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León XIV visita una Canarias lejos de la crisis migratoria de 2020

By: Carlos · Frías
11 June 2026 at 05:00

La llegada del Papa León XIV a las Islas Canarias este jueves vuelve a colocar en el centro del debate público una de las principales fronteras migratorias de Europa. El Pontífice culminará en el archipiélago su visita a España con una agenda marcada por el contacto directo con migrantes, trabajadores humanitarios y voluntarios que operan en algunos de los enclaves más simbólicos de la denominada Ruta Canaria.

La elección de Canarias no es casual. Responde al viaje planteado por su antecesor, Francisco I, con motivo de la crisis del puerto de Arguineguín en 2020 y que nunca pudo cumplir. Desde hace años, las islas se han convertido en uno de los principales puntos de llegada de personas procedentes de África occidental que intentan alcanzar territorio europeo a bordo de pateras y cayucos. La visita papal busca precisamente visibilizar esa realidad y poner el acento en las consecuencias humanas de un fenómeno que combina crisis humanitaria, presión migratoria y desafíos para la gestión de fronteras.

Nada más aterrizar en Tenerife, León XIV tiene previsto desplazarse al centro de acogida de Las Raíces, donde escuchará testimonios de migrantes y mantendrá un encuentro con personas acogidas en las instalaciones. La cita ha sido preparada durante semanas y los residentes del centro han participado incluso en actividades formativas y clases de español.

El mensaje del Vaticano llega en un momento de aparente contradicción estadística. Por un lado, los datos de la Agencia Europea Frontex reflejan una caída histórica de las llegadas irregulares por la Ruta Canaria durante los primeros meses de 2026. Según las cifras, las entradas descendieron un 83% respecto al mismo periodo del año anterior, pasando a poco más de 1.200 casos en los dos primeros meses del año.

Otros informes posteriores mantienen esa tendencia a la baja. Frontex contabilizó una reducción cercana al 78% en el primer cuatrimestre del año, situando a Canarias como la ruta migratoria europea donde más se han reducido las llegadas en términos porcentuales.

Sin embargo, la disminución de entradas no ha eliminado la peligrosidad de la travesía atlántica. Diversas organizaciones continúan considerando esta vía de entrada a Europa como una de las más mortíferas del mundo. Los trayectos desde las costas de Senegal, Mauritania, Gambia o Guinea pueden prolongarse durante días o incluso semanas en embarcaciones extremadamente precarias, expuestas a averías, falta de combustible, deshidratación o temporales.

Precisamente ese contraste entre menos llegadas y un elevado coste humano constituye uno de los ejes de la visita papal. El Pontífice ha insistido durante su estancia en España en la necesidad de prestar atención a los colectivos más vulnerables y de promover una respuesta basada en la dignidad. Canarias es uno de los escenarios donde ese discurso adquiere un mayor simbolismo.

La dimensión visual de ese mensaje también estará presente durante los actos previstos en el archipiélago. Entre los elementos preparados para la visita figuran varias embarcaciones similares a los cayucos utilizados por los migrantes para llegar a Canarias.

Al mismo tiempo, la visita coincide con un renovado debate político sobre la evolución de los flujos migratorios. Mientras el Gobierno central destaca la reducción de llegadas como consecuencia de una mayor cooperación con los países de origen y tránsito, otros sectores advierten de que la presión migratoria continúa existiendo y puede reactivarse rápidamente en función de factores económicos, climáticos o geopolíticos.

En ese contexto, en los últimos días se han producido nuevos movimientos de embarcaciones desde la costa africana coincidiendo con la visita del Papa, aunque la relación está por confirmar. A pesar de eso, las cifras globales siguen muy por debajo de las registradas durante los momentos más críticos de la crisis migratoria reciente, los especialistas en seguridad recuerdan que la Ruta Canaria se caracteriza por fuertes oscilaciones y episodios de repuntes repentinos.

La presencia de León XIV también ha adquirido una dimensión institucional. Las administraciones locales y autonómicas han desplegado importantes dispositivos de seguridad y movilidad para acoger los actos previstos en Tenerife y Gran Canaria. En Las Palmas de Gran Canaria se esperan decenas de miles de asistentes a la misa presidida por el Pontífice, mientras que los encuentros relacionados con la migración son uno de los puntos centrales de la agenda.

Más allá de las cifras, el viaje pretende poner rostro a una realidad que afecta a miles de personas. La Ruta Canaria cumple ya más de tres décadas como corredor migratorio entre África y Europa. Durante ese tiempo, el archipiélago ha alternado periodos de relativa calma con episodios de intensa presión migratoria, convirtiéndose en una frontera permanente de la UE.

La visita de León XIV se produce en un momento singular: mientras las estadísticas muestran un descenso de las llegadas, el debate sobre las causas de la migración, la protección de las fronteras y la muerte de personas sigue vigente.

© EFE

Varios inmigrantes descansan en el muelle de Arguineguín tras ser rescatados por Salvamento Marítimo en Gran Canaria el pasado diciembre

La realidad de las 600 narcolanchas que los capos de la droga usan como armas contra la Guardia Civil en Andalucía

16 May 2026 at 05:00

A mediados de noviembre de 2024, Rafael Sánchez (Jerez de la Frontera, 1980) salió a patrullar como el resto de días. Enfundado en su traje de la Guardia Civil, se montó junto a sus compañeros en una embarcación del Instituto Armado para vigilar la desembocadura del Río Guadalquivir, uno de los puntos más calientes del narcotráfico en el sur de la Península. A lo lejos, los agentes divisaron cinco narcolanchas cargadas de hachís que venían hacia ellos. Cuatro viraron a la derecha, «como marca la ley marítima» para evitar accidentes, explica a LA RAZÓN desde la playa de Chiclana de la Frontera. Pero una de ellas decidió saltarse la norma y fue directamente a por los guardias. «Vi la muerte», afirma mientras pone la vista en las olas, que rompen mansas. A 130 kilómetros por hora sobre el agua, el resultado del «accidente laboral, como algunos políticos lo llaman ahora», fue una lesión en la vértebra L5-S1 que no le ha permitido trabajar desde entonces. Este pasado jueves pasó el tribunal médico que debe valorar si está incapacitado para volver a prestar servicio vestido de verde. Quiere dedicarse a la abogacía, «no precisamente para defender a narcotraficantes», bromea.

La de Sánchez es una de las cientos de agresiones, físicas y verbales, que sufren los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en su día a día en la lucha contra la entrada de droga. Al menos él lo puede contar. En los últimos dos años, cuatro guardias civiles han perdido la vida mientras se enfrentaban a las «gomas», como se les llama a estas embarcaciones ilegales que pueden alcanzar los 15 metros de largo, los 500 caballos de potencia y preparadas para llevar hasta 5.000 kilos de droga de una tacada. En febrero de 2024, Miguel Ángel González y David Pérez fueron arrollados repetidas veces en el puerto de Barbate por una de estas naves rápidas hasta causarles la muerte. Otro guardia terminó con heridas de gravedad. Las narcolanchas, cuando no embisten, son cuchillas que surcan las olas con el objetivo de quitar del mapa a algún guardia civil.

Aunque la droga nunca se va, los problemas de la Benemérita para enfrentarse a los narcos se han vuelto a poner de manifiesto hace una semana. En Huelva –hacia donde se ha desplazado la entrada de los fardos gracias a la presión policial–, dos embarcaciones del Servicio Marítimo perseguían a una motora. Eran una Aister HS60, la más moderna y rápida con la que cuentan los agentes, y una narcolancha incautada. Durante la persecución, las dos chocaron, provocando el fallecimiento de Germán Pérez y Jerónimo Jiménez. En estos momentos hay una investigación interna para dilucidar lo ocurrido, y un juzgado tiene abierta la vía penal, pero los agentes lo tienen claro. «El piloto hizo una maniobra evasiva para generar olas, que nuestra embarcación saltase y chocasen. De accidente laboral nada de nada», resume el portavoz de Jucil en Cádiz, Agustín Domínguez. Los otros dos muertos por narcolanchas fueron un militar de la Guardia Nacional Republicana (GNR) de Portugal en octubre del año pasado, y un menor de nueve años en 2018. Era el hijo de un importante narcotraficante, y una «goma» lo arrolló cuando estaba en una embarcación de recreo. Provocó un cisma entre distintos clanes de Cádiz.

Habla Rafael Sánchez, el agente que sobrevivió al impacto de una «goma» a 130 kilómetros por hora. «El problema es que estamos atados de pies y manos legislativamente. Lo único que podemos hacer es perseguirlos y darles el alto, pero ellos no se van a parar. Es imposible abordarlas, tenemos que esperar a que se les rompa un motor». Los agentes reclaman al Ministerio del Interior «seguridad jurídica» para poder disparar a los motores de las narcolanchas para detenerlas, pero el departamento de Fernando Grande-Marlaska «no quiere ni oír hablar de ello», explican mandos policiales. Hace un año, se planteó la posibilidad de desarrollar una norma para actuar de esta manera. Fue en una mesa de coordinación regional del Plan Especial del Campo de Gibraltar, activo desde 2018, pero el entonces secretario de Estado de Seguridad, Rafael Pérez, lo rechazó porque «la sociedad no lo entendería». El problema es que el fondo de las embarcaciones de la droga son un enorme depósito de gasolina, donde caben hasta 1.500 litros de combustible. «Un simple chispazo las haría saltar por los aires», resume el portavoz de Jucil, Agustín Domínguez. La imagen de barcas explosionando es una foto que Interior no puede permitirse.

Chiclana, centro del petaqueo

En los últimos años, la Fiscalía Antidroga ha puesto el foco en el fenómeno del «petaqueo», una actividad fundamental para el narcotráfico. Se trata de pequeños barcos que parten de la costa hacia mar adentro, en busca de las narcolanchas que fondean a unas 10 o 15 millas náuticas. Van allí a abastecer de gasolina, ya que los motores fueraborda de cientos de caballos no se apagan nunca, a la espera del momento perfecto para ir a recoger la mercancía de naves nodrizas y meterla en las playas gaditanas.

Chiclana de la Frontera, donde se realiza este reportaje, se ha convertido en un punto clave de estos trabajos. El jueves, la Guardia Civil se hizo con cientos de garrafas a bordo de varias naves. Este municipio de Cádiz se levanta sobre varios humedales. En ellos se producen varios caños que salen del principal, el de Sancti-Petri. Un laberinto donde perderse es lo primero que hace un recién aterrizado. «Los tienen estudiados, saben por dónde tienen que tirar para ir sacando la droga», explica Domínguez. Junto a lo sinuoso del terreno, la vegetación hace el resto para dar cobertura a los narcos. Las cañas hacen imposible ver qué hay detrás de ellas. «Podría haber una «goma» ahí mismo y nosotros no verla. Las escuchamos, pero es imposible encontrarlas», sigue el agente de la Guardia Civil, natural de Chiclana y conocedor a la perfección de la situación. El dron de LA RAZÓN, por suerte, verifica que no hay moros en la costa. Estas aeronaves no tripuladas son otras de las reclamaciones que piden los guardias de la zona, precisamente, para localizar las lanchas.

Durante el último temporal que azotó Chiclana, los expertos pudieron hacer un censo no oficial del número de «go fast» que hay en el municipio, unas 100 activas. El último informe del Departamento de Seguridad Nacional, gracias a los trabajos de la Armada, calcula que existen unas 600 operando en la «vía atlántica» de la droga, que incluye las Islas Canarias. Pero la mayoría están en el Estrecho de Gibraltar. Su prohibición en 2018, así como los trabajos policiales, han obligado a los narcos a refugiarse en las costas de Marruecos o en las aguas internacionales que separan ambos países. Menos de 14 kilómetros en su punto más cercano que tardan minutos en recorrer. El mismo documento abunda en el aumento de la violencia por parte de las organizaciones, usando habitualmente armas de guerra o las propias narcolanchas contra los agentes de la Guardia Civil.

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Narcolanchas en Cádiz
© Gonzalo Pérez Mata

© La Razón

Narcolanchas en Cádiz

© La Razón

Narcolanchas en Cádiz

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