La próxima gran cita tenística es Wimbledon. A la espera del gran torneo, esta semana se está jugando, en lo que al circuito masculino se refiere, en Sttutgart y Hertogenbosch.
En Alemania, Bublik juega una semifinal con Fritz y Lehecka la otra con el ganador del Shelton-Shimabukuro. En los Países Bajos, Mannarino y De Miñaur juegan una semifinal y Majchrzak espera al vencedor del Medvedev-Cilic (6-2 y 3-6), suspendido por la lluvia. La próxima semana será el turno de los ATP 500: Queen's y Halle. En la semana previa a Wimbledon hay actividad en Mallorca y Eastbourne.
La gira de hierba es la más corta del circuito, pero su último torneo es el más emblemático. Los tenistas están enfadados por el reparto del dinero. No es que reciban poco en total, pero se quejan de que si el negocio da, por ejemplo, 100 y ellos son los que lo hacen posible, los protagonistas, no puede corresponderles sólo dieciséis de esos cien.
Generoso Wimbledon
Las quejas fueron notorias en Roland Garros. Wimbledon ha hecho oficial el dinero en premios para 2026, y ha tirado la casa por la ventana. El total de 64,2 millones de libras esterlinas (unos 74,41 millones de euros) supone un aumento del 20 % con respecto a 2025.
Pero vamos a las cifras concretas, que son iguales para hombres que para mujeres:
Para el campeón y para la campeona, 3.600.000 (unos 4,17 millones de euros, un 20% más que el año pasado, que era 3.000.000 libras esterlinas). Para el finalista, 1.800.000 libras esterlinas; a los que caen en semifinales 900.000 libras esterlinas (16 %), en cuartos, 480.000 libras esterlinas (20 %), en octavos, 300.000 libras esterlinas (25 %), en tercera ronda 185.000 libras esterlinas (23 %), en segunda ronda 126.000 libras esterlinas (26 %) y primera ronda 80.000 libras esterlinas (21 %).
El primer Mundial con 48 selecciones arrancó en el Estadio Azteca, uno de esos campos en los que el fútbol se hizo grande y legendario, el primero que alberga tres Copas del Mundo diferentes. Ahora se llama Estadio Ciudad de México, pero siempre será el Azteca, el lugar en el que Pelé levantó su tercer Mundial con Brasil, en 1970; y en el que Maradona conquistó el suyo y el segundo de Argentina, en 1986.
A ese estadio le hizo una canción Marcelo Scornik y la cantó Andrés Calamaro. En ese estadio, además, el «Pelusa» hizo la trampa más famosa y perdonada de la historia, la mano de Dios la llaman incluso, al meter un gol con la mano a Inglaterra en los cuartos de final de ese 1986; y también logró el gol de los goles, el gol más icónico de la historia del fútbol, en el mismo encuentro, el tanto del «Barrilete cósmico, de qué planeta viniste».
El Azteca es «el lugar donde se coronan los reyes», como suelen decir. En 2026 no se coronará ninguno, ni Messi ni Lamine Yamal ni Cristiano Ronaldo ni Vinicius ni Harry Kane ni quien sea que gobierne la pelota las próximas cinco semanas, porque el emblemático estadio albergó la ceremonia inaugural, pero no será el escenario de la final. Es más, este campeonato con tres países sede no es equitativo: México acogerá 13 partidos, Canadá otros 13 y Estados Unidos el grueso, 78.
La ceremonia inaugural del Mundial de 2026 no va a pasar a la historia como uno de los mejores momentos vividos en el Azteca, pero es que las inauguraciones de los Mundiales no son lo mismo que las de los Juegos Olímpicos, entre otras cosas porque hay que cuidar el césped para jugar justo después. Las actuaciones musicales fueron de Maná, Danny Ocean, Belinda, J. Balvin, Shakira y Burna Boy y el mensaje que se quiso mandar es que «el fútbol une», aunque haya una contradicción si se tiene en cuenta un aspecto: el precio de las entradas.
Claudia Sheinbaum, la presidenta de México, no acudió a la inauguración y ha asegurado que no irá a ningún partido. En su lugar fue Yolett Cervantes Cuaquehua, joven de una comunidad indígena. Ganó un concurso organizado por el gobierno. El motivo oficial de la ausencia era la queja por los muchos mexicanos que no podrán acudir al estadio por lo que cuesta entrar. El precio inicial de las entradas era a partir de 140 dólares, pero la cantidad fluctúa en función de la demanda. Para ver el España–Cabo Verde, por ejemplo, ya son 500 dólares y para la final se está llegando a casi 11.000 dólares. Sheinbaum sí recibió a Gianni Infantino y a representantes de federaciones y confederaciones en el Palacio Nacional. El presidente de la FIFA defendió el precio de las entradas. Aseguró que si fuera más bajo se beneficiarían terceros con la reventa y que el promedio bajaba de los 500 dólares, algo similar a otros eventos de postemporada en Estados Unidos.
Después del calentamiento de México y Sudáfrica, que disputaron el partido inaugural, llegó la segunda parte de la ceremonia, con Salma Hayek dando paso a la entrada de las banderas de todos los participantes y Andrea Bocelli y la surcoreana Ejae poniendo el broche final.
Entonces, apareció Infantino al lado de Salma Hayek y mostraron la Copa, la que todos quieren levantar el 19 de julio, lo que daba por fin el pistoletazo de salida al Mundial. El estadio se llenó de humo y los sombreros mexicanos, que se habían repartido a todos los espectadores, volaron por el aire. Era la hora de dar paso al fútbol.
México había sido el protagonista del partido inaugural de un Mundial en siete ocasiones (alguna de ellas de forma compartida, porque se jugaban varios encuentros a la vez), y el resultado era de cinco derrotas y dos empates. A la octava, pudo alegrar por fin los corazones de sus aficionados con una victoria ante Sudáfrica en el emblemático Estadio Azteca. Por momentos, la grada, las más de 80.000 personas que lo llenaron, gritó al unísono la canción «Cielito lindo»: «Ay, ay, ay, ay, canta y no llores...»
El cántico podía ir dirigido a Williams, portero de Sudáfrica, que no midió el riesgo cuando en el arranque del juego desde atrás pasó a su compañero Yaya Sithole. El mediocentro recibió de espaldas algo agobiado, sufrió la presión de Erik Lira y dejó la pelota en los pies de Quiñones, que no perdonó la oportunidad de convertirse en el primer goleador del Mundial 2026.
Repitió el mismo error varias veces Sudáfrica, pero México no supo volver a castigarlo. Y cometió algún fallo más gordo porque Sithole, otra vez él, en uno de esos días que pasa de sueño a pesadilla, vio la roja al derribar a Brian Gutiérrez cuando encaraba la portería. Fue al borde del área, por tanto no penalti, pero sí expulsión. El partido que ya estaba difícil para los africanos se puso imposible.
Después del primer tanto, México tampoco fue una selección dominadora. Al encuentro le faltaba el ánimo que sí había en las gradas. Se movía constantemente en zonas inocuas, especialmente para Sudáfrica, que parecía inofensiva. El equipo de Javier Aguirre al menos se asomaba de vez en cuando, especialmente cuando Raúl Jiménez entraba en acción. Quiñones rozó el doblete con un lanzamiento al poste antes del descanso.
En superioridad, el duelo ya sí se convirtió en un monólogo de México, en un partido sólo de ida esperando que los goles fueran cayendo. Todavía el público silbó alguna ocasión en la que los suyos movían la pelota demasiado lento, pero no dudó en celebrar el segundo tanto, de Raúl Jiménez, con esa cabeza que lleva protegida con una cinta después de la fractura de cráneo que sufrió en un partido en 2020.
El «Canta y no llores» volvió con fuerza, pero fue interrumpido cuando el árbitro fue al VAR a revisar un manotazo de Zwane a Alvarado y entendió que merecía la expulsión. México perdió después a César Montes. El duelo se cerró con dos goles y tres rojas.
Así hemos vivido el México - Sudáfrica (Grupo A): partido inaugural del Mundial 2026
A la hora de analizar los discursos, los mensajes y los gestos de León XIV hay que enmarcarlos en la coherencia de una doctrina que ni ha cambiado ni puede cambiar. Es coherente con el apostolado de Jesús. No se puede ser cristiano sin sentirse sobrecogido por la situación de los más desfavorecidos, así como por las injusticias en un mundo que no es perfecto. La izquierda política y mediática tiene por costumbre hacer siempre interpretaciones parciales o aprovechar cualquier oportunidad desde una concepción excluyente. Estaría muy bien que cuando muestra ese fervor hacia el Santo Padre lo acompañara, precisamente, de un mayor respeto hacia lo que significa y ha significado la Iglesia en la Historia. No voy a pretender que se conviertan, algo que sería muy positivo, pero al menos que sean coherentes con el conjunto de una Doctrina que es un camino de bondad, solidaridad e igualdad. Es superior a cualquier ideología o planteamiento partidista, aunque ni puede ni pretende ser nada más y nada menos que lo que es. No se trata de caer en un planteamiento teocrático o un clericalismo. Al final, sirve para plantear cuál es el sentido de nuestra existencia. El Papa se ha reunido en Canarias con migrantes, voluntarios y trabajadores vinculados a las labores de acogida y rescate. Lo ha hecho con la sensibilidad evangelizadora que le caracteriza y animando a seguir ofreciendo «acogida, escucha, cercanía y cuidado de los más débiles». El fenómeno migratorio tiene una enorme trascendencia y está provocando tensiones y problemas en toda Europa, aunque es bueno recordar que la Historia de la Humanidad no se entiende sin las migraciones que están en su origen. Lo han sido de todo tipo y son las que han transformado el mundo. Es importante tener en cuenta que una «generosa labor de caridad y misericordia» no entra en contradicción con actuar en los países de origen para conseguir que nadie tenga que abandonarlos por necesidad económica o huyendo de la violencia. El problema es que Europa hace muy poco en este sentido. Otro aspecto que es fundamental es la lucha contra las mafias que se enriquecen con la migración y la trata. No hay respuestas fáciles a problemas tan complejos, pero son los que deberían afrontar con seriedad, rigor y eficacia los políticos.
Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
Haití va a disputar por segunda vez un Mundial. El anterior fue hace 52 años y al actual se ha clasificado con todo en contra, pues ha tenido que disputar los partidos como local fuera de casa, entre Barbados, Aruba y Curaçao, por la inestabilidad de un país que está tomado por las bandas armadas. El capitán es el portero Johny Placide, que juega en la Segunda francesa y que hace 18 años tuvo un momento de gloria. Se le conoce como el «verdugo de Hugo Sánchez» porque una gran actuación suya impidió a México estar en los Juegos de Pekín 2008, una decepción que supuso el principio del fin del exdelantero del Atlético y del Real Madrid como seleccionador.
El partido acabó 5-1, pero la «Tri» necesitaba un gol más que no logró ni de penalti. Haití tiene muy complicado puntuar en un grupo con Brasil, Escocia y Marruecos. Estar en el Mundial ya es una hazaña.
En Brasil ya conocen la retranca de Carlo Ancelotti. «¿Sabes lo que decimos en Italia? Si mi abuelo tuviera ruedas, sería un carro», contestó el seleccionador, con la ceja apuntando al cielo, cuando le preguntaron si habría convocado a Neymar en el caso de haber sabido que la lesión que sufre es un esguince de grado dos. La decisión de convocar al emblemático futbolista ahora del Santos, después de todas las lesiones que ha tenido en los últimos tiempos y que llevaba desde octubre de 2023 sin vestir los colores de la «canarinha», es un riesgo medido del entrenador italiano. Neymar siempre será debate, si juega o si no juega, pero Carlo considera que la ascendencia que tiene en el grupo, aparte de su calidad futbolística, da más de lo que pueda quitar el ruido a su alrededor. Los gritos en la sala de prensa cuando pronunció su nombre dieron la vuelta al mundo. La casualidad también se lo ha puesto un poco más fácil a Carletto, ya que Rodrygo y Estevao se pierden la cita por lesión, y sus plazas tenían que ser ocupadas.
La espera de Brasil
Ancelotti ha sido habitualmente un técnico que apuesta por la experiencia y por los veteranos, en caso de duda, y le ha ido muy bien en los clubes en los que ha estado. Esta vez, la primera al frente de equipo nacional, el italiano está ante uno de los mayores retos de su carrera, porque no se trata de una selección cualquiera. Ya se sabe que en Brasil más que en ningún otro sitio el fútbol es mucho más que un juego, es una cuestión casi de vida o muerte, y 24 años sin levantar la Copa del Mundo son demasiados. Tanto tiempo lleva, que si esta vez no lo consigue firmará un récord negativo. El primer Mundial se disputó en 1930 y Brasil no ganó hasta 1958, pero hay que tener en cuenta que dos ediciones no se disputaron por la Segunda Guerra Mundial. Repitió en 1962 y también se impuso en 1970 con una selección de leyenda con Pelé al frente. Ahí llegó el primer salto de 24 años, hasta 1994, cuando la «canarinha» se reinventó a las órdenes de Parreira para convertirse en un grupo menos alegre sobre el verde, aunque tenía en sus filas a Bebeto y Romario, más sobrio, pero campeón al fin y al cabo. El quinto y último título llegó en 2002, de la mano de Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho. Desde ahí se llega hasta hoy, el segundo paréntesis de 24 años en el que Brasil ni ha ganado ni ha estado cerca de hacerlo. Solo se ha clasificado una vez para semifinales y el resultado fue una catástrofe que todavía les duele: la derrota por 7-1 contra Alemania en 2014, además en casa, en el Estadio Mineirão.
Ojo a Paquetá
La duda en Brasil no está en su poderío ofensivo: tiene la habilidad de Neymar, la velocidad de Vinicius y el trabajo y las carreras al espacio de Raphinha. El problema puede estar en lo que suceda un poco más atrás. Casemiro, otro de los hombres de confianza de Ancelotti, y Bruno Guimarães aportarán el equilibrio en el centro del campo, pero el futbolista clave puede ser Paquetá, que ha vuelto al Flamengo después de su paso por Europa (Milan, Lyon y West Ham). Tiene que ser el jugador que actúe de pegamento, el que haga llegar balones con ventaja a los delanteros, como demostró en el amistoso ante Panamá que, eso sí, es una selección floja.
Experiencia y juventud
La palabra para definir la defensa es experiencia: Marquinhos (32 años) llega tras ganar la segunda Champions seguida con el PSG, y está descansado porque Luis Enrique lo ha dosificado a la perfección durante el curso para tenerlo listo en los partidos exigentes. A su lado en el centro de la zaga estará Gabriel (28), que fue su rival en la final de la Copa de Europa (y quien falló el penalti definitivo del Arsenal en la tanda).
La juventud la ponen dos delanteros menores de 20 años: Endrick, del Real Madrid, y Rayan, del sorprendente Bournemouth dirigido por Andoni Iraola, el flamante nuevo entrenador del Liverpool.
León XIV ha superado cualquier expectativa. Ha reafirmado su liderazgo mundial con este largo e intenso viaje a España, que es sin lugar a dudas la nación más importante en la Historia del Catolicismo. Es algo sobre lo que el Santo Padre era consciente, pero que sobre todo conoció por su experiencia en el otro lado del Atlántico. Su labor misionera le permitió profundizar, al margen de la ignorancia de aquellos que critican la huella hispana en América, la labor evangelizadora y cultural realizada desde el Descubrimiento. La ignorancia se cura viajando, porque no hay nada mejor que visitar esos países hermanos y relacionarse con los descendientes de los pueblos originarios para entender que siempre se buscó el desarrollo y la integración. Es un proceso que se ralentizó, desgraciadamente, con las guerras civiles que se vivieron en los antiguos virreinatos cuando las élites dirigentes, ayudadas por los ingleses, iniciaron el proceso de separación de la Monarquía Hispánica. No hay duda de que es más ajustado a la realidad histórica referirse a unas guerras civiles que a una independencia que no quería una gran parte de la población que era leal a España. Hay que felicitarse por la respuesta generalizada de la sociedad española y sus instituciones ante esta histórica visita. León XIV ha mostrado que es un hombre de Dios sensible, intelectualmente muy sólido y con una proximidad que desconocíamos. El recibimiento que ha recibido, no hay duda de que le ha emocionado. Los sucesivos mensajes que ha lanzado son claros, directos y profundos, mostrando que su Papado se inscribirá entre los más trascendentes de la Edad Contemporánea. Ese liderazgo moral, con ese cierto aire de timidez que muestra ante el fervor que desata su figura, es muy importante en estos tiempos tan turbulentos y complejos. Desde su elección, me resultó muy interesante su trayectoria académica y pastoral. En lo primero, se muestra la solidez de su mensaje y una cabeza extraordinariamente ordenada, fruto de su formación como matemático. La humanidad que destila es coherente con su trayectoria como misionero. El haber trabajado entre los más desfavorecidos imprime carácter, pero lo hace desde el equilibrio, la justicia social y el progreso tanto personal como colectivo. Sus funciones como obispo y posteriormente como prefecto del Dicasterio para los Obispos le dieron la experiencia que le faltaba para asumir el Papado.
Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
La izquierda y la derecha mediática acomplejada coinciden en que el PP no tiene que gobernar con Vox. Es habitual escuchar a tertulianos o leer a columnistas demonizando al partido de Abascal, como le gusta, por cierto, a Sánchez. Les gusta criticar a Ayuso, algo que es difícil de explicar, pero supongo que todos tenemos nuestras manías. Es algo habitual en los medios públicos del sanchismo. Hemos visto que son los mismos que se preguntan por qué los diputados y los senadores aplaudieron durante más de siete minutos al Papa tras un discurso en el que defendía el derecho a la vida y la libertad educativa. Afortunadamente, las leyes se cambian a golpe de mayorías, pero, además, pueden ser malas, aunque hayan obtenido un amplio apoyo parlamentario. Con un enorme desconocimiento de la realidad de la Iglesia, consideran que es el jefe del Estado de una teocracia y un monarca absoluto. No solo es una muestra de ignorancia, sino que es, simplemente, interpretar la estructura de la Iglesia como si fuera un sistema u organización política.
Es fácil preguntarse por qué existe este absurdo complejo frente a Vox. La realidad es que es un partido democrático que respeta la Constitución y el ordenamiento que la desarrolla. Cuenta con gente muy bien formada, pero han decidido llamarla ultraderecha, mientras que Sumar, Podemos y Bildu son la izquierda. No hay que sorprenderse. Es una estrategia global y es lo que sucede en Iberoamérica con los seguidores del Grupo de Puebla. Los españoles han hablado alto y claro en las elecciones que se han celebrado. La victoria del PP y Vox ha sido demoledora para la izquierda. A pesar de ello, esa colección de antiayusistas persiste en promover las habituales chorradas propagandísticas de La Moncloa. Mañueco ha vuelto a ser investido presidente de Castilla y León, pero siempre parece que el PP está solo porque cuenta con el apoyo de Vox y le rechaza el resto de los partidos. Es como una broma. En este caso, el nuevo Gobierno contará con 47 diputados a favor frente al rechazo de 35, aunque Por Ávila es una escisión de los populares. Creo que los números dejan muy claro la inconsistencia de los que critican los pactos entre las dos formaciones.
Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
Mikel Oyarzabal ha marcado 18 goles en 40 partidos en una temporada histórica para la Real Sociedad, que ganó la Copa del Rey. Todos los encuentros los jugó como delantero centro. Es algo que ahora no llama la atención, pero no siempre ha sido así. De toda la vida ha sido un jugador con buen pie, que participaba más partiendo desde los costados o como enganche, como mediapunta, pero en España ha encontrado un sitio como punta fijo. Los números que ha hecho con la Real sólo son «malos» si se los compara con los que tiene con la selección. En sus últimos once partidos ha marcado doce goles, incluido uno en el amistoso contra Perú previo al Mundial que comienza mañana. Apenas necesitó 101 segundos para enganchar un disparo desde fuera del área y abrir el marcador de un encuentro disputado en la madrugada española que acabó 1-3 (el gol de Perú fue de Jairo Vélez y los otros dos de España, de Pedri y en propia puerta de Pedro Gallese). También dejó entrever Luis de la Fuente el once que puede debutar en la Copa del Mundo ante Cabo Verde, con Unai Simón de portero, Llorente y Cucurella en los laterales, Cubarsí y Laporte en el centro de la defensa, Rodri, Pedri y Fabián en el medio campo, Ferran y Baena en los extremos (a la espera de cómo evolucionan Lamine Yamal y Nico) y Oyarzabal como «nueve».
Esos doce goles además los ha repartido muy bien, pues sólo se quedó en blanco contra Turquía en la fase de clasificación para el Mundial, aunque repartió tres asistencias, y en las semifinales de la Nations League contra Francia, pero dio dos pases definitivos. Eso muestra que su influencia ofensiva va más allá de la puntería que tenga ante las porterías rivales.
Oyarzabal sólo fue titular en un partido de la Eurocopa de 2024 que ganó España, el último del grupo contra Albania. No lo hizo en punta, lo hizo partiendo desde la izquierda, con Joselu más adelantado. El delantero centro titular en el torneo continental fue Morata. En cuartos contra Alemania, Mikel empezó en el banquillo y entró en los minutos finales para sustituir a Morata, lo mismo que en semifinales ante Francia y en la final contra Inglaterra, contra quien marcó el gol que hizo a la Roja campeona, metiendo la puntera del pie talla 47 que calza.
Morata fue desapareciendo poco a poco de las convocatorias, tras una mala temporada en el Como. El puesto de delantero ya era para Oyarzabal estando los dos en la lista. No es una posición que le sea desconocida, ni mucho menos. Nace casi en el primer momento que cruzó su camino con Luis de la Fuente.
De la Fuente - Oyarzabal: desde la sub'19
El actual seleccionador absoluto conoce a Oyarzabal desde hace mucho, desde que lo dirigió en la sub’19 en 2016. En esa categoría jugó cuatro partidos, uno de mediapunta y tres de extremo derecho. En la sub’21 siguió contando con él y principalmente lo colocó por la parte izquierda, pero en la Eurocopa de esa categoría en 2019 ya fue delantero en los tres partidos decisivos: el último de la fase de grupos, las semifinales contra Francia, en las que marcó un gol (4-1), y la final contra Alemania (2-1), con asistencia de Mikel a Fabián. El otro tanto lo logró Dani Olmo, y quien le dio el pase decisivo fue el propio Fabián. Los tres están ahora en el Mundial. En aquel equipo campeón sub’21 también estaban Unai Simón y Mikel Merino. «Nos conoce muy bien a todos, ha coincidido prácticamente con todos en las categorías inferiores y sabe lo que cada jugador en cada momento le puede dar. Eso es muy importante a la hora de decidir. Tiene ese momento de decir o ver qué jugador puede ayudarte más o menos», afirma Mikel de Luis de la Fuente. «Cuando eres joven poder tener a una persona como Luis es muy importante. Es cercano y transmite confianza. Todo lo bueno que le pase a él será también una alegría para nosotros, así que estoy muy feliz de haber podido compartir todo ese tiempo con él. Trato de intentar devolver la confianza que me transmite en el día a día y también en el día del partido haciéndome ver que todo va a salir bien», añade.
Noveno en la lista de goleadores españoles
Oyarzabal dio el salto a la absoluta y en su segundo partido, contra Suiza, Luis Enrique heredó esa posición y siempre lo colocó en punta, aunque no pudo llevarlo al Mundial de Qatar 2022 porque el futbolista sufrió una grave lesión en la rodilla. Se hablaba de «falso 9», pero Luis de la Fuente siempre ha defendido que Mikel es un «killer», un delantero centro. La posición del delantero mentiroso se utiliza para desconcertar, para salir de la zona y que los centrales no tengan un referente, pero Oyarzabal se sitúa en punta y tiene movimientos de punta.
«En el último Mundial me quedé a las puertas y ahora me quedo con el hecho de poder estar y de disfrutar el día a día de la convivencia. Estar aquí ya es increíble. Ojalá pueda marcar goles, pero hay que priorizar que le vaya bien al equipo independientemente de lo individual», afirma el jugador de la Real Sociedad en una entrevista a la FIFA. Los 25 tantos que lleva con la absoluta lo colocan en el «top 10» de goleadores en la historia de España. Es noveno, pero está ya muy cerca de Butragueño (26), Morientes (27) y Fernando Hierro (29). En la cima está Villa (59), otro de los jugadores que marcó en seis partidos seguidos por España. Oyarzabal se ha unido al asturiano, a Pirri y a Hierro.