Últimamente, la casa real noruega está dando más titulares que sus primos británicos, históricamente carne de cañón de tabloides día sí, día también. La familia real noruega, tan acostumbrada a vender naturalidad nórdica, discreción y una modernidad casi doméstica, atraviesa una de esas tormentas en las que cada gesto privado es analizado bajo la lupa pública. La enfermedad de Mette-Marit, incluida ya en lista de espera para un trasplante de pulmón, ha colocado a todos sus hijos en el centro de la tormenta perfecta.
El caso por la muerte de Rob Reiner y Michele Singer Reiner suma un nuevo frente judicial. Nick Reiner, hijo menor del director y de la fotógrafa, ha solicitado acceso al fondo fiduciario que sus padres crearon para él y que, según su petición, asciende al menos a 1,5 millones de dólares. Su defensa sostiene que necesita ese dinero para afrontar el proceso penal en el que está acusado del asesinato de sus padres.