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Bad Bunny echa el cierre a la casita y convierte el perreo en revolución en su último concierto en España

15 June 2026 at 22:00

Bad Bunny echa el cierre a la casita y convierte el perreo en revolución en su último concierto en España

El cantante de Puerto Rico ofrece el último de sus diez conciertos en Madrid, invita a Quevedo y convierte el estadio en una explosión de vitalidad, baile, sudor y alegría

Bad Bunny llega a España: el rey del pop odiado por los padres que ahora une a las generaciones

Bad Bunny lleva tantos días en Madrid que parece que querría quedarse a vivir. Durante diez días Benito Antonio Martínez Ocasio ha abierto las puertas de su casita a más de 770.000 personas, las mismas que tiene la provincia de Córdoba, por ejemplo. A las 20:00 ha subido durante dos semanas la persiana de esa construcción que, arrastrada de polémica, se ha convertido en el centro de los conciertos del cantante puertorriqueño. Tras la residencia en su país, España ha sido el lugar donde más veces ha actuado de forma consecutiva. Tantas que como decía un comentario jocoso en redes sociales, debería pagar ya el IBI.

La casita se ha convertido en una especie de iglesia. Y de hecho, con la Iglesia (que tampoco paga IBI) ha coincidido esta mini residencia de Bad Bunny estos diez días. El reguetón y la música puertorriqueña de Bad Bunny han tenido hasta que competir en atención con el Papa. La estrella de la religión católica frente a la estrella más grande que ha dado la música latina reciente. Una estrella que, además, ha logrado esa posición sin aceptar las normas de la industria anglosajona. Al revés, lo ha hecho reivindicando su identidad, sus raíces, y su país, un país que no cuenta para nadie, que no es ni un estado de EEUU ni logra su independencia, esa que Bad Bunny, pide. Una especie de colonia del siglo XXI que ha logrado ser visible gracias al cantante y a su último disco, ese Debí Tirar Más Fotos que ha convertido la geopolítica en letras para perrear.

Este lunes Bad Bunny cerraba por fin la casita. Y lo hizo tras una penúltima jornada épica donde cantó y se dejó la piel en medio de una tormenta veraniega y en un último día donde volvió a convertir el perreo en algo revolucionario. Si ayer competía contra el clima, en su despedida lo hizo contra la selección española, que debutaba en el mundial contra Cabo Verde. La unión de astros provocó que el Riyadh Metropolitano fuera una mezcla de camisetas de la selección española, sombreros boricuas y banderas de Puerto Rico.

Bad Bunny bebe un chupito junto a su orquesta en el último concierto el cantante en Madrid
Bad Bunny bebe un chupito junto a su orquesta en el último concierto el cantante en Madrid

Una extraña unión de fútbol y reguetón que nadie podría imaginar hace diez años. El reguetón como algo transversal, como música que nos uniera para desafiar al mismísimo Donald Trump desde el show más americano posible, la Super Bowl. O para hacer una apología de la empatía y el amor en tiempos de cinismo, y para pedir un Puerto Rico libre. Todo hundiendo sus manos en las raíces musicales de su país. En esa salsa y en esa música que atraviesa todo su disco. 

Por eso no es casualidad que su setlist comience con La mudanza, una de sus canciones más políticas, en las que se acuerda de los que le precedieron, sus padres y abuelos, pero también a todos aquellos que murieron por defender un Puerto Rico libre. Salió Bad Bunny pasadas las 20:15 con sus gafas de sol y su traje crema después de amenizar la espera con boleros y canciones de Juan Luis Guerra, tras lanzar esa mirada de las mil yardas con la que sale al escenario y se ha convertido en sello personal. Y la gente enloqueció.

Lanzó un conjuro salsero y político para comenzar el último día de aquelarre musical en el Riyadh Metropolitano. “De aquí nadie me saca. De aquí yo no me muevo. Dile que esta es mi casa. Donde nació mi abuelo”, continuó entre solos de timbales y gritos que la acústica del Metropolitano amplificaba, por desgracia, por encima de la voz de Bad Bunny convirtiendo a veces el sonido desde las gradas en un batiburrillo demasiado atronador.

Se desató la locura en una primera parte del concierto que encadena las canciones más políticas, aquellas que hablan de alguna forma de la situación de Puerto Rico que forman parte de su último disco y en las que homenajea sus raíces. Enlazó La mudanza, con una versión en formato salsa de Callaíta (disfrutando junto a su orquesta) y llegó la primera sorpresa, un solo de guitarra que entonó Tú me dejaste de querer, de C. Tangana antes de cantar Pitorro de Coco y encadenar (entre chupitos) varios de sus mayores hits.

Llegó la veraniega Weltita (para la que contó con Chuwi), Turista, y el subidón con Baile Inolvidable y, cómo no, NuevaYol. El single con el que comenzó toda esta locura hace más de un año puso a todo el mundo a botar como locos acompañados de Los sobrinos de Puerto Rico y un equipo de bailarines. Un himno popular que sigue siendo una llamada a la fiesta y el goce. Porque si hay algo que hace Bad Bunny es trasladarnos ese gusto desprejuiciado por gozar, por perrear y sudar. Lo de sudar hasta lo dijo Benito de forma explícita cuando pidió cambiar la lluvia del día anterior por el sudor del baile. Ahí explicó de qué iba todo: de disfrutar de las cosas sencillas: bailar, reír y sudar. Y sobre eso gira su concierto. No hay filigranas, ni derroches técnicos, solo convertir un estadio en una fiesta, algo que ahora mismo suena a acto de resistencia.

Bad Bunny lanza, y aquí lo hizo como siempre, mensajes simples. Directos. Y conecta con la gente más que cualquier político: “Estamos acá para disfrutar y para pasarlo bien. Os pido que hoy nos olvidemos de cualquier cosa que esté pasando fuera de este estadio y disfrutemos en familia y juntos”, gritó acordándose de la comunidad latina en Madrid. Parece una obviedad. Pero dicho por él sonó a verdad absoluta. A obligación de cumplirlo. Y en tiempos de términos como ‘Prioridad Nacional’, acordarse de su comunidad en Madrid, a guiño necesario.

La casita viral

Tras un comienzo en alto Bad Bunny cambió de escenario. Lo hizo con guiño al empate de España y gritos de ‘lololololo’ mientras hacía tiempo para cambiarse, ponerse falda y llegar al otro lado del escenario para abrir la casita con VeLDÁ y uno de sus clásicos, Tití me preguntó, que reventó el estadio igual que con Y si veo a tu mamá. 

Durante estos diez días la casita se ha convertido en un objeto de fetiche, algo parecido a un Dónde está Wally del famoseo patrio. Una pena, porque ha perdido la idea de su origen, de colocar una casa popular de Puerto Rico en medio de un estadio para que todo el mundo pudiera entrar. Por desgracia, la dichosa casita —convertida en momento viral como el confesionario de Rosalía— acabó sacando el machismo y el clasismo de 2026. 

La casita pasó a ser la competición por ser los más guays del instituto. Solo abierta para los que triunfan, mientras que a los normales se les deja fuera. Menos mal que durante estos diez días oyeron las críticas y cambiaron algo. Entró gente más normal, y tuvo que llegar Carmen Machi, con su Premio Nacional de Cine recién ganado para mostrar que todos deberíamos caber ahí.

Antes de subir al tejado de la casita se tomó casi diez minutos para saludar a los fans, y hasta se subió a la grada para elegir a la persona que iba a tener el honor de decir, en su último día en Madrid, otra de esas frases que han quedado para el recuerdo, ese “Acho PR es otra cosa” que introduce Voy a llevarte pa PR.

En el techo de la casa llegaron a ritmo de crucero los temas de puro reguetón, con Me porto bonito y que llevaron al clímax tras ese Yo perreo sola que dio la vuelta a los tropos machistas del género musical y la canción sorpresa, que para el cierre en Madrid tuvo, como se rumoreaba, a Quevedo como invitado especial para cantar Columbia, Wanda y darse el lujo de cantar desde la casita su éxito, la sesión 52 de Bizarrap. Un paréntesis de Bad Bunny que no bajó las revoluciones del estadio. 

Sin perder comba Los pleneros de la Cresta comenzaron a animar el ambiente para que todos cantaran “Por la mañana café, por la tarde ron”.  Volvió al escenario principal para el último tercio y cerrar con un trío infalible, El apagón, Debí tirar más fotos, y EoO la canción elegida para cerrar. Un tema que, a priori, parece una decisión extraña, pero que viendo la propuesta de Bad Bunny tiene todo el sentido del mundo. La canción que más reivindica y pide perreo es el broche perfecto e hizo temblar el Metropolitano hasta sus cimientos, porque como dice Benito Antonio Martínez Ocasio, “si uno se va de aquí sin haber perreado, es como si no hubiera venido, que viva el perreo”. Viva.

La película española ‘Sucia’ gana el premio al Mejor documental en el festival de Sheffield

15 June 2026 at 15:59

La película española ‘Sucia’ gana el premio al Mejor documental en el festival de Sheffield

La victoria precalifica al filme de Bàrbara Mestanza y Marc Pujolar, que cuenta los abusos sexuales sufridos por la cineasta y actriz, para la próxima edición para los Oscar

El documental español Sucia, dirigido por Bàrbara Mestanza y Marc Pujolar, ha ganado el premio al mejor documental en el festival de Sheffield, uno de los más prestigiosos en el mundo de la no ficción. Esta victoria la precalifica y la hace elegible para la próxima edición de los Oscar. Es decir, la coloca entre la lista de películas que podrán optar al premio en la categoría de Mejor película documental. 

El jurado, cuando anunció el premió, valoró un filme en el que “a través de una narración valiente y una visión creativa extraordinaria, transforma el trauma personal en una reflexión colectiva”. Sucia se basa en la experiencia personal de la directora, la también actriz Bàrbara Mestanza, que sufrió abusos sexuales. En el filme se muestra cómo la sociedad juzga a la víctima, preguntándole por qué no se fue o por qué no hizo nada, en vez de analizar por qué esto sigue pasando. Mestanza sigue todo su proceso, incluido el de denuncia y hasta el judicial, en una obra que finalmente acaba mostrando también el poder sanador del arte. 

“Si bien se basa en la singularidad de la historia personal de la cineasta, la película se expande hacia afuera, planteando preguntas más amplias sobre la culpa, la vergüenza, el poder, la actuación y los sistemas que dan forma a nuestra complicidad en la violencia. Su edición rigurosa y convincente entrelaza años de creación artística y procesos legales, creando un viaje apasionante que desafía al público a la introspección y a examinar sus propias narrativas”, aseguró el jurado del festival de Sheffield.

El filme, que ya fue galardonado en el pasado Festival de Málaga, continúa así su exitosa carrera por los certámenes de documentales de todo el mundo. Para su directora y protagonista “es increíble haber podido llegar a ganar”. “No solo hacerlo fuera de nuestra casa, sino en un sitio dedicado a los documentales, algunos de ellos con grandes presupuestos y también grandes historias. Nos estamos dando cuenta de la magnitud del tema a través de cada festival al que estamos yendo, pero era muy difícil de imaginar que una cosa tan pequeña, tan pequeña y tan concreta pudiera ser el caballo de Troya perfecto para generar movimiento y y generar colectivo”, opina Mestanza del galardón. 

Fotograma de 'Sucia'
Fotograma de 'Sucia'

Recuerda los días de proyección del documental en Sheffield, donde la gente les ha parado y ha acudido a ellos “llorando y emocionados” incluso antes de saber el palmarés. “Para mí es importante resaltar que, al final, cuando te pasa una cosa como esta no te conviertes en alguien más fácil, sino más complejo. Me emociono no solo por haber podido hacer esta peli, sino por todas esas personas que han estado a mi lado”, añade.

Su productor, Pau Sanclemente, destaca “cómo una historia tan personal y autograbada de un tema tan complicado que parecía local ha tenido esta repercusión y ha conectado muchísimo con el público”. “Una historia local que se convierte poniendo el dedo señalando a un problema de magnitud global y eso ha hecho que resuene en muchísima parte del público”, añade y avanza que este premio puede hacer que llegue “más allá de las fronteras de España” y así “poder encontrar la posibilidad de hacer una distribución global”.

Un documental para generar conversación

La actriz explicaba en una entrevista a este periódico que durante diez años vivió obsesionada con su agresor. “Pensaba en por qué me escogió a mí, por qué hizo eso ese día y por qué conmigo. Y necesitaba tenerle delante para que me lo explicase, pero también para que me viera viva. Él me había arrebatado mi cuerpo, mi juventud, casi me muero por su culpa. Con los años comprendí que era como un veneno que entró en mi cuerpo: no solo me metió los dedos en la vagina, sino que logró meterse dentro de mí durante años. Así que para mí era importante que me viese la cara y decirle: ‘Aunque hayas intentado quitarme lo más vital, yo sigo aquí. Estoy viva’”, decía.

Sucia es su carta para certificar que sigue viva, pero que esto no ha acabado. Aunque al final pueda responder a esa pregunta de por qué no hizo nada, algo tan simple como “porque no podía”, los datos de las mujeres que son agredidas y abusadas son espeluznantes. El documental termina con unas cifras incontestables. 400.000 personas han sido víctimas de violencia sexual. Solo un 5% denuncia y, de las que lo hacen, solo un 9,7% obtiene sentencia condenatoria hacia su agresor. 

La voluntad de este trabajo de generar conversación y de que esto continúe se confirma cuando al finalizar el filme aparece un QR en la pantalla. Al escanearlo, uno accede a un cuestionario para poder compartir sus propias experiencias y si ellas y ellos han sufrido alguna situación parecida. Porque ese es el verdadero trabajo del arte, seguir planteando preguntas que nos hagan avanzar como colectivo.

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