¿Hacía falta una huelga indefinida?
Cinco semanas de movilizaciones, protestas, reuniones interminables y horas perdidas de clase en un final de curso tan abrupto como excepcional. Los docentes de la Comunitat Valenciana han demostrado una notable capacidad de movilización. Dice el presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, que los problemas no se han generado en los seis meses que lleva al frente del Consell. Tiene razón. Pero siempre hay una gota que colma el vaso. Y ahí vieron la oportunidad unos sindicatos que ya han advertido de que están dispuestos a continuar con las movilizaciones en cuanto pase el verano.
Pérez Llorca quiso este viernes buscar un golpe de efecto y comenzar a aplicar varias de las medidas que la Conselleria de Educación había propuesto a los sindicatos, aunque estos no las hayan aceptado.
De esta manera, el jefe del Consell admite que las reivindicaciones de los docentes eran justas y que existía margen para incorporarlas a unos presupuestos que nacen siempre ajustados. Nunca habrá suficiente inversión para Sanidad, Educación y Servicios Sociales, y por eso nunca ha habido, hasta la fecha, unas cuentas que reduzcan los recursos destinados a estas áreas.
La huelga, por tanto, ha sido imprescindible para conseguir determinadas mejoras que se venían reclamando de manera recurrente durante los últimos años. Pero, llegados a este punto, no estaría de más que los sindicatos se planteasen si la mejor opción era convocar una huelga indefinida.
El seguimiento ha ido cayendo con el paso de las semanas. No hay caja de resistencia que soporte la pérdida salarial de unos docentes que han llegado a perder hasta 200 euros por cada jornada de huelga. Y tampoco hay claustro que soporte sin tensión cinco semanas de compañeros mirándose de reojo para comprobar quién apoya más (o menos) la causa.
La huelga ha demostrado que el malestar era real y que las reivindicaciones no podían seguir guardadas en un cajón, pero ninguna huelga puede convertirse en un fin en sí misma.


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