Samantha y los ‘expertos’ en síndrome de Down
Se ha liado con Samantha Vallejo-Nágera, la de MasterChef, por la visita que hizo con su hijo Roscón a un programa de prime time. La idea era que contara sus impresiones después de haber conocido al papa León XIV, pero acabó la entrevista bailando y moviéndose por el plató. Pasándoselo bien, vamos.
El caso es que la cocinera ha recibido las críticas de siempre por exponer a su hijo con síndrome de Down. Desde que era un niño comparte con su millón y pico de seguidores su día a día. Roscón ya es mayor de edad, su madre dice que está de lo más "downdolescente", una etiqueta por la que también se ha ganado numerosos detractores. Todo esto, en realidad, va de lo de siempre: la obsesión contemporánea por juzgar familias ajenas y decirles a las madres lo que tienen que hacer con sus hijos.
Cada vez que Roscón aparece en televisión o redes sociales, surgen de pronto un montón de expertos en síndrome de Down, maternidad y relaciones familiares, todo a la vez. A mí fíjate que me da que la mayoría de los que critican a Samantha no han convivido ni un solo día de su vida con una persona con discapacidad. A pesar de eso, parecen saber perfectamente cómo deben hacerlo los demás y los errores que están cometiendo.
Yo sí que no tengo ni idea de lo que es vivir con una persona con síndrome de Down. Por eso no pienso juzgar la relación entre una madre y un hijo que llevan 18 años juntos. Lo que sí sé es que a las personas con discapacidad la sociedad tiende a infantilizarlas. De alguien con síndrome de Down parece que se espera que represente permanentemente una idea abstracta de superación o ternura. Pero el caso de Samantha y su hijo no parece ajustarse a ese estereotipo.
Lo que está claro es que no hace tanto tiempo, la discapacidad intelectual estaba medio escondida. Hoy se puede ver en un programa de prime time, junto al Papa y en un reel de Instagram. A mí eso me suena a inclusión que es lo que querría cualquier madre para su hijo. Pero resulta que visibilizar a un hijo con síndrome de Down tiene un efecto secundario inesperado... ¡Ahora también toca aguantar el juicio! Y parece que siempre es negativo. Si se ríe y lo pasa bien, eso es que lo están utilizando. Si su madre le corrige, le trata como un perro, pero si no lo hace es que le sobreprotege… No hay manera de contentar a los supuestos expertos en crianza.
A mí me parece que el verdadero problema de inclusión lo tienen quienes ven en las personas con discapacidad la idea que ellos se han construido de cómo deben ser, y de cómo debería tratarles su madre. Eso tiene un nombre: paternalismo. La verdadera inclusión consiste en entender que la diferencia de sus capacidades no supone que no puedan ser personas que bailan, molestan, se ríen, se levantan y pasan de su madre cuando les llaman la atención. Igual que hacemos todos.


