe Haakon ha reducido al mínimo su actividad internacional para permanecer junto a su esposa, mientras la princesa Ingrid Alexandra comienza a asumir una presencia institucional cada vez mayor.
La heredera, que había iniciado recientemente un periodo de formación en el extranjero, se perfila ahora como una figura llamada a ganar protagonismo mucho antes de lo previsto. Al mismo tiempo, la Casa Real ha decidido aplazar las celebraciones previstas con motivo del vigésimo quinto aniversario de boda de los príncipes herederos, previstas para este verano.
No es solo la agenda la que está cambiando. También la percepción pública de la familia real. Durante los últimos años, Mette-Marit había vivido algunos de los momentos más difíciles de su vida, no solo por el avance de la enfermedad, sino también por los problemas judiciales de su hijo mayor, Marius Borg. Sin embargo, el anuncio del trasplante ha desplazado completamente esa visión.
En un momento de enorme incertidumbre para la familia real, el país ha respondido con una de las mayores muestras de solidaridad sanitaria que se recuerdan en los últimos años. Mientras la futura reina espera el órgano que puede salvarle la vida, miles de noruegos han decidido que su enfermedad sirva también para salvar la de otros.


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