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Ébola: una zoonosis crea otra vez una alarma sanitaria

14 June 2026 at 01:00

Una vez más, la humanidad se siente amenazada (globalización) por una alarma sanitaria producida por un virus que se transmite desde un animal. No es la primera vez, pero creemos que falta tomar medidas más concretas para que, en la normalidad, tengamos un protocolo de actuación preparado para la emergencia (ya es hora de que exista la prometida Agencia Nacional de Emergencias Sanitarias).

El [[LINK:TAG|||tag|||634c6d8e5c059a26e23f87b3|||ébola ]]es una enfermedad infecciosa muy grave, causada por un grupo de virus conocidos como ebolavirus. Es verdad que su nombre suele asociarse con epidemias mortales en África pero también ha impulsado grandes avances en medicina, vigilancia epidemiológica y cooperación internacional. La enfermedad fue diagnosticada por primera vez en 1976 cerca del rio Ébola, de donde le viene el nombre, en la actual República Democrática del Congo. Desde entonces, se han producido varios brotes, algunos pequeños y otros de gran impacto sanitario y social.

Pero, «¿qué es exactamente el virus del ébola?» Se trata de un organismo que pertenece a la familia Filoviridae que fundamentalmente produce una fiebre hemorrágica que puede afectar gravemente al sistema inmunitario y a distintos órganos del cuerpo.

Existen varias especies de ebolavirus aunque no todos afectan de la misma manera al ser humano. La más peligrosa y conocida es el ebolavirus Zaire, responsable de alguno de los brotes más letales.

La trasmisión del mismo se cree que viene del reservorio natural de ciertos murciélagos frugívoros y el contagio a humanos puede producirse mediante contacto con animales infectados como son monos o antílopes salvajes.

Una vez el virus llega a la persona, se transmite por contacto directo con la sangre u otros fluidos corporales, objetos contaminados, superficies infectadas, cadáveres de personas fallecidas por la enfermedad, etc. Es importante aclarar que el ébola no se transmite por el aire, tal y como sí sucede con la gripe o la Covid-19.

Hay que recordar que los síntomas aparecen entre el segundo y 21 días después del contagio, que son variados y entre los más frecuentes se encuentran: fiebre alta, dolor de cabeza, dolor muscular y cansancio extremo, diarreas y vómitos incorregibles, erupciones cutáneas y, los más graves, hemorragias internas y externas.

La enfermedad puede evolucionar de forma rápida sometiendo a fallos multiorgánicos si no se atiende médicamente de forma adecuada y rápida.

El brote más devastador ocurrió en 2014 y 2016 en Guinea, Liberia y Sierra Leona, donde miles de personas murieron y los sistemas sanitarios quedaron desbordados. La epidemia tuvo consecuencias más allá de la salud, creando crisis económicas importantes, cierre de fronteras, clausura de escuelas, desconfianza social hacia las autoridades y, lo más grave, estigmatización de supervivientes. Sin embargo, como contrapartida, impulsó respuestas científicas internacionales sin precedentes.

Durante muchos años no existieron tratamientos específicos contra el ébola, pero hoy la situación ha cambiado. Actualmente existen vacunas eficaces para prevenir algunos tipos de ébola, anticuerpos monoclonales que ayudan al sistema inmunitario del enfermo a combatir el virus. También protocolos médicos de aislamiento y soporte intensivo mucho mas avanzados. Lo que se denomina «la vacunación en anillos», que es inmunizar a las personas cercanas y a los casos detectados, ha demostrado resultar especialmente útil para frenar brotes.

Aunque hoy se controla mucho mejor que hace décadas, el ébola sigue preocupando de forma muy seria por varias razones: Por un lado, los brotes pueden aparecer en regiones con sistemas sanitarios frágiles; por otro, el contacto humano con fauna salvaje aumenta el riesgo de transmisión. En tercer lugar, algunos síntomas iniciales se parecen a otras enfermedades tropicales, lo que dificulta el diagnóstico temprano; mientras que la enorme movilidad internacional que hoy existe puede favorecer la propagación. Por todo ello, las organizaciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene la obligación de vigilar activamente posibles nuevos brotes.

Como hemos dicho y publicado en varias ocasiones, resulta imprescindible hablar de «One Health», es decir, una sola sanidad, en donde la salud humana, la animal y el medioambiente deben estar coordinados de forma transversal en las soluciones, en los tratamientos y en el conocimiento de esos tres factores distintos debe estar incluido. No vale la improvisación, para que las cosas funcionen en emergencias deben funcionar en la normalidad.

El ébola mostró que son algo más que epidemias (zoonosis), donde no solo los problemas médicos son importantes, sino también los sociales, económicos y políticos. La experiencia adquirida durante sus brotes ayudó y tiene que seguir ayudando a mejorar estrategias de respuesta frente a emergencias sanitaria globales.

El mal llamado «tercer mundo», tiene que recibir los cuidados sanitarios y sociales que necesita y se merece para que podamos controlar de verdad las epidemias, pandemias globales y emergencias sanitarias.

En definitiva, el ébola sigue siendo una de las enfermedades infecciosas más temidas del mundo debido a su elevada mortalidad y rapidez en propagación. Comprender cómo funciona el virus y la obligación de prevenir su transmisión es clave para evitar nuevos brotes y proteger a las poblaciones más vulnerables. Aquí no valen improvisaciones y las personas responsables del control tienen que ser técnicos donde la ideología y los puestos futuros no tengan nada que decir. A por todas.

Antonio Alarcó Hernández es catedrático de Cirugía, presidente de la Cátedra de Telemedicina, Robótica, IA y Telecirugía de la ULL, doctor en Ciencia de la Información y Sociología, adjunto primero de la Diputación del Común, exsenador y portavoz de Sanidad

© LA RAZÓN

La enfermedad puede evolucionar de forma rápida sometiendo a fallos multiorgánicos si no se atiende adecuada y rápidamente
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