"Si tienes hambre, pregúntate por qué. Y respóndete. Quizás no comiste suficiente. Quizás faltó equilibrio. Quizás solo te apetece". Con esta reflexión, Isabelle Junot (@isa.healthy.life), desde su perfil profesional como coach nutricional, ha puesto sobre la mesa un debate esencial sobre la alimentación moderna: la necesidad de priorizar la intuición y el respeto a las señales del propio cuerpo por encima de las estrictas normas de autocontrol que suelen dominar las dietas convencionales.
La importancia de identificar el hambre real
La nutricionista y bióloga Paula Hernández (@paula_mindeat), especializada en salud digestiva y hormonal, respalda esta visión y aclara que el mensaje de Junot no invita a desconfiar del apetito, sino a gestionarlo con mayor criterio. Según la experta, el principal error reside en el "piloto automático", donde ingerimos alimentos sin detenernos a identificar qué necesidad estamos cubriendo realmente. "El hambre puede ser una señal fisiológica normal que indica que necesitamos energía, pero también hay ocasiones en las que recurrimos a la comida por aburrimiento, estrés, ansiedad, cansancio o simplemente por hábito", explica Hernández.
La nutricionista insiste en que distinguir entre el hambre fisiológica y la emocional es el primer paso hacia una alimentación consciente. La rutina actual, marcada por la inmediatez y la falta de pausas, impide que el cuerpo regule sus mecanismos de saciedad. Hernández advierte que "establecer espacios adecuados entre comidas permite recuperar esa percepción y favorece procesos digestivos fisiológicos importantes, como el complejo motor migratorio". Además, resalta que la distracción constante, como comer frente a pantallas, dificulta que el cerebro registre correctamente las señales que envía el estómago.
El peligro de las restricciones y el efecto compensación
El problema de prohibirse alimentos, advierte la especialista, es que fomenta una mentalidad de "todo o nada". Cuando una persona impone normas demasiado rígidas, se genera una tensión psicológica que suele derivar en un círculo vicioso de restricción y descontrol. "Si finalmente nos damos permiso para consumirlos, muchas veces ya no comemos guiados por el hambre real ni por la saciedad, sino que lo hacemos desde la sensación de privación acumulada", señala la nutricionista.
Para evitar este fenómeno, la experta apuesta por la flexibilidad y la normalización del placer en la dieta diaria, sin otorgar jerarquías morales a los alimentos. La recomendación es realizar una pausa consciente antes de ingerir cualquier alimento para evaluar el estado emocional y físico. "Si descubrimos que detrás hay otra necesidad, como descanso, gestión emocional o aburrimiento, quizá la solución no sea necesariamente la comida", apunta Hernández.
En definitiva, el bienestar sostenido no nace de la prohibición, sino de la capacidad de tomar decisiones informadas. Como concluye la especialista, "una buena relación con la comida no se construye a través de la prohibición, sino aprendiendo a tomar decisiones flexibles, escuchando las señales de hambre y saciedad".
Han leído bien. El año pasado, las bajas laborales costaron a España 18.400 millones de euros. Es ya la segunda mayor partida del gasto en Seguridad Social, solo por detrás de las pensiones. Y lo más preocupante no es la cifra en sí, sino su tendencia: crece cada año desde 2012 sin señales de corrección.
Sin embargo, el debate público rara vez aborda el problema de fondo. Se queda en la superficie: más coordinación, mayor control, agilizar las reincorporaciones. Medidas tácticas que esquivan una realidad estructural incómoda: España, como la mayor parte de Europa, envejece mientras aumenta el peso de las enfermedades crónicas. Dolencias que se desarrollan durante años, que en gran medida son prevenibles y a las que el sistema llega, sistemáticamente, demasiado tarde.
Esta disfunción no es nueva. Crecí observando a dos médicos, mis padres, trabajar en un sistema público que fallaba antes de empezar. Sus pacientes llegaban tarde, en fases avanzadas de enfermedad, arrastrando problemas que llevaban meses gestándose en silencio. El sistema no tenía forma de intervenir antes. Y fue ahí donde entendí que el problema no estaba ni en los profesionales, ni en la medicina, ni en las personas. El fallo estaba en la arquitectura. En el sistema.
Porque la sanidad europea sigue diseñada en torno a la enfermedad. El dinero se moviliza cuando algo ya se ha roto. Las consultas se activan cuando aparecen los síntomas. La prevención, cuando existe, queda relegada a un trámite: un folleto, una recomendación genérica, una casilla a marcar.
El caso de la salud mental es paradigmático. En España, es ya el principal motor del aumento de las bajas laborales. Entre los menores de 35 años, la incidencia ha crecido un 67% desde 2017. No se trata de episodios súbitos. Son procesos largos en los que el sistema nunca intervino a tiempo. No hubo señales detectadas ni apoyo temprano. Cuando llega la baja, el deterioro lleva meses consolidándose. Nada nuevo, un dato silencioso, pero que ha dado el salto de la conversación privada a la pública.
Durante décadas, el argumento era claro: faltaban herramientas para anticiparse. Ese argumento ya no es válido. La irrupción de la inteligencia artificial (sí, la IA, que tiene un poderoso prisma positivo en el campo de la salud) abre una ventana inédita: permite detectar patrones de riesgo antes de que se conviertan en crisis, eliminar barreras de acceso y convertir la prevención en algo integrado en la vida cotidiana, no en un lujo para quien tiene tiempo, información o recursos.
«No es una discusión sobre números sino de modelo de sociedad»
La evidencia práctica empieza a acumularse. Lo veo cada día en Alan. Facilitar el acceso directo a un psicólogo, sin receta ni lista de espera, provoca que el 75% de las personas acudan a terapia por primera vez. Convertir el hábito de caminar en algo cotidiano y divertido hace que las personas den 1.000 pasos más al día. Ofrecer un programa guiado para el dolor de espalda logra que el 80% de quienes lo siguen reporten una mejora real. No porque antes no lo necesitaran, sino porque el sistema nunca estuvo diseñado para facilitarlo.
En un país líder mundial en consumo de benzodiacepinas, y donde los problemas musculoesqueléticos y la salud mental son los principales motores de las bajas laborales, ese cambio importa más de lo que parece. La pastilla ofrece una solución rápida; la prevención accesible, una solución duradera. Cuando ambas opciones compiten en igualdad de acceso, las personas eligen la prevención.
El problema, por tanto, no es ya de diagnóstico ni de tecnología. Es de infraestructura. De quién construye el sistema que hará posible este cambio.
Estados Unidos y China no esperan. Están definiendo, mediante inteligencia artificial, cómo será el acceso a la sanidad en las próximas décadas, bajo sus propios incentivos y su propia concepción del bienestar. Europa, mientras tanto, encara una decisión estratégica: desarrollar su propia arquitectura o limitarse a regular la que otros diseñen.
El continente parte de una fortaleza indiscutible: la convicción de que la Salud es un derecho universal. Lo que ha faltado hasta ahora es la tecnología capaz de hacer esa idea operativa a gran escala y de convertir la prevención en una realidad accesible para todos, no solo para una minoría informada.
Porque, en el fondo, esta no es una discusión sobre números. Es una cuestión de modelo de sociedad. Si queremos seguir reaccionando tarde, pagando cada vez más por gestionar las consecuencias, o si apostamos por un sistema que evite que las personas enfermen en primer lugar. La respuesta parece evidente. Lo que sigue pendiente es tomarla en serio.
Es investigador en la Universidad Fernando Pessoa de Canarias, director del Centro de Investigación del Alzheimer en el Instituto Karolinska e investigador asociado en la Clínica Mayo, entre otras cosas. A tan increíble curriculum suma ahora el Premio Nacional de Investigación sobre demencia con cuerpos de Lewy (DCL) por su trayectoria, la enfermedad en la que se ha convertido uno de los mayores expertos a nivel mundial, a pesar de llegar a ella, cuenta, «de casualidad».
¿Qué supone recibir este premio para usted?
Para mi este premio y todo el trabajo realizado por Asinlewy es un paso tremendo hacia el reconocimiento y apoyo a la investigación de la DCL en España. Creo que es una excelente noticia para la comunidad científica española, pero también para la comunidad clínica y los pacientes y sus familiares. A nivel personal, es todo un honor haber sido galardonado con el reconocimiento a la trayectoria en investigación de DCL.
El premio reconoce su trayectoria investigadora en este campo. ¿Desde hace cuanto que la investiga?
Mi investigación sobre la DCL comenzó allá por el 2017, así que pronto se cumplen ya 10 años desde los primeros estudios.
No es una enfermedad ni muy conocida (ni siquiera entre los propios médicos), ni en la que haya habido muchos avances. ¿Qué le llevó a elegirla?
Esto es cierto, la DCL es aún una desconocida para mucha gente, lo cual es sorprendente dado que es la segunda demencia neurodegenerativa más frecuente, después de la demencia asociada al alzhéimer. Mi motivo para elegir este campo de trabajo fue una convergencia de factores y algo de casualidad. Para resumir, yo llevaba varios años usando una técnica para investigar el cerebro que se llama resonancia magnética cerebral, centrándome en pacientes con alzhéimer y personas sanas. En 2017 me encontraba haciendo mi formación postdoctoral en el Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia) y era el momento de desarrollar una línea de investigación propia para poder optar a una posición de assistant professor (algo así como profesor ayudante doctor en España). Esto se juntó con la posibilidad de coordinar el Hub de Resonancia Magnética del consorcio Europeo para la demencia con cuerpos de Lewy (E-DLB, www.e-dlb.com), así como con la posibilidad de realizar una estancia de investigación en la Clínica Mayo en uno de los principales grupos internacionales sobre esta enfermedad. Me parecieron oportunidades únicas así que las acepté y comencé a adentrarme en el mundo de la DCL.
«La DCL es aún una desconocida incluso para el personal sanitario»
Se premia también su labor en la creación de la plataforma FindDLB. ¿Podría explicar en qué consiste?
Como hemos dicho, la DCL es aún una desconocida para mucha gente incluido el personal sanitario. Esto lleva a su infradiagnóstico o diagnósticos erróneos. Por ejemplo, se sabe que dos de cada tres pacientes con DCL no son diagnosticados, o son diagnosticados con otro tipo de demencia como por ejemplo Alzheimer u otras enfermedades como el Párkinson. FindDLB significa justo eso, en castellano, «Encontrar a los DCL». Se trata de generar herramientas diagnósticas, conocimiento biológico y clínico sobre la enfermedad y transmitirlo al personal sanitario y sociedad para aumentar la visibilidad de la DCL.
¿Se usa ya en la práctica clínica? Si es así ¿qué resultados consigue?
La plataforma FindDLB es más bien una red nacional de investigación y formación, aunque también hemos generado algunas herramientas y conocimiento que sí se está usando en la práctica clínica. Por ejemplo, a nivel cualitativo, hemos observado un aumento del número de diagnósticos de DCL en clínicas especializadas de demencia, así como un mayor número de remisiones desde atención primaria para evaluación de sospecha de DCL. Como resultado final, queremos conseguir una mejora en el diagnóstico y tratamiento de la DCL y sus fases prodrómicas.
A día de hoy no existe una prueba diagnóstica y muchas veces se confunde con otras patologías. ¿Podría servir para obtener un diagnóstico precoz?
Bueno, justo en los tres últimos años se ha avanzado mucho en el desarrollo de una técnica conocida como ensayo por amplificación de semillas (seed amplification assay, SAA en inglés) así como biopsias de piel que está revolucionando el diagnóstico de la DCL. El principal reto ahora mismo es integrar estas técnicas en la práctica clínica, pero ya hay varios hospitales en España que disponen de las mismas.
¿Qué avances destacaría de los producidos en los últimos años?
Desde luego los avances principales son, en mi opinión, el desarrollo e integración clínica del ensayo por amplificación de semillas y biopsias de piel, así como varios frentes actuales para el desarrollo de tratamientos modificadores de la enfermedad para la DCL. Esto coincide con un cambio de paradigma muy importante que es ir desde los síntomas clínicos a las bases biológicas de la enfermedad.
"Un cambio de paradigma es ir de los síntomas a las bases biológicas de la enfermedad"
Mucha gente no sabe ni que existe la DCL pese a ser muy frecuente. ¿Cómo podría mejorarse este aspecto?
Aquí es central la colaboración entre investigadores, personal sanitario, industria, políticos e instituciones, sin olvidar las asociaciones y los pacientes y sus familias. Hoy en día hay numerosas iniciativas internacionales en todos estos frentes, y para mí lo más fácil sería sumarse más que tratar de hacer las cosas desde cero.
Sin quitarle la importancia que obviamente tiene la enfermedad de Alzheimer, ¿estamos empezando a asumir que no todo deterioro cognitivo es alzhéimer?
Sí. Los investigadores sabemos desde hace muchos años que hay múltiples causas de deterioro cognitivo en el campo de las enfermedades neurodegenerativas. Lo que ha ocurrido en los últimos cinco-diez años es el reconocimiento de que varias enfermedades pueden coexistir en el cerebro de pacientes con estos cuadros clínicos. Esto lo empezamos a aceptar también los que trabajamos en el ámbito clínico. Incluso, recientemente, la sociedad empieza a conocer también otras causas de deterioro cognitivo además del alzhéimer, como por ejemplo, la DCL.
¿En qué proyectos trabaja actualmente?
¡En muchos! Mis proyectos son muy amplios y multidisciplinares, desde biomarcadores en sangre y líquido cefalorraquídeo, hasta técnicas de neuroimagen, aspectos genéticos, diferencias de sexo/género, cognición y otros aspectos clínicos, siempre en material clínico de pacientes. Usamos mucho también técnicas avanzadas de análisis de datos, incluyendo la inteligencia artificial.
Un estudio realizado en el Hospital La Fe de Valencia sugiere que el escáner lumbar, una prueba de imagen muy utilizada en la práctica clínica, puede servir como herramienta de cribado oportunista de osteoporosis sin necesidad de someter a los pacientes a pruebas complementarias.
La osteoporosis es una enfermedad que afecta a más de tres millones de personas en España, especialmente a mujeres mayores de 50 años, pacientes en tratamiento crónico con corticoesteroides, o pacientes oncológicos. La osteoporosis debilita progresivamente las trabéculas del hueso hasta el punto de que pequeños traumatismos pueden producir fracturas de gran entidad, como fracturas vertebrales, fracturas de muñeca, o fractura de cadera.
La densitometría ósea es actualmente la técnica de referencia para el diagnóstico de esta enfermedad. No obstante, esta prueba no siempre forma parte del estudio inicial de todos los pacientes y su interpretación puede verse limitada cuando coexisten cambios degenerativos en el hueso.
El equipo investigador de la Fe, integrado por los doctores Pablo Ulldemolins, Juan Pedro Mencía y Arthur Maes, bajo la coordinación de la doctora Teresa Bas, ha planteado analizar si otras pruebas de imagen que ya se realizan con frecuencia en pacientes con dolor lumbar, fracturas o patología degenerativa, como el TAC o la resonancia magnética, pueden aprovecharse para detectar antes a muchos pacientes que hoy pasan inadvertidos.
«Los TAC que hoy en día se realizan por otros motivos se podrían utilizar para analizar la situación ósea del paciente lo que evitaría densitometrías y por tanto podría adelantar el diagnóstico de los pacientes y reducir costes al sistema sanitario. Además, con esta prueba podemos avanzar la aparición de nuevas fracturas y por tanto iniciar precozmente el tratamiento para evitarlas», explica Ulldemolins, uno de los principales investigadores del estudio.
Los resultados mostraron que el metaanálisis de las unidades digitales que proporciona el TAC lumbar no solo se correlacionaba con la densidad mineral ósea como hace actualmente la densitometría, sino que además permiten predecir la aparición de nuevas fracturas en otras partes del cuerpo. «Ahora nuestro reto es traslados estos resultados a la resonancia magnética, una prueba que se realiza a multitud de pacientes con dolor lumbar y que, además, no expone a los pacientes a radiación», señala Ulldemolins.
Los doctores Juan Pedro Mencía y Arthur Maes destacan también que el entorno investigador del Hospital La Fe «reúne las condiciones ideales para desarrollar proyectos de este tipo gracias al apoyo del hospital, del servicio y de la doctora Teresa Bas».
1. Hoy, 13 de junio, es el Día Europeo de la Prevención del Cáncer de Piel. ¿Cuánto daño hacen afirmaciones de famosos de que hay que tomar el sol poco a poco y sin usar protección solar?
Soy consciente de que el rigor científico pierde ante una historia bien contada, especialmente si la historia la cuenta una persona famosa, pero este tipo de afirmaciones hacen mucho daño, porque transmiten un mensaje aparentemente «natural» pero médicamente equivocado. La piel no necesita quemarse ni «entrenarse» para estar sana. El llamado «callo solar» no existe desde el punto de vista médico. Ponerse moreno es una respuesta defensiva de la piel ante una agresión, la llamada «melanogénesis». El sol tiene beneficios, por supuesto, pero la radiación ultravioleta es el principal factor ambiental relacionado con el envejecimiento cutáneo y con muchos cánceres de piel. Por eso, cuando una persona con influencia pública banaliza la protección solar, el mensaje puede tener consecuencias reales, sobre todo en adolescentes y jóvenes. El problema no es tomar el sol; el problema es la quemadura solar.
2. ¿A qué atribuye estos bulos?
A una mezcla de desinformación e idealización de lo «natural». Existe una tendencia peligrosa a pensar que todo lo natural es bueno y lo médico o preventivo es sospechoso. Y no es así. El arsénico o la cicuta también son naturales. También influye que las redes sociales premian los mensajes contundentes, emocionales y simples, aunque sean falsos. Decir «no uses crema solar porque bloquea la vitamina D» genera atención, pero desde el punto de vista médico es una simplificación peligrosa. La evidencia científica indica que el uso correcto de fotoprotección ayuda a reducir el daño cutáneo y el riesgo de cáncer de piel.
3. ¿Nota que los adolescentes y jóvenes están dejando de usar protección solar?
Sí, y me preocupa. Muchos jóvenes están muy concienciados con el cuidado de la piel, pero algunos siguen asociando el bronceado con belleza, salud o éxito social. En consulta vemos que muchos adolescentes usan cosméticos sofisticados e incluso se interesan por procedimientos estéticos para «embellecerse», pero se olvidan de protegerse del sol. La mejor crema antiedad sigue siendo una buena fotoprotección.
4. ¿La incidencia de cáncer de piel va en aumento?
Sí, está aumentando de forma clara. De hecho, la mitad de los españoles vamos a padecer cáncer de piel a lo largo de nuestra vida. También vemos más casos porque diagnosticamos mejor y antes, pero eso no explica todo.
5. ¿A qué se debe?
Hay un aumento real relacionado con la exposición solar acumulada, el envejecimiento de la población y hábitos de ocio al aire libre o uso de cabinas bronceadoras sin suficiente protección.
6. ¿Deberían adecuarse colegios o parques para proteger a los menores del sol?
Sin ninguna duda. La fotoprotección infantil no puede depender solo de que los padres pongan crema por la mañana. Debe ser una política de salud pública. Los colegios, guarderías y parques deberían tener más zonas de sombra a través de toldos y árboles, horarios razonables de recreo en los meses de mayor radiación y una cultura de gorra, camiseta y protección solar. Igual que nadie discute que un niño debe llevar cinturón de seguridad en el coche, tampoco deberíamos discutir que debe estar protegido del exceso de radiación ultravioleta.
7. Si pones protección solar 50 a un niño de 3 años muy blanquito a las 09:00, ¿hasta qué hora le durará como mucho?
La protección disminuye por el sudor, el roce, el agua y la arena. En un niño pequeño, especialmente si es muy blanquito y si va a estar al sol, yo aconsejaría reaplicar cada dos o tres horas y siempre después de sudar, bañarse o secarse con una toalla. Y añadiría algo importante: en niños, la crema solar no debe ser la única barrera. Es más importante usar la sombra, ropa, gorra y evitar las horas centrales del día.
8. ¿Cuáles son los peligros de que un pequeño esté tantas horas sin protección solar?
El principal peligro es la acumulación silenciosa de daño solar. La piel acumula radiación desde la infancia. Esa exposición repetida aumenta el riesgo futuro de manchas, envejecimiento prematuro, queratosis actínicas y cáncer de piel. Además, los niños pequeños tienen una piel más vulnerable y muchas veces no son conscientes de cuándo se están quemando. Pueden pasar horas al aire libre sin que nadie perciba el daño hasta que aparece el enrojecimiento por la tarde. Por eso la fotoprotección infantil no es una cuestión estética; es prevención oncológica.
9. Quemarse a esta edad, ¿en cuánto incrementa el riesgo de cáncer de piel?
Las quemaduras solares en la infancia son especialmente relevantes porque dejan una huella biológica a largo plazo. No es que una quemadura concreta garantice un cáncer de piel, pero sí aumenta el riesgo futuro, especialmente de melanoma. Por eso los dermatólogos somos tan insistentes: evitar quemaduras en niños es una de las mejores inversiones en salud cutánea futura. En términos prácticos, una quemadura solar en un niño nos preocupa más que en un adulto porque añade daño desde muy temprano.
10. ¿Se deberían hacer «mapeos» de lunares cada año en adultos con muchos lunares?
El mapeo corporal digital y la dermatoscopia nos permiten detectar cambios sutiles antes de que sean visibles a simple vista. Ahora en nuestras consultas usamos la inteligencia artificial para detectar cambios precoces y a comparar imágenes de cada paciente. No se trata de extirpar todos los lunares, sino de vigilar los que cambian o tienen criterios sospechosos.
Cada vez que escucha al futbolista Marcos Llorente negar la relación directa entre la exposición solar y el cáncer de piel, Marta Gama no se enfada. Le duele.
«Siento dolor y pena cuando le escucho porque hay gente joven que le va a hacer caso a él o a cualquier otra persona influyente. En el pueblo y cada vez que voy de campamento aviso a los chavales lo importante que es ponerse protección solar» y todas estas recomendaciones se caen «cuando una persona referente para muchos jóvenes dice esas barbaridades como lo de que el cuerpo hace callo. Por mucho que entrenes el cuerpo no te salvas del cáncer, o ¿con el tabaco fortaleces los pulmones mientras más fumes? Me quedo anonadada».
«Me gustaría hablar con él y que me dijera a mí con cáncer de piel a los 29 años lo mismo o a un padre que ha perdido a un hijo. El melanoma es un cáncer de piel que mata, yo soy de las afortunadas», incide esta paciente de Aguilar de Campoo y miembro de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).
Sabe bien de lo que habla. A Marta le detectaron cáncer de piel en mayo de 2015. Tenía una verruga en la cara interna del muslo de la pierna derecha. Reconoce que nunca le gustó tumbarse a «tomar el sol, pero tampoco me echaba protección solar y trabaja en verano de campamentos, de modo que me exponía al sol sin protección».
Como la verruga le molestaba mucho al nadar, pidió cita con su médico de familia que le recetó una crema y le dijo que volviera en 15 días, tras lo cual le derivó a la dermatóloga para que se la quitase. No era lo que se esperaban, había cambiado mucho, de modo que llevaron la muestra a analizar a anatomía patológica. «Era melanoma, había que volver a operar porque había que ampliar márgenes y ver el estado del ganglio centinela», recuerda.
En junio la vuelven a operar. Esta vez en Brugos. A las tres semanas le indican que tienen que operarla «una tercera vez porque el ganglio centinela ha dado mal y los márgenes también tienen malignidad. Entonces ya me asusto, mucho más todavía de lo que estaba. Esta vez ya me quitaron todos los ganglios de la ingle de la pierna derecha y me hacen una ampliación mucho más bestia. Me quitan gran cantidad de músculo, como decirte, es un agujero elegante mucho más grande que una pelota de tenis».
"He perdido mucha fuerza en la pierna. Si me agacho no soy capaz de levantarme sin ayuda"
Marta Gama, paciente con melanoma
Marta ha perdido mucha fuerza, «tanta que si me agacho no soy capaz de levantarme sin ayuda».
La linfadenectomía a la que le someten arroja que dos de todos los ganglios tenían malignidad por lo que es derivada a oncología donde empieza el tratamiento de quimioterapia, un tratamiento a diario durante un mes.
El problema en su caso es que, además, tiene que acudir a Palencia. Es decir, «hacerme todos los días 200 kilómetros. Me ofrecieron opción de ambulancia, pero lo rechacé porque suponía a la vuelta llegar tarde». En cuanto a la opción de quedarse in situ, Marta no podía, «necesitaba volver porque mi madre tiene esclerosis múltiple», así que pidió a familiares y amigos que la llevaran y 6 personas se prestaron a ello, entre ellos su mejor amigo, hoy marido. Unas idas y venidas que sumadas a los 10 años de tratamientos habrán supuesto «unos 16.000 km y unas 4.120 horas de trayectos», estima.
Lo recuerda como algo duro. No tenía muchas secuelas, pero «estaba agotada, muchísimo. Me costaba andar, respirar, solo dormía y tomaba yogures y porque me obligaba mi madre porque de ser por mí no me los habría comido. Hoy te diré que me cuesta tomarlos».
Tras ese mes, yendo y viniendo, Marta comenzó con una quimioterapia en menor dosis en casa durante otros 11 meses. Durante ese año, le hicieron un PET en Salamanca para comprobar que el cáncer no se hubiera extendido.
Tras ver cómo daban el alta a 6-7 personas, a Marta la llamaron. «Me dijeron que se había iluminado una zona que es zona ovario derecho y que parecía que el cáncer se había extendido. Me preguntaron por la regla y fue cuando les dije que estaba ovulando y me dijeron que entonces podía ser por eso». Marta recuerda que ahí su pareja sí que se enfadó y le dijo al sanitario que «lo que me había hecho a mí no se lo podía hacer a otra persona».
En febrero le ven un bulto y deciden quitárselo en Burgos. Allí le vuelven a decir «que el cáncer se ha reproducido y que si está ahí no tardará el llegar a los pulmones y al cerebro. Vuelvo a hacerme pruebas y finalmente no era otro melanoma, sino un tejido cicatrizal que daba muy mala pinta a la vista. Durante una semana estuvimos pensando todos que me moría... Dos veces me han hecho la cruz, esta vez creo que porque presioné mucho en saber qué podía ser. No culpo a los médicos, me han salvado la vida, pero a veces sería necesario que fueran un poco más empáticos», recomienda.
La fatiga y los trastornos del sueño después de la diálisis son síntomas muy frecuentes y debilitantes que se habían detectado en las personas con enfermedad renal crónica (ERC) que tienen que realizar este tipo de tratamiento para sustituir la función de sus riñones y así poder seguir viviendo. Su presencia compromete significativamente la calidad de vida y la funcionalidad de las personas afectadas con ERC, y a menudo han sido subestimados en la práctica asistencial y clínica.
Ahora, un nuevo estudio multicéntrico liderado por nefrólogos de la Fundación Renal Española ha confirmado la importancia de estos síntomas en los pacientes renales en tratamiento de hemodiálisis y ha revelado que el 66% de ellos experimenta fatiga y cansancio tras la hemodiálisis, siendo además una situación grave en más de una cuarta parte de los casos, en concreto en el 27% de los pacientes analizados. El trabajo mostró además otros relevantes resultados, como que las mujeres presentaron mayor fatiga y alteraciones del sueño que los hombres; y que la duración de las sesiones de hemodiálisis se relaciona con una mayor somnolencia posterior (a sesiones más largas, más sueño en los pacientes).
Los resultados también concluyeron que la fatiga y el sueño excesivo se asocian a factores como la fragilidad y el riesgo de caídas de los pacientes, la presencia de sarcopenia (pérdida de masa y fuerza muscular), mal estado nutricional y síntomas de ansiedad o depresión. Por ello, los expertos recomiendan una evaluación integral y sistemática de todos estos aspectos para mejorar la calidad de vida de los pacientes.
A lo largo de las páginas de «Controlando mi hipertensión día a día», de Arán ediciones, los doctores Abellán explican con consejos prácticos cómo podemos cuidar la salud cardiovascular en el día a día.
¿A qué edad hay que medirse la tensión?
Si se es normotenso, se aconseja medirla al menos en alguna ocasión y con una periodicidad anual, como mínimo, a partir de los 40 años. A partir de los 60 hay que medirse la tensión con más frecuencia, pues conforme vamos envejeciendo las posibilidades de volverse hipertenso aumentan. Por una parte, el propio proceso de envejecimiento hace que las paredes de nuestras arterias pierdan elasticidad, volviéndose más rígidas lo que hace que se dispare la presión arterial sistólica (la máxima). Por eso, a partir de los 60 es frecuente encontrar hipertensos sistólicos aislados. Esto nos lleva a otra reflexión que hay que tener en cuenta y es el de la presión del pulso o diferencial. Es decir, la diferencia entre la sistólica y la diastólica (mínima), si excede de 70 mm Hg hay que considerar que es un factor de riesgo añadido.
¿La hipertensión no da síntomas?
Generalmente siempre que no sean cifras muy elevadas no suele dar síntomas, de ahí que se llame el «asesino silencioso». No busque señales donde no las hay. Muchas de ellas son falsas, como mareos, cefaleas... La única forma segura de confirmar qué cifras tenemos es medirnos la tensión en condiciones adecuadas.
¿Cuáles son los errores al medir?
Los valores que aparecen en el esfigmomanómetro son el resultado de los propios que tiene el paciente, más los valores artefactados por una serie de circunstancias. La principal es la reacción de alarma que la maniobra despierte en el paciente: la llamada «hipertensión de bata blanca». Y es la situación de nerviosismo que nos despierta el medio o el observador. Mayor si es un médico. Esto eleva unos mm de Hg la tensión. Para evitarlo, aconsejamos medir la tensión varias veces espaciadas al menos un minuto y quizás despreciar los valores de la primera medición. Además, el paciente debe estar en reposo al menos 5 minutos antes de medírsela, con la espalda apoyada en el respaldo de la silla y las piernas sin cruzarse. No debe haber comido antes, ni fumar, ni haber hecho ejercicio físico y debe estar sin necesidad de orinar. Además, no debe hablar ni que le hablen porque eso eleva la tensión. Y el aparato debe estar en buenas condiciones y homologado.
¿Tener ganas de orinar eleva la tensión?
Sí, porque tener ganas de orinar activa nuestro sistema nervioso simpático. Cuando la vejiga se distiende se activa el simpático, lo que libera catecolaminas que son vasopresoras y elevan las cifras de la presión arterial.
El factor etiopatogénico relacionado más directamente con el desarrollo de hipertensión arterial es la obesidad. Sobre todo, la abdominal. El mensaje que hay que trasladar es que perdiendo peso se reduce la presión arterial.
¿Se puede reducir la hipertensión solo cambiando de hábitos?
Sí. La adopción de un estilo de vida saludable (controlar el peso corporal, llevar una alimentación saludable tipo mediterránea, pobre en sal y hacer ejercicio de forma regular) previene o retrasa la aparición de hipertensión arterial. Si tenemos una mala dotación genética que nos va a predisponer a desarrollar, por ejemplo, hipertensión arterial, pero llevamos un estilo de vida saludable, podemos retrasar hasta en un 60% la aparición de la enfermedad.
Pueden darme un ejemplo de dieta idóneo y realista para una persona con hipertensión arterial.
Desayuno: Un vaso de leche al que puede añadirle café, pues un hipertenso puede tomar libremente dos o tres cafés al día siempre que no exista otra contraindicación, con una tostada de pan con aceite virgen extra y una pieza de fruta que puede trasladar a media mañana.
De comida: una ensalada verde rehogada con dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra; un guiso (potaje, lentejas, cocido sin grasas, etc.) o un plato con carne a la parrilla. Una pieza de fruta del tiempo y algunos frutos secos como nueces o almendras o avellanas.
Y de cena: un hervido de judías con cebollas y patatas; un plato de pescado hervido o a la plancha o una tortilla francesa. Una pieza de fruta o yogur.
Un ensayo clínico publicado hoy por "The BMJ" sugiere que las gotas oftálmicas de atropina de baja concentración son un tratamiento seguro y eficaz para la miopía en niños del Reino Unido, aunque sus efectos son pequeños.
Los investigadores afirman que las gotas produjeron reducciones pequeñas pero significativas en la progresión de la miopía en comparación con el placebo, y son "un complemento valioso a las intervenciones ópticas actualmente disponibles para el tratamiento de la miopía en niños en el Reino Unido".
Las tasas de miopía en niños están aumentando en todo el mundo y están relacionadas con mayores costos de atención médica y complicaciones oculares a largo plazo.
Las gotas oftálmicas de atropina se utilizan en todo el mundo para tratar la miopía en niños, pero actualmente no están disponibles en el NHS (Servicio Nacional de Salud del Reino Unido), por lo que su eficacia y seguridad en niños en el Reino Unido son inciertas.
Para abordar esta falta de conocimiento, los investigadores reclutaron a 289 niños con miopía de entre 6 y 12 años (edad promedio: 9,3 años; el 72 % declaró ser de etnia blanca; el 56 % eran niñas) de cinco servicios oftalmológicos hospitalarios del NHS e instituciones académicas entre junio de 2019 y febrero de 2022. Todos los niños usaban gafas estándar para corregir la miopía.
Un total de 192 niños recibieron diariamente gotas oftálmicas de atropina al 0,01% y 97 recibieron placebo durante dos años, además de usar gafas estándar. La progresión de la miopía, el crecimiento ocular, la seguridad y la tolerabilidad se monitorizaron cada seis meses. Se dispuso de los resultados finales para 230 niños (151 en el grupo de atropina y 79 en el grupo de placebo).
Tras tener en cuenta factores como la edad, la etnia y los antecedentes de miopía en al menos uno de los padres, los niños que utilizaron gotas oftálmicas de atropina experimentaron una pequeña disminución en la progresión de la miopía y el crecimiento ocular en comparación con aquellos que utilizaron gotas de placebo.
En concreto, el tratamiento con atropina produjo una reducción media de 0,38 dioptrías en el error refractivo y de 0,14 mm en la longitud axial central, dos medidas clave de la miopía, en comparación con el placebo.
El diámetro pupilar fue el único otro resultado con una diferencia notable (0,36 mm mayor en el grupo de atropina). No se observaron diferencias en la frecuencia de eventos adversos ni en las medidas de tolerabilidad, como dolor ocular, visión borrosa, picazón o dificultad para leer y escribir.
Los investigadores reconocen varias limitaciones del ensayo, como la generalización de los resultados fuera de un entorno de ensayo clínico y la posible influencia de la pandemia de Covid-19, que se produjo durante el período del ensayo.
No obstante, concluyen: «Los resultados sugieren que un producto oftálmico de atropina de baja concentración sería una valiosa adición a las intervenciones ópticas actualmente disponibles para el tratamiento de la miopía en niños en el Reino Unido».
Los GLP-1, la familia de fármacos que ha revolucionado el tratamiento de la obesidad y la diabetes, vuelven a ofrecer una sorpresa científica: podrían modular el estado de ánimo a través del microbioma intestinal. Un nuevo estudio de la Universidad del Sudeste (China), publicado en Cell Host & Microbe, demuestra en modelos animales que la liraglutida -comercializada como Victoza y Saxenda- reduce conductas depresivas en ratones gracias a cambios específicos en su flora intestinal.
El equipo dirigido por Yonggui Yuan y Bing Han ha demostrado que podría no se así. Cuando administraron liraglutida a ratones sometidos a estrés, comprobaron que el fármaco se acumulaba principalmente en el intestino, no en el cerebro, lo que ya apuntaba a un mecanismo alternativo. Aun así, los animales mostraban menos conductas depresivas en las pruebas de comportamiento estándar.
Para confirmar que el efecto no dependía de los receptores cerebrales del GLP-1, los investigadores utilizaron ratones modificados genéticamente para inactivar esos receptores. El resultado fue que la liraglutida seguía ejerciendo un efecto antidepresivo, lo que descartaba la vía clásica y reforzaba la idea de un mediador externo.
La mediación de microbioma
Ese mediador era el microbioma. Cuando los científicos eliminaron la flora intestinal de los ratones mediante antibióticos de amplio espectro, el efecto antidepresivo desapareció por completo. La pista era clara: sin microbiota, no había mejora emocional.
El siguiente paso fue identificar qué microorganismos estaban implicados. El análisis fecal reveló que la especie que más aumentaba tras la administración de liraglutida era Lactobacillus delbrueckii, una bacteria conocida por producir diacilglicerol, precursor del endocannabinoide 2-AG. Este compuesto, presente también en humanos, ayuda a normalizar la hiperactivación de las regiones cerebrales relacionadas con el estrés, un mecanismo clave en la depresión.
“Observamos que la abundancia de L. delbrueckii se correlacionaba directamente con la mejora del comportamiento”, explica la investigadora Honghong Yao, según recoge Ep. Es decir, que cuanto más crecía esta bacteria, mayor era el efecto antidepresivo.
El estudio abre una vía completamente nueva para entender la relación entre metabolismo, microbioma y salud mental. En los últimos años, la llamada "conexión intestino-cerebro" ha ganado peso científico, con evidencias de que ciertas bacterias influyen en neurotransmisores como la serotonina, el GABA o los endocannabinoides. Este trabajo añade una pieza más al puzzle: los fármacos metabólicos podrían modular el estado de ánimo a través de cambios microbianos inducidos en el intestino.
Pacientes con depresión y obesidad
Los autores señalan posibles aplicaciones clínicas: pacientes con obesidad o diabetes que también padecen depresión podrían beneficiarse doblemente de los GLP-1; y, a la inversa, la depresión podría abordarse mediante probióticos dirigidos a estimular especies como L. delbrueckii. De hecho, varios ensayos en humanos ya exploran el uso de probióticos como coadyuvantes en trastornos del ánimo, aunque los resultados aún son preliminares.
Aun así, el estudio tiene limitaciones importantes. Se realizó exclusivamente en ratones machos, y la depresión presenta diferencias biológicas y hormonales entre sexos. Además, los efectos observados en animales no siempre se replican en humanos. Los investigadores subrayan que será necesario comprobar si el mismo mecanismo se produce en personas y si la manipulación del microbioma puede potenciar o modular los efectos de los GLP-1.
El interés científico es evidente, dado que los GLP-1 ya han demostrado beneficios más allá del peso, como la reducción del riesgo cardiovascular, la mejora de la apnea del sueño o la disminución de la inflamación hepática. Ahora, este estudio sugiere que su impacto podría extenderse también a la salud mental, un campo donde la necesidad de nuevas terapias es urgente.
La presión estética, la cultura fitness y la influencia constante de las redes sociales están generando un cóctel que preocupa cada vez más a los médicos de familia. No solo por el aumento del consumo de esteroides anabolizantes y de dietas hiperproteicas sin control, sino también por la proliferación de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) menos visibles, más difíciles de detectar y cada vez más normalizados entre adolescentes y jóvenes. Entre ellos destacan algunos como la ortorexia, la permarexia, los trastornos por evitación o restricción de la ingesta (Arfid) y el trastorno por atracón, caracterizados por un control extremo sobre la calidad de los alimentos, las calorías o el ejercicio físico. Los especialistas están detectando asimismo un aumento de casos vinculados a la obsesión por la alimentación "perfecta", el control calórico y el ejercicio compulsivo, en muchos casos influenciados por contenidos digitales.
Ambos fenómenos, que comparten raíz social y un fuerte componente de desinformación digital, se están abordando en el 32º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), que se celebra estos días en Oviedo.
Los especialistas describen un escenario en el que los "atajos" para modificar el cuerpo se han integrado en la vida cotidiana de muchos jóvenes. Rodrigo Santos, del Grupo de Trabajo de Medicina Deportiva de la SEMG, advierte de que el uso de anabolizantes "ya no se limita al culturista clásico", sino que se ha extendido a usuarios recreativos de gimnasio, hombres jóvenes que buscan un cambio físico rápido e incluso mujeres que han incorporado estas sustancias a rutinas de entrenamiento cada vez más exigentes. La percepción de que son productos "normales", casi un complemento más del gimnasio, está alimentando un consumo que los médicos consideran claramente de riesgo.
Y es que las consecuencias de este uso no son menores. Entre los efectos físicos asociados al uso de esteroides sin indicación médica figuran hipertensión, alteraciones del colesterol, daño hepático, infertilidad, disfunción sexual, acné severo o ginecomastia. A largo plazo, el riesgo se multiplica con la aparición de miocardiopatías, eventos trombóticos o enfermedades cardiovasculares en personas jóvenes que, en muchos casos, no relacionan sus síntomas con el consumo. A ello se suman los efectos psicológicos: irritabilidad, ansiedad, impulsividad, trastornos del sueño, síntomas depresivos o dependencia emocional vinculada a la imagen corporal.
Los médicos de familia señalan además la dificultad para detectar estos casos en consulta. Muchos pacientes no reconocen el consumo y acuden por problemas aparentemente inconexos, como acné severo, hipertensión en edades tempranas o alteraciones hormonales. Por ello, la SEMG recomienda preguntar de forma directa y sin juicios sobre el uso de sustancias para mejorar el rendimiento o la composición corporal, una conversación que, según los profesionales, sigue siendo tabú en muchos entornos.
La industria cinematográfica y la televisión han romantizado enormemente la forma en que los seres humanos dejan este mundo, creando una imagen distorsionada donde las personas recitan hermosos monólogos antes de cerrar los ojos plácidamente.
Esta representación ficticia es precisamente lo que una profesional de la salud, conocida en internet como "Hospice Nurse Julie", intenta combatir a través de un contenido educativo publicado en 2024. Mediante la difusión de material audiovisual clínico real, esta experta busca a través de la pieza preparar a las personas para que enfrenten este trance inevitable sin pánico.
Desmitificando los sonidos y posturas del final
Durante el periodo activo de defunción, el cuerpo humano atraviesa transformaciones metabólicas que resultan visual y sonoramente impactantes para quienes no están familiarizados con el entorno médico.
La creadora de contenido detalla que es completamente habitual observar a los pacientes en estado de inconsciencia con la boca abierta o incluso con los ojos entreabiertos, fenómenos debidos a la profunda relajación muscular.
Uno de los aspectos que más angustia genera en los acompañantes es el sonido gutural de la respiración, a menudo malinterpretado como ahogamiento. La experta aclara que esto se debe a la acumulación natural de saliva que el cuerpo ya no recibe la orden de tragar, no a un sufrimiento real del paciente. Como bien señala en su intervención: "Se nos oculta la parte más natural de la vida, que es la muerte".
Reacciones del público y la importancia de comprender
La respiración agónica y los gemidos rítmicos constituyen otra fase crucial que genera terror entre los seres queridos.
Julie explica que estas exhalaciones pausadas o reflejas actúan como un mecanismo de autotranquilidad corporal y no indican dolor. La recepción de este material gráfico crudo ha sido profundamente reveladora para su audiencia digital. Mientras algunos usuarios comparten experiencias personales contrastantes (como el tránsito rápido y silencioso de sus propios familiares), otros confiesan haber sentido pánico inicial al ver las imágenes para luego encontrar un inmenso consuelo en el conocimiento adquirido tras continuar la visualización.
La especialista concluye que la educación es la herramienta fundamental para evitar que la falta de información convierta una pérdida emocional en una experiencia traumática e innecesariamente caótica.
Asumir el diagnóstico de un [[LINK:TAG|||tag|||633613de1e757a32c790ba45|||cáncer ]]es un amargo trago difícil de digerir. Más aún cuando el diagnóstico confirma que se trata de un tumor cerebral, ya que el 56% de los españoles reconoce que este carcinoma es su mayor temor sanitario, a pesar de que el 59% admite conocer muy poco o nada sobre ellos. Así se desprende de la encuesta «Percepción Social de los Tumores Cerebrales», una radiografía inédita sobre el desconocimiento de esta patología en la sociedad elaborada por la Asociación de Pacientes de Tumores Cerebrales y del Sistema Nervioso Central, Astuce Spain, en colaboración con Ipsos.
Falta de conocimiento
En concreto, el análisis expone que esta brecha entre miedo y conocimiento se ve agravada por creencias erróneas muy arraigadas, como la percepción de que todos los tumores cerebrales son inevitablemente mortales. «Seis de cada diez españoles afirman tener un conocimiento muy limitado sobre los tumores cerebrales, lo que evidencia una notable diferencia entre el temor que estos generan y el conocimiento que las personas dicen tener al respecto», argumenta Manuel Meléndez, coordinador del Comité Científico de Astuce Spain, y cofundador del proyecto OligoSpain y Astuce Spain.
Otro dato relevante es que el 72% de los españoles considera que los tumores cerebrales no reciben suficiente cobertura en medios de comunicación. Desde Astuce Spain reconocen que no es solo una visión de la asociación, sino que «realmente existe un amplio consenso entre la sociedad general sobre la necesidad de incrementar la cobertura informativa de esta patología», destacó Meléndez.
Y es que, según el estudio, solo para el 6% de la población española la atención recibida por parte de los tumores cerebrales resulta suficiente, mientras que el 72% cree que los tumores cerebrales reciben una atención insuficiente en los medios. Y otro dato demoledor que muestra la encuesta es que la gran mayoría de la población cree que existen diferencias entre autonomías, tanto en la rapidez diagnóstica como en el acceso a tratamientos avanzados. En concreto, el 62% de los españoles considera que la rapidez en el diagnóstico varía de forma significativa entre territorios. Asimismo, el 43% percibe desigualdades en el acceso a tratamientos avanzados. «La falta de transparencia en los datos refuerza estas percepciones y erosiona la confianza en el sistema sanitario», asegura Meléndez. Por ello, desde la Asociación proponen crear un observatorio nacional de equidad territorial que monitorice y publique indicadores comparables sobre tiempos de diagnóstico, acceso a tratamientos innovadores y resultados por autonomías.
No es para menos, ya que el estudio concluye que el tiempo hasta el diagnóstico continúa siendo uno de los principales retos en el tratamiento de los tumores cerebrales: en el 60% de los casos el diagnóstico se produce hasta tres meses después de la aparición de los primeros síntomas, y en un porcentaje relevante la demora se prolonga más. «Seguimos llegando tarde en demasiadas ocasiones, con el impacto que esto puede tener en el pronóstico y en la calidad de vida de los pacientes. Es fundamental reforzar la detección precoz, mejorar los circuitos asistenciales y reducir los tiempos de derivación para garantizar diagnósticos más ágiles y equitativos en todo el territorio», reclama Meléndez.
Al igual que es mejor comer en tupper de cristal que de plástico al no liberar microplásticos ni sustancias químicas al calentarlos, cuando un producto se refrigera o se congela no es lo mismo un material que otro, ni tampoco entre un tipo de polímero u otro.
Un estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (Idaea-CSIC), en colaboración con la Universidad de Florencia, ha demostrado que distintos aditivos plásticos presentes en envases alimentarios comunes pueden migrar al pescado durante su almacenamiento doméstico en la nevera y el congelador.
La investigación, publicada en la revista científica "Environment International", evaluó por primera vez esta transferencia bajo condiciones reales de conservación en frío y constató que la migración aumenta con el tiempo de almacenamiento.
El trabajo analizó la migración de los ftalatos, los ésteres organofosforados, los bisfenoles y los plastificantes alternativos a los ftalatos desde envases utilizados habitualmente para la conservación de pescado fresco.
Se trata de sustancias químicas empleadas para aportar flexibilidad, resistencia y estabilidad a los plásticos. Entre los materiales estudiados por el equipo del Idaea se encuentran envases utilizados para la conservación de pescado fresco como bandejas de poliestireno, bandejas compostables, films y bolsas de congelación.
Los experimentos se realizaron con salmón, atún y merluza almacenados en refrigeración (+4 ºC durante 48 horas) y congelación (-18 ºC durante 30 días).
“Hasta ahora, la mayoría de los estudios evaluaban la presencia de estos contaminantes directamente en el alimento tras su compra. Para este trabajo queríamos aproximarnos a una situación más realista e investigar qué ocurre cuando el consumidor guarda el pescado en casa durante varios días o semanas en condiciones de frío, antes de ser consumido”, explica Maria Vittoria Barbieri, investigadora del IDAEA-CSIC y autora principal del estudio.
“Además, los trabajos relacionados con la posible migración de aditivos del envase al alimento se centraban en evaluar el efecto del calor como variable que acelera dicha migración; sin embargo, no existen estudios que evalúen este proceso en condiciones de frío”.
Los resultados muestran la presencia de aditivos de las cuatro familias químicas en los envases analizados, incluido el bisfenol A, y la migración hacia el pescado tanto en condiciones de refrigeración como de congelación. En este proceso, el tiempo de contacto con el envase destaca como un factor que contribuye significativamente a la transferencia de los aditivos plásticos.
De los 49 contaminantes estudiados, se observaron tasas de migración de hasta el 100% para determinados compuestos, como los bisfenoles. Algunas sustancias como el di(2-etilhexil) adipato (DEHA), utilizado como plastificante alternativo, mostraron tasas de migración muy elevadas en todos los pescados analizados y hasta más del 95% en salmón.
El comportamiento de los contaminantes varió según las características del pescado. Los compuestos más lipofílicos (solubles en grasa) migraron con mayor facilidad hacia pescados grasos como el salmón, mientras que otros compuestos, como algunos bisfenoles, mostraron una mayor transferencia en especies con más contenido en agua, como la merluza.
Evaluación de la exposición humana
Diversos estudios han demostrado que algunos aditivos plásticos presentan efectos toxicológicos para la salud, como disrupción endocrina y potencial carcinogénico. De hecho, en los últimos años, organismos como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) han revisado y rebajado los niveles de exposición diaria considerados seguros para la población, especialmente para el bisfenol A, reduciendo en 2023 su índice de seguridad en 20.000 veces -de 4.000 nanogramos por kilogramo de peso corporal al día hasta 0,2 nanogramos-, reflejando la creciente preocupación sobre su impacto en la salud y seguridad alimentaria.
El estudio incorpora una evaluación de la exposición a estos aditivos por ingesta para adultos, niños y bebés. Para estimar cuántos aditivos plásticos ingiere cada grupo de población a través del pescado, las investigadoras combinaron los datos de concentración de cada sustancia detectada en el pescado con datos oficiales de consumo de pescado fresco en España.
Posteriormente, dividieron el resultado entre el peso corporal medio de cada grupo: 5 kg para bebés de 6-12 meses, 12 kg para niños de 1-3 años, y 70 kg para adultos.
De este modo, obtuvieron una ingesta diaria estimada por kilogramo de peso corporal para estos tres perfiles de consumidor. Por último, se calculó el riesgo mediante comparación con los valores de referencia establecidos por autoridades internacionales como la EFSA.
Los resultados indican que el pescado conservado en envases plásticos presenta niveles de exposición superiores al pescado fresco recién comprado. Las estimaciones más elevadas de riesgo se observaron en el caso de la merluza congelada durante 30 días en bandeja compostable. En cambio, los escenarios de menor riesgo fueron por refrigeración dentro de bolsas de plástico.
En prácticamente la mitad de los escenarios analizados se superó el umbral de riesgo establecido. Esta superación estuvo determinada principalmente por la presencia de bisfenol A, responsable de casi el 100% del índice de riesgo. En cambio, la contribución del resto de contaminantes detectados fue mínima.
“Considerando únicamente la exposición por ingesta de pescado, se supera el valor recomendado para el bisfenol A, pero hay que tener en cuenta que los niveles de exposición son aún mayores si consideramos también la ingesta del resto de alimentos, así como la exposición por inhalación y por contacto dérmico”, apunta la directora del Idaea-CSIC y coautora del estudio Ethel Eljarrat.
“El estudio pone de manifiesto que las condiciones reales de almacenamiento doméstico deberían tenerse más en cuenta en las evaluaciones de seguridad alimentaria y en el diseño de materiales en contacto con alimentos, prestando especial atención a compuestos como el bisfenol A y algunos plastificantes alternativos como el DEHA, que han mostrado elevadas tasas de transferencia hacia los alimentos”, añade Eljarrat. Además, “urge disponer de datos toxicológicos para los nuevos aditivos que se están introduciendo en el mercado, y así poder evaluar también su impacto en la salud”.
En este contexto, la Unión Europea aprobó en 2024 una nueva regulación para restringir progresivamente el uso de bisfenoles, entre ellos el bisfenol A, en materiales en contacto con alimentos, una medida que entró en vigor en enero de 2025 y que concede un período de transición de treinta y seis meses para su aplicación definitiva. Las autoras subrayan la importancia de continuar avanzando en la sustitución de estos compuestos y en la evaluación de los nuevos compuestos alternativos.
El cáncer de piel es uno de los tumores más prevalentes a nivel mundial y el melanoma, a pesar de ser su variante menos frecuente, constituye la más agresiva.Aunque suele asociarse a lesiones visibles, el cáncer de piel no provoca síntomas específicos en sus fases iniciales, por lo que la observación de determinados cambios continúa siendo una de las principales herramientas para favorecer su detección precoz.
En cuanto al melanoma, según las estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), a lo largo de este año se diagnosticarán 8.074 nuevos casos en España, por lo que la detección temprana resulta determinante, ya que la supervivencia supera el 90% cuando la enfermedad se identifica en estadios iniciales.
Con la llegada del verano también resurgen algunas falsas creencias sobre la exposición solar y el cáncer de piel. Entre las más extendidas está la idea de que la piel puede "acostumbrarse" al sol (el "callo" solar) y desarrollar una protección natural tras las primeras exposiciones.
Esta percepción suele apoyarse en la sensación de que, a medida que avanzan los meses de calor, la piel se enrojece menos o parece tolerar mejor la radiación solar. Sin embargo, esto no significa que deje de sufrir sus efectos. La radiación ultravioleta, como explican desde Cigna Healthcare, continúa provocando daños acumulativos en las células cutáneas, incluso cuando no aparecen quemaduras visibles.
Precisamente esa sensación de adaptación ayuda a explicar otro de los mitos más repetidos durante los meses de verano, creer que el bronceado protege frente al sol. La realidad es que el tono moreno no constituye una barrera frente a la radiación ultravioleta, sino una respuesta de defensa del organismo ante una agresión ya producida. Lejos de reflejar una piel más resistente, el bronceado es una señal de que esta ha activado mecanismos para intentar minimizar el daño causado por la exposición solar.
Estas falsas creencias reflejan una tendencia habitual a confiar en señales visibles para valorar el impacto del sol sobre la piel. Sin embargo, los efectos cancerígenos de la radiación ultravioleta no son inmediatos y pueden presentarse años después de la exposición repetida.
Por este motivo, las quemaduras sufridas durante la infancia y la adolescencia continúan considerándose uno de los principales factores de riesgo en la edad adulta, incluso cuando han transcurrido décadas desde la exposición que originó el daño.
Además, si bien la exposición solar excesiva es un factor de riesgo ampliamente estudiado y reconocido para el desarrollo de melanoma, es importante resaltar que existe un subtipo de melanoma que aparece en superficies del cuerpo que no suelen estar expuestas al sol. Se trata del melanoma lentiginoso acral. En estos casos las lesiones aparecen en palmas de manos, uñas y plantas de los pies, por lo que cualquier lesión o mancha nueva en estas zonas debe llamar nuestra atención y es recomendable acudir a consulta para su revisión.
A su vez, aunque la mayoría de los melanomas se desarrollan en la superficie cutánea, también pueden aparecer en otras zonas del organismo donde existen células productoras de melanina. Es el caso de determinadas mucosas, como las de la cavidad oral o nasal, o de estructuras internas del ojo. Estas localizaciones son mucho menos frecuentes, pero suelen presentar una mayor dificultad diagnóstica al no ser visibles durante las revisiones habituales de la piel.
Además, no todas las lesiones sospechosas son oscuras. Existe un subtipo conocido como melanoma amelanótico que presenta poca o ninguna pigmentación, por lo que puede manifestarse como una lesión rosada, rojiza o similar a una pequeña cicatriz. Es infrecuente y representa aproximadamente el 5% de los melanomas. Esta apariencia menos característica puede retrasar su identificación, ya que suele confundirse con afecciones cutáneas benignas.
Para el resto de casos, y, diferencia de lo que sucede con otros tumores, "el melanoma puede ofrecer señales visibles mucho antes de provocar síntomas. Por eso es tan importante familiarizarse con el aspecto habitual de nuestra piel y consultar cualquier cambio que llame la atención, aunque parezca pequeño o no genere molestias”, explica en un comunicado la Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E Health Medical Manager de Cigna Healthcare España.
“Para ello -continúa-, existen herramientas sencillas como la regla ABCDE, que ayuda a identificar características sospechosas en lunares o manchas, o el denominado “signo del patito feo”, que consiste en prestar atención a aquellas lesiones que se ven claramente diferentes al resto. La detección precoz sigue siendo una de las herramientas más eficaces para mejorar el pronóstico y reducir el impacto de la enfermedad".
Una herida que no cicatriza puede esconder algo. Más allá de los lunares, los especialistas recomiendan prestar atención a pequeñas lesiones que permanecen abiertas durante semanas, sangran con facilidad o no terminan de curarse. Muchas personas las consideran algo sin importancia y conviven con ellas durante meses, cuando en realidad pueden ser una señal de alarma que merece valoración médica.
Según el informe ‘Las cifras del cáncer en España 2026’, elaborado por la Sociedad Española de Oncología Médica y REDECAN, se estima que en 2026 se diagnosticarán en España 301.884 nuevos casos de cáncer, de los cuales 168.764 corresponderán a varones. En ellos, el [[LINK:TAG|||tag|||63361abcecd56e361693275c|||cáncer de próstata]] será el tumor más frecuente, con 34.833 nuevos casos estimados, por delante del cáncer de pulmón, vejiga urinaria, colon y recto. Esta cifra representa aproximadamente uno de cada cinco tumores diagnosticados en varones. Pero a pesar de su elevada incidencia y prevalencia, presenta una de las supervivencias más altas entre los tumores frecuentes: la supervivencia neta a cinco años en pacientes diagnosticados entre 2013 y 2017 fue del 90,2%.
Por ello, convivir con un cáncer de próstata se convierte en una realidad para miles de varones cada año, de ahí que, con motivo del Día Mundial del Cáncer de Próstata, que se celebra cada 11 de junio, la Fundación Más que ideas publique la segunda edición del manual “¿Cómo convivir con el cáncer de próstata?”, ya disponible de forma gratuita en su página web.
En concreto, este manual aborda los temas de mayor interés para las personas diagnosticadas de cáncer de próstata, con el propósito de ayudarles a afrontar la enfermedad con más información y comprensión. La publicación ofrece una visión multidisciplinar de la enfermedad y sirve como guía de acompañamiento para comprender los tratamientos y sus posibles repercusiones. Además, el manual dedica capítulos específicos a dos de los temas que más dudas generan entre los pacientes: el impacto en la sexualidad y las alteraciones urinarias.
La publicación tampoco olvida que, como en toda enfermedad, la calidad de vida es esencial tanto en el tratamiento como en la recuperación de un cáncer de este tipo; en este sentido, ofrece recomendaciones sobre hábitos saludables en alimentación, ejercicio físico y descanso, además de otras centradas en actividades lúdicas y sociales.
La salud mental cobra especial importancia tras el diagnóstico. Por ello, este manual da protagonismo a la gestión de las emociones, no solo de la persona diagnosticada, sino también de quienes la acompañan durante este proceso.
Por último, la publicación también aborda el impacto laboral y económico de la enfermedad, ofreciendo información actualizada sobre recursos y prestaciones sociales para ayudar a los pacientes a conocer y ejercer sus derechos, incluido el denominado “olvido oncológico”.
La importancia del diagnóstico precoz
La mayoría de los casos de cáncer de próstata se diagnostica en estadios localizados y en ellos las tasas de curación son muy elevadas gracias a tratamientos radicales como la cirugía, la radioterapia externa o la braquiterapia, con o sin la adición de hormonoterapia. Solo alrededor del 10% de los pacientes presenta enfermedad metastásica en el momento del diagnóstico. Sin embargo, una proporción de pacientes puede presentar recaída tras el tratamiento local y evolucionar hacia una enfermedad avanzada. En países desarrollados, se estima que un 20-30% de los pacientes tratados con cirugía o radioterapia desarrollará metástasis a lo largo de su evolución, lo que hace necesario disponer de nuevas estrategias terapéuticas eficaces.
En este contexto, es fundamental distinguir entre distintos escenarios clínicos, ya que las implicaciones terapéuticas son diferentes: el cáncer de próstata hormonosensible metastásico, que puede presentarse de novo o tras una recaída; el cáncer de próstata resistente a la castración metastásico; y el cáncer de próstata resistente a la castración no metastásico.
Ha marcado parte de la historia, con afectados tan famosos como Zarevich Alexis de Rusia, hijo del último Zar Nicolás II, pero es poco conocida por la población general. La hemofilia es una enfermedad crónica y compleja que tiene un alto impacto en la calidad de vida de quien la padece, ya que altera la capacidad de la sangre para coagular adecuadamente, lo que puede provocar sangrados espontáneos y hemorragias tras golpes, lesiones o intervenciones quirúrgicas.
Se estima que en nuestro país afecta aproximadamente a una de cada 10.000 personas, cifra que se eleva hasta los 850.000 pacientes que conviven con esta patología en todo el mundo. «Existen diferentes tipos de esta enfermedad y puede clasificarse en leve, moderada o grave, con afectaciones en articulaciones, especialmente en codos, rodillas o tobillos, y que se traducen en sangrado, dolor y dificultad para moverlas», afirma la doctora María Teresa Álvarez Román, presidenta de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH).
La realidad que viven hoy en día los pacientes con hemofilia dista enormemente de la de hace siglos. Gracias al impulso de la investigación y la llegada de terapias cada vez más innovadoras, «la esperanza de vida actual de estas personas es prácticamente similar a la de cualquiera. Hasta hace poco estas personas tenían un alto grado de discapacidad, pero eso está cambiando muchísimo», reconoce la doctora Álvarez Román.
Retos pendientes
A pesar de los grandes logros alcanzados, siguen quedando muchos retos por cumplir, ya que, más allá de sus implicaciones clínicas, la hemofilia supone una carga significativa para quienes la padecen, así como para sus familias y cuidadores. «El estigma de la enfermedad sigue pesando mucho y la invisibilidad que sienten los pacientes les hace muy vulnerables en su día a día», confiesa la hematóloga.
En concreto, esta patología impacta de forma considerable en la vida diaria, desde limitar actividades cotidianas como subir escaleras hasta generar barreras para la integración laboral y el desarrollo personal, lo que repercute directamente en la calidad de vida de quienes la padecen.
«Todo ello merma la salud física, pero también emocional de los pacientes, generando situaciones de ansiedad y estrés ante el miedo a tener un sangrado. La realidad es que, incluso en pacientes con la enfermedad controlada y un buen abordaje terapéutico, pueden sufrir un golpe espontáneo o picos de inflamación que provoquen dificultad articular o sangrados que suponen un desafío. Esta situación interrumpe su vida, porque les obliga a hacer reposo, les impide ir a trabajar o simplemente hacer actividades sociales o practicar deporte», asegura la presidenta de la SETH.
Además, la doctora Álvarez Román pone el foco en los pacientes que conviven con esta patología desde hace muchos años y, por tanto, no se han podido beneficiar de los últimos avances terapéuticos. «Hablamos de personas que ya tienen una carga alta de discapacidad y que requieren un seguimiento estrecho, con mucho apoyo en diferentes ámbitos, tanto psicosocial como de atención hospitalaria. Para ellos, el respaldo de las asociaciones de pacientes resulta crucial», reconoce la doctora Álvarez Román.
El otro gran reto pendiente que queda por mejorar es el diagnóstico de la enfermedad, ya que se estima que más de tres cuartas partes de las personas con hemofilia en el mundo aún no han sido diagnosticadas. «El diagnóstico es el primer paso hacia una atención efectiva. Sin él, el paciente enfrenta una incertidumbre que agrava los retos de la enfermedad. Por ello, resulta esencial seguir impulsando la innovación para consolidar un abordaje integral de esta patología, que vaya más allá del control del sangrado y atienda el impacto total que supone», reclama la presidenta de la SETH.
¿Por qué aparece?
En la mayoría de los casos, la hemofilia es un trastorno hereditario ligado al cromosoma X presente desde el nacimiento, aunque también puede desarrollarse más adelante en personas sin antecedentes (hemofilia adquirida), que se presenta principalmente en personas de mediana edad o mayores, así como en mujeres jóvenes que han dado a luz recientemente o se encuentran en las últimas etapas del embarazo. Esta patología se manifiesta principalmente en dos formas: la hemofilia A, la más frecuente, causada por un déficit del factor VIII, y la hemofilia B, asociada a un déficit del factor IX.
El ácido acetilsalicílico, principio activo de la Aspirina, aparece por primera vez entre los medicamentos con mayor número de faltas declaradas en España al representar el 4% del total nacional, advierte Luda Partners, tal y como recoge EP.
Según informa, la presentación afectada corresponde principalmente a un laboratorio que comercializa el medicamento en formato de 75 mg, envase de 30 comprimidos. Además, la lista de problemas de suministro de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) incluye la presentación de 100 mg, envase de 500 comprimidos, comercializada por otro laboratorio de medicamentos genéricos de España y Aspirina Plus 500 mg/50 mg 20 comprimidos.
En este contexto, Luda Partners señala que los problemas de suministro afectan a un número creciente de medicamentos, y destaca que en las últimas semanas se han notificado 11.785 incidencias de desabastecimiento correspondientes a 1.538 productos farmacéuticos diferentes.
Otros problemas de suministro
Además, la red de farmacias también advierte sobre los problemas de suministro de Fixaprost, utilizado por pacientes con glaucoma; Amchafibrin, empleado para prevenir hemorragias, y Kreon, indicado para la insuficiencia pancreática, que figuran como los medicamentos con mayores faltas notificadas. Por debajo del ácido acetilsalicílico se encuentra también Lenzetto, una terapia hormonal utilizada durante la menopausia.
Según advierte Luda Partners, muchos de estos fármacos están destinados a pacientes crónicos, lo que "amplifica la gravedad del problema", al tener en cuenta que el 54,3% de la población mayor de 15 años padece al menos una enfermedad crónica. Cifra que aumenta de forma notable entre los mayores de 65 años, donde el 40% de los hombres y el 44% de las mujeres presentan dos o más patologías crónicas, según recoge el Documento de Desarrollo 2025-2028 de la Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad del Ministerio de Sanidad.
Además, señala que la aparición del ácido acetilsalicílico entre los medicamentos con más faltas notificadas refleja la "presión" que soporta desde hace años el sistema de suministro farmacéutico en España. Detrás de este fenómeno, apunta, confluyen distintas causas coyunturales, como el aumento puntual de la demanda en determinadas épocas del año, el incremento de los costes de producción, las tendencias impulsadas por las redes sociales o los conflictos internacionales que continúan tensando la cadena global de suministro.
Según la red, a estos factores se suman otros problemas estructurales señalados por el sector, como determinadas políticas administrativas o el bajo precio de algunos medicamentos, que dificultan su rentabilidad y producción. "No obstante, esta situación no es exclusiva de España. Otros países de nuestro entorno también afrontan problemas de abastecimiento similares", finaliza.
Casi la mitad de la población trabajadora europea, un 47,3%, ha estado "probablemente" expuesta a al menos un factor de riesgo de cáncer en su lugar de trabajo, lo que supone 98,5 millones de personas trabajadoras de Alemania, España, Finlandia, Francia, Hungría e Irlanda, según datos del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo.
Así lo reflejan los datos que el organismo dependiente del Ministerio de Trabajo y Economía Social ha presentado durante la jornada "Cáncer de origen laboral: una realidad invisible" celebrada este miércoles en Barcelona junto a la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo y la Red Española de Seguridad y Salud en el Trabajo, informa el Gobierno en un comunicado.
El cáncer, ha destacado el organismo, es la principal causa de mortalidad relacionada con el trabajo en la Unión Europea, y representa más de la mitad, un 53%, de los fallecimientos con origen laboral.
En total, los datos cifran en 120.000 las personas que desarrollan cáncer en Europa debido a la exposición a agentes cancerígenos en el trabajo, lo que provoca casi 80.000 muertes.
Los más frecuentes
Entre los factores de riesgo más frecuentes identificados destacan la radiación ultravioleta solar, las emisiones de motores diésel, el benceno, la sílice cristalina respirable, un polvo mineral ultrafino que se genera al cortar, perforar o lijar materiales, o el compuesto químico formaldehído.
Según los datos recabados en el marco de la jornada, además, en sectores como la minería, las actividades extractivas y la construcción es frecuente la exposición a dos o más de estos factores de riesgo, afectando a más del 60% de los trabajadores.
Durante la jornada, también se ha destacado la prevención como herramienta para hacer frente al cáncer de origen laboral, a través del refuerzo del conocimiento sobre los riesgos cancerígenos presentes en los lugares de trabajo, la mejora de la identificación de las personas trabajadoras expuestas y el reconocimiento de los cánceres de origen laboral.
El virus de los Andes, un tipo de hantavirus cuyos síntomas son inicialmente parecidos a los de la gripe, puede propagarse a través del contacto con roedores infectados o su orina, saliva o heces; al tocar un objeto o superficie contaminada con el virus y luego tocarse la boca, la nariz o los ojos, o por contacto cercano con una persona enferma.
Con el fin de prevenir, el Centro de Control de las Enfermedades y Prevención de los Estados Unidos (CDC), da cinco recomendaciones para tratar de evitar al máximo de lo posible el contagio frente al hantavirus.
Así, tras recomendar evitar el contacto con la orina, los excrementos, la saliva y los materiales de anidación de roedores, con el fin de evitar el contagio entre personas, este organismo recomienda algo tan sencillo y útil como lavarse las manos con frecuencia.
También es recomendable evitar besar y tener contacto sexual con alguien que pueda tener el virus de los Andes u otro hantavirus que se demuestre que se contagia entre humanos.
Además, los CDC aconsejan evitar compartir bebidas, cigarrillos, pipas de agua y cigarrillos electrónicos, así como compartir utensilios para comer o comer del mismo plato o taza.
Y siempre que pueda, "es recomendable mantener la distancia de alguien que pueda tener el virus de los Andes", añaden.
Además, resulta importante evitar las zonas infestadas de roedores cuando visite países de Sudamérica.
En la actualidad, no existe ningún tratamiento antiviral ni vacuna específica contra el virus de los Andes. Los síntomas pueden desarrollarse rápidamente. La atención médica temprana es fundamental y se centra en el control de los síntomas.
Es decir, dolor de cabeza, fiebre, dolor muscular/dolor de espalda, náuseas o vómitos, diarrea, tos, dolor en el pecho pérdida de apetito, dificultad para respirar. Y los signos y síntomas de la infección suelen aparecer entre 4 y 42 días después de la exposición, aunque en el caso de otros tipos de hantavirus pueden ser más días.
Para evitar contagios, además de las recomendaciones descritas, los CDC aconsejan no tener roedores como mascotas, incluidas las ratas, en familias con niños de 5 años o menos, embarazadas o personas con sistemas inmunitarios debilitados; corren un mayor riesgo de contraer enfermedades graves.