No puede dejarnos indiferente. España, lamentablemente, ocupa un lugar trágico en el mapa mundial de la pederastia. La magnitud estimada del Defensor del Pueblo es de alrededor de 440.000 niños, niñas y adolescentes víctimas de abusos sexuales en la Iglesia Católica desde los años 40. Un fenómeno sistemático y global, que se ha caracterizado por décadas de encubrimiento institucional.
La respuesta que una sociedad da frente a la pederastia marca su medida democrática y ética. La respuesta debe ser inmediata, contundente y centrada en la protección de las víctimas; garantizando que no quede impune este delito abominable y muy grave que viola los derechos humanos fundamentales. Es inexcusable denunciar y actuar sin demora, incluso ante una sospecha. El silencio o la falta de acción es un acto cómplice. La prioridad es además proteger la integridad y la vida de la víctima, su seguridad física y emocional. Sin olvidar, desde la infancia, apostar por la educación sobre el respeto, la autoestima, la prevención de la violencia sexual infantil y la identificación de señales de riesgo. Incluyendo la concienciación familiar, escolar y comunitaria.
Este horrible atentado a la infancia y la dignidad humana causa un daño profundo y duradero, no solo en las víctimas, también en la sociedad. La condena social debe ser unánime y constante, porque cada estadística es una infancia robada y un dolor que persiste. Cada víctima merece reconocimiento efectivo; merece verdad, justicia, reparación y no repetición.
Recién aterrizada de República Dominicana llego a un Madrid tranquilo y supongo que santificado después del terremoto espiritual que ha provocado León XIV. Algo pude ver desde allí en TVE. Y era impresionante, pero, para máxima impresión, el encendido de la inauguración de la Sagrada Familia en Barcelona. Tan mágico como Harry Potter con esa imagen del arquitecto Gaudí, uno de los genios más grandes de la historia. Convirtió el modernismo catalán en un sueño onírico muy reconocible que solamente él pudo crear.
Su muerte prematura fue muy triste. Atropellado por un tranvía y confundido con un mendigo, hasta el punto de que nadie lo quería llevar al hospital. Ni siquiera le ofrecieron ayuda. Murió a los tres días. Estaba tan metido en su mundo de ensoñaciones que no tenía tiempo para arreglarse. Llevaba su vieja chaqueta sin botones, cerrada con imperdibles grandes. Sin saberlo, intuyó y se adelantó a la moda punk. Terriblemente emotivo fue el momento en el que se ve su cara en el cielo mirando desde allí a la Sagrada Familia, su obra cumbre. Enhorabuena a España por el maravilloso recibimiento y a la Iglesia Católica por la campaña de marketing sustentada por la fe y la alegría de todos.
Mi estancia caribeña ha sido motivada por una invitación del grupo editorial más importante del país y la revista «Ritmo Platinum» en un homenaje al gran modisto Valentino, con una magnífica fiesta en Casa Italia dentro de la ciudad colonial de Santo Domingo, una verdadera joya histórica. Ahí se siente nuestro primer encuentro con América, donde llegó Cristóbal Colón y se creó la primera universidad americana, la primera catedral… y así sucesivamente.
Tuve la fortuna de comer en la casa natal de Oscar de la Renta, un hermoso edificio del siglo XVI. Preciosa también la casa palacio del hijo de Colón y su mujer, María de Toledo, gran defensora de los derechos y la dignidad de los indígenas que allí vivían, los taínos.
Actualmente, la mayoría de la población es negra, muy bella, mezclada con blancos. Nunca los españoles tuvieron ningún complejo creando una bonita raza color canela muy típica de República Dominicana, fuerte y hermosa. Con razón siempre se habla de esta preciosa isla que describió Colón en su cuaderno de bitácora al llegar como «el más bello lugar que jamás haya contemplado la mente humana». Hasta ahí llevamos la lengua de Cervantes y nuestra cultura.
En este homenaje a Valentino presenté un «conversatorio», como se dice allí, sobre moda y el significado de la palabra lujo en estos tiempos. Fue muy interesante y puedo asegurarles que estaba la mejor representación de la sociedad, la cultura y la moda dominicanas. Me llamó la atención la elegancia de hombres y mujeres, la exquisita selección de música y detalles como no poner un photocall lleno de marcas, sin Prensa incisiva preguntando. O la elegancia en gestos tan importante como la invitación en papel dentro de un bonito sobre. Aquí se queda en una invitación por WhatsApp o email, algo absolutamente vulgar que deberíamos corregir.
He vuelto feliz y agradecida por tanto cariño y doy las gracias al trato recibido en el maravilloso hotel Kimpton las Mercedes, que les recomiendo no dejar de conocer si van a Santo Domingo.
Mientras Ferraz mantiene una estrategia de contención y evita acciones judiciales contra la «fontanera», dirigentes territoriales y distintos sectores del partido reclaman que se rompa definitivamente con ella y se eleve el tono de la respuesta ante un escándalo que saben que seguirá creciendo. Hasta los más creyentes en el líder socialista te reconocen hoy que "la situación tiene muy mala salida".
La consigna de desvincular a la exmilitante de la estructura del partido, reducir su papel político y presentar sus actuaciones como iniciativas personales, sin conexión con Ferraz ni con La Moncloa, ya no sirve de muro de contención a Pedro Sánchez, ni tampoco a la organización. Y esto último es lo que explica la desazón que sienten de puertas adentro.
A medida que han avanzado las investigaciones y se acumulan las revelaciones sobre las maniobras para obtener información sensible de mandos de la Guardia Civil, fiscales e investigadores, dentro del PSOE se ha consolidado una línea crítica con la estrategia diseñada por la dirección. Que ya no sirve –según se quejan– para contener el daño político y reputacional.
Así, en estas últimas semanas se han ido multiplicando las voces que califican de insuficiente la distancia que Ferraz marca con su militante. Y son también más los dirigentes territoriales que sostienen que el PSOE debería adoptar una posición mucho más contundente, con acciones legales y una ruptura política explícita, que permitan visualizar ante la opinión pública que el partido no comparte ni ampara ninguna de las actuaciones investigadas.
Sin embargo, Moncloa y Ferraz mantienen una posición «ambigua» que prolonga el desgaste y alimenta la sospecha de que hay zonas que no se quieren aclarar. Cuanto más tiempo permanezca abierta la discusión pública sobre la relación de Leire Díez con distintos ámbitos del PSOE, puntualizan los críticos, más difícil será contener el «golpe», que ya se ve prácticamente irreversible. «Lo que no se explica es porque no se puede explicar».
En Moncloa se justifican con argumentos como el de que una ofensiva directa contra Leire Díez podría generar riesgos todavía mayores, en un marco de grave amenaza política y jurídica. Entre explicaciones contradictorias, que reflejan que hay fallos serios con la política de comunicación, en el mensaje oficial se ha impuesto lo que llaman «la línea de la contención para evitar una escalada imprevisible en un momento especialmente delicado». Por encima de este complicado marco sobrevuela el problema de que nadie sabe con certeza qué información conserva la «fontanera», qué conversaciones pueden aparecer en el futuro o qué nuevas derivadas pueden incorporarse a las investigaciones en curso.
Por todo ello el «caso fontanera» se ha convertido en un factor que condiciona la vida interna de un partido en el que durante años Sánchez ha ejercido un liderazgo prácticamente incontestado. Las derrotas electorales de sus adversarios internos, el control de los órganos de dirección y la ausencia de alternativas visibles le ayudaron a consolidar una estructura de poder extraordinariamente centralizada, y, con esta base de apoyo, la dirección socialista ha intentado, sin conseguirlo, que el debate sobre Leire no se transforme en un debate orgánico sobre Sánchez
No lo han logrado porque la crisis ya afecta simultáneamente a varios frentes. El primero es el judicial. Las investigaciones continúan abiertas y mantienen una presión constante sobre la agenda política. El segundo es el institucional. Las referencias a maniobras dirigidas contra miembros de la Guardia Civil, fiscales o investigadores introducen una dimensión especialmente sensible para cualquier Gobierno democrático. La crisis ya no se trata únicamente de un problema partidista porque afecta a la confianza en instituciones esenciales del Estado.
El tercero es el parlamentario. Los socios observan y, aunque ninguno tiene interés inmediato en provocar una caída del Gobierno, todos intentan aumentar su capacidad de presión aprovechando la debilidad estructural del Ejecutivo. Y existe, además, un cuarto frente, probablemente el más importante, que es el psicológico. La política funciona en gran medida sobre percepciones de fortaleza y debilidad. Durante años Sánchez proyectó una imagen de resistencia casi invulnerable. Así sobrevivió a derrotas internas, elecciones, mociones fallidas, pandemias, indultos, amnistías y crisis parlamentarias aparentemente imposibles.
Ahora, en el «corazón» sanchista inquieta especialmente que empiece a extenderse la percepción de que el presidente ya no controla los acontecimientos. De momento, no pueden ya frenar que entre los aliados parlamentarios se instale la convicción de que Sánchez presentará los Presupuestos solo como un programa electoral, con vistas a utilizar su derrota en el Congreso como excusa para convocar las generales. Que cada vez ven más posible en marzo del año que viene. Dicen que Sánchez ya sólo busca poder liderar el bloque actual desde la oposición.
Desde que sufriera un accidente de coche cuando era solo una niña, la adolescente Belén (luminosa Mafalda Carbonell) debe utilizar una silla de ruedas, algo que, lejos de resultar para ella un hándicap, utiliza a su real antojo, por ejemplo, para colarse en las discotecas, aunque todavía sea menor de edad. Quedan solo tres meses para acabar el bachillerato y, junto a sus inseparables amigas, únicamente piensan en el viaje fin de curso.
Y Belén, que huye del victimismo como si fuera el demonio, y aunque en un principio pueda parecer un personaje antipático y marisabidillo, sabe que será el último que harán juntas, porque luego cada una tomará diferentes caminos lejos de donde viven. Menos Belén, que tiene miedo a quedarse sola y que, por mala conducta y para intentar enderezarla, acaba en un club de atletismo donde conoce a Laura, una enérgica y vitalista atleta paralímpica que la ayuda a madurar.
Dirigido por la debutante en el largo Beatriz de Silva, un filme divertido, fresco como una lechuga y algo gamberrete (los diálogos a veces subidos de tono de las chicas, las escenas de sexo..). Pero, claro, ¿quién no fue joven alguna vez?
Lo mejor: La manera tan natural en que trata la condición de su rebelde protagonista
Lo peor: Quizá el final de la película suene un tanto previsible; bueno, lo del baño no...
Un matrimonio de los de toda la vida. De toda la, a veces, no tan compartida vida, aunque ambos se crean felices, ella, un poco menos, pendiente del marido cada uno de los días, una existencia volcada en cubrir cualquier necesidad aunque el otro apenas le de a nada importancia: en preparar la ropa limpia que se pondrá tras la ducha, en preguntarle de noche qué quiere cenar, en aguantar noches de sexo sin sexo, aunque al tipo, cerca del cumpleaños de su pareja, no se le ocurra mejor regalo que una coctelera. Una coctelera para alguien que no bebe.
Y, tras la muerte de la esposa, Guillermo, ex neurocirujano, jubilado de polvos urgentes y egoístas, se da cuenta de pronto que no sabe estar solo, ni poner una lavadora, ni siquiera cómo carajo se tira la basura. Fruto de una educación machista, al igual que tantos entonces y hoy un poco menos, y alejado desde hace años de la única hija que tuvo la pareja (y que también está pasando lo suyo), Guillermo se cierra en banda, e incluso intenta buscar a una amante mientras parece que solo las mujeres tienen, al cabo, la clave para que no termine cortándose las venas. Un filme sencillo (a veces, demasiado), con sentido del humor, apenas sin dobleces, de final predecible y a vueltas con el concepto de nueva masculinidad, tan alejado de aquellos «hombres verdaderos» que, decían, debían vestirse por los pies aunque los pantalones siempre los planchasen sus calladas señoras.
Lo mejor: Su buen reparto, que encabeza un Carlos Olalla entregado y muy convincente
Lo peor: Propone temas interesantes y actuales, pero debería haber profundizado más en ellos
La cuarentona Edith, periodista soltera cuya madre, con quien vive, recientemente ha comenzado a padecer demencia senil, deció hace casi cinco años tener un hijo gracias a un donante. Y ama al pequeño, pero poco a poco le acaba agotando esa soledad casi absoluta para cubrir las necesidades del niño, que solo quiere regalos dignos de un coleccionista, y de la anciana que cada vez sufre más lagunas mentales y le echa en cara que el caracter de la joven se agrió desde que tuvo al crío. Pero, sobre todas las cosas, Edith comienza a pensar de manera obsesiva en el hombre gracias al que pudo quedar embarazada, cuyo anonimato acaba derrumbándose cuando una amiga le revela de manera inesperada la identidad del tipo. Alguien inteligente, disléxico, casado, que un día decidió vender su semen porque le ilusionaba pensar que allí fuera, alguien llevaba dentro un poco de sí mismo.
Y, entre un zoom y otro, la película muestra a una de pronto resolutiva Edith que decide buscarlo con el pretexto de hacerle una entrevista , ya que se trata de un exitoso desarrollador de videojuegos. La valiente opera prima de Janicke Askevold nos enfrenta a un realista retrato de esa otra maternidad, aquella que, lejos de las imágenes de empalagosas postales y de los estereotipos, acaban muchas veces sumiendo a la mujer en una crisis existencial, en el agotamiendo y las dudas, en un cansancio que parece durará para siempre, mientras que presenta asimismo un debate no menos interesante cuando Edith decide conocer a ese tipo, e incluso ir más allá probablemente, sin que él sepa lo que en realidad los une. ¿Pero qué es eso, al cabo?
Lo mejor: Que plantea un asunto delicado e interesante, así como su excelente protagonista
Lo peor: A veces esa ciega obsesión por conocer al padre de su hijo resulta un tanto excesiva
No hay amenazas explícitas ni declaraciones públicas. Todo funciona de manera más sutil, y tampoco se puede anticipar que de los mensajes que empiezan a repetirse en conversaciones privadas se derive la decisión efectiva de "cantar" en el juzgado. Pero, ante la evolución de la investigación abierta, también la "fontanera" necesita dejar claro que rechaza el papel que otros han empezado a escribir para ella.
El cierre político del caso pasa por convertirla en la única responsable, junto con el exsecretario de Organización socialista Santos Cerdán, de las "cloacas". La estrategia política para defender al presidente del Gobierno es que la "fontanera" es una figura extravagante, que Cerdán les coló para protegerse de sus propios presuntos casos de corrupción, y que Sánchez, según argumentan, cayó "en el engaño" porque quería encontrar una manera de defenderse de esa presunta operación de la derecha con la que explican la corrupción económica e institucional que rodea al jefe del Ejecutivo.
La exmilitante ha comenzado a trasladar a periodistas y a distintos interlocutores un mensaje que en Ferraz y en Moncloa se sigue con atención: no está dispuesta a convertirse en la única responsable de una historia que es mucho más amplia. Y este mensaje ha introducido un nuevo factor de inquietud porque la estrategia de defensa socialista descansa ahora sobre la idea de que Leire actuó por encargo de Cerdán, y, en algunas ocasiones, por cuenta propia.
En privado, dirigentes socialistas la califican con términos muy duros. Hablan de una persona imprevisible, difícil de controlar y capaz de generar nuevos problemas. Pero, precisamente, esa descripción alimenta la incertidumbre porque en el partido nadie sabe qué documentación conserva, qué conversaciones puede acreditar o hasta dónde está dispuesta a llegar si concluye que el partido la ha abandonado.
La paradoja para el PSOE es evidente. Durante semanas ha intentado convencer a la opinión pública de que Leire era irrelevante. Y, sin embargo, cuanto más esfuerzo dedica a desvincularse de ella, más importante se vuelve una pregunta que nadie puede responder. ¿Qué ocurrirá si decide hablar? En política existe una regla no escrita, pero que todos conocen: los problemas más peligrosos no suelen ser los que ya han estallado, sino aquellos cuyo alcance todavía se desconoce. Y hoy, en el caso de las "cloacas", "la principal incógnita tiene nombre y apellidos: Leire Díez", sentencian en el PSOE de Castilla-La Mancha.
Reunión González-Page
Por cierto, esta fotografía que compartirán la próxima semana Emiliano García-Page y Felipe González trasciende con mucho el ámbito institucional porque llega en uno de los momentos más delicados para el PSOE, con el partido sometido a una fuerte presión política y judicial. Será interpretada inevitablemente en clave interna ya que ambos representan una sensibilidad crítica con las decisiones que han marcado la actual etapa socialista.
La imagen tiene además un fuerte componente simbólico. González sigue siendo la referencia histórica más influyente del socialismo español y Page es hoy el único dirigente territorial con poder institucional que ha mantenido una posición crítica de forma sostenida frente a la dirección federal. Su coincidencia proyecta la existencia de un espacio dentro del PSOE que reivindica otra tradición política y otra forma de entender la relación del partido con las instituciones y sus socios parlamentarios.
La relevancia de la foto no reside tanto en lo que puedan decir durante el encuentro como en lo que transmite visualmente. Por eso en Ferraz y en Moncloa la atención no estará puesta únicamente en el contenido del acto, sino en el significado político de la conversación que unirá a dos dirigentes que representan autoridad, experiencia y autonomía respecto al núcleo duro del sanchismo.
Las descalificaciones son constantes. En conversaciones reservadas aparecen términos como "loca", "manipuladora", "fantasiosa", "pajarraca" o "mitómana". Otros defensores de Pedro Sánchez están contando, como presunto escudo para el presidente del Gobierno, que exageraba su influencia, que no tenía el poder que decía tener y que construyó una imagen de sí misma muy superior a su peso real dentro de la organización. También dicen que la trama es responsabilidad única del ex secretario de Organización Santos Cerdán, que, supuestamente, habría engañado al presidente del Gobierno presentándole a Leire Díez como alguien que tenía información para desmontar las actuaciones del PP en su contra. Y que Sánchez, en una reacción "comprensible", "dado el acoso a su mujer y a su hermano", cayó en una trampa que, "según parece que podría ser", sólo tenía como objetivo proteger la corrupción de Cerdán.
La máquina de propaganda de Moncloa ha dado un giro de 180º y lo último que está haciendo llegar a sus terminales, para que lo extiendan como la pólvora utilizando para ello sus satélites mediáticos y, por supuesto, RTVE, es un argumentario en el que Sánchez es una pobre víctima de un engaño de Cerdán en lo que, por otra parte, fue una "decisión valiente" del líder socialista para intentar frenar la cacería de la derecha contra Begoña Gómez y David Sánchez.
Así, la estrategia que empieza a abrirse paso es sencilla: convertir a Leire Díez en una figura aislada, una especie de verso suelto que habría engañado incluso a quienes le abrieron las puertas del partido y de determinadas estructuras de poder. Según esta versión, al pobre de Sánchez le habrían logrado "colar" que Leire era una persona capaz de resolver problemas delicados, de manejar información sensible y de actuar en ámbitos donde supuestamente disponía de contactos privilegiados. El relato consiste en sostener que muchos descubrieron demasiado tarde quién era realmente y cómo operaba.
El problema para el núcleo sanchista es que esa explicación choca con una pregunta elemental: si era una figura tan irrelevante, ¿cómo logró acceder a personas, reuniones y ámbitos de influencia que estaban fuera del alcance de la inmensa mayoría de los militantes? Además, nadie dentro del PSOE se cree que ni la directora general de la Guardia Civil ni tampoco otros colaboradores estrechos del presidente, como Antonio Hernando, no le informaran directamente e inmediatamente, nada más reunirse con ella. De hecho, la trama siguió funcionando, a pesar de que Sánchez ha comprometido su palabra: de haberlo sabido, lo hubiera frenado.
Por otra parte, la segunda línea de defensa que empieza a escucharse en determinados círculos gubernamentales está también llena de púas para Sánchez. La tesis consiste en admitir que pudo existir una cierta tolerancia hacia algunas actuaciones porque en Moncloa se consideraba que el entorno presidencial estaba sometido a una ofensiva política y judicial sin precedentes. La investigación sobre Begoña Gómez, los procedimientos que afectan a David Sánchez y la acumulación de causas judiciales contra personas próximas a su persona habrían generado un clima de excepcionalidad dentro del poder.
Sin embargo, el problema que hoy afronta el PSOE es que la frontera entre la defensa política y la presión sobre instituciones del Estado es el núcleo de la crisis. Porque la cuestión ya no es únicamente si Leire Díez exageró su papel o si engañó a quienes confiaron en ella, sino que determinadas actuaciones suyas acabaron afectando a ámbitos especialmente sensibles como la Guardia Civil, la Fiscalía o procedimientos judiciales en marcha.
El relato del PSOE tiene otra quiebra, que irá cogiendo potencia a medida que avanza la investigación de las "cloacas". Cuanto más insisten en presentar a Leire como una persona desequilibrada o manipuladora, más difícil resulta explicar por qué mantuvo durante años relaciones fluidas con cargos relevantes, empresas públicas y dirigentes socialistas. El mismo partido que hoy intenta desacreditarla es el que durante mucho tiempo le permitió moverse en determinados círculos de influencia.
En el PSOE, por cierto, también hay críticos con esta estrategia de defensa. Argumentan que esta campaña de descrédito, radical, conlleva riesgos porque si alguien atesora hoy información sobre las "cloacas" socialistas es, sin duda, quien fue su principal "fontanera".
La subdirectora y responsable de la sección de Nacional de LA RAZÓN Carmen Morodo analiza la visita del Papa León XIV a España, que versa desde el pasado sábado 6 de junio hasta el próximo 12 de junio, cuando abandonará nuestro país tras haber visitado Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife. La subdirectora cree que hay algo "profundamente ridículo", puesto que, tal y como asegura, llevamos años escuchando que vivimos en una sociedad popularizada o que la Iglesia ha perdido influencia, pero con la llegada del Papa a Madrid, todos corren hacia él, tanto la izquierda como la derecha, pasando por nacionalistas o independentistas.
"Lo hacen porque el Papa tiene algo de lo que ellos carecen, autoridad moral, credibilidad y confianza, justo lo que la política ha ido perdiendo con el paso de los años a base de sectarismo, populismo, propaganda o cálculo electoral. Lo más llamativo es que cada uno intenta quedarse con un trozo del mensaje".