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Un alegato en favor de los migrantes que enriquecen la sociedad

12 June 2026 at 21:00

La visita del Papa León XIV al Centro Raíces de Tenerife dejó una de las imágenes más significativas de su viaje a España. Nada más aterrizar procedente de Gran Canaria, se trasladó hasta Las Raíces. Se trata del centro con mayor capacidad de la isla de Tenerife y cuenta con 600 trabajadores cuya principal labor es cubrir las necesidades básicas de manutención y alojamiento de las personas que llegan, así como hacer acompañamiento profesional durante todo el proceso de estancia. Desde su creación en 2021, ha acogido a más de 54.000 personas.

El Pontífice fue recibido por el director del centro y escuchó unas palabras del obispo de San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, Eloy Santiago; de la ministra de la Inclusión, de la Seguridad Social y de las Migraciones, Elma Saiz Delgado, y finalmente el testimonio de dos migrantes. La llegada del Papa al centro fue recibida con una mezcla de emoción y expectación. Decenas de jóvenes, educadores, voluntarios y responsables de la institución aguardaban desde primera hora de la mañana la llegada de León XIV. A su entrada, fue recibido con aplausos.

Recorrió las instalaciones, interesándose por los distintos programas educativos y de integración social que desarrolla el centro. Se dirigió al campamento levantado en el interior de un antiguo cuartel rural y después escuchó algunos testimonios. Navarro Atiénzar, director regional del Accem, la ONG que gestiona Las Raíces explicó que su trabajo «consiste en ofrecerles una primera acogida digna, humana y organizada en un momento especialmente difícil, inmediatamente a su llegada por mar».

Bousso Diouf, una mujer emigrante de Senegal que llegó a España en cayuco atravesando el Atlántico, recordó que «nadie abandona su tierra, su familia y sus raíces por voluntad propia cuando puede vivir en paz». Por su parte, Theodor dio las gracias al Papa por «recordar al mundo que todos somos personas. Hoy queremos decirle, con mucho respeto, que rezamos por usted y que agradecemos su corazón cercano».

El Pontífice habló en francés, la lengua materna de muchos de los presentes y recordó el deseo de Francisco de visitar Canarias precisamente para encontrarse con ellos.

León XIV comenzó su intervención mostrando cercanía hacia quienes han atravesado situaciones de sufrimiento y desarraigo. Sobre los migrantes que acababan de hablar, aseguró que veía en ellos «corazones heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos».

Además, relacionó esa experiencia con el propio sufrimiento de Cristo. «El Corazón de Cristo sufrió y fue traspasado por amor, y también fue confortado por personas compasivas que se acercaron a aliviar su dolor», señaló.

Durante su discurso destacó el valor de la acogida y recordó la parábola evangélica del buen samaritano como ejemplo de una caridad que no entiende de nacionalidades ni diferencias religiosas. «Jesús, para explicar la universalidad del amor, puso como ejemplo el acto de servicio de un hombre de otro pueblo y de otra religión que se compadeció del herido y maltratado», explicó.

El Papa aprovechó además su estancia en Canarias para recordar la figura de dos grandes santos vinculados al archipiélago, el santo Hermano Pedro y san José de Anchieta. Ambos, señaló, fueron «migrantes» que partieron desde las islas hacia América impulsados por la fe.

Equipaje de la fe

«Ellos también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido, llevando como principal equipaje la fe, la esperanza y la caridad», afirmó. Según explicó, aquellos misioneros supieron ofrecer lo que tenían y, al mismo tiempo, acoger las riquezas de los pueblos con los que se encontraron.

En este sentido, animó a las personas acogidas en Las Raíces a aportar a la sociedad canaria y española sus propias capacidades. Les invito también a ustedes a ofrecer el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura que han traído a estas islas, y a estar abiertos a recibir aquello que se les brinda, manifestó.

Citando uno de los documentos de su Pontificado, destacó que estas pueden convertirse en «una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos».

Uno de los mensajes centrales de la intervención fue la afirmación de que la experiencia migratoria forma parte, en cierto modo, de la condición humana. A partir de esta reflexión, León XIV llamó a trabajar por una sociedad más humana y fraterna: "Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno», pidió.

El Papa quiso también reconocer públicamente la labor que realizan las administraciones y entidades implicadas en la atención a las personas migrantes. En particular, agradeció «la colaboración por parte del Gobierno, de las diversas instituciones y de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que hacen posible esta ayuda humanitaria concreta, que devuelve la esperanza y dignifica a tantas personas».

Tampoco quiso dejar pasar la ocasión de invitar a los residentes a mantener vivas esas raíces espirituales y humanas incluso en medio de las dificultades. «Que esta imagen de las raíces también les ayude a ustedes a estar firmemente arraigados en el Señor, para que ninguna tormenta pueda alejarlos de su presencia, que fortalece y da vida», expresó.

Antes de concluir, León XIV quiso transmitir un mensaje de cercanía personal a todos: «Los llevo en mi corazón y en el recuerdo de mis oraciones», afirmó. Asimismo, pidió la protección de la Virgen María sobre quienes han tenido que abandonar sus hogares en busca de un futuro mejor.

La visita al Centro Las Raíces se convirtió así en uno de los actos con mayor contenido social del viaje del Papa a España, reforzando un mensaje que León XIV ha repetido desde el inicio de su pontificado: la necesidad de colocar a la persona en el centro y de construir puentes de encuentro frente a la indiferencia y la exclusión.

© EUROPAPRESS

El Papa León XIV mantiene un encuentro con migrantes del Centro Las Raíces (Santa Cruz de Tenerife)

«Rezar juntos» por los «que han perdido la vida en el mar»

12 June 2026 at 01:51

Baño de masas también para el Papa León XIV en Gran Canaria. A media tarde se trasladó hasta el estadio de fútbol de los canariones. Más de 30.000 personas provenientes de las diferentes islas se congregaron en el último encuentro antes de trasladarse a Tenerife, su último día en España. Una talla de la Virgen del Pino presidía el escenario. «Quiero antes que nada dar gracias al Señor por tanto bien que se hace aquí cada día, confiándole el compromiso de todos y al mismo tiempo los sufrimientos de los que esta tierra es testigo», dijo nada más comenzar en su homilía. A continuación, y en relación directa con el encuentro de mantuvo por la mañana con los migrantes en el Puerto de Arguineguín, invitó a «rezar juntos, en esta Santa Misa, por los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el mar».

La celebración coincidió con la víspera de la fiesta del Sagrado Corazón, una de las devociones más extendidas en España con grandes santuarios como el del Cerro de los Ángeles de Getafe o la Basílica de la Gran Promesa de Valladolid. A esta festividad se refirió cuando afirmó que «todo lo llevamos al Altar junto con el pan y el vino mientras nos introducimos, con la celebración vespertina de la Vigilia, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, a quien toda España está consagrada».

El Papa desglosó entonces algunas «características» del corazón de Cristo y exhortó: «Pidamos al Señor que en este momento estén vivos en nosotros los mismos sentimientos de humanidad, misericordia y compasión del Corazón del Salvador nos dejamos ayudar, en nuestra meditación, por las Lecturas que hemos escuchado».

León XIV aludió a la «caridad de Dios» en la que «hunde sus raíces en nuestra vocación al amor, que no está fundada en el cálculo, ni en el mero sentimiento, ni es reducible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser: fuego para el alma, luz para la mente, impulso irresistible para la libertad, paz y al mismo tiempo tormento para el corazón, que late en sintonía con otros corazones, involucrando a toda la persona». Asimismo, recordó que «amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia».

En la homilía también apuntó cómo Dios está «siempre enamorado» y «anhela total y constantemente nuestro bien y nuestra felicidad plena, que nosotros reconocemos el camino de la vida». Todo ello, aprendiendo «un nuevo modo de existir y de relacionarnos, un criterio diferente para evaluar las decisiones, un estilo renovado y estimulante de hacer comunión».

León XIV invitó a traducir el amor de Dios en gestos concretos de servicio hacia los demás, especialmente hacia quienes más necesitan apoyo. Durante la misa celebrada en el Estadio de Gran Canaria, el Pontífice recordó una enseñanza de su predecesor, el Papa Francisco, quien afirmaba que «la mejor respuesta al amor de su Corazón es el amor a los hermanos».

A partir de esa reflexión, el Papa destacó que la fe cristiana encuentra su expresión más auténtica en la entrega generosa a los demás. «Devolver amor por amor» fue la idea central sobre la que articuló este pasaje de su homilía, presentándolo como un intercambio entre Dios y el ser humano que se concreta en la atención cotidiana a quienes se cruzan en el camino de cada persona.

León XIV insistió en que esa caridad debe dirigirse de forma particular a los más vulnerables: quienes atraviesan situaciones de necesidad, los indefensos y aquellos que no pueden ofrecer nada a cambio. Según explicó, es precisamente en esa gratuidad donde se manifiesta la verdadera medida del amor cristiano.

El Pontífice vinculó este mensaje con la realidad de Canarias, destacando la cultura de acogida y solidaridad que caracteriza al archipiélago. En este sentido, puso en valor la capacidad de la sociedad canaria para abrir sus puertas, compartir recursos y practicar el don desinteresado, presentando estas actitudes como un ejemplo concreto de la vivencia del Evangelio en la actualidad.

Ante los miles de canarios asistentes, muchos de los cuales eran jóvenes, León XIV defendió una concepción de la caridad que vaya más allá de la mera asistencia material y contribuya al desarrollo integral de las personas. Durante su homilía, expresó que el amor de Cristo no se limita a aliviar necesidades inmediatas, sino que busca ayudar a cada ser humano a recuperar la confianza, ponerse nuevamente en pie y desplegar plenamente sus capacidades.

Apoyándose en una reflexión de Benedicto XVI, recordó que la caridad constituye «la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad».

Desde esta perspectiva, señaló que la misión de la Iglesia no consiste únicamente en atender situaciones de vulnerabilidad, sino también en acompañar procesos de crecimiento personal y comunitario.

El Papa vinculó esta idea con diversos pasajes evangélicos que presentan a Cristo como fuente de una vida plena. Citó, en este sentido, las palabras de Jesús sobre la vida «en abundancia» y el mandato dirigido al paralítico para que se levantara y caminara. Según explicó, estas imágenes reflejan una doble tarea: acoger con cercanía a quienes sufren y, al mismo tiempo, alentarlos para que recuperen tanto su autonomía como su dignidad.

En este contexto, León XIV advirtió de que la acción caritativa no puede reducirse al asistencialismo. A su juicio, la verdadera solidaridad debe favorecer la integración de las personas y su desarrollo en todas las dimensiones de la vida –espiritual, intelectual y física–, permitiéndoles participar de manera activa y constructiva en la sociedad. El Pontífice concluyó este pasaje de su homilía señalando que «sólo así nuestros encuentros, aun frente a acontecimientos difíciles y dolorosos, se convertirán en ocasión para esparcir semillas de esperanza en el camino de la humanidad hacia un futuro mejor».

La última de las «características» del Corazón de Cristo a las que aludió fue la «humildad». «El Corazón de Jesús es humilde, y por eso no sienten sus latidos los ‘doctos’ y los ‘sapientes’, es decir, aquellos que tienen la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás. A estos, en efecto, aturdidos por los estruendos de un ‘yo’ ampuloso, omnipresente y agitado, les falta el silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor».

León contrapuso la idea de que «la riqueza nos vuelve ciegos» a la de que Jesús enseña que «para gustar la verdadera alegría de la vida, que reside en el amor, es necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana».

© EFE

El papa agradece "el bien que se hace cada día " en Canarias en una misa multitudinaria

León XIV renueva su llamamiento a la acogida de migrantes y a “huir de toda división”

10 June 2026 at 19:15

Montserrat aguardaba desde primera hora de la mañana la llegada de León XIV. Cientos de personas esperaban al Papa con paciencia. Mientras el pontífice visitaba la prisión de Brians 1, los organizadores cerraban los últimos detalles. Los obispos españoles, que llegaron una hora antes que el Santo Padre, fueron recibidos entre aplausos.

Familias con niños jóvenes, sacerdotes y religiosos y religiosas se agolpaban para recibirle. Pau, de 32 años, remarcaba que se trataba de una "jornada histórica" que "nunca podremos olvidar". "Aunque en Cataluña muchos quieran silenciar a la Iglesia, no lo logarán. Esta visita va a ayudar a que los católicos seamos más valientes", comentaba emocionado. Júlia y Marc son padres de dos hijos y también han querido estar presentes. Para ellos, la Moreneta es especial. Le tienen una gran devoción, algo que les viene de familia. "Mis padres –dice ella– nos lo han inculcado a todos sus hijos y yo se lo estoy inculcando a los míos". Por su parte, Marc comenta que "mi familia no ha sido nunca muy practicante, pero el Señor me ha regalado la fe".

La abadía de Montserrat está situada a unos 40 Km de Barcelona y a unos 720 metros de altitud, en la ladera de la montaña. Junto al monasterio se encuentra el santuario de la Virgen cuyos orígenes son anteriores al monasterio. Desde su fundación, ha estado custodiada por los benedictinos. En su interior se encuentra la imagen, de estilo románico y de madera de álamo, de la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, que data del siglo XII.

La Mare de Déu de Montserrat representa a la Virgen con el niño Jesús sentado en su regazo y mide unos 95 centímetros de altura. De color oscuro, en su mano derecha sostiene una esfera que simboliza el universo; el Niño tiene la mano derecha levantada en señal de bendición mientras que en la mano izquierda sostiene una piña. El rostro y la cabeza del Niño Jesús fueron retocados en una época posterior y muestran un estilo naturalista ajeno del todo a las imágenes románicas. La leyenda cuenta que fue encontrada en una cueva de la montaña por unos pastores en el año 880, pero la imagen actual es otra.

1.000 niños le esperaban

Subido en un carro de golf, León XIV fue saludando a los congregados y bendiciendo a los bebés que le acercaban mientras sonaban las campanas. En el atrio de la Basílica le esperaban unos 1.000 niños.

Acompañado del obispo de la diócesis, Xabier Gómez, fue acogido por el abad del monasterio, Manel Gasch. En la entrada de la Basílica besó la cruz y procedió a la aspersión de los fieles con agua bendita. Desde allí se dirigió a la Capilla del Santísimo Sacramento, donde se recogió en silencio para rezar unos segundos, para continuar hasta el presbiterio.

El obispo de Sant Feliu le dio la bienvenida y reconoció que su presencia era "una gran alegría". "Gracias por recordarnos la primacía del amor de Dios", afirmó antes de dar paso al abad.

"Su visita nos confirma en la fe y en el significado de este santuario y monasterio milenario", comenzó diciendo, para subrayar a continuación que "en este lugar hemos visto la bendición de Dios en el corazón de sus fieles" y "somos testigos de la unión de la estabilidad de los monjes benedictinos y del paso de los peregrinos".

Poniendo de relieve la devoción que en América existe hacia la Virgen de Montserrat, "donde su culto está vivo y presente como usted bien sabe", apuntó que la imagen "hace visible el misterio de la Encarnación". Asimismo, no dejó pasar la ocasión de expresar el deseo de que "este lugar sea donde el hombre se reencuentre a sí mismo y contribuya a construir un mundo de paz". El abad concluyó dando las gracias al Papa por "su testimonio en favor de todo ser humano" y por "la radicalidad de su denuncia contra la violencia para lograr un mundo sin sangre".

El rezo del rosario ocupó la parte central de la celebración y dio paso a las palabras de León XIV quien, de nuevo, comenzó hablando en catalán y a lo largo del discurso lo utilizó en varias ocasiones. "Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz", dijo.

La rosa de oro de Francisco

Prevost señaló que "los muros de este recinto podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat y también han sido testigos de la sangre derramada por amor a Jesucristo".

Recordó que, en 2023, el Papa Francisco concedió la rosa de oro a la Virgen, reconociendo que "ella suscita en nosotros conversiones profundas, como la de san Ignacio de Loyola, que, en este sugestivo lugar, después de una noche en oración ante la Virgen, entregó sus armas de caballero, momento que marcó el inicio de una vida nueva al servicio de Jesucristo". "Jesús desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide" sentenció. Asimismo, sostuvo que esa "violencia escondida puede revestirse muchas veces de aparentes armaduras con las que intentamos proteger nuestras heridas, nuestros miedos o el sufrimiento causado por las injusticias".

Aludiendo al lema de su visita, “Alzad la mirada”, pidió levantar "la mirada a María" y suplicar "que nos ayude a revestirnos únicamente con las armas de Dios".

"María, Reina de la paz"

Pero también hizo un llamamiento a "reconocernos hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división". Así, concluyó encomendándose a "María, Reina de la paz" para "que nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias. Y que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz".

Después de la bendición, el canto de Salve inundó entonces el templo y dio paso al Virolai, un popular himno religioso y composición poética dedicado a la Virgen de Montserrat.

León XIV aludió a todo el viaje, a lo ya vivido en Madrid y a la siguiente etapa en Canarias, elogiando que toda España "está llena de fe, de amor, de este deseo de alabar a Dios, de dar gracias a Dios y de estar unidos". Y fue en este momento cuando renovó la llamada a la acogida de los migrantes: "Gracias a Cataluña por haber recibido a tantas personas de tantos países, porque enseña como integrar a todos en una única familia". "Gracias a la comunidad de fe, a la comunidad de nuestros hermanos los monjes que reciben y acogen a todos los peregrinos que vienen a rezar a María nuestra Señora", terminó.

La agenda del Papa este miércoles dejó poco para lo que no fueran celebraciones o actos oficiales. Sin embargo, sí pudo almorzar con la comunidad benedictina de Montserrat después del encuentro. Se trata de toda una excepción porque la regla de San Benito por la que se rigen establece el silencio durante las comidas, pero también contempla dispensas en la atención a los huéspedes.

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El Papa renueva su llamada a la acogida de migrantes

10 June 2026 at 20:56

Montserrat aguardaba desde primera hora de la mañana la llegada de León XIV. Cientos de personas esperaban al Papa con paciencia. Mientras el Pontífice visitaba la prisión de Brians 1, los organizadores cerraban los últimos detalles. Los obispos españoles, que llegaron una hora antes que el Santo Padre, fueron recibidos entre aplausos.

Familias con niños jóvenes, sacerdotes y religiosos y religiosas se agolpaban para recibirle. Pau, de 32 años, remarcaba que se trataba de una «jornada histórica» que «nunca podremos olvidar». «Aunque en Cataluña muchos quieran silenciar a la Iglesia, no lo logarán. Esta visita va a ayudar a que los católicos seamos más valientes», comentaba emocionado. Júlia y Marc son padres de dos hijos y también han querido estar presentes. Para ellos, la Moreneta es especial. Le tienen una gran devoción, algo que les viene de familia. «Mis padres –dice ella– nos lo han inculcado a todos sus hijos y yo se lo estoy inculcando a los míos». Por su parte, Marc comenta que «mi familia no ha sido nunca muy practicante, pero el Señor me ha regalado la fe».

La abadía de Montserrat está situada a unos 40 Km de Barcelona y a unos 720 metros de altitud, en la ladera de la montaña. Junto al monasterio se encuentra el santuario de la Virgen cuyos orígenes son anteriores al monasterio. Desde su fundación, ha estado custodiada por los benedictinos. En su interior se encuentra la imagen, de estilo románico y de madera de álamo, de la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, que data del siglo XII.

La Mare de Déu de Montserrat representa a la Virgen con el niño Jesús sentado en su regazo y mide unos 95 centímetros de altura. De color oscuro, en su mano derecha sostiene una esfera que simboliza el universo; el Niño tiene la mano derecha levantada en señal de bendición mientras que en la mano izquierda sostiene una piña. La leyenda cuenta que fue encontrada en una cueva de la montaña por unos pastores en el año 880, pero la imagen actual es otra.

Subido en un carro de golf, León XIV fue saludando a los congregados y bendiciendo a los bebés que le acercaban mientras sonaban las campanas. En el atrio de la Basílica le esperaban unos 1.000 niños.

Acompañado del obispo de la diócesis, Xabier Gómez, fue acogido por el abad del monasterio, Manel Gasch. En la entrada de la Basílica besó la cruz y procedió a la aspersión de los fieles con agua bendita. Desde allí se dirigió a la Capilla del Santísimo Sacramento, donde se recogió en silencio para rezar unos segundos, para continuar hasta el presbiterio.

El obispo de Sant Feliu le dio la bienvenida y reconoció que su presencia era «una gran alegría». «Gracias por recordarnos la primacía del amor de Dios», afirmó antes de dar paso al abad.

«Su visita nos confirma en la fe y en el significado de este santuario y monasterio milenario», comenzó diciendo, para subrayar a continuación que «en este lugar hemos visto la bendición de Dios en el corazón de sus fieles» y «somos testigos de la unión de

la estabilidad de los monjes benedictinos y del paso de los peregrinos».

Poniendo de relieve la devoción que en América existe hacia la Virgen de Montserrat, «donde su culto está vivo y presente como usted bien sabe», apuntó que la imagen «hace visible el misterio de la Encarnación». Asimismo, no dejó pasar la ocasión de expresar el deseo de que «este lugar sea donde el hombre se reencuentre a sí mismo y contribuya a construir un mundo de paz».

El abad concluyó dando las gracias al Papa por «su testimonio en favor de todo ser humano» y por «la radicalidad de su denuncia contra la violencia para lograr un mundo sin sangre».

El rezo del rosario ocupó la parte central de la celebración y dio paso a las palabras de León XIV quien, de nuevo, comenzó hablando en catalán y a lo largo del discurso lo utilizó en varias ocasiones. «Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz», dijo.

La rosa de oro de Francisco

Prevost señaló que «los muros de este recinto podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat y también han sido testigos de la sangre derramada por amor a Jesucristo».

Recordó que, en 2023, el Papa Francisco concedió la rosa de oro a la Virgen, reconociendo que «ella suscita en nosotros conversiones profundas, como la de san Ignacio de Loyola, que, en este sugestivo lugar, entregó sus armas de caballero, momento que marcó el inicio de una vida nueva al servicio de Jesucristo». «Jesús desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide» sentenció. También hizo un llamamiento a «reconocernos hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división». Así, concluyó encomendándose a «María, Reina de la paz». Después de la bendición, el canto de Salve inundó entonces el templo y dio paso al Virolai.

El Pontífice se trasladó a la Capilla de la Virgen donde oró un instante, y siguió al balcón para ofrecer un saludo. Unas palabras en las que volvió a pedir la acogida de los migrantes. «Gracias por estar aquí, por esta hermosa manifestación de fe, todos unidos en una sola familia».

Después, almorzó con lacomunidad benedictina de Montserrat. Fue toda una excepción porque la regla de San Benito por la que se rigen establece el silencio durante las comidas, pero también contempla dispensas en la atención a los huéspedes.

© EFE

El Papa llega a Montserrat, corazón espiritual e identitario de Cataluña
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