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María González: «El Papa se ha convertido en el mejor influencer de Cáritas»

14 June 2026 at 02:00

Si hay una organización que ha estado omnipresente en prácticamente todos los encuentros que León XIV ha mantenido en España ha sido Cáritas. A los testimonios en primera persona de quienes están siendo acompañados por la plataforma social de la Iglesia se suman la voz de anuncio y de denuncia de los voluntarios y trabajadores que han sido escuchados lo mismo en Madrid y Barcelona, que en Canarias. La peregrinación papal ha permitido así visibilizar con rostro y nombre a las más de 2,1 millones de personas a las que ayudan tanto dentro del país como en proyectos de cooperación internacional, destinando más de 486,9 millones de euros. Al frente del día a día de Cáritas Española está María González Dyne, que este año se ha estrenado como secretaria general.

De principio a fin, Cáritas ha estado en un primer plano: del centro para personas sin hogar de Carabanchel al puerto de Arguineguín y más allá. ¿Hay mejor embajador que el Papa?

En la era de las redes sociales León XIV se ha convertido sin lugar a dudas en el mejor influencer de Cáritas. Su gesto de empezar y terminar su viaje con dos de las realidades más preocupantes de nuestro país, las personas sin hogar y las personas migrantes, supone un gran impulso para comprometernos como sociedad para resolver las causas estructurales de la pobreza. El Santo Padre dijo en Cedia que nuestra responsabilidad ante quienes están necesitados no admite demoras.

En no pocas ocasiones, hay quien ha dejado caer que Cáritas es una ONG vinculada a la Iglesia, pero no identificada plenamente. Creo que esta visita ha descartado cualquier duda.

Todos hemos sido testigos estos días de cómo las comunidades cristianas acompañan a pie de parroquia a las personas más vulnerables en sus dificultades cotidianas. Todavía tenemos grabada en la retina la visita del Papa a la parroquia San Agustín en Barcelona en la que Renzo, un niño de siete años, ha preguntado al Santo Padre por qué sus padres trabajan todo el día y sin embargo siempre parecen preocupados. Cáritas somos la Iglesia, no una ONG. Somos la propia comunidad cristiana que sale al encuentro de los que sufren, de los que se encuentran en exclusión social o están en riesgo de pobreza.

¿Verdaderamente cambiará algo en los políticos el hecho de que la Iglesia haya puesto el foco en la realidad migratoria o pasado mañana todo seguirá igual?

No podemos saber cómo Dios actúa en el corazón de cada persona, pero la visita del Papa nos está ayudando a todos como sociedad a ampliar nuestra mirada para poder dar una respuesta que vaya más allá de la mera gestión de los flujos migratorios. Una respuesta que se centre en las personas, en las causas que les obligan a partir y en las posibilidades para una acogida respetuosa y una integración real.

¿Cáritas respalda la regularización de los migrantes porque hace negocio con ellos?

Cáritas respalda la regularización de las personas migrantes por la sagrada e inviolable dignidad que tenemos todos los seres humanos independientemente de nuestro lugar de nacimiento, nuestra religión o condición económica y social. Nuestro trabajo cotidiano nos enseña que la irregularidad administrativa coloca a las personas en una situación de fuerte vulnerabilidad, ya que limita gravemente su acceso a derechos básicos y las expone a múltiples formas de discriminación. Según el IX Informe Foessa, casi nueve millones de personas migrantes viven en nuestro país. La situación administrativa irregular en la que están muchas de ellas provoca que el 68% se encuentre en exclusión social.

Los testimonios que se han escuchado a lo largo del viaje de las personas a las que Cáritas ayuda rompen con el imaginario de la pobreza extrema. ¿Cala en la ciudadanía que la exclusión vive en la puerta de al lado de manera silenciosa?

Lamentablemente, la exclusión es una realidad invisibilizada. Convive con nosotros, tiene rostros muy concretos, pero muchas veces no somos capaces de verla. Muchos de esos rostros son personas que trabajan pero no llegan a fin de mes. Uno de cada diez trabajadores en nuestro país atraviesa hoy esa situación. El 33% de la infancia está en exclusión severa y uno cada cinco hogares encabezados por mujeres están en riesgo de pobreza. Las personas migrantes también se ven afectadas por la marginalidad, ya que su tasa de exclusión triplica a la de la población autóctona. El Papa estos días ha puesto nombre y apellido a estas personas. Hemos podido conocer sus historias durante su visita al centro Cedia, a la prisión de Brians, en tantos testimonios que nos ayudan a caer en la cuenta de que muchas de estas personas pueden estar más cerca de lo que pensamos si aprendemos a alzar nuestra mirada y ver más allá.

En el estadio olímpico de Barcelona también se escuchó el testimonio de dos jóvenes víctimas de la enfermedad mental y de la violencia machista. A Cáritas tampoco le son ajenos estos desafíos sociales…

A Cáritas –como a toda la Iglesia– nada de lo humano le es ajeno. Llevamos muchos años trabajando con estas dos realidades y también con las mujeres víctimas de trata. En el muelle de Arguineguín escuchábamos precisamente el testimonio de una mujer migrante a la que las mafias habían obligado a prostituirse después de quitarle a su hijo recién nacido. Nuestra labor de acompañamiento nos demuestra que estas situaciones suelen permanecer ocultas a los ojos de nuestra sociedad. Esta falta de concienciación social no solo estigmatiza a quienes llegan a nuestros centros, sino que incrementa su vulnerabilidad y el riesgo de exclusión social. Junto al sufrimiento, es esperanzador ver la enorme fortaleza y capacidad de superación que demuestran estas personas que, con el apoyo adecuado, consiguen transformar sus realidades en el día a día y reconstruir su futuro.

¿Qué nota le daría al discurso del Papa ante Las Cortes?

Tomando prestadas las palabras del propio León XIV podemos decir que ha marcado «un golazo para siempre» en las Cortes. Su mensaje ha sido magnánimo, al invitarnos a poner el valor de la vida, la familia y la dignidad de todas las personas como «una meta de civilización». Sus palabras hacen referencia a la más alta política que todos los partidos han de perseguir. Eso puede suponer puntos de encuentro y marcar un horizonte común hacia el que puedan dirigirse los partidos políticos. El Santo Padre además nos está insistiendo estos días mucho en una pregunta: ¿Qué sociedad estamos construyendo? Anhelo y confío en que esa pregunta anide en nuestro corazón y dé frutos.

«Nadie puede arrodillarse ante Dios y despreciar al hermano». Este mensaje en la misa del Corpus a los católicos brota en un momento de auge de algunas realidades eclesiales intimistas que parecen olvidarse de los últimos o que ven que la caridad es un anexo. ¿Urge catequizar a los cristianos sobre el compromiso ineludible por la opción preferencial por los pobres?

El cristianismo es una relación personal con Cristo, con un Dios que nos ama. La primera consecuencia de ese amor es precisamente sentirnos responsables del otro, sobre todo del que es más débil y vulnerable, y esforzarnos por buscar su bien. La segunda es la justicia, que significa dar al otro lo que es «suyo», lo que le corresponde en virtud de ser una persona. Por eso la justicia constituye la «medida mínima» del amor. La opción preferencial por los pobres no es una opción para los cristianos. Es el corazón de nuestra fe en Jesucristo.

© Cedida

María González Dyne, Secretaria General Cáritas Española

León XIV: adiós a la coraza de un pastor con olor a oveja

14 June 2026 at 02:00

Bebés en volandas para ser bendecidos por León XIV. Esa es una de las imágenes que deja el primer viaje del Papa agustino a España. Los responsables de la organización de esta peregrinación apostólica calculan que solo en las primeras 24 horas en Barcelona pasaron cien por sus manos. Unas bendiciones que Robert Prevost parecía realizar con soltura, con experiencia sobrada. Quienes han seguido de manera detallada sus pasos a lo largo del primer año de pontificado, comentan que estos y otros tantos ademanes que se han visto en esta semana y que hablan de cercanía y naturalidad no eran ni mucho menos habituales en él.

Hay quien considera que los siete días que León XIV ha pasado en nuestro país han supuesto una evolución exprés en la esfera relacional del Papa con sus interlocutores. Lo cierto es que la espontaneidad a raudales de Francisco, que era capaz de dejar a un lado los discursos preparados para improvisar toda una intervención y que entraba al trapo con cualquiera que le daba juego para iniciar una broma, dio paso a un León XIV con una timidez y discreción que se visibilizó desde que puso un pie en la logia de la basílica de San Pedro tras la fumata blanca. Se veía a un hombre emocionado, pero quizá su impronta como canonista y matemático hizo que, por primera vez un Papa en la historia reciente de la Iglesia, llevara escrito esta alocución.

A partir de ahí, mantuvo esta máxima de ser fiel al texto escrito sin incluir morcilla alguna, a lo que sumó una moderación en sus declaraciones públicas, concediendo una única entrevista en estos trece meses frente a la profusa presencia de Jorge Mario Begoglio a través de este género comunicativo. Más allá de algunos canutazos los martes –término periodístico para referirse a las ruedas de prensa improvisadas– a las puertas de su residencia en Castel Gandolfo y el encuentro con los periodistas a la vuelta de sus viajes papales, toda comunicación se ha circunscrito a lo institucional. En paralelo, ni en los actos multitudinarios celebrados en este tiempo en Roma, como el jubileo de los jóvenes el pasado verano, ni en las audiencias generales de los miércoles se había viralizado gesto alguno fuera del guion.

Todos estos elementos se tradujeron hasta ahora en un Papa silenciado mediáticamente, institucional en las formas, incluso en su vestimenta, mientras en el fondo ha ido ratificando y redoblando las reformas impulsadas por su predecesor.

León XIV permaneció en un segundo plano, desaparecido prácticamente para la opinión pública y publicada, hasta que el 13 de abril, precisamente en el avión que le llevaba a Argelia para iniciar su primera gira africana, respondió a un ataque lanzado contra él por Donald Trump, donde, entre otras lindezas, le acusaba falsamente de respaldar que Irán tuviera armas nucleares. «No tengo miedo a Trump. Seguiré hablando contra la guerra». La contundente serenidad con la que pronunció esta frase le catapultó de inmediato como autoridad ética global frente al presidente norteamericano. A partir de ahí, las cámaras y los micrófonos comenzaron a resituar al Papa en sus agendas.

Con estas coordenadas por delante, España parece haber supuesto un salto más. El Pontífice del autocontrol ha dejado a un lado su moderación para mostrarse suelto y sin corsé alguno. De hecho, los vaticanistas que siguen cada uno de sus discursos certifican este cambio. El punto de inflexión en ese sentido lo habría marcado ese grito exultante que lanzó en la tarde del lunes 8 de junio en el estadio Santiago Bernabéu: «Don José. La Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre». Ya en la vigilia de la Plaza de Lima elogió y pidió un aplauso para Fernando, un joven recién casado. «El matrimonio también es una vocación ¡No tengáis miedo del matrimonio y de formar una familia!», expresó.

A partir de ahí, se han multiplicado los saludos sin libreto en los balcones de los palacios episcopales de Barcelona, Las Palmas y Tenerife. Y a ellos se sumó la alocución más larga en un templo que ha realizado desde que es Papa en la parroquia de los agustino del Raval, donde destapó su lado más personal a las preguntas de un niño: Renzo. No solo desveló su pasión por el fútbol americano, sino que expuso su sueño compartido con Francisco de una Iglesia de puertas abiertas.

El propio cardenal arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, José Cobo, ha reconocido que «el Papa ha crecido en este viaje, tanto para presentarse hacia adentro de la Iglesia como ante el mundo». «Le voy viendo seguro por el eco y la acogida que tienen él y su mensaje, lo que le ayuda a expresar quién es el Papa y por dónde quiere ir con su tono de serenidad».

Además, se le ha podido ver con los ojos enjugados en más de una y dos ocasiones, al escuchar testimonios, lo mismo de las deportistas Carolina Marín y Teresa Perales en el encuentro con la sociedad civil en el Movistar Arena que en los duros relatos de los migrantes que se ha topado en su etapa canaria, o en la confesión del intento de suicidio de una joven en el estadio olímpico de Barcelona. En paralelo, ha conectado de manera informal y directo con los adolescentes en sus recorridos con el Papamóvil, repitiendo el «six seven», un gesto sin más trasfondo que el de manifestar una complicidad mutua con sus interlocutores. El Papa introvertido ha dejado paso en España al pastor con olor a oveja.

© EUROPAPRESS

El Papa

Un grito contra las mafias: «Deténganse! ¡Conviértanse!»

12 June 2026 at 21:05

Si contundentes fueron sus palabras este jueves en el muelle de Arguineguín, lugar de primera acogida de los migrantes llegados por la llamada ruta atlántica, ayer León XIV no bajó el tono de su denuncia en la plaza del Cristo de La Laguna, que representa de alguna manera el siguiente paso en este periplo por las islas: la integración. En la localidad tinerfeña se encontró ayer por la mañana con un grupo de migrantes y quienes les acompañan en el día a día desde diferentes plataformas eclesiales, después de visitar el centro de acogida Las Raíces.

«¡Deténganse! ¡Conviértanse!», dijo visiblemente enfadado al hablar de las mafias que trafican con los migrantes. «El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro», denunció con dureza. Y añadió: «Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina». El Papa utilizó un tono condenatorio que no había utilizado con nada ni con nadie a lo largo de los siete días de viaje: «Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen bajo dominio. Devuelvan lo arrebatado y reparen cuanto puedan. Vuelvan mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido, pero sólo entra por la puerta estrecha de la verdad, la justicia y la conversión». Fue el grito que lanzó el Papa contra quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio».

Junto a este paso al frente, el Papa dibujó una hoja de ruta sobre cómo ha de ser la integración de quienes viene de fuera, bajo estas máximas: «La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro». Así, ha de estar marcada por la cercanía, la paciencia y «unas manos capaces de socorrer, acompañar, orientar, enseñar y abrir caminos».

El Papa remarcó que integrar «no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria». Más bien, implica un movimiento recíproco desde una convivencia mutua. De esta manera, quien recibe «aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro». A los que llegan, lo mismo en cayuco que en avión, les corresponde «una parte noble y necesaria», que pasa por «abrirse con confianza a la comunidad que les recibe, aprender su lengua, respetar sus leyes, conocer sus costumbres, participar en la vida común y ofrecer con gratitud sus dones».

Al mismo tiempo, León XIV apreció el enriquecimiento que está suponiendo para la sociedad y para la Iglesia especialmente la llegada de católicos provenientes de Latinoamérica, de Filipinas y de otras latitudes. «Déjense también evangelizar por ellos, pues seguramente traen consigo regalos que la Providencia ha querido hacer llegar a ustedes a través de quienes se integran», apuntó.

Con estas coordenadas de fondo, invitó a las plataformas eclesiales que esta tarea de integración «no quede reducida a una tarea social, por necesaria que sea». «Quien llega a nuestras parroquias necesita pan, techo, lengua, trabajo y protección; y también debe encontrar una comunidad capaz de ofrecer, con el testimonio de la vida y de la palabra, caminos para conocer a Jesucristo, respetando siempre la conciencia y la libertad de cada persona», determinó.

De la misma manera, lanzó un dardo contra los católicos que miran con indiferencia o rechazo a las víctimas de la migración: «Existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad.

El Papa compartió su alocución después de presenciar el testimonio de Darwin, sacerdote venezolano que ejerce su ministerio en El Hierro, que ha estado en primera línea de la crisis migratoria que ha sufrido la isla: «Vale la pena seguir ayudando, que es necesario seguir sumando voluntades y corazones y para nosotros los cristianos, descubrir en los que llegan la carne sufriente de Cristo». También estuvo atento a las palabras de Mbacke, de Senegal, el marroquí Khalid Allad y Thalia, de Colombia, que visibilizaron cómo la Iglesia les ha rescatado hasta recobrar una vida digna.

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El Papa León XIV mantiene un encuentro con migrantes en San Cristobal de La Laguna (Tenerife)

Un Papa abogado del migrante en Arguineguín

11 June 2026 at 20:50

Se hace el silencio en el puerto de Arguineguín. Hasta provocar escalofríos. León XIV lanza una corona de flores al mar. Por los miles de hombres y mujeres, ancianos y niños que se han dejado la vida en el mar. En el cementerio del Atlántico. Le sigue una hilera de migrantes que arrojan otros tantos ramilletes por los compañeros de cayuco que no lograron superar la travesía lo mismo de Senegal que de Mauritania. Justo después Robert Prevost bendice a dos de estos jóvenes. En el muelle de la vergüenza en el que estuvieron hacinadas 3.600 personas en un espacio que solo estaba preparado para acoger 400. El Papa persigna en la frente a dos hijos de Dios. Mucho más que una declaración de intenciones. Como lo hiciera Francisco en el que fue el primer viaje de su pontificado justo hace ahora trece años. En Lampedusa.

León XIV aterrizó este jueves por la mañana en el aeropuerto de Gran Canaria en su penúltimo día de estancia en nuestro país, con el obispo José Mazuelos como anfitrión. El Pontífice agustino no solo asume el deseo que no pudo cumplir su predecesor de viajar al archipiélago canario, sino que redobla su defensa de los derechos de los que vienen de fuera. Así se desprende del determinante discurso que pronunció ayer en este puerto canarión, donde abanderó de nuevo la defensa de la dignidad humana, su palabra más repetida ante cerca de 1.800 migrantes y quienes los acompañan en su proceso de integración. Con más crudeza incluso que lo ha hecho en sus jornadas previas de estancia en España. «No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido», apuntó en un momento. En otro instante, comentó que «no podemos acostumbrarnos a contar muertos». Incluso llegó a decir que «la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».

Con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en primera fila, León XIV lanzó sus dardos a «las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo», pero también a «las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales». A la par, criticó el cinismo de Europa, «que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas». A la comunidad internacional solicitó «una cooperación eficaz y perseverante».

«Fui forastero»

Sirviéndose del «Fui forastero y me acogisteis» que pronunció Jesús, expuso con detalle cuál es el posicionamiento eclesial respecto al fenómeno migratorio. No solo reivindicó «vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra».

El Papa también reclamó «el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños». «Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad», dijo, elevando la mirada a su interlocutores. Sabedor de que se le esperaba en la isla de El Hierro, arrancó su reflexión citándola para recordar que «esa isla, pequeña en extensión, pero grande en humanidad, ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco. El Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles», sentenció. Por ende, apuntó que la Iglesia «no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche», añadió.

Con esta premisa, dio un tirón de orejas a los líderes católicos que relegan la acogida al migrante a «algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios». Así, retomó su homilía del domingo en Madrid para señalar que no es compatible arrodillarse ante Jesús en la eucaristía y «luego pasar de largo ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso».

Asimismo, no dudó en alzar la voz contra «las mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan a mujeres y niños». Pero también condenó «la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido». Y a modo de examen de conciencia de todos y cada uno planteó un interrogante: «¿Qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?».

El testimonio de Blessing, una nigeriana víctima de la trata que relató una amiga suya por motivos de seguridad, le permitió al Papa referirse a sí a su vida: «Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla. Si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable», enfatizó León XIV.

«Una cifra que duele»

Pero no fue esta la única voz que se escuchó al margen de la del Pontífice agustino. También tomó la palabra Tito Villarmea, capitán de Salvamento Marítimo en la Guardamar Urania, una de las embarcaciones encargadas de rescatar migrantes de los cayucos. Villarmena recordó que «durante estos años, junto a mi equipo, he rescatado a más de 20.000 personas. Es una cifra que duele y que no se olvida. Ojalá nunca más tuviéramos que rescatar a nadie. Trabajemos como sociedad para que este drama disminuya y para construir un mundo más justo», comentó este marinero.

La voluntaria de Cáritas María Fernanda López recordó cómo vivió la crisis humanitaria de 2020: «La experiencia de Arguineguín nos confirmó que, incluso en los momentos más difíciles, el Evangelio sigue vivo cuando nos atrevemos a construir fraternidad».

La latinoamericana María Fernanda López Meza echó la vista atrás para explicar cómo ha sido su devenir en tres décadas de presencia en Canarias. «Gracias a las personas que confiaron en mí, que me dieron su apoyo y sus primeros proyectos, he podido cumplir un sueño que parecía imposible cuando dormía en la calle», apuntó al respecto.

Junto a Sánchez escucharon las palabras del Papa el presidente de Canarias, Fernando Clavijo; y el lehendakari, Imanol Padrales, cuyo gobierno mantiene desde hace años varias líneas de colaboración en materia migratoria con Canarias. También estuvieron los ministros Ángel Víctor Torres y Elma Saiz, así como numerosas personalidades de la política local de Gran Canaria.

© AP

Se acercó a la orilla del muelle para lanzar un ramo de flores al mar en recuerdo de las víctimas mortales de la ruta canaria

El obispo de Tenerife: «Los migrantes no pueden ser tratados como objetos»

11 June 2026 at 02:11

Lleva poco más de un año al frente de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna. Esta visita papal le ha graduado con algo más que un máster de mitra y báculo. Mañana se convertirá en el último anfitrión de León XIV en España y, por tanto, en poner el broche de oro al viaje del Pontífice.

Serán solo seis horas en Tenerife, pero bien aprovechadas…

Yo creo que más no se puede exprimir. Hemos querido aprovechar cada instante precisamente por lo que indicas: la limitación de tiempo y las escasas horas que estará entre nosotros. Hubiéramos querido que permaneciera más tiempo, por supuesto, incluso toda la jornada, pero también comprendemos que la organización del viaje, teniendo en cuenta que desde aquí regresa a Roma y las horas de vuelo, haya obligado a acortar su estancia. En cualquier caso, creemos que quedan cubiertos los dos aspectos fundamentales: por un lado, la cuestión migratoria y, por otro, la visita a la diócesis y la celebración de la eucaristía, presidiéndonos en la fe.

¿Qué le gustaría que el Papa se llevara en la mochila?

Me gustaría que el Papa viera una Iglesia viva, alegre y acogedora; una Iglesia que recibe su magisterio y su enseñanza de poner a la persona en el centro, de reconocer y defender la dignidad humana, también la de los migrantes. Una Iglesia que vive la fe y el compromiso con los pobres y los más necesitados; una Iglesia unida, que vive en comunión con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia universal.

El Papa va a pisar Las Raíces, que en un momento determinado fue un lugar de hacinamiento de migrantes. ¿Su sola presencia es ya una denuncia?

Su presencia y su palabra siempre serán una llamada de atención para reconocer la dignidad de las personas, que deben ser acogidas y tratadas conforme a esa dignidad inherente a todo ser humano. Ese espacio llegó a albergar cerca de 4.000 personas, superando ampliamente la capacidad prevista. Ahora acoge a muchas menos y, además, se está trabajando para dotarlo de unas instalaciones más adecuadas. Pero sigue siendo un recordatorio de que los seres humanos no pueden vivir hacinados como si fueran objetos. Son personas que merecen respeto, atención y unas condiciones dignas. Ya es suficientemente duro e inhumano el viaje y el drama migratorio. Al menos, la acogida debe ser verdaderamente humana.

Y ahí es donde entra en juego la Iglesia. Cuando muchos de estos jóvenes cumplen 18 años, la Administración los deja literalmente en la calle. Son Cáritas y otras organizaciones eclesiales los que salen a su encuentro para ofrecerles un presente y un futuro.

Efectivamente. Ese será precisamente el segundo momento de este encuentro con la realidad migratoria. Cuando el Santo Padre abandone el centro de acogida de Las Raíces y se traslade a la plaza del Santísimo Cristo, en La Laguna, se encontrará con diversas realidades eclesiales que trabajan por la promoción y la integración de los migrantes. Estarán presentes entidades como la Fundación Buen Samaritano, la Fundación Don Bosco y otras organizaciones que desarrollan una labor que va más allá de la acogida: trabajan por la promoción e integración de estas personas. Queremos subrayar precisamente ese aspecto. Allí escucharemos testimonios de migrantes latinoamericanos y africanos que llegaron en situación irregular y que hoy tienen un empleo, participan en la sociedad y también en la vida de la Iglesia. Es el caso, por ejemplo, de una migrante colombiana que trabaja en Cáritas y está vinculada a una parroquia.

Solemos asociar el fenómeno migratorio en Canarias a África, pero nos olvidamos de que la mayoría de los extranjeros llegan de América Latina por el aeropuerto…

Así es. Hay un grupo muy numeroso de migrantes procedentes, sobre todo, de Venezuela, Cuba y Colombia, no solo en Canarias sino en toda España. Son personas que se incorporan a nuestra sociedad y también a nuestra Iglesia. En muchas parroquias encontramos agentes de pastoral de todos estos países. Todo ello manifiesta la riqueza de una Iglesia que sabe acoger y que vive lo que nos pide la Conferencia Episcopal: ser comunidades acogedoras y misioneras. Estos hermanos enriquecen, renuevan y rejuvenecen nuestras comunidades eclesiales, que en muchos casos están bastante envejecidas.

¿Se imaginó alguna vez el obispo de Tenerife que, con tan poco tiempo al frente de la diócesis, le tocaría ser anfitrión de Su Santidad?

No, en absoluto. Si nunca pensé que sería obispo, mucho menos imaginé que me tocaría recibir al Papa, y menos aún durante mi primer año al frente de la diócesis. Siempre se veía una visita papal a Canarias como un sueño, algo prácticamente imposible porque nunca había ocurrido. Cuando el Papa Francisco expresó su deseo de venir a Canarias, se abrió una posibilidad real. Sin embargo, su fallecimiento impidió que ese proyecto se hiciera realidad y pensamos que seguiríamos siendo esa periferia que nunca recibiría la visita del Papa. Por eso la alegría es inmensa. Mi mayor alegría no es personal, sino la de todo el pueblo de Dios que peregrina en La Gomera, El Hierro, La Palma y Tenerife. Todos los esfuerzos organizativos que estamos realizando tienen sentido por eso: por la alegría de nuestra gente. Mucha gente quizá nunca podrá viajar a Roma ni participar en una audiencia papal. Ahora tendrán la oportunidad de verlo de cerca y sentir su presencia entre nosotros.

¿Y queda la espinita clavada de no haberle podido enseñar El Hierro y el sufrimiento que ha vivido la isla?

Es una espinita que queda ahí. Hablamos de una isla con una población limitada que se ha visto superada en infraestructuras y recursos. Ha habido años en los que han llegado hasta 24.000 migrantes a una isla con apenas entre 9.000 y 10.000 habitantes. Aunque la mayoría son derivados posteriormente a otras islas, la primera acogida se realiza allí. Entendemos que, por cuestiones de agenda y logística, la visita no pudo incluir El Hierro. Los desplazamientos, la seguridad y los tiempos hacían muy difícil compatibilizarlo con el resto de actos previstos en Tenerife. Aun así, El Hierro estará presente. En los testimonios que escucharemos en la Plaza del Cristo participará el padre Darwin, párroco venezolano y voluntario, que trabaja directamente en la acogida de migrantes. También estarán presentes otras personas vinculadas a esa labor y representantes de la isla. Aunque el Papa no visite El Hierro, El Hierro sí estará presente en este encuentro y también en la misa, porque es una celebración de toda la diócesis y de las cuatro islas.

¿Y cómo hace el obispo de Tenerife para no perderse en la gestión y vivirlo con plenitud como pastor junto a su pueblo?

La preparación espiritual es fundamental, no solo para mí, sino para toda la diócesis. Por eso hemos celebrado una jornada de oración en toda la diócesis, para pedir por los frutos de este viaje apostólico. La verdad es que vivo estos días con relativa tranquilidad porque contamos con un excelente equipo de trabajo. El comité diocesano organizador y los numerosos voluntarios están realizando una labor extraordinaria. Hay mucho trabajo, por supuesto, pero está muy repartido y bien coordinado.

¿Qué les diría a aquellos tinerfeños que quizá no esperan la visita del Papa con la misma ilusión que los católicos y que tendrán que asumir cortes de tráfico y limitaciones de movilidad durante toda la jornada?

Les pediría comprensión y también que vivan los valores de la ciudadanía, que consisten en saber compartir las alegrías de los demás. Todos estamos acostumbrados a que determinados acontecimientos –como los carnavales, eventos deportivos o grandes celebraciones– impliquen cortes de calles y limitaciones de tráfico. Nos gusten o no esas actividades, solemos comprender que forman parte de la vida colectiva, de un momento histórico. En este sentido, agradezco la enorme colaboración por parte de las administraciones, instituciones públicas y entidades privadas para que todo se desarrolle de la mejor manera posible y afecte lo menos posible a la vida cotidiana. Aun así, somos conscientes de que un acontecimiento de esta magnitud tendrá consecuencias inevitables sobre la movilidad en determinados momentos. Por eso solo puedo pedir comprensión.

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Obispo de la Diócesis de Tenerife, Eloy Santiago

Guinea Ecuatorial: del legado español a una Iglesia «firme»

23 April 2026 at 18:18

El arzobispo de Malabo, Juan Nsue Edjang Mayé, tomó la palabra esta mañana para agradecer a Robert Prevost su presencia. «El señor ha estado grande con nosotros», comentó el pastor. Con esta premisa, agradeció al Pontífice «la palabra clara que ha iluminado nuestras conciencias y ha orientado nuestro caminar como Iglesia y como sociedad».

En su intervención, el prelado repasó el papel que han jugado en estos 170 años de evangelización del país los españoles. «La Iglesia en Guinea Ecuatorial ha recorrido un camino fecundo y providencial, sin faltar dificultades históricas», expuso el pastor que lidera la principal diócesis de las cinco con las que cuenta el país.

Al echar la vista atrás, el arzobispo recordó la figura del padre Gerónimo Mariano Usera, misionero cisterciense enclaustrado, al que definió como un «pionero» dentro de los primeros precursores que llevaron «la semilla de la fe». Después se detuvo en 1857, cuando se creó la prefectura apostólica de la mano de un grupo de sacerdotes diocesanos de Toledo. El siguiente paso lo protagonizaron los misioneros claretianos, que «crearon la estructura eclesiástica que ha ido creciendo y consolidándose a lo largo de la historia con la presencia de otras congregaciones misioneras, así como la participación activa de los laicos». Hoy el 90% de los ecuatoguineanos se consideran católicos.

Con este legado por delante, comentó que la Iglesia ecuatoriana «siempre se ha mantenido firme a la fidelidad al Evangelio del amor, de la misericordia y del perdón». A partir de ahí, el arzobispo definió la visita papal como «un acontecimiento de gracia singular, un momento histórico que permanecerá impreso para siempre en la memoria de nuestro pueblo».

Sabedor de los frutos que dejan tras de sí los tres días de peregrinación de León XVI, el pastor aseguró que su presencia implica «dignificación, cercanía y reconocimiento que reaviva nuestra identidad como cristianos y católicos, y nos impulsa a caminar con mayor fidelidad al Evangelio». «Nos confirma en la fe, refuerza nuestra esperanza y renueva inquebrantablemente nuestra comunión con la Iglesia universal», enfatizó. Y aplaudió cómo Robert Prevost ha dejado tras de sí en estos días una «palabra clara que ha iluminado nuestras conciencias y ha orientado nuestro caminar como Iglesia y como sociedad».

Sobre el compromiso que adquiere la Iglesia tras este viaje, el arzobispo aseguró que los católicos ecuatoguineanos continuarán «sembrando ilusión, invitando a la responsabilidad y al compromiso para la defensa de la dignidad y seguir construyendo una sociedad más justa, solidaria, fraterna e inclusiva».

Tras las palabras de Nsue Edjang Mayé, varios peregrinos entregaron al Papa algunos regalos, entre ellos, algunas obras artísticas, productos locales e instrumentos musicales. El Pontífice correspondió entregando un cáliz a la Iglesia local.

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África ancla a León XIV como líder global

23 April 2026 at 17:41

Poco después de las seis de la mañana, una nube cubrió Malabo. En apenas unos minutos el cielo se oscureció. Y cayó un aguacero a los que ya están acostumbrados los ecuatoguineanos. Pero que impactan al que llega de fuera. En veinte minutos frenó en seco la tormenta y la gente se echó a la calle para despedir su invitado durante tres días: León XIV.

Prueba de ello es que el estadio de la capital estaba repleto esta mañana de peregrinos preparados para celebrar la última misa del Papa agustino en suelo africano, después de su primera gira en el continente, que durante doce días le ha llevado también a Argelia, Camerún y Angola. León XIV culmina este viaje habiéndose resituado como referente de la conciencia global por sus constantes llamamientos a la paz. Los ataques verbales recibidos por el presidente de Donald Trump justo antes de despegar de Roma y su serena pero contundente respuesta contra la guerra le sacaron del anonimato mediático de este primer año de pontificado para erigirse como autoridad ética y moral.

Y así ha llegado a la jornada de este jueves, pisando con seguridad el altar ante las 30.000 personas que le jaleaban. El presidente ecuatoguineano, Obiang Nguema Mbasogo, y la primera dama, Constancia Mangue Nsue Okomo, abanderaban una delegación internacional de autoridades de diferentes países que se sumaba a una nutrida representación de obispos y cardenales de países del entorno. La locura se desató en el estadio cuando el papamóvil irrumpió en el terreno de juego en torno a las nueve y media de la mañana.

Sin embargo, la algarabía se transformó en recogimiento y solemnidad en cuanto dio inicio la procesión de entrada de la eucaristía, poco antes de las diez de la mañana. Los cantos litúrgicos del coro se combinaron con temas tradicionales que visibilizaban el entusiasmo y el ritmo que va en el ADN de los africanos, a pesar de cualquier adversidad. En el altar, una imagen de una Virgen Madre con rasgos inculturados.

«Cristo es la luz de Guinea Ecuatorial, y vosotros, sois sal de la tierra y luz del mundo», lanzó en su mensaje de despedida al finalizar la misa. «Hoy África está llamada a contribuir significativamente a la santidad y al carácter misionero del pueblo cristiano», encomendó a sus interlocutores. En este adiós, desveló que «me voy de África llevando conmigo un tesoro inestimable de fe, esperanza y caridad». «Es un tesoro grande hecho de historias, de rostros, de testimonios alegres y sufridos, que enriquecen abundantemente mi vida y mi ministerio», añadió.

En su homilía, León XIV se mimetizó con la invitación del Papa Francisco al pedir a los católicos presentes que encarnen en su día a día «la alegría del Evangelio» frente a la «tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada».

«Por ello, los animo a todos ustedes, Iglesia que peregrina en Guinea Ecuatorial, a continuar con alegría la misión de los primeros discípulos de Jesús», ratificó el Papa agustino.

El Pontífice advirtió de que «cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios».

De hecho, comentó que «la cerrazón» de ese individualismo no lleva a ninguna parte. Como alternativa, ofreció el amor de Dios como el ingrediente fundamental que «sostiene nuestro compromiso, especialmente al servicio de la justicia y de la solidaridad».

Por ello, compartió con los ecuatoguineanos que «la evangelización nos involucra a todos»: «El anuncio de la salvación se hace gesto, se hace servicio, se hace perdón; en una palabra, se hace Iglesia».

En su alocución Robert Prevost tomó punto de partida las lecturas de la misa, en las que se relata precisamente la experiencia de Felipe con un eunuco que regresa de viaje de África, en el que se considera uno de los primeros contactos del cristianismo con el continente. «Precisamente mientras regresa a su patria, África, convertida para él en lugar de servidumbre, el anuncio del Evangelio lo libera», explicó el Sucesor de Pedro sobre el pasaje, recogiendo de esta manera la llamada que a lo largo de estos días ha hecho con relación a la capacidad transformadora de la Palabra de Dios y del seguimiento de Cristo.

León XIV comenzó su homilía expresando su más «sentido pésame» por la muerte del vicario general de la Archidiócesis de Malabo, Fortunato Nsue Esono, que falleció días antes de su llegada al país. El Pontífice instó a afrontar este duelo «sin dejarse llevar por comentarios y conclusiones apresuradas». De la misma manera, confió en que hagan «plena luz sobre las circunstancias de su muerte».

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«La Iglesia abraza todas las lenguas»

10 June 2026 at 03:07

Ayer estuvo a pie de escalerilla del avión en el Prat como uno de los anfitriones del Papa en Cataluña. No en vano, el aeropuerto pertenece a la diócesis de Sant Feliu de Llobregat que lidera. El dominico Xabier Gómez también es el obispo responsable de pastorear tanto la cárcel Brians 1 como el santuario de Montserrat. «Vivimos esta labor de acogida con humildad, porque nos toca ser uno más en la bienvenida al Santo Padre. Nos corresponde representar este rostro de la Iglesia junto a las autoridades civiles. Acogemos al Obispo de Roma, al sucesor de Pedro. Pero, no nos olvidemos que él también nos acoge», subraya este religioso vasco.

¿Qué es lo que se va a encontrar León XIV en Brians 1 cuando atraviese las puertas de la prisión?

De todos los centros penitenciarios de Barcelona, uno de los más complejos y el que registra más suicidios. Allí se va a encontrar con los hombres y mujeres internos de este centro, fundamentalmente personas que están a la espera de juicio. Va a escuchar el testimonio de dos mujeres y, sobre todo, en ese camino de encuentro con los presos, estará señalando y recordando que el nombre de la Iglesia es misericordia.

¿Por qué dar voz a dos mujeres?

Porque el Santo Padre ya se había encontrado hace poco con presos varones en la cárcel de Bata, en Guinea Ecuatorial. Nos parecía interesante que, en este encuentro con las personas que participan en la eucaristía dominical y en las actividades de la pastoral penitenciaria, pudiera escuchar también la voz de dos mujeres. Además, en este caso, su testimonio hace referencia a su experiencia y a su realidad como madres.

Sobre el papel, el sistema penitenciario español apuesta por la reinserción. Pero, ¿la sociedad arrima el hombro o se sigue negando cualquier oportunidad de redención a quien pasa por la cárcel?

Quiero pensar que se hace un esfuerzo para que todos los agentes implicados estén al servicio de la reinserción. Pero sigue habiendo mucha estigmatización respecto a las personas que han pasado por prisión. Es necesario trabajar con la población en general. Hay un muro real y también una distancia física, mental y afectiva respecto a las personas que están en prisión. Desde luego, las personas creyentes y el Evangelio siempre creen en la posibilidad de la conversión, la rehabilitación y las segundas oportunidades.

¿Se moja lo suficiente la Iglesia en la pastoral penitenciaria?

La Iglesia hace un trabajo precioso y silencioso en todos los centros penitenciarios de España y también en otros lugares donde hay personas privadas de libertad, como los centros de internamiento para migrantes. Desde hace mucho tiempo existe una tradición de presencia pastoral acompañando a las personas presas, anunciando el Evangelio y siendo testimonio del poder de la redención de Cristo en una situación difícil, donde es necesario ser testigos de la esperanza.

¿Qué pediría para reforzar la labor de las capellanías de prisiones?

Sobre todo, espacios más dignos para poder celebrar la eucaristía los domingos. A veces tenemos que montar y desmontar el lugar de celebración con altares portátiles. También sería importante que se atendieran las reclamaciones de todos aquellos que intervienen en los centros penitenciarios para humanizar y ofrecer oportunidades de futuro, desde los propios presos a los trabajadores, pesando por las entidades que acompañamos desde dentro y desde fuera. Todo ello ayudaría a generar el mejor ambiente posible para la reinserción. Hay que escuchar mucho lo que sucede en las prisiones y la Iglesia también tiene que ponerse al servicio de esa escucha.

¿Le preocupa que la propia imagen del Papa en una cárcel deje en un segundo plano la voz de los internos?

El hecho de que el Papa haya querido venir a visitarlos los ha colocado en el mapa y los ha hecho visibles en las agendas y prioridades de la Iglesia y de la sociedad. Es un signo muy potente. Es verdad que será una visita breve, pero intensa, y estoy convencido de que hará mucho bien más allá de Brians.

Antes de marcharse de Barcelona, el Papa bendecirá el sagrario de la capilla del aeropuerto. Ha sido un empeño suyo y la Santa Sede ha accedido…

El gesto del sagrario, que bendecirá para ser colocado en la capilla, nos ayuda a recordar la importancia de la eucaristía y de la oración. También la importancia de generar en estos «no lugares», como son a veces los aeropuertos, espacios y oasis de espiritualidad donde encontrarse con Dios en el silencio y en la plegaria. Es una manera de profundizar en la hospitalidad hacia los viajeros que pasan por un aeropuerto de El Prat y quieran entrar en la capilla católica para rezar o participar en la eucaristía.

Porque una pastoral del aeropuerto no es tan anecdótica como podría parecer en un primer momento…

Tenemos un gran desafío. Aprovecho esta oportunidad para hacer un llamamiento a todas las personas que quieran colaborar en una pastoral del aeropuerto para que se pongan en contacto con nuestra diócesis o con nuestro obispado. Entre todos debemos buscar la manera de que la capilla del aeropuerto sea un espacio no solo de acogida, sino también de evangelización.

¿Qué significa para Cataluña que un Papa pise la abadía de Montserrat y se ponga a los pies de la Moreneta?

El Papa llegará a Montserrat como peregrino. Montserrat es el corazón espiritual de Cataluña y hoy es de todos. Tiene una larguísima tradición de hospitalidad y de servicio a la espiritualidad y a la cultura. Montserrat es camino de la belleza. La montaña y la comunidad monástica que la habita y la custodia son una realidad que nos habla de la trascendencia y de la importancia de hacer sitio a Dios en nuestras vidas y en nuestra historia, reconociendo su paso por la historia de los pueblos.

¿Cómo vive que en estos últimos días haya quien se haya enredado contando el número de palabras que León XIV pueda pronunciar en catalán o en castellano?

A mí también me agrada que el Papa utilice el catalán, como así está siendo. El venerable Antoni Gaudí estuvo preso por hablar en catalán e hizo un voto público de seguir hablándolo en un momento en que la lengua estaba perseguida. Hoy podemos rezar, bendecir y celebrar la eucaristía con los libros litúrgicos en catalán, que es lo que hacemos habitualmente. Todos los libros litúrgicos de esta Iglesia están en catalán y, por tanto, lo lógico es emplear el catalán, que es la lengua habitual de la Iglesia en Cataluña, sin excluir por supuesto el castellano. La Iglesia católica abraza todas las lenguas, pero existe una sensibilidad que aconseja que la Iglesia también sea sensible a la hora de custodiar y utilizar la lengua con la que habitualmente celebra la fe. Al mismo tiempo, también existe la misa internacional, que visibiliza la catolicidad. Desde lo propio nos abrimos a abrazar lo universal.

Ha sido el responsable de la pastoral migratoria de la Conferencia Episcopal. ¿Cómo vive que el Papa vaya a tocar el muelle de la vergüenza en Arguineguín y que se adentre en el centro de internamiento temporal de las Raíces, símbolo de hacinamiento?

Sé que en Canarias hay una Iglesia que ha trabajado y sigue trabajando en la acogida, promoción y cuidado de las personas migradas. La Iglesia de Canarias está haciendo un trabajo precioso. A mí ahora me toca estar aquí, mirando al Mediterráneo, donde probablemente en el encuentro de obispos y jóvenes también surgirá el tema de la migración, además del de la paz. Tanto el Mediterráneo como el Atlántico siguen siendo rutas de muerte en la actualidad y la Iglesia quiere estar siempre al servicio de la vida.

¿Regularización sí o no?

Como ha expresado la Iglesia española, regularización sí. Porque leemos el Evangelio y queremos vivirlo. Jesús en el capítulo 25 de Mateo nos dice que hemos de acoger a las personas migradas: «Fui forastero y me acogisteis». Además, no es solo una cuestión espiritual o evangélica. También los datos y la sociología nos indican que necesitamos personas para paliar el invierno demográfico que vivimos. Las personas migradas, cuando cuentan con derechos reconocidos y se integran en el mercado laboral, contribuyen al bienestar y al progreso de la sociedad. En nuestro caso, además, están contribuyendo también a la revitalización de las comunidades católicas.

© Bisbat de Sant Feliu de Llobregat

Xabier Gómez García

Un pastor contra el suicidio y la violencia machista

9 June 2026 at 21:05

Llenazo en Madrid. Y «sold out» también en Barcelona. Del Santiago Bernabéu al Lluís Companys. Si en la capital española le corearon más de 70.000 personas, este martes cerca de 40.000 peregrinos le jalearon desde que hizo entrada en Papamóvil poco antes de las ocho de la tarde en el que fuera escenario de los Juegos Olímpicos del 92. León XIV tiene tirón también en Cataluña. De hecho, en apenas quince minutos se agotaron las entradas para asistir a la vigilia cuando se pusieron a disposición de los feligreses. El acto tuvo un acento marcadamente catalán a través de un grupo de «castellers» y del canto entonado con Sergio Dalma junto a la Escolanía de Montserrat.

Para arrancar la celebración, tomó la palabra el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella. Con el buen humor al que acostumbra, Omella presentó ante el Papa a la juventud y a la «juventud acumulada». A partir de ahí, y con las olimpiadas como referente, confió en que la nueva torre de Cristo de la basílica de la Sagrada Familia que bendecirá hoy el Pontífice se convierta en un «nuevo pebetero de esta ciudad olímpica que encienda la llamada de una nueva etapa capaz de transformar nuestras almas y nuestra vida para hacer de Barcelona una nueva ciudad de Dios, como la quería Gaudí». El cardenal remató su alocución con una invocación al Espíritu Santo, subrayando y agradeciendo al Papa que «entienda y comprenda nuestra lengua catalana».

Sus palabras fueron el punto de partida para establecer un diálogo del Pontífice con tres jóvenes, en la línea de la vigilia celebrada el sábado por la noche en el madrileño paseo de la Castellana. Ante las interrogantes planteadas, de nuevo, como hiciera por la mañana en la catedral, maridó el castellano y el catalán. Fue cuando se vivió uno de los momentos más emotivos de la noche.

Sobre el escenario del estadio se dio visibilidad a una de las plagas silenciada entre los adolescentes y los jóvenes: el suicidio. «Una noche de viernes perdí la batalla e intenté quitarme la vida», confesó Carmina emocionada. «Estoy aquí porque Dios me dio una segunda oportunidad», añadió justo después, afrontando públicamente los efectos letales que puede provocar una depresión. El paso al frente de esta joven, que hoy es profesora, fue correspondido por los presentes con una ovación y la mirada emocionada de León XIV.

«Ante todo, gracias por compartir hoy tu experiencia de sufrimiento», expresó el Pontífice agustino. «Me conmueve que puedas hablar de ella, que estés aquí entre nosotros y que hayas encontrado la fuerza de acoger esta segunda posibilidad que el Señor te ha dado», añadió sobre las heridas en la salud mental. Lejos de dar un solución ‘‘milagrera’’, reivindicó que «se necesita un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades este malestar invisible y generalizado, que afecta también a los jóvenes». Con esta premisa, no dudó en cuestionar «algunos modelos culturales nos quieren siempre vencedores y perfectos y, por eso, el límite, la fragilidad y el dolor deben ser eliminados, confinados al silencio ensordecedor de la soledad o incluso de la vergüenza».

Desde ahí, el Papa elevó una autocrítica eclesial más que significativa: «No debemos espiritualizar el dolor, reconduciéndolo superficialmente a la ‘‘voluntad de Dios’’ o a algún misterioso proyecto suyo, porque esto corre el riesgo de minimizar ese sufrimiento, de silenciarlo, de herir a las personas». Estas palabras ponen de manifiesto una preocupación que ya formuló Francisco y que también han secundado en estos últimos meses los obispos españoles sobre el riesgo de una religiosidad desencarnada y con tintes de falso misticismo. León XIV aclaró que «Dios no quiere el sufrimiento, lo lleva con nosotros y nos invita a confiar en Él de modo perseverante. Recordemos lo que decía el Papa Francisco: con Dios, la vida renace siempre». O dicho de otra manera, León XIV llamó a afrontar de manera estas heridas.

No se quedó atrás el relato sobre la violencia de género que sufrió en primera persona Desireé: «De pequeña mi padre intentó matar a mi madre, y se salvó porque se interpuso un chico que murió. Mi padre ingresó en la cárcel, y mi madre entró en el mundo de las drogas». El centro eclesial de menores de San José de la Montaña se convirtió en su familia y su rebeldía por el aparente silencio de Dios en los momentos más duros de su vida.

A la par, condenó «la violencia contra las mujeres, que a menudo desembocan lamentablemente también en feminicidios». «Esta realidad dramática estamos llamados a abordarla todos, sea personalmente, sea como sociedad», subrayó el Papa. Es más, remarcó que «no podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad».

«¿Debemos preguntarnos ‘‘dónde estaba Dios’’ o debemos interrogarnos sobre el hombre y sobre la humanidad, sobre cómo a veces somos prisioneros del mal hasta llegar a ser violentos con los demás, sobre cómo no logramos cultivar el amor y respetar a los demás en su dignidad y libertad?», expuso el Pontífice.

Y se respondió: «Si existe la violencia, si triunfa el egoísmo, si incluso el amor entre familiares se transforma en odio, debemos hacernos algunas preguntas a nosotros mismos, a las dinámicas de nuestra sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia, y no a Dios».

Como hiciera al abordar el suicidio, el Papa también llevó a cabo un tirón de orejas a la propia Iglesia: «El mismo Evangelio, si lo leemos como un libro de indicaciones, de mandamientos y de deberes, corre el riesgo de causarnos mucho desánimo y frustración». «Jesús nos invita al perdón», comentó, proponiendo «itinerarios de acompañamiento y reconciliación interior».

A la luz del testimonio de un joven que se ha bautizado recientemente, León XIV criticó «la idolatría del beneficio y del rendimiento», así como «el culto a la propia imagen» que contagia a la sociedad.

© EFE

Con Carmina, la joven que compartió su intento de suicidio ante el Papa, y que fue ovacionada por los presentes
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