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La Guardia Civil se presenta en el Ayuntamiento de València para recabar información sobre la protectora Modeprán

La Guardia Civil se presenta en el Ayuntamiento de València para recabar información sobre la protectora Modeprán

El instituto armado confirma que los agentes están en dependencias municipales recabando información sobre la entidad que hasta ahora gestionaba el refugio y al parecer los agentes también se habrían dirigido a otros ayuntamientos; Modeprán asegura que no le constan denuncias, que no hay nada que ocultar y que el cambio de gestión se hará "con calma y normalidad"

Los refugios de animales de València pasarán a ser gestionados por empresas de control de plagas este viernes

Agentes del Servicio de Protección de Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil se han personado este miércoles por la mañana en el Ayuntamiento de València “para recabar información sobre un asunto”, según ha confirmado a elDiario.es el instituto armado, que no ha detallado a qué se refiere el caso.

Según ha podido saber esta redacción, los agentes se habrían dirigido a las dependencias de la Concejalía de Bienestar Animal que gestiona el portavoz del grupo popular, Juan Carlos Caballero, en una reunión que al parecer tenían agendada y que por el momento no se ha requisado documentación. Las mismas fuentes aseguran que la investigación no es contra el Ayuntamiento.

Aunque por el momento no han trascendido más detalles, todo apunta a que el asunto podría estar relacionado con la protectora Modeprán. Al parecer, el Seprona también se habría dirigido a otros ayuntamientos con los que habría colaborado la protectora.

Por su parte, la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, ha comentado que el Seprona “a instancias de una denuncia ha entrado al Ayuntamiento a pedir información sobre unas cuestiones que tienen que ver con una empresa que gestiona para el propio Ayuntamiento”.

Fuentes de Modeprán han asegurado a este periódico que no tienen constancia de ninguna denuncia contra la entidad, que están muy tranqullos porque “no hay nada que ocultar” y que el cambio de gestión previsto para este viernes se hará “con calma y normalidad”.

Como ha informado este periódico, el refugio de animales de València pasará a estar gestionado por una alianza de empresas dedicada al control de plagas. Este viernes se hará efectivo el cambio en la gestión de los dos refugios municipales, que hasta la fecha habían ido de la mano de la protectora Modeprán, encargada en los últimos 15 años.

De la distancia a la humedad: las claves de un oftalmólogo para evitar que el aire acondicionado nos haga daño a los ojos

10 June 2026 at 08:58

De la distancia a la humedad: las claves de un oftalmólogo para evitar que el aire acondicionado nos haga daño a los ojos

El doctor Vicente Miralles aporta medidas para evitar que la climatización provoque sequedad ocular

Un cardiólogo explica los efectos del café en el corazón: “La mala fama que tiene no está justificada”

Entre los efectos colaterales de exponerse al chorro del aire acondicionado o a las aspas del ventilador son típicas la molestias en la garganta, pero también puede provocar irritación y molestias en los ojos, debido al ambiente seco que propician. El síndrome de ojo seco, una patología que afecta a millones de personas, encuentra en estos aparatos contra las altas temperaturas aliados para proliferar. 

“Tanto el aire acondicionado como los ventiladores aumentan el movimiento de aire alrededor de la superficie ocular. Esto favorece la evaporación de la película lagrimal, especialmente si el ambiente es seco o la persona ya tiene algún grado de disfunción de las glándulas de Meibomio, que son una de las glándulas que tenemos en el borde de los párpados”, explica el oftalmólogo Vicente Miralles, adjunto del Hospital Universitario Henares, en Madrid. 

Esta estructura es la encargada de proteger y lubricar el globo ocular, pero cuando se desvanece más rápido de lo habitual, según el especialista, puede desencadenar una respuesta inflamatoria.

Paradójicamente, la sequedad ocular no siempre se manifiesta como una falta de humedad, uno de los síntomas que señala Miralles y que pueden parecer más desconcertantes es el lagrimeo excesivo: “El ojo produce lágrimas reflejas de mala calidad ante la irritación”. 

Otras señales de alerta más habituales que apunta el oftalmólogo son la sensación de arenilla o cuerpo extraño, el escozor, los ojos rojos o la fatiga visual. Incluso una “visión borrosa fluctuante que mejora al parpadear” puede ser indicativo de que la película lagrimal se está rompiendo. “Los síntomas suelen empeorar en oficinas climatizadas, durante viajes en avión, frente a ventiladores o tras varias horas delante de una pantalla”, advierte el especialista.

La solución no pasa por renunciar al aire acondicionado, sino por aprender a convivir con él y hacer un uso correcto. “No existe una distancia exacta validada científicamente, pero sí una recomendación ampliamente aceptada: evitar que el flujo de aire incida directamente sobre los ojos”, apunta Miralles, que sugiere algunas medidas sencillas para el día a día:

Reorientar la climatización

Además de no colocar ventiladores apuntando a la cara, ni sentarse justo bajo una salida de aire, el especialista recomienda “orientar las rejillas del aire acondicionado hacia el techo o hacia zonas alejadas del puesto de trabajo”.

El control de la humedad

No solo importa la temperatura, el oftalmólogo señala la importancia de “mantener una humedad ambiental moderada, aproximadamente entre el 40% y el 60% cuando sea posible”. Cuando el aire es excesivamente seco, puede controlarse mediante humidificadores. Mantener una hidratación adecuada también es clave. Miralles recomienda “utilizar lágrimas artificiales con ácido hialurónico y sin conservantes si aparecen síntomas”.

La regla 20-20-20

En entornos digitales, se aconseja hacer un descanso “cada 20 minutos, mirar durante 20 segundos a una distancia de unos seis metros”, recuerda el oculista, que también destaca la importancia de “fomentar el parpadeo consciente y con frecuencia”. 

En esa búsqueda de alivio, a menudo se cometen errores que pueden resultar contraproducentes, uno de los más extendidos, según el especialista, es sustituir las lágrimas artificiales por suero fisiológico. Aunque aporta alivio momentáneo, “no está diseñado para tratar el ojo seco, no contiene agentes lubricantes ni componentes que mejoren la estabilidad de la película lagrimal, por lo que su efecto suele ser muy breve e incluso puede favorecer una evaporación más rápida de la lágrima en algunos pacientes”, aclara.

Del mismo modo, Miralles señala el error de pensar que todas las gotas son lágrimas artificiales o utilizarlas de forma insuficiente. “Muchos pacientes utilizan colirios vasoconstrictores para ‘quitar el rojo’. Estos productos pueden mejorar temporalmente el aspecto del ojo, pero no tratan la causa del problema y pueden incluso empeorar los síntomas a largo plazo”, defiende. Para quienes necesitan una lubricación frecuente, “una única aplicación al día resulta insuficiente”, comenta el oftalmólogo que recomienda optar siempre por lágrimas artificiales con ácido hialurónico y sin conservantes.

El doctor recuerda que las gotas pueden aliviar los síntomas, pero no siempre tratan la causa subyacente. “A menudo es necesario complementar el tratamiento con higiene palpebral, calor local u otras medidas específicas”, añade Miralles, que recomienda consultar con un especialista, incluso antes de utilizar lágrimas artificiales, si las molestias o la sequedad persisten.

He estado un mes sin usar el móvil por la calle y esto es lo que he visto al levantar la cabeza

9 June 2026 at 20:41

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La verdadera autonomía no te la da el último modelo de iPhone, sino el privilegio de poder desaparecer

Los jóvenes que fantasean con vivir como en los 2000: “Echamos de menos unas relaciones más humanas”

Mi amiga Mery se cruzó tres veces por la calle con su instructora de pilates pero iba tan absorta en la pantalla del móvil que no la vio, fue la profesora quien le hizo darse cuenta de lo que le sucedía. A la cuarta, le pudo la vergüenza y decidió guardar el teléfono en la mochila. “Fue un flash porque empecé a ver cosas a las que no le prestas atención en el día a día, cosas muy pequeñas”, comentaba Mery, a la que ese camino a casa le sirvió incluso para cruzar sonrisas con una señora que le hizo recordar a su abuela.

Días más tarde, una persona cercana me comentó que había tenido un episodio de ansiedad al salir a dar un paseo sin móvil por el campo. “Se me empezaron a ocurrir un montón de peligros y situaciones poco probables pero que podían pasar”, explicaba, culpando a su imaginación desbordante. Sin haber vivido nada igual, recordé momentos en los que me fui a casa antes de lo previsto al quedarme sin batería y en lo normalizada que tenemos la dependencia al que podríamos considerar ya nuestro tercer brazo y segundo cerebro.

Así, expectante por si me encontraba con el recuerdo de mi abuela o con un ataque de ansiedad, decidí probar a dejar de utilizar el móvil por la calle. Parecía muy sencillo porque no se trataba de dejar las redes sociales o encerrar mi teléfono bajo llave, solo tenía que dejar de mirarlo mientras caminaba. Por supuesto, no fue tan fácil, y no porque me generara ansiedad, sino porque los primeros días se me olvidaba. Humillante. Lo sacaba del bolso sin pensar, sin que sonara, como un acto reflejo o un mecanismo automatizado, aparecía en mi mano. 

No sé si se puede considerar adicción, pero darme cuenta de que hacía ese gesto decenas de veces sin haberlo decidido, me pareció frustrante. A mí, que me encanta poner el modo avión en el cine y estoy totalmente en contra del wifi en los vuelos. Empecé a dejar el móvil directamente en casa al salir a correr –sí, no necesitas una app que te cuente lo que acabas de hacer–, pasear o a hacer recados, para asegurarme de no acabar consultándolo. 

Los primeros días se me olvidaba. Humillante. Lo sacaba del bolso sin pensar, sin que sonara, como un acto reflejo o un mecanismo automatizado, aparecía en mi mano

El primer día no evité un atropello, ni hice ningún contacto visual transformador, pregunté la hora unas veinte veces y, acostumbrada a pagar con el móvil, salí sin cartera. Me fijé en todos los que iban con la mirada absorta en la pantalla e incluso en cómo gente de mi entorno me dedicaba una atención parcial, incapaces de dejar de teclear, como seguramente habré hecho yo alguna vez.

Al volver a casa, directa al móvil, llegaba el pico de dopamina: mensajes sin leer, correos por contestar y un montón de noticias urgentes de las que no me había enterado. Me transportó a aquella época de Tuenti en la que iniciar sesión eras premiado con un montón de estímulos en verde que te hacían sentir que alguien se había acordado de ti.

“Todas las plataformas que pertenecen a grandes tecnológicas están diseñadas para extraer valor de nuestros datos. Por eso fomentan que pasemos el máximo tiempo posible en ellas, porque cuanto más interacciones les demos, más beneficio económico podrán obtener, a través, por ejemplo, de venta publicitaria o entrenamiento de sistemas de IA”, me comenta Marta G. Franco, autora junto al ilustrador Luis Demano del libro Internet. Por unas vidas digitales más sanas (Litera, 2025). “Es importante recordar esto porque no es que seamos débiles o tengamos poca voluntad, es que se trata de interfaces que implementan sofisticados trucos psicológicos para engancharnos”, señala. 

Si hay equipos de ingenieros superinteligentes trabajando diariamente en empresas multimillonarias para que no soltemos el móvil, ¿cómo no me voy a sentir insegura cuando lo dejo en casa? ¿Es posible vivir en 2026 sin un dispositivo en la mano? ¿Realmente queremos? En el libro, Marta G. Franco aporta pequeños trucos para habitar internet de manera más sana, como ajustar los permisos de notificaciones o evitar tener conversaciones por Instagram o apps en las que todo lo que vemos está seleccionado por un algoritmo.

“Como ya casi todo el mundo sabe, estos algoritmos seleccionan contenidos muy emocionales, estridentes o enervantes, para captar nuestra atención y que sintamos el impulso de seguir viéndolos”, destaca Franco, que propone optar por leer newsletters, reportajes o la Wikipedia si queremos mantenernos al margen de ese ritmo frenético.  

No es que seamos débiles o tengamos poca voluntad, es que se trata de interfaces que implementan sofisticados trucos psicológicos para engancharnos

Marta G. Franco periodista y coautora de 'Internet. Por unas vidas digitales más sanas'

Pero más allá de la dependencia psicológica, nos enfrentamos a una dependencia estructural. El móvil también es cartera, GPS, cámara de fotos, periódico, radio, la carta de un bar o incluso algo similar a una enciclopedia. El internet que prometía libertad y creatividad ilimitadas cuando solo existía dentro de un ordenador de mesa, se vuelve asfixiante, todo el día en la mano, al convertirse cada vez más en un requisito básico.

Rompí el reto por primera vez para llevarme el móvil a la playa y terminar de enviar unos mensajes que habrían supuesto pasar cerca de una hora más en casa. Pensé que tener esa opción era un privilegio del progreso tecnológico, pero también un arma de doble filo para quienes, atrapados en una disponibilidad obligatoria, nunca pueden desconectar. Si tuviera hijos, una persona dependiente a mi cargo o un trabajo que me exigiera estar operativa, seguramente, no podría plantearme un reto de este tipo. 

En un mundo en el que más del 70% de la población utiliza un smartphone, según el informe The Mobile Economy 2026, el privilegio, por oposición, es estar offline. “Los móviles son (en esencia) las nuevas hamburguesas de 1€”, escribía Mariang Maturana, de La pija y la quinqui, en Substack –sí, otra red social–. Mencionaba el hecho de que en Silicon Valley triunfe la educación sin pantallas, mientras que en los colegios públicos, a los que las pizarras electrónicas ya llegaron tarde, continúen utilizando tabletas y sistemas operativos obsoletos. 

Pensé que tener esa opción era un privilegio del progreso tecnológico, pero también un arma de doble filo para quienes, atrapados en una disponibilidad obligatoria, nunca pueden desconectar

Un retiro en la montaña o un resort wellness sin wifi se venden como experiencias de lujo, porque la desconexión se parece ya a otros bienes aspiracionales como el tiempo, el espacio o el silencio. ¿Quién se puede permitir ‘desaparecer’? José Sacristán ha declarado públicamente en más de una ocasión no tener móvil, a sus 88 años, “todavía es la cola de esa sociedad patriarcal”, apuntaba María Galiana en una entrevista en la Cadena SER, en la que ponía el foco sobre el privilegio del actor que, como muchos otros, no se dedica a las tareas domésticas y tiene una mujer que es como su mánager. “Vive en el mejor de los mundos, yo lo envidio muchísimo”, resumía la actriz.  

Un mes después, con los correos sin leer saturándome la bandeja de entrada y un montón de episodios atrasados de mis podcast favoritos, no me he vuelto una ermitaña neoludita, de hecho, he incumplido varias veces el reto, quizás no soy lo suficientemente privilegiada. Pero creo que la clave reside en el concepto de culpa: ni hay que optimizar de forma productiva cada minuto del día en una multitarea constante, ni obligarse a estar dos horas mirando el suelo del autobús. Ya bastante complicado es todo, como para no poder darnos un paseo por el planeta reels de vez en cuando.

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