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Bad Bunny echa el cierre a la casita y convierte el perreo en revolución en su último concierto en España

15 June 2026 at 22:00

Bad Bunny echa el cierre a la casita y convierte el perreo en revolución en su último concierto en España

El cantante de Puerto Rico ofrece el último de sus diez conciertos en Madrid, invita a Quevedo y convierte el estadio en una explosión de vitalidad, baile, sudor y alegría

Bad Bunny llega a España: el rey del pop odiado por los padres que ahora une a las generaciones

Bad Bunny lleva tantos días en Madrid que parece que querría quedarse a vivir. Durante diez días Benito Antonio Martínez Ocasio ha abierto las puertas de su casita a más de 770.000 personas, las mismas que tiene la provincia de Córdoba, por ejemplo. A las 20:00 ha subido durante dos semanas la persiana de esa construcción que, arrastrada de polémica, se ha convertido en el centro de los conciertos del cantante puertorriqueño. Tras la residencia en su país, España ha sido el lugar donde más veces ha actuado de forma consecutiva. Tantas que como decía un comentario jocoso en redes sociales, debería pagar ya el IBI.

La casita se ha convertido en una especie de iglesia. Y de hecho, con la Iglesia (que tampoco paga IBI) ha coincidido esta mini residencia de Bad Bunny estos diez días. El reguetón y la música puertorriqueña de Bad Bunny han tenido hasta que competir en atención con el Papa. La estrella de la religión católica frente a la estrella más grande que ha dado la música latina reciente. Una estrella que, además, ha logrado esa posición sin aceptar las normas de la industria anglosajona. Al revés, lo ha hecho reivindicando su identidad, sus raíces, y su país, un país que no cuenta para nadie, que no es ni un estado de EEUU ni logra su independencia, esa que Bad Bunny, pide. Una especie de colonia del siglo XXI que ha logrado ser visible gracias al cantante y a su último disco, ese Debí Tirar Más Fotos que ha convertido la geopolítica en letras para perrear.

Este lunes Bad Bunny cerraba por fin la casita. Y lo hizo tras una penúltima jornada épica donde cantó y se dejó la piel en medio de una tormenta veraniega y en un último día donde volvió a convertir el perreo en algo revolucionario. Si ayer competía contra el clima, en su despedida lo hizo contra la selección española, que debutaba en el mundial contra Cabo Verde. La unión de astros provocó que el Riyadh Metropolitano fuera una mezcla de camisetas de la selección española, sombreros boricuas y banderas de Puerto Rico.

Bad Bunny bebe un chupito junto a su orquesta en el último concierto el cantante en Madrid
Bad Bunny bebe un chupito junto a su orquesta en el último concierto el cantante en Madrid

Una extraña unión de fútbol y reguetón que nadie podría imaginar hace diez años. El reguetón como algo transversal, como música que nos uniera para desafiar al mismísimo Donald Trump desde el show más americano posible, la Super Bowl. O para hacer una apología de la empatía y el amor en tiempos de cinismo, y para pedir un Puerto Rico libre. Todo hundiendo sus manos en las raíces musicales de su país. En esa salsa y en esa música que atraviesa todo su disco. 

Por eso no es casualidad que su setlist comience con La mudanza, una de sus canciones más políticas, en las que se acuerda de los que le precedieron, sus padres y abuelos, pero también a todos aquellos que murieron por defender un Puerto Rico libre. Salió Bad Bunny pasadas las 20:15 con sus gafas de sol y su traje crema después de amenizar la espera con boleros y canciones de Juan Luis Guerra, tras lanzar esa mirada de las mil yardas con la que sale al escenario y se ha convertido en sello personal. Y la gente enloqueció.

Lanzó un conjuro salsero y político para comenzar el último día de aquelarre musical en el Riyadh Metropolitano. “De aquí nadie me saca. De aquí yo no me muevo. Dile que esta es mi casa. Donde nació mi abuelo”, continuó entre solos de timbales y gritos que la acústica del Metropolitano amplificaba, por desgracia, por encima de la voz de Bad Bunny convirtiendo a veces el sonido desde las gradas en un batiburrillo demasiado atronador.

Se desató la locura en una primera parte del concierto que encadena las canciones más políticas, aquellas que hablan de alguna forma de la situación de Puerto Rico que forman parte de su último disco y en las que homenajea sus raíces. Enlazó La mudanza, con una versión en formato salsa de Callaíta (disfrutando junto a su orquesta) y llegó la primera sorpresa, un solo de guitarra que entonó Tú me dejaste de querer, de C. Tangana antes de cantar Pitorro de Coco y encadenar (entre chupitos) varios de sus mayores hits.

Llegó la veraniega Weltita (para la que contó con Chuwi), Turista, y el subidón con Baile Inolvidable y, cómo no, NuevaYol. El single con el que comenzó toda esta locura hace más de un año puso a todo el mundo a botar como locos acompañados de Los sobrinos de Puerto Rico y un equipo de bailarines. Un himno popular que sigue siendo una llamada a la fiesta y el goce. Porque si hay algo que hace Bad Bunny es trasladarnos ese gusto desprejuiciado por gozar, por perrear y sudar. Lo de sudar hasta lo dijo Benito de forma explícita cuando pidió cambiar la lluvia del día anterior por el sudor del baile. Ahí explicó de qué iba todo: de disfrutar de las cosas sencillas: bailar, reír y sudar. Y sobre eso gira su concierto. No hay filigranas, ni derroches técnicos, solo convertir un estadio en una fiesta, algo que ahora mismo suena a acto de resistencia.

Bad Bunny lanza, y aquí lo hizo como siempre, mensajes simples. Directos. Y conecta con la gente más que cualquier político: “Estamos acá para disfrutar y para pasarlo bien. Os pido que hoy nos olvidemos de cualquier cosa que esté pasando fuera de este estadio y disfrutemos en familia y juntos”, gritó acordándose de la comunidad latina en Madrid. Parece una obviedad. Pero dicho por él sonó a verdad absoluta. A obligación de cumplirlo. Y en tiempos de términos como ‘Prioridad Nacional’, acordarse de su comunidad en Madrid, a guiño necesario.

La casita viral

Tras un comienzo en alto Bad Bunny cambió de escenario. Lo hizo con guiño al empate de España y gritos de ‘lololololo’ mientras hacía tiempo para cambiarse, ponerse falda y llegar al otro lado del escenario para abrir la casita con VeLDÁ y uno de sus clásicos, Tití me preguntó, que reventó el estadio igual que con Y si veo a tu mamá. 

Durante estos diez días la casita se ha convertido en un objeto de fetiche, algo parecido a un Dónde está Wally del famoseo patrio. Una pena, porque ha perdido la idea de su origen, de colocar una casa popular de Puerto Rico en medio de un estadio para que todo el mundo pudiera entrar. Por desgracia, la dichosa casita —convertida en momento viral como el confesionario de Rosalía— acabó sacando el machismo y el clasismo de 2026. 

La casita pasó a ser la competición por ser los más guays del instituto. Solo abierta para los que triunfan, mientras que a los normales se les deja fuera. Menos mal que durante estos diez días oyeron las críticas y cambiaron algo. Entró gente más normal, y tuvo que llegar Carmen Machi, con su Premio Nacional de Cine recién ganado para mostrar que todos deberíamos caber ahí.

Antes de subir al tejado de la casita se tomó casi diez minutos para saludar a los fans, y hasta se subió a la grada para elegir a la persona que iba a tener el honor de decir, en su último día en Madrid, otra de esas frases que han quedado para el recuerdo, ese “Acho PR es otra cosa” que introduce Voy a llevarte pa PR.

En el techo de la casa llegaron a ritmo de crucero los temas de puro reguetón, con Me porto bonito y que llevaron al clímax tras ese Yo perreo sola que dio la vuelta a los tropos machistas del género musical y la canción sorpresa, que para el cierre en Madrid tuvo, como se rumoreaba, a Quevedo como invitado especial para cantar Columbia, Wanda y darse el lujo de cantar desde la casita su éxito, la sesión 52 de Bizarrap. Un paréntesis de Bad Bunny que no bajó las revoluciones del estadio. 

Sin perder comba Los pleneros de la Cresta comenzaron a animar el ambiente para que todos cantaran “Por la mañana café, por la tarde ron”.  Volvió al escenario principal para el último tercio y cerrar con un trío infalible, El apagón, Debí tirar más fotos, y EoO la canción elegida para cerrar. Un tema que, a priori, parece una decisión extraña, pero que viendo la propuesta de Bad Bunny tiene todo el sentido del mundo. La canción que más reivindica y pide perreo es el broche perfecto e hizo temblar el Metropolitano hasta sus cimientos, porque como dice Benito Antonio Martínez Ocasio, “si uno se va de aquí sin haber perreado, es como si no hubiera venido, que viva el perreo”. Viva.

La película española ‘Sucia’ gana el premio al Mejor documental en el festival de Sheffield

15 June 2026 at 15:59

La película española ‘Sucia’ gana el premio al Mejor documental en el festival de Sheffield

La victoria precalifica al filme de Bàrbara Mestanza y Marc Pujolar, que cuenta los abusos sexuales sufridos por la cineasta y actriz, para la próxima edición para los Oscar

El documental español Sucia, dirigido por Bàrbara Mestanza y Marc Pujolar, ha ganado el premio al mejor documental en el festival de Sheffield, uno de los más prestigiosos en el mundo de la no ficción. Esta victoria la precalifica y la hace elegible para la próxima edición de los Oscar. Es decir, la coloca entre la lista de películas que podrán optar al premio en la categoría de Mejor película documental. 

El jurado, cuando anunció el premió, valoró un filme en el que “a través de una narración valiente y una visión creativa extraordinaria, transforma el trauma personal en una reflexión colectiva”. Sucia se basa en la experiencia personal de la directora, la también actriz Bàrbara Mestanza, que sufrió abusos sexuales. En el filme se muestra cómo la sociedad juzga a la víctima, preguntándole por qué no se fue o por qué no hizo nada, en vez de analizar por qué esto sigue pasando. Mestanza sigue todo su proceso, incluido el de denuncia y hasta el judicial, en una obra que finalmente acaba mostrando también el poder sanador del arte. 

“Si bien se basa en la singularidad de la historia personal de la cineasta, la película se expande hacia afuera, planteando preguntas más amplias sobre la culpa, la vergüenza, el poder, la actuación y los sistemas que dan forma a nuestra complicidad en la violencia. Su edición rigurosa y convincente entrelaza años de creación artística y procesos legales, creando un viaje apasionante que desafía al público a la introspección y a examinar sus propias narrativas”, aseguró el jurado del festival de Sheffield.

El filme, que ya fue galardonado en el pasado Festival de Málaga, continúa así su exitosa carrera por los certámenes de documentales de todo el mundo. Para su directora y protagonista “es increíble haber podido llegar a ganar”. “No solo hacerlo fuera de nuestra casa, sino en un sitio dedicado a los documentales, algunos de ellos con grandes presupuestos y también grandes historias. Nos estamos dando cuenta de la magnitud del tema a través de cada festival al que estamos yendo, pero era muy difícil de imaginar que una cosa tan pequeña, tan pequeña y tan concreta pudiera ser el caballo de Troya perfecto para generar movimiento y y generar colectivo”, opina Mestanza del galardón. 

Fotograma de 'Sucia'
Fotograma de 'Sucia'

Recuerda los días de proyección del documental en Sheffield, donde la gente les ha parado y ha acudido a ellos “llorando y emocionados” incluso antes de saber el palmarés. “Para mí es importante resaltar que, al final, cuando te pasa una cosa como esta no te conviertes en alguien más fácil, sino más complejo. Me emociono no solo por haber podido hacer esta peli, sino por todas esas personas que han estado a mi lado”, añade.

Su productor, Pau Sanclemente, destaca “cómo una historia tan personal y autograbada de un tema tan complicado que parecía local ha tenido esta repercusión y ha conectado muchísimo con el público”. “Una historia local que se convierte poniendo el dedo señalando a un problema de magnitud global y eso ha hecho que resuene en muchísima parte del público”, añade y avanza que este premio puede hacer que llegue “más allá de las fronteras de España” y así “poder encontrar la posibilidad de hacer una distribución global”.

Un documental para generar conversación

La actriz explicaba en una entrevista a este periódico que durante diez años vivió obsesionada con su agresor. “Pensaba en por qué me escogió a mí, por qué hizo eso ese día y por qué conmigo. Y necesitaba tenerle delante para que me lo explicase, pero también para que me viera viva. Él me había arrebatado mi cuerpo, mi juventud, casi me muero por su culpa. Con los años comprendí que era como un veneno que entró en mi cuerpo: no solo me metió los dedos en la vagina, sino que logró meterse dentro de mí durante años. Así que para mí era importante que me viese la cara y decirle: ‘Aunque hayas intentado quitarme lo más vital, yo sigo aquí. Estoy viva’”, decía.

Sucia es su carta para certificar que sigue viva, pero que esto no ha acabado. Aunque al final pueda responder a esa pregunta de por qué no hizo nada, algo tan simple como “porque no podía”, los datos de las mujeres que son agredidas y abusadas son espeluznantes. El documental termina con unas cifras incontestables. 400.000 personas han sido víctimas de violencia sexual. Solo un 5% denuncia y, de las que lo hacen, solo un 9,7% obtiene sentencia condenatoria hacia su agresor. 

La voluntad de este trabajo de generar conversación y de que esto continúe se confirma cuando al finalizar el filme aparece un QR en la pantalla. Al escanearlo, uno accede a un cuestionario para poder compartir sus propias experiencias y si ellas y ellos han sufrido alguna situación parecida. Porque ese es el verdadero trabajo del arte, seguir planteando preguntas que nos hagan avanzar como colectivo.

Lolita Flores: “Tengo 68 años. Esta es mi cara y estas son mis arrugas, y la arruga es vida”

12 June 2026 at 21:44

Lolita Flores: “Tengo 68 años. Esta es mi cara y estas son mis arrugas, y la arruga es vida”

La actriz, que protagoniza 'Mallorca Confidencial', abre las puertas de su casa para hablar de su regreso al cine, de prejuicios o el problema de la vivienda

Filmin adquiere el negocio de distribución de Elastica, responsable de películas como ‘La sustancia’ o ‘Backrooms’

Vídeo de la entrevista completa

El Goya que ganó en 2003 por Rencor vigila desde una estantería de la casa de Lolita Flores. De alguna forma hay un hilo que une aquel personaje con el que la trae de nuevo al cine 23 años después. Entre medias unos cuantos papeles, pero ninguno que nos hubiera devuelto a esa actriz pasional, de puro instinto y fuerza torrencial. Hasta ahora. El encargado ha sido David Ilundain, que vio en ella todo lo que necesitaba para dar vida a Chusa, la matriarca de Son Canal, un poblado que es el epicentro del narcotráfico de la isla donde ella maneja el negocio en Mallorca Confidencial.

Pero su Chusa es mucho más. Es una mujer que se deja la piel por los suyos, que intenta, a su manera, dar una vida mejor a su familia y amigos, y que hasta se enfrenta a la especulación inmobiliaria que quiere echar al poblado gitano de unos terrenos que empiezan a valer mucho dinero en una época donde el ladrillo empezaba a ser un bien demasiado preciado.

Lolita habla sin tapujos. Deja claro que no ha hecho más cine porque no le han ofrecido nada que le gustara, y toca madera porque este papel le traiga las mismas alegrías que el de la película que hizo junto a Miguel Albadalejo. Abre las puertas de su casa a elDiario.es para hablar del filme, que ya se puede ver en salas de cine, pero también de su carrera, de prejuicios, vivienda o su familia.

Mallorca Confidencial está basada en un personaje real, una matriarca de la droga…

Es un personaje que puede estar en cualquier poblado de cualquier parte del mundo, no solamente de España. Sí, hay mujeres que por situaciones en la vida, que se quedan viudas o que no tienen otros recursos, tienen que sacar su familia adelante y bueno, tienen que hacer ese oficio que es vender muerte, como yo digo siempre. Pero que sea realmente la vida de alguien en particular… no lo creo. Puede que el guion se haya basado en hechos reales, pero no es precisamente la vida de esa persona.

Es un personaje que es muchas más cosas que una traficante. Es un retrato más poliédrico.

Sí. Lógicamente, la quieren echar de su tierra, de su poblado. Eso ya lo hicieron los americanos con los indios hace muchos años. Aquí quieren coger terreno para edificar o para hacer centros comerciales. Igual que nos quitan teatros para hacer oficinas o para hacer otro tipo de cosas. La gente especula un poco con el terreno y en ese caso quieren quitar ese poblado, quieren que los gitanos se vayan de sus casas para poder edificar y lucrarse de alguna manera. Entonces ella lucha por su familia, lucha por su gente y lucha por ella misma también.

Ese tema de la vivienda trae la película al presente, a ese problema de la especulación. Como si dijera que de aquellos polvos estos lodos. 

Claro. Date cuenta de que todo es una rueda. Empezó en aquella época, pero ahora los fondos buitres existen y hay mucha gente que no puede pagar un alquiler, que no puede pagarse un piso. Y es todo por eso, porque han subido muchísimos alquileres y porque se especula muchísimo. La gente tiene derecho a una vivienda digna.

¿Qué pensó cuando leyó el guion?, ¿le dio miedo que se perpetuaran estereotipos hacia los gitanos?

Yo creo que eso es la mente de cada persona. Los gitanos ya hoy en día estudian, saben idiomas, saben de leyes, son políticos, son arquitectos. Mi raza ya no está excluida, está incluida en la sociedad. En la viña del Señor, hay de todo, pero no solamente son los gitanos los que venden droga. Hay mucha gente que no es gitana, que se dedica a vender drogas, a vender muerte.

La película comienza con un personaje contando ‘chistes de gitanos’ que muestran esos prejuicios, ¿han cambiado?

Eso tendrías que preguntárselo a la gente. Yo creo que todo se basa en la educación. Lo he dicho siempre. Depende de que tú críes a tus hijos con la mente abierta, con la libertad de ver gitanos, árabes, chinos, rusos y de cualquier etnia o cualquier raza, y que los trates como a un igual porque son iguales que tú. Con un color diferente a lo mejor, pero son seres humanos igual que tú y que yo. Depende mucho de la educación.

Habla mallorquín en la película, ¿ha sido el mayor reto?

Para mí no ha habido ningún reto, es decir, para mí simplemente ha sido hacer un papel dignamente, con todo el respeto del mundo, porque soy de raza gitana. Yo soy una gitana privilegiada, me he criado en otro ambiente, me han dado una educación y no he tenido que dedicarme a otra cosa nada más que cantar y bailar. Y ahora soy actriz. Pero mis padres no venían ninguno de la pata del Cid. Es decir, han tenido que luchar mucho para darnos a sus hijos una educación. Yo soy una gitana que he tenido en el colegio algún racismo que otro cuando era más pequeña, pero hoy en día yo creo que ya está la cosa muy, muy tranquila.

Me parece curioso lo que ha mencionado, que incluso siendo privilegiada, incluso siendo hija de quien era, de pequeña sí que ha sufrido racismo.

Claro, era otra época también en el colegio. De hecho, hace poco se vio en la televisión que había padres que no querían llevar a sus niños al colegio porque no sé si eran marroquíes los que estaban o eran gitanos. Es decir, que todavía existe, desgraciadamente. Sigue habiendo esa rueda. Y te vuelvo a decir, creo que es educación, ignorancia. La falta de la ignorancia te puede llegar a muchas cosas, al miedo, a la incertidumbre, al no conocer a la persona que tienes al lado, simplemente porque tengo un apellido diferente al tuyo o porque tenga un color distinto o incluso una religión diferente.

No se ha prodigado mucho en el cine, ¿ha habido muchos noes o no ha habido tanta oferta como se pudiera pensar?

El problema es que no me han llamado. No ha habido ofertas, porque si hubiera habido muchas ofertas hubiera hecho mucho cine. Lógicamente, ha habido alguna, pero no me ha cuadrado o por fechas o porque el guion no lo veía para mí. Pero realmente no he tenido tantas ofertas de cine. 

No fue su primer papel estrictamente, pero sí que de alguna forma entra con ese personaje de Rencor que es arrollador.

Sí, es un poco arrollador como esta Chusa. Las dos empiezan con 'Ch'. Chelo Zamora, que era la de Rencor y esta que es Chusa, en Mallorca Confidencial. A ver si me trae suerte.

Mis padres no venían ninguno de la pata del Cid. Es decir, han tenido que luchar mucho para darnos a sus hijos una educación

Lolita Flores Actriz y cantante

Ese papel le dio un Goya. ¿Cómo recuerda ese momento que además fue en una gala histórica?

Sí, la del ‘No a la guerra’, cuando estábamos todavía con el PP de Aznar y fue el 'No a la guerra'. Lo recuerdo con mucha emoción. Me lo dio Javier Bardem y fue algo maravilloso. Está ahí, mi Goya —señala con la mirada la estantería donde se encuentra— y bueno, no me importaría tener otro.

Este año la hemos visto también de alguna forma en el documental de Flores para Antonio. Cuando entrevistamos a Alba Flores le preguntamos si el arte está en los genes, porque toda la familia ha acabado dedicándose a ello.

Bueno, venimos de una familia de arte. Mi padre, mi madre, mi tía… todos somos artistas. Yo creo que el arte viene en los genes, lo que pasa que luego también tienes que estudiar y tienes que perfeccionarlo. No vale con decir, “venga, ya está, ya sé cantar y bailar o sé hacer cine o teatro”. Tienes que estudiar y hacerlo bien. Entonces no todo el mundo que viene de una familia con arte en las venas son artistas.

¿Cómo ha vivido la llegada del documental? Siento que es pudorosa, que no le gusta en exceso hablar de su vida privada.

Bueno, eso lo ha hecho Alba. Yo creo que la familia Flores no somos tan herméticos. Al contrario, yo creo que desde mi madre, que ha expuesto a sus hijos, su familia, sus hermanos… Hemos sido gente muy mediática y gente muy popular. Lo que ha hecho Alba no es extraño. Una cosa es tu vida personal, privada, tus amores, tu vida, que eso sería un reality y yo realities no he hecho ni creo que los vaya a hacer. Pero hacer un documental como el que ha hecho ella… Creo que era necesario, sobre todo para mi sobrina, y si es necesario para mi sobrina, vamos todos de cabeza.

¿No han sentido que era reabrir la herida de alguna forma?

Era un documental de sanación y para ella ha servido para eso.

¿Pesa mucho el apellido Flores?

Yo creo que le pesará más a la gente. A mí no me pesa nada en absoluto. Yo estoy muy orgullosa de llamarme González Flores, aunque artísticamente soy Flores porque es más corto y porque los Flores somos los Flores, aunque el González también lo tenemos muy arraigado en nuestras venas y orgullosísima de mi padre.

En cine no ha tenido tantos papeles, pero en teatro sí, ¿siente que allí le han ofrecido papeles más diversos?

No he parado de hacer teatro. Empecé con Ana en el Trópico en 2005 y estamos en 2026. Llevo 21 años. De ahí pasé a La Plaza del Diamante. Hice un Don Juan Tenorio en Alcalá de Henares en verso, hice Asamblea de mujeres, Fedra, Poncia, Prefiero que seamos amigos, Llévame hasta el cielo… En fin, he hecho ya unas cuantas, sí. Y además temporadas largas.

¿Y qué le ha ofrecido el teatro, aparte de una continuidad como actriz?

El directo. Ahí sí que no hay planos. Ahí si te equivocas, amigo mío, te has equivocado y tienes que tirar para delante. Eso es esencial. Yo creo que para cualquier actor eso significa medirse con uno mismo, pisar una tabla y tener a la gente enfrente en directo. 

Decía hace poco Aitana Sánchez Gijón dice ahora que se habla tanto de inteligencia artificial el cine a lo mejor aguanta, pero el teatro aguanta seguro.

Yo espero que el cine también aguante. La inteligencia artificial está bien para preguntarle cosas, pero yo creo que el ser humano encima de unas tablas, haciendo teatro, haciendo cine, haciendo televisión… La energía que te da un ser humano no te lo va a dar nunca una inteligencia artificial, por muy bien hecha que esté. Así que yo espero que no nos cambien por inteligencia artificial. La inteligencia está muy bien para aprender, pero nunca para sustituir.

Me imagino que el teatro también es físicamente muy exigente. 

Sí, es cansado, pero igual que el cine. El cine, aunque haces diferentes cosas todos los días porque las escenas cambian, te tienes que levantar también muchas veces a las tres de la mañana y estar a lo mejor hasta las seis de la tarde. Es decir, que es cansado. Pero si es tu profesión y es lo que te gusta, pues lo haces con muchas ganas.

Después de esas giras tan intensas, ¿no se plantea un parón?

Hombre, sí. Tendré un mes de vacaciones como todo el mundo. Pero más allá de eso yo espero no tener parón. No me gusta estar parada. A mí me gusta trabajar. Me aburro mucho cuando no estoy trabajando.

Le he visto en alguna entrevista haciendo una reflexión sobre envejecer que ha sido muy celebrada. Es llamativo que haya todavía que reivindicar eso.

Yo no he reivindicado nada. Yo tengo 68 años y esta es la cara y el cuerpo que tengo con 68 años. Lo único que le pido a Dios es salud. Mis arrugas, lo digo siempre, son mis llantos y mis alegrías, mis viajes y mis teatros, mis películas, mis canciones. Me han costado. La arruga es bella porque es vivencia. Es vivir. Y yo, gracias a Dios, he vivido mucho y espero seguir viviendo mucho.

Hacia la mujer siempre ha habido mucha presión. ¿Lo ha sufrido también?

Las modas de la sociedad dicen que hay que estar más delgada de lo normal, que hay que tener unos labios más gruesos de lo normal. Que hay que tener la cara superestirada, aunque luego las manos no se pueden operar. Yo creo que todo va en concordancia con la edad y con el físico que tú tengas y como tú te encuentres. Yo creo que la edad está aquí [se señala la cabeza] y aquí, en el corazón. Yo me veo una mujer todavía joven, aunque tenga la edad que tenga. Y lo único que quiero, ya te digo, es seguir estando así para ver crecer a mis nietos y a mis hijos y tener salud y punto. Y una arruga más, una arruga menos… bueno, intentaré usar cremas y buenos masajes. Que sean más bonitas. Que no sea una señora muy mayor, muy arrugada. Pero no soy una esclava de la moda ni de las cirugías ni de nada de eso.

¿Hay menos presión ahora?

La sociedad te presiona, internet te presiona, tienes que tener unas tallas, una cara, un pelo, unas uñas, unas manos… Como las Barbies. Y yo no soy la Barbie gitana, te lo aseguro.

Ha mencionado internet. También ha cambiado mucho el periodismo, las entrevistas, ¿lee lo que se publica sobre usted?

No. Porque muchas veces sacáis… Bueno te meto a ti porque eres periodista.

Puede incluirme.

Sacáis muchas veces cosas de contexto. Cosas que se han dicho dentro de una conversación. Por ejemplo, yo ahora mismo he dicho que no soy una Barbie gitana, pero no me meto con la Barbie, que fue una muñeca que adoré y que quise tener toda mi vida. Y no la tuve porque solamente las había en Estados Unidos. No me meto con nadie que quiera hacerse estética, al contrario, las aplaudo. Yo soy miedosa. Pero muchas veces eso se saca de contexto. Entonces “Yo no soy una Barbie gitana”, sería un titular.

Hombre es que sería un titular muy bueno, Lolita, no voy a mentir…

Ya, pero dilo dentro de un contexto, ¿no?

Entonces le da más miedo enfrentarse a una entrevista ahora que antes.

A mí sí. Sí me da más miedo. Me da más miedo hablar con el corazón, porque a veces tú hablas con el corazón y luego te sacan las entrañas.

Va con el freno de mano.

Yo ya voy con el freno de mano puesto. Pero no todos, te he metido a ti porque eres periodista, pero gracias a Dios todavía se puede hablar tranquilamente con periodistas y hacer entrevistas con gente que sabe preguntar o que sabe que la contestación que te da una persona está dentro de unos límites y de un contexto. Yo sigo hablando con el corazón porque soy así. Yo soy transparente. No podría ser de otra manera.

Vídeo de la entrevista completa

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